Archivo mensual: abril 2011

La Educación Prohibida

Inicio este post con una terrible confesión: estudié durante 12 años de mi vida en un colegio de monjas. Así es, yo, la bruja contemporánea, fui educada bajo los cánones del vaticano y su anticuado catolicismo. Desde los 5 a los 17 años, asistí fervientemente a una escuela religiosa. Debo decir que asistía con alegría, porque siempre me ha gustado el conocimiento y la ciencia, pero nunca la religión y la ética.

Las jornadas eran largas; iniciaban a las 5:30 am cuando me despertaba e iniciaba el proceso de arreglo personal, el peinado, el uniforme perfectamente planchado, los zapatos como un espejo, y las uñas limpias. A las 6:30 am eramos todas sometidas a un minucioso estudio de nuestra presentación personal, y pobre de la que llevara los zapatos sucios. A las 7 am, mientras algunas eran recluídas en la oficina de disciplina por llegar tarde, las otras estábamos en el patio haciendo formación para la oración de la mañana. Allí debíamos hacer filas perfectas, y quien estuviera desalineada era humillada públicamente frente al resto del colegio. Nos salvábamos de la terrible formación nazista, cuando había misa – qué felicidad (sarcasmo)- nos aglomerábamos 800 estudiantes en la capilla muertas de calor con el clima de la ciudad, a tal punto de que algunas se desmayaban.

Cuando crecí empecé a notar que algunas cosas no andaban muy bien. Siempre fui la mejor de mi clase,  alto puntaje de las pruebas nacionales, quien participaba en cualquier congreso de química, física o matemáticas, etc, yo era la nerd del curso. Sin embargo mis notas en religión y ética, nunca eran las mejores, y aquí les va el porqué. Yo decidí que no quería ser una ama de casa, y me dí cuenta de que en el colegio nos estaban llenando la cabeza de mierda. Mencioné que era un colegio femenino?

Cómo vestirse, cómo tomar los cubiertos, cómo hablar, cómo ser una buena madre, imposible hablar de aborto o sexo, pues van en contra de Dios. El sexo era dejado para los tristes matrimonios y no para las mujeres del siglo XXI. Ni hablar entonces de experimentar los primeros cambios hormonales, todas erámos mujeres, las monjas, las profesoras, y las estudiantes. Era común encontrar niñas en los baños masturbándose mutuamente, y eran severamente castigadas. La represión de la sexualidad estaba a la orden del día, pero aún más grave, la represión mental.

Prof de ética y religión (soltero): ” El sexo hay que dejarlo para el matrimonio”.    Xeh: “Eres virgen” ……………… Prof: “ehhhhhhhhh no” Xeh: “me encanta tu doble moral” . Y la sanción no se hizo esperar.

No erámos libres, nos estaban encasillando en la celda de la mujer del siglo XVI, sumisa, dama intachable. Lo siento hermana, yo quiero ser puta, independiente, libre pensadora y mal hablada. Y todas seguían el jueguito, bueno, muchas de ellas ya son madres de dos hijos a los 22 años. Y quién se rie ahora? Las demás juegan el juego del profesor de ética, ese de la doble moral, y son las putas más calientes en la cama, pero siempre bajo la facha de la “mujer de bien”.

Un día llegó el profesor de química, a quien agradezco mucho de lo que soy. Siendo sinceros el era un buen tipo, sólo que algo pervertido. No debe ser fácil ser un hombre jóven en medio de coñitos de 15 años. Inició a dañarme el cerebro con frases soeces. Me sacaba de clase de filosofía para llevarme al laboratorio de química a hablarme de sexo. Nunca se propasó conmigo, pero me liberó la líbido, sin duda. Y así como se libera la sexualidad, se libera también la mente de las estructuras sociales preconcebidas y arcaícas.

No puedo decir que todas se dejaron alienar, siempre existen los rebeldes que no se dejan aplacar por los parásitos del sistema, en este caso, curas y monjas solapados y facistas. No quiero meterme en el tema de la Iglesia Católica por el momento, este post es sobre educación, pero que quede claro que soy intolerante con cualquier cosa que tenga que ver con Dios, Jesucristo, la Virgen y el Famoso Espíritu Santo que nadie conoce.

