Archivo mensual: noviembre 2011

Hoy me siento una mierda

Me siento más mierda que ese pobre looser que prende y apaga la luz de la sala del bar donde está tocando la banda de la noche, creyéndose el redentor de la velada por crear un efecto luminotécnico con la rapidez de sus dedos al presionar al ritmo de la batería el interruptor de la luz.

Me siento más mierda que aquella chica que le contó a su padre de su embarazo, sólo para recibir insultos de su progenitor siendo “puta” el más inocente. Recriminándole también el haber perdido la virginidad “muy pronto”.  Ella tiene 29 años.

Me siento más mierda que mi amiga de 31 años que sigue enamorada de su ex, también de 31 y que se ha enterado que él se está comiendo a una colegiala de teticas duras y piel suave, una mujercita de 15 años.

Me siento más mierda que ese chico que durante un año ha trabajado en una empresa como voluntario esperando que algún día finalmente lo contraten. Hoy le presentaron a la nueva asistente del jefe.

Me siento más mierda que ese chico al que le llegó su nuevo compañero de habitación, un cristiano fanático.

Me siento más mierda que aquél chico al que su novia ha regalado de cumpleaños un reloj costoso, y a quien sus padres obligaron a venderlo para pagar los servicios de la casa.

Hoy me siento una mierda.  Porqué?

Porque cuando me lamentaba histéricamente de las cosas negativas que me han sucedido este año, mi madre con cáncer se quitó el sombrero que usa para esconder su calvicie y me dijo con una gran sonrisa: “Problemas?”

The Devils

Esta noche soñé con Grandier, Jesús, Dios, Todo. Con su rostro perfecto, su virilidad en los poros, su grandeza, su mente profunda, sus palabras certeras, su poder, su genio. El hombre en su máxima expresión, el hombre que busca no a Dios, sino ser Dios.  También yo, como sor Juana de Los Ángeles, me enamoré de él. Sentí la necesidad de beber la sangre de sus yagas en un idilio sexual, hacer el amor con el mismo Jesucristo, la paz en persona, el hijo de Dios, el antes y el después. Jesús hecho carne, hecho hombre, con los deseos sexuales de cualquier  humano, deseos que se acercan al verdadero amor entre un hombre y una mujer, y por ende al amor a Dios. Un orgasmo digno de las trompetas de los ángeles, del sol de Dios, del volar hacia él.

Anoche mientras yo veía The Devils, obra maestra del cine, en su cama dormido a los 84 años moría Ken Russell, director de tan mangífica poesía hecha imagen. Justo el mismo día, y porqué no, talvez también en el mismo tiempo, durante unos segundos estuvimos unidos bajo el manto de calma que es el arte. Yo, maravillada por su creatividad, él concluyendo su obra final… la propia vida.

Hijo de un comerciante de zapatos cuyos accesos de violencia hacían que su madre y el niño se cobijase en salas de cine mientras no remitía su ira -como relata en su obituario el diario The Guardian,- Russell se ganó al público entre finales de los años sesenta y principios de los setenta con películas como Women in Love (Mujeres enamoradas, 1969) y The Devils (1971). Estas obras marcaron su despegue artístico y también la línea polémica que siguió su carrera.

Women in Love, que ganó el Oscar a la mejor actriz femenina (Glenda Jackson) y tuvo tres nominaciones (entre ellas, mejor director), estaba basada en una novela homónima del escritor británico D. H. Lawrence, y resultó bastante impactante en la época por una escena en la que dos actores -Alan Bates y Oliver Reed- se peleaban desnudos.

The Devils, un drama religioso con una provocativa escena de una crucifixión, no recibió un reconocimiento tan significativo como el de la Academia del Cine hollywodiense pero copó las taquillas en Reino Unido durante ocho semanas. Parece que al público le gustó. A algunos críticos le debió de agradar menos por su carácter iconoclasta -el del diario The Evening Standard opinó que era de una “indecencia monstruosa; lo hizo delante de Russell, en una entrevista en la televisión, y el director reaccionó atizándole con un ejemplar enrollado del Standard-.

Russell empezó su carrera en la cadena británica BBC, dirigiendo durante 11 años documentales de arte centrados en compositores como Claude Debussy y Richard Strauss -esta última, la pieza de la que estaba más orgulloso-. Más tarde, en su carrera en solitario, además de las citadas Women in Love y The Devils, dirigió otros filmes como The Music Lovers (1970; un biopic sobre el compositor Tchaikovsky) o Tommy (1975), una adaptación de la ópera rock de la banda de música The Who.