Puedo decirles que mi experiencia escolar fue bastante negativa, y conozco perfectamente las consecuencias de una educación arcaíca: la alimentación de un maldito círculo vicioso que nos mantiene oyendo sandeces y viendo como cientos de niños crecen con mierda en el cerebro, con términos obsoletos como: disciplina, religión, sumisión, orden, pulcritud, modales guiando sus pobres y miserables vidas. Porqué? porque Dios te mira, y quiere que seas bueno. Hermana Rectora: Dios me la rasca !!  Gracias por hacerme una mujer abierta, anárquica, conciente de su sexualidad, revolucionaria, pos moderna y atea.

Hermanos compatriotas del mundo. Es Hora! Es Urgente!! Revaluar los estándares de la educación mundial. Por allí comienza el desastre que somos. Hey teacher, leave the kids alone! Derrumbemos los muros de la educación tradicional que nos encierra en un aula de clases, destruyamos las calificaciones que generan complejos y reconres entre los niños, abajo la discriminación y las etiquetas, nadie es buen alumno ni mal alumno, abajo la competencia, arriba la solidaridad. Abajo las clases de religión, arriba las clases de arte.

“Sin exigencia no hay excelencia” era el lema de mi Colegio de la Eucaristía. Díganme ustedes si esta frase no les da escalofríos, en pleno siglo pos moderno, seguimos en la edad media. Quítenle las escuelas al vaticano, forma moderna de la inquisición y el control social. Hermana Rectora, estúdiese la revolución industrial y las 65892 cosas más modernas que el catolicismo.

Aquí les dejo un interesante video sobre lo que debería ser la educación del hoy, a ver si de algo sirve:

Anuncios

Lapislázuli I: Charla con un loco

Lapislázuli

Volví a mi casa un poco triste. Vi una de esas películas tan bien hechas, tan reales, que asustan y deprimen, simplemente porque recuerdan que el mundo es una mierda, que la vida es una tragedia y que el sufrimiento es su única constante. Volví al cuarto oscuro de la lavandería. La luz de la habitación se jodió completamente, no se ve nada, absolutamente nada. Me metí entre las cobijas con un sentimiento oscuro dentro de mi, y con la intención de poner la cabeza en blanco, cerré los ojos.

Un sol implacable tiñe el interior  de mis párpados de color rojo encendido, y me quema la piel, llevo el torso semidesnudo. Una gota de sudor rueda por mi frente y termina en mi oído. Me reincorporo rápidamente y ahí está él, con una guitarra y la vida roída como su barba. Me sonríe. Iniciamos una caminata por este desierto, al fondo se ve una hermosa cadena montañosa con nieve en la cima. Un hermoso lago a nuestros pies.

Él me recuerda a un extinto profeta, aquél delgado, blanco, con barba y pelo largo, que hablaba locuras. Nos sentamos a la orilla del lago, a observar el medio día.

Xeh: En qué parte de nuestra única, querida y contaminada nave espacial te encuentras?                                                                                                                                Soñador D: Brasilia

Xeh: Qué tal la vida? Eres feliz?                                                                                      Soñador D: Creo que sí, por un segundo conocí la felicidad y tu dónde estás? Eres feliz?

Xeh: En Quito, muerta de frío… Feliz? Llámemosla momentánea                        Soñador D: Qué haces en Quito? Por favor salúdame al Cotopaxi, y de paso al Pichincha para que no hayan reconres – dijo sonriendo.

Xeh: Hago un programa de radio de denuncia social en Latinoamérica. Hoy la desnutrición infantil en Guatemala, ayer los mapuches de Chile, mañana Brasil y el tema de la educación…                                                                                                      Soñador D: guauuuuuuuu! Qué groso! Tu voz  se escucha en toda Latinoamérica, no es para poco. Crees que pueda tocar mi guitarra y que al menos sea escuchada por alguien alguna vez?

Xeh:  Eso no es un problema. Búscamos gente como tú. Sería un gusto tenerte en Quito… me encantaría verte                                                                                                     Soñador D: Masa, Xeh y como es? Se vive ahí? Hay laburo?

Xeh: Pues estamos todos igual de jodidos no? Es cuestión de suerte, como todo.                                                                                                                                                          Soñador D: seee, está todo tan loco.

Xeh: Ven aquí, donde estoy yo, ven por el Río Amazonas                                           Soñador D: Viajón! en cualquier momento aparezco, es sólo llegar. No ha de ser tan difícil, estos piés han estado reclamando nuevas espinas.

Xeh: Siento una gran necesidad de volverte a encontrar, todos parecen siempre tan metidos en el viaje y tan convenidos de “la realidad” que a veces me confunden y termino yo también engañándome a mi misma.                                 Soñador D: todo corre hacia ahora, aquí estamos sin haberlo querido y sin estarlo realmente, y si, ‘tá to’o mundo loco en este mundo.

Xeh: muy loco webon! muuuuuuy loco! a veces no sé si voy a resistir. Debe ser por eso que necesitamos encontrarnos… para recordarnos mutuamente cómo es realmente el asunto.                                                                                                                    Soñador D: Si, ya sé. Es una cagada. La gente está loca, tanto, que para ellos, nosotros somos los locos. Y sabes? Se vuelven peligrosos, y a esos que nos recuerdan que es sólo un paseo, los matan, los desaparecen. Hay que tener cuidado, pero también pienso que debemos intentar ser luminosos porque pronto las cosas van a cambiar y vamos a tener que estar bien en la justa.

Xeh: Cuándo?                                                                                                                           Soñador D: no sé pero creo que no va a durar mucho más esta locura así y seja voce a mudanza que espera ver no mundo. Y hay que estar en la jugada, bien firmes.

Xeh: Me estás asustando, pero si dices que es la solución, confío en ti. Qué debo hacer?                                                                                                                                                     Soñador D: tenemos que ser nosotros el cambio que esperamos ver con cosas básicas. Estuve viviendo fuera de la ciudad reciclando al 100 y con baño seco y guau loco… no sé, estamos muy lejos de la natura pero hay que volver a intentar. No olvidarnos de ella nunca, y recordar que no somos más que una parte mínima del cosmos, cosmos que además nosotros no conocemos y por ende, no sabemos en realidad qué hay detrás de él.

Xeh: tienes razón… hemos olvidado muchas cosas, comenzando por nuestra propia ignorancia y nimiedad.  Esta vorágine de reflexiones me apabulla e incluso me produce temor.

Hubo silencio. Nos detuvimos a observar como un color turquesa radiante se apoderaba del lago; lo que era una línea sutil en el horizonte, está a punto de llegar a nuestros pies. Los latidos del corazón empezaron a acelerarse al ver el azul que se acercaba, expectantes, no le quitamos los ojos de encima, y justo en el momento en que el agua se había convertido en un Lapislázuli, un viento suave pero imponente nos impactó el rostro.

Soñador D: Abajo el miedo, arriba el arte! El viento sobre el lago hace visible lo invisible. No te deprimas, explota desde adentro. Escucha al maestro que dijo:

Lo que estalla desde adentro es fuerte                                                                                          Lo que quiebra desde afuera es débil

Xeh: Eres grande. Eres luz. Gracias.                                                                                       Soñador D:  Sigue tu camino y recuerda, que es sólo un sueño. Somos sólo lo que nuestra imaginación ha querido que seamos.

Desperté habiendo olvidado todo lo anterior, me dirigí con prisa al cafecito de enfrente, a tomar algo caliente para apaciguar el frío. Una cara conocida interrumpió mi reflexión matutina, esa clase de reflexiones eternas y sin salida que se hacen con la mirada perdida en el firmamento, y con esa cara que grita al destino, te odio. Bueno así. No recuerdo a esta mujer, pero su presencia no me incomoda, al contrario.

“Mi nombre es María Paz, tu debes ser Xeh. Vengo de Chiloé, te estaba buscando. Podemos hablar?”

Noticias de la vejez

En el cuarto de la lavandería empiezan a suceder cosas mágicas que no sobrepasan la barrera del concreto pero sí las de la conciencia. Ya sé cómo prender la luz que antes no servía: al parecer hay una conexión que no funciona debajo del switch, dando unos 4 o 5 golpes rápidos, ella se supone que debe prender. Ahora, puedo ver cosas fascinantes. Por fín, todo está organizado. Como por arte de magia el desorden desapareció. Todo empieza a tener un lugar específico. Duermo tranquilamente. Hallo un poco de mi, aquí.

Esta noche descubrí mis piernas. Hace mucho que no las observaba. Encontré esos tres lunares en los muslos que tengo desde antes de tener uso de razón. Realmente hace mucho frío. Mucho. Casi no me deja escribir. Desde antes de tener uso de razón, ya hace algunos años, no serán muchos pero a la vez sí. Porque, y hasta ahora empiezo a darme cuenta, los años pesan.