 

Sombras Inútiles

Se acuerda usted de mí?…. Si, soy yo, la misma, la mujer sin violín, la de los calzones rotos, la que guarda pájaros entre la melena, la que se quedó sin uñas. Aún vivo en aquella casa dónde me vió la última vez, sólo que ahora es un poco más oscura. Nunca cambié las sábanas desde esa noche, todavía encuentro pelos bajo las cobijas. Aún están las copas de vino sobre la mesa. Vacías. Secas. Es más, el eco de la puerta al cerrarse tras su espalda aún resuena entre aquellas viejas paredes.  Los gemidos de esa noche ahora vagan tristes como almas en pena.

No se acuerda usted de mí cierto? Lo sé que ha pasado el tiempo. Lo sé que mi lengua está seca, lo sé que la conciencia no espera, ni el placer tampoco. Ya no soy la ninfa, la musa, el sueño, quizá nunca lo fui. Sencilla, amarga, desgraciada, así soy desde cuando me recuerdo. Soy sólo una observadora del tiempo, no hay nada más detrás de estos ojos, nada que saber, nada que saborear, nada que entender. Soy cadáver, soy polvo, soy un sueño que no recordaste a la mañána siguiente, soy fiera sin dientes.. soy.. nada.

La Huída

Emprendo la huída porque es hora.

Huyo al otro lado del mar donde el horizonte es siempre casa.

Estoy lista para viajar al lugar donde la vida está tejida con la misma lana que los sueños.

Quiero por fin ser ausencia.

Huyo cabalgando sobre un caballo descarriado guiado sólo por su instinto.

Busco caer eternamente en el vacío, donde ninguna partícula existe, donde nada es.

Entregarme a la imaginación… ser imaginación, ese inmenso lugar donde no caben las teorías, ni el presente, ni la realidad.

La vida es respirar el mismo aire viciado de este cuarto oscuro donde revelo las fotografías de mi dignidad perdida.

Estar aquí dentro es repasarlas una y otra vez. Buscar un destello en mi mirada. Una sóla foto que me revele una Xeh feliz. Una Xeh sonriente.

Cigarrillos consumidos, arrugas en mis manos, comida descompuesta. El tiempo pasa inclemente.

Aqui dentro no hay verdades.

La energía oscura

Tengo sed. Mi lengua pasa por su piel cual papel de lija. La piel de mis labios está cuarteada como tierra en sequía de años. No siento ningún calor, pero tampoco ninguna brisa fresca. No existe conexión alguna entre mi pensamiento y mi cuerpo, entre el cielo y el ahora. No, absolutamente no hay conexión entre lo que siento en mi cerebro, los recuerdos, los olores, el lugar en el que vibra mi mente y lo que está aconteciento en el momento real. Wait a minute! momento real, tiempo real, realidad, tiempo? En qué momento el sol repeló su luz y en qué momento la estamos recibiendo? Después de cuanto? Somos el pasado de Júpiter o el futuro del sol?

Mientras todas estas divagaciones llegan a mi mente, lo veo fijamente a los ojos bajo el ligerísimo esplendor de la luna que atraviesa mis cortinas y dibuja su rostro. Fatalidad. Sexo. Él logra ver en mi mirada esa entera desconexión. Se siente nadie ante mis pensamientos. Es nadie. Sin duda él no es mi realidad. Porque entre la física de mi cerebro y de mi cuerpo, y la magia de mis  pensamientos en contínua expansión, existe la energía oscura. Algo. Pura energía. Nada más que energía, nada de moléculas, sólo sustancia intangible invariable en el tiempo.

Regreso por momentos al presente, al tiempo que pasa, a la vida que corre, y así lo encuentro concentrado en la mecánica de esos sus movimientos que detienen su conciencia. Su mirada fija en mi cuerpo clava en mí destellos de excitación, que logran halarme bruscamente de vuelta al tiempo cotidiano, al tiempo humano, a ese tiempo que transcurre con el girar de la tierra, compuesto de días y noches, de minutos, segundos, horas, cigarros consumidos, senos caídos, hambre. Y entonces lo odio… a él y al misterio, a Cronos. Me atraviesa un fuerte deseo de poner fin a su respiración, a su corazón que bombea sangre, a su vida, al tiempo, en una especie de orgasmo fatal, destruir su cielo. Así que mirándole fijamente las pupilas y él las mías, ajugeros negros de dónde nisiquiera sus pensamientos logran escapar de mi campo gravitacional, lo tomo por el cuello y empleo todas mis fuerzas para cerrarle la garganta. Lo consigo, mientras me muevo sobre su pelvis lo ahorco, su respiración se hace cada vez más entrecortada hasta que llega el miedo y la eyaculación. Saca su fuerza de hombre para botarme de un sólo golpe lejos de él acabando con mi fantasía científica.