El año pasado en las montañas de Italia conocí a esta mujer de 79 años. Un vivo retrato de a esos que les pesan los años. Mirada distraída y desganada, de poco comer, de pesimismo absoluto, de pocas sonrisas y pocas emociones. Es poco lo que sé de esta anciana mujer; sé que entre las dos hay una brecha de mundo que se metió entre nosotras sin que ninguna de las dos nos diéramos cuenta. Una cuenta de días tan igual a la cuenta de años, días que para la historia pueden ser años. Nos une el hecho de ser mujeres, pero nos separan los kilómetros luz que hay entre nuestras cabezas. Y está bien. Lo impresionante es su cansancio de la vida. Sólo ella sabe que vio en estos 79 años, y qué no vio. Sólo ella sabe el porqué de sus pasos pesados, el anhelo de muerte.

Esta mañana en el trabajo, estuve viendo en directo la aparición de Fidel Castro, en la clausura del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba y la celebración de los 50 de la invasión a Bahía Cochinos o a Playa Girón. Wiki pedia resume bien: fue una operación militar en la que tropas de cubanos autoexiliados, entrenados, financiados y dirigidos por la CIA, intentaron invadir Cuba en abril de 1961, con el propósito de tomar una cabeza de playa, formar un gobierno provisional y buscar el apoyo de la OEA y el reconocimiento de la comunidad internacional. La acción acabó en fracaso en menos de 72 horas, fue completamente aplastada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Más de un centenar de invasores murieron, y los cubanos capturaron a otros 1.200, junto con importante material bélico. En el bien o en el mal, los “malos de la película le ganaron a los héroes gringos en la vida real”.

HA – HA!! (By Nelson Muntz)

Y bueno, Fidel llegó con su sudadera oscura, sus canas, sus arrugas, su vejez en su esplandor. Se sentó allí como un Rey, sin decir palabra, con el solo orgullo de sentarse frente a toda esta cantidad de gente que lo aplaudía, sabiendo sólo él en su cabeza, todo, todo, lo que en el bien y en el mal significaba ese aplauso. Sabían ellos porqué aplaudían? No. Lo sabíamos nosotros? No. Lo sabían ustedes? No. Y ellos? Tampoco.

Lo sabía él.

Me acordé de mi abuelo que es menor 14 años que Fidel y padece el terrible Alzheimer. Él no sabe quién es, no sabe quiénes somos, pero, tampoco se lo pregunta. Es el nivel de inconciencia más verdadero, más real que pueda existir. El vacío. El blanco.

Ahora, imagínense ser Fidel y no acordarse de nada! Él tan aclamado y tan odiado, tan todo. Tan revolucionario, en el sentido personal. Una cara. Un icono. Haber mantenido a todo un pueblo soportando ir en contra. Y esto no tiene que ver con la política, sino con el hecho del ser rebelde porque sí, de llevar la contraria por las razones que sea. Se requiere mucho valor.

Hoy Fidel no dijo palabra, sólo tenía esta mirada imperturbable, tranquila, serena. Mayor unos cuantos años que aquella mujer italiana, Fidel encarna el sentido más sublime de la vida, el haber vivido, y gozar del placer y el honor de haber puesto la propia tinta en el papel de la historia. Claro que todos tenemos una historia personal y rica, pero hay personas que logran, de algún modo, marcar de manera significativa la vida de otras personas, y son recordados por ello con el paso de los años.

Ahora que veo mis piernas, descubro mi corta edad, pero puedo ser conciente del saber que los años pasan y marcan la existencia irremediablemente, que el tiempo transforma constantemente, pero dejando constancia de ello en la mente, y en el cuerpo. Cómo serán estas mismas piernas dentro de algunos años? No recuerdo ni siquiera cómo eran, recordaré cómo son en este momento? Sinceramente no lo sé. Lo que sí sé es que cambiarán, y seguramente será doloroso. Al final todos recuerdan sus épocas de juventud con nostalgia, su belleza perdida, la salud. Aprender a amar los años y la cicatrices del tiempo.  Recién leí un artículo de esa feminista francesa Florence Thomas (68),  una académica que se enorgullece de su vejez y sus arrugas, y quien desde hace muchos años vive en mí país y se ha hecho famosa allí. En el artículo le reclama a una diva colombiana, Amparo Grisales (55), que tiene el cuerpo de una mujer de 30 años, perfectamente esculpido, el rostro terso y la sensualidad al máximo a pesar de los años, quien a través de la venta de una crema anti edad, está construyendo en las mujeres colombianas el deseo de ser siempre jóvenes y bellas, como ella. Sin embargo Amparo ha llegado a los 50 con ese cuerpo sólo con ejercicio y buena alimentación y se queja de las jóvencitas de 18 que ya tienen 3 cirugías. Qué hay de malo con verse jóven a los 55 y que hay de malo con verse viejo? Interesante debate, no?

Aquí el artículo publicado en el periódico El Tiempo (otro interesante debate su nueva página web que te dice qué debes saber y qué debes leer, porque lo creen a uno estúpido). Por favor leer los comentarios.

– Aquí lo que dice Wikipedia sobre Amparo Grisales, a quien respeto.

Para concluir creo que no soy digna de escribir cualquier cosa sobre la vida, y después de saltar de Fidel a Amparito, puedo decir que me estoy dando cuenta de que el tiempo pasa. Y la juventud algún día también pasará. Esta juventud sin esperanzas y sin futuro, desde las españolas, a las rusas, pasando por Pakistán, Suriname y la China, hasta las gringas y las argentinas, las australianas y las somalíes. Un día nosotros seremos los viejos, y recordaremos lo bueno y lo malo que hicimos, no como individuos, sino como generación, en ese momento de seguro será tarde para tratar de hacer las cosas bien. Nosotros marcaremos un rumbo queramos o no, seamos concientes o no, sea bueno o sea malo. Ojalá que sea bueno, o al menos no tan malo. Para que las próximas juventudes tengan sueños y vivan su juventud como yo quisiera hacerlo ahora, sin tanta desesperanza y tanta desgana, puedo ofrecer la mía. Apago las luces con mil pensamientos en la cabeza. Voy a la cama, mañana hay que trabajar.

(Mañana en ALER Satelital (4pm Ecuador),  la Juventud Sin Futuro de España habla para Latinoamerica)

Cita casual con un dandy contemporáneo

Camino por la gran ciudad abstraída del universo, llueve, entro a ese bar de mala muerte donde me encanta ir a ver caras diversas y oscuras. Y allí está él, completamente fuera de contexto. Con su chaqueta de paño inglés, su barba perfectamente cuidada, los zapatos de cuero, la bufanda, y ese aire de suficiencia en los ojos. Parece sacado de una reunion diplomática, y puesto en escena en este bar que poco le corresponde. Su clase se ve en cada uno de sus gestos, más que en su ropa. La manera de mover las manos, la seriedad de su actitud, las palabras sofisticadas con las que se dirige al mundo, pero por sobretodas las cosas, su perfume.

Pide un espresso que acompañará la lectura del diario. Busco sentarme estratégicamente, de tal modo que pueda observarlo, y porqué no, también seducirlo. Su mirada es fría y rídigida, imperturbable. Ni siquiera por mis labios rojos. Termina sus quehaceres y sale decidido del recinto, al salir me echa una mirada fugaz, y se va.

Nunca estuve en la París de Baudelaire, pero la siento tan mía, como si hubiese vivido allí. Unas semanas después me encontré en medio de una protesta, y en medio de gritos y pancartas y muchedumbre, allí estaba él. Con su silencio, con su cabeza altiva, con su traje impecable, y su perfume observador. Ahora comprendo lo intrigante que significaba su presencia para mí; estaba allí frente a mis ojos, y no me había dado cuenta, una combinación deliciosa y misteriosa entre un flaneur y un dandy contemporáneo. No pensé que existiesen todavía, una grata sorpresa. Tengo que urgar en las profundidades de este hombre, cómo sea.

Me dirijo hacia él, sin una palabra en mente, pero determinada. Me detengo justo delante de él, lo miro sin decir nada, su mirada debe estar obstaculizada completamente por mi presencia. Busco distraer su vacío por un segundo, y en un arranque de corage le hablo, sin pensar realmente en las consencuencias. Cualquier cosa que él haga o diga, lo tomaré como una victoria.