No conozco a este hombre. Ni puta idea de su nombre, de su existencia. Pero aquí está frente a mí compartiendo el espacio-tiempo, la realidad, la constante cosmológica, él y su pene flácido. Él no me comprende , no tiene palabras, su cabeza no podría nunca imaginarse dónde rayos estaba la mía. En cambio yo sí lo sabía perfectamente, y el lograr comprenderlo, sacaba de mí una sonrisa perturbadora para cualquiera… Era mi energía oscura, la misma que inunda el universo, la responsable de la expasión del cosmos y de la expansión de mi pensamiento a lugares inimaginables, lejanos de cualquier razonamiento humano hecho hasta hoy.

Dónde estaba mi mente entonces, sobre qué flota el universo? Sobre la ausencia de materia, el mismísimo vacío. Ese que inspira y es progenitor de la energía oscura… Ella -yo- que expande el universo y a todas las formas de materia y locura, de energía e impulso, a las leyes, al misterio y a la física que gobiernan.

En el principio todo era soledad

De mi soledad nacen siempre los momentos más sublimes, como si quisiera por sí misma convertirse en película para maravillarse en su propia belleza, en lo dramática y buena actriz que es, en cómo encuentra poesía cuando camina por las calles vacías y oscuras de la ciudad, o en los días bellos de sol en la cima de las montañas que suele visitar. Es esta misma soledad, mi yo en carne viva, sin máscaras, ni fachadas, sin palabras forzadas, sin comportamientos de etiqueta. Sólo en la soledad me encuentro y ella vive como un alma aparte. Me odia cuando no estoy con ella, cuando me ve sonreír y dar besos embusteros, cuando no la pienso, cuando la cambio por esa extraña necesidad de tener contacto. Pasa que mi soledad es como un fantasma, ella es pensamiento, es utopía, ella es el principio y el final, ella es vida y es muerte, es la sublimación de lo que soy. Yo soy mi soledad, esa Xeh cargada de angustias y ansiedades, de música y belleza, de melancolía y perversiones. La que nunca encuentra palabras para expresarse, la que nadie invita a las fiestas porque es aburrida, la que pocas veces sonríe, esa misma que observa el mundo con desarmante frialdad. Esta soy desde fuera y para todos, porque pocos han querido y pocos he invitado a conocer el calor de eso que soy realmente, de mi soledad. Yo soy esta que se encuentra siempre observando el mundo en silencio, desde dentro, atrapada en la física, la química y las matemáticas del universo.

Recorro una y otra vez las calles de mi cerebro, me adentro en rincones peligrosos de los que de pronto jamás podré regresar, o quizá, de los cuales nunca regresé. Visito los barrios de mi niñez, los amigos del pasado, las voces malditas que quedaron atascadas en mi cerebro cuales almas en el purgatorio. Visito el mirador de los sueños y me siento allí a observar el horizonte, el amanecer y el anochecer, el paso del tiempo, el futuro. Visito el manicomio donde están atrapados mis dementes sentimientos y hablo con ellos, trato de darles esperanza. Me paseo a veces por el barrio de las fantasías, aunque trato de no hacerlo, porque la mayoría de los niños que algunas vez jugaban y reían por esas calles hoy son drogadictos vagabundos que deambulan por la ciudad y son escoria, otros se visten de traje y corbata y otros pocos prefirieron morir definitivamente. Visito también el barrio rojo donde se esconden mis peores perversiones. Me paseo por la biblioteca, donde viven mis héroes y mis consejeros. A veces me asomo por mis ojos para tratar de ver lo que pasa en el mundo “real”, lo analizo, lo vivo, lo sufro. Sin embargo, el lugar donde paso mi mayor parte del tiempo es en el mar.

A veces, cuando estoy ya acostada en mi cama, a punto de pisar el absurdo del sueño, cierro los ojos y juro por dios que llego a escuchar  el mar, en el medio de las montañas, a 3000 metros sobre él. Lo escucho y lentamente dejo que me arrastre lejos de esta orilla, lejos de la tierra firme. Allí floto sin pensamiento alguno, sin preocupación alguna, floto sobre ella, sobre el pensamiento, sobre la ingravidez de la existencia, rodeada de un líquido calmo y cálido que es mi soledad. Madre del mundo y madre mía. Oscuridad. Calor. Fertilidad. Dolor. Goce. Vida. Muerte. Luz. Esencia. Eternidad. Maestra implacable que bien sabes elegir a tus discípulos para revelarles los secretos del universo y de la existencia, aquellos que están dispuestos a morir una y otra vez, de las formas más dolorosas posibles, para renacer una y otra vez, cada vez más sabio y más sensible.

Esta soy yo, Xeh.