Xeh: “Gentil hombre que  vaga por la ciudad, concédame una noche, si es tan amable y si puede alejarse de su desgana por un segundo”

El caballero, l’uomo por excelencia, baja su mirada de su pensamiento. Me mira de pies a cabeza, lanza un suspiro. De seguro me va a rechazar, o a ignorar, pensé.

Flaneur: “Por su puesto, hermosa maldita, pero con una condición… iremos dónde yo diga”

Volví al cuarto de la lavandería completamente anonadada. Mi preocupación más grande era mi vestimenta. No tuve más remedio que ponerme los jeanes rotos, una camisilla negra, ese sostén de encaje que se insinúa ligeramente bajo la ropa, mi pañoleta roja en la cabeza, las botas rotas de siempre y la chaqueta de cuero negra. Con el susto en la garganta acudí al encuentro; a eso de las 8 nos encontramos en un sitio estratégico de la ciudad, tomamos un taxi en medio de un torrencial aguacero, y nos dirigimos a este lugar que él había destinado. Entramos a un bar como cualquier otro, sólo que al fondo nos esperaba una majestuosa vista de la ciudad. Nos sentamos en el mirador, con las luces a nuestros pies.

Xeh: “Es en este mundo envilecido y agonizante, dónde usted con su enigma reafirma su singularidad… se queja de él, lo odia, pero de no ser por él y sus abusos, usted no sería el héroe decadente que es”

Flaneur entre sonrisas: “no puedo querer cambiar nada porque no creo en nada, y por tanto no tengo ninguna ambición… en mí no hay base para una convicción, mis convicciones son puramente utópicas, y soy conciente de ello”

Xeh: “su única convicción es usted”

Flaneur: “Ah si? porqué hace una afirmación tan engreídamente sobre mí, si escasamente me conoce”

Xeh: “Mírese, lleva la elegancia de la moda hasta su último extremo, así se encuentre en medio de una matanza; sus palabras son tan refinadas que un simple mortal poco le podrá entender. Su único trabajo se concentra sobre usted mismo, casi que pertenece a una secta, de la cual es usted sacerdote y víctima… Pero a la vez, es evidente que usted no es una persona frívola, es un observador del mundo, busca y ama el arte en cada detalle de la vida, déjeme decirle que es usted un romántico por naturaleza, un romántico sin esperanzas, peró.”

Flaneur: “Me ha usted atrapado, querida hermosa maldita. Pero yo sólo busco una salvación para esta modernidad. Escapo de ella, así como soy su hijo más querido. Ser y parecer, recuerda? La escencia misma de nuestra modernidad. En medio de esta decandencia, qué más nos queda que ir en búsqueda de un poco de distinción y nobleza, de gozar la vida en su sentido más excelente y fino”

-Silencio- y continúa:  “Sé lo que debe estar pensando, mi pequeña revolucionaria. Pero esto no es más que un mero símbolo de la aristocrática superioridad del espíritu, de mí espiritú. Y, talvez,  la búsqueda de la perfección al menos de la vida material. No concuerda?”

Xeh: “Ciertamente, el gusto y los sentidos están hechos para la belleza. Pero es necesaria tanta parafernalia?”

Flaneur: “No es la moda, el cambio más tremendo que el hombre social ha experimentado? es lo que nos ha hecho civilizados, no lo subestime, por favor. En lugar de nutrirme por necesidad física, prefiero comer como un hombre que aprendió a satisfacer su paladar. En lugar de hablar con palabras vulgares y pobres, porqué no desempolvar todas esas buenas y exquisitas palabras que nuestros sabios han creado para nosotros?”

Xeh: “Pero no está usted somentiéndose al yugo de lo material, mi querido dandy? Porqué mantiene usted esa distancia tan calculada, esa actitud indiferente hacia todo? Dice usted que esta arrogancia le fortalece la voluntad y el alma, pero con qué objetivo? Obviamente, ninguno”

Flaneur: “Erra de nuevo, mi querida filósofa, yo sólo busco la posesión completa y perfecta de mí mismo. Como dijo Sartre “la vida espiritual no se nos da, sino que hay que construirla” Y me parece que esa vida espiritual hace equilibrio sobre la delgada línea entre el bien y el mal, de ahí mi gusto por lo más pulcro, pero también por lo más sucio… cómo vió usted aquella vez en ese bar de mala muerte”

Xeh: “No permite que nada ni nadie le saque de su propio yo. Qué vacío!… no le parece un poco egocéntrico? Dígame porqué aceptó usted esta cita si yo soy lo más opuesto a usted; tengo hambre y como, tengo sed y bebo, tengo frío y me cubro, estoy en celo y copulo, soy natural y espontánea y hallo en mi naturaleza la perfección sin más pretensiones”

Flaneur: “El primer día que la ví, usted no me vió. Yo estaba dentro un restaurante cuando usted pasó por la calle afanada. No pude dejar de notar sus botas rotas, y su peinado terrible, pero su belleza fugitiva me cautivó. Ha de ser porque carga en sus ojos el mal de vivir, el esplín de Baudelaire. Y esto es… fascinante”

Xeh: “Si ve? De nuevo sólo busca colmarse a sí mismo, incluso estudiándome. Puede usted amar, o vivirá sumergido en su propio ego para siempre?”

Flaneur: “La experiencia del amor me ha demostrado que es ambigua, pero el deseo sigue ahí. Incesante búsqueda de un amor perfecto y una amada perfecta. La otra mitad. El otro sueño. El otro deseo. Soy muy exigente con el amor, reconozco que es indispensable para complementarse, pero al mismo tiempo la unión de la carne nunca satisface el anhelo del amor eterno e inmutable. Es cierto que contemplo el mundo con distancia y frialdad, será la misma experiencia del amor que me ha dejado incompleto. Espero pues, el regreso de la amante ausente…”

Xeh: “Está usted hastiado de todo, no es más que un meláncolico constante, un solitario entre las multitudes, un observador de la nada, un romántico fuera de tiempo, un enigma en busca de alguien que lo descifre, así que no le queda más que vaciar su vida sobre sí mismo… guarda alguna esperanza de algo, por más insignificante que sea?”

Sonrío, me miró fijamente a los ojos, y se descubrió.

Flaneur: “Si así no fuera, no habría aceptado esta cita con usted”

Tren al Sur

Meto toda mi ropa sucia en la vieja mochila; los calzones verdes y los de puntos amarillos, las medias rojas de lana, los jeanes con el hueco en el culo, el cepillo de dientes, la cámara fotográfica, el libro de Saramago. Me engancho mi fiel mochila arawaka que no me falla nunca y las viejas botas que piden un remplazo.

No sé porqué últimamente todos los caminos indican hacia el Sur. En general el Norte, siempre me pareció aburrido. “El norte”, busca tu “norte”, universidad “del norte”, vivir en “el norte”. El norte además siempre tiene la connotación de los barrios ricos – si hablamos de ciudades-, y de países ricos -si hablamos del mundo- Por ejemplo, nunca me gustó la idea de que Papá Noel vive en el polo norte, me caería mucho mejor de seguro si viviera en el polo sur.

Los “del norte” nunca saben bailar, son fríos y aburridos, cerrados y testarudos, y siempre se creen mejores por simplemente ser “del norte”. Los “del norte” viven en un afán constante, la vida les parece corta para todos sus maravillosos planes de “gente del norte”, y en lugar de disfrutar, apretujan su tiempo, que corre más rápido, con trabajo y éxito, civilización y cultura.

Entonces hoy decido que el tren de ida irá rumbo sur. Porque el sur siempre tiene un lado oscuro y misterioso, es hacia dónde no se debe ir, es ir hacia atrás, es caminar en el sentido contrario, es donde vive la gente maleducada y pobre, son los lugares feos e inseguros, donde el sol no llega, donde todo es al revés, donde todo está mal. En el entorno de la Cooperación al Desarrollo, se denomina “Sur” al conjunto de países cuyo Índice de Desarrollo Humano es mediano o pequeño, como consecuencia del imperialismo de países del norte. En este sentido, es un sinónimo de “países pobres”. (Típico del Norte, ven?)

Entre los países del norte siempre hay tratados y cooperación, riqueza y prosperidad, 30 vuelos diarios entre New York y Londrés. Entre los países del sur en cambio, todo es siempre diferente, más distante, más olvidado, más perdido.

Me voy al Sur y punto.  La Rosa de los vientos giró al azar y señala al Sur como destino. Traigo conmigo un mapa árabe del siglo VII, de cuando las potencias islámicas eran las potencias islámicas, y de cuando sus mapas tenían al Sur en la parte superior, tomando la estrella polar austral como referencia y no a la famosa estrella del norte.

Llego al sur, con la misma ropa sólo que más sucia y las mismas botas sólo que más rotas. A mí alrededor diferencias difíciles de ver a simple vista, pero abismales. El reloj que me regaló mi madre, inicia a moverse en sentido contrario. Desde este instante cada minuto no será un minuto perdido, sino un minuto ganado. Aquí donde Dios se ha olvidado de nosotros, no sufrimos la presión de su chantaje. Aquí, alejados del ojo del Gran Hermano, la vida es completamente libre y no se ata ni siquiera a sus propios sueños, mal hábito de aquellos que viven “en el norte” y que tienen “un norte” y que caminan siempre “hacia el norte” y van buscando “siempre el norte”.

Aquí abajo no sentimos la presión de estar arriba. Estamos abajo, y ya. Aquí abajo nacimos y estaremos, que más da estar arriba? Los de arriba en cambio, siempre han estado allí, y ponen todo su esfuerzo y toda su existencia tratando de no estar abajo. Aquí abajo no tenemos miedo de caer, pues ya estamos en el suelo. Aquí abajo estuvimos y estaremos, sin conocer egoísmos ni pretensiones. Aquí abajo hemos vivido siempre seguros, pues la caída… del piso no pasa. Y aquí estaremos para cuando los de arriba tengan que caer.

El Sur y su olvido, permite a todos vivir en la vorágine, y en ella encontrar su felicidad. El sur y su oscuridad, permite a todos ser iguales y hablar de tu a tu con el que te tropiezas por la calle. El sur y su enigma, hace que todos vivan con la esperanza siempre de hallar una respuesta. El sur y su cercanía con el suelo, es siempre un recuerdo a las raíces. El sur y su casi fondo, es donde todo se hace más profundo y más vivo. El sur, donde casi no llega el sol, es la tiniebla que nos regocija en el mal de vivir.

Aquí abajo todo es distinto, por fuerza de gravedad la vida se hace más pesada y más profunda. En el sur la gente ríe de tristeza y llora de felicidad; está más cerca del suelo y de la verdad. Aquí abajo donde siempre fue todo una constante derrota, el afán de victoria ya dejó de ser nuestro “norte”, y la vida se hizo un momento como cualquier otro. Aquí abajo donde el viento del norte no nos llega, con su aire afanado, la gente no desespera tratando de exprimir la vida al máximo, ni corriendo contra el tiempo,  pues justamente aquí donde todo es al revés, el tiempo no nos viene en contra, sino a favor y las brisas australes traen consigo, en cambio, aires de quietud. Aquí abajo la vida corre en sentido contrario.

Mientras camino me siento como el elefante que el rey Juan III de Portugal decidió regalarle al archiduque Maximiliano de Austria. Caminando sin saber hacia dónde ni porqué, pero caminando a través del mundo, y de lo que eso significa. Guardo mi libro de Saramago en la mochila, me detengo a observar a una anciano que recoge manzanilla de su huerta. Me invitó a tomar un mate en su sala. Y reprochando todas mis reflexiones, me recuerda:

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe.

Xeh: “Gracias señor ha sido usted muy amable. Ojalá el mundo dejara de ver hacia Kynosoura, que es una estrella tan distante y tan fatal, que nos ha traído solo desdicha desde que decidimos ir tras de ella.”

Señor: “Querida jóven, eres muy rebelde… Querer que el Sur sea el Norte, es querer que Dios fuera negro. Y quién quiere un Dios negro?” – Dijo sonriendo.

Viaje al fondo de las pupilas

Me gusta cenar sola y de pié en la vieja cocina de Quito. Cenar, o desayunar un poco tarde: huevos, pan y jugo de naranja. Tengo que esperar a que llegue el domicilio con las anticonceptivas, soy tan floja como para salir de mi guarida, claro, si alguien me invitase a recordar porqué me tomo las pepas sagradamente cada noche, de pronto sí, me animaría a salir. Nunca leí los libros que he dicho que he leído, ni todas esas películas de culto que todos vieron, en cambio, oculto como gran secreto que me deleito viendo documentales sobre mecánica cuántica, leyendo la teoría del vacío y de las cuerdas, y talvez uno que otro ensayo postmoderno.

Soy mucho más joven de lo que podrían pensar. Recién cumplí 22 años, nací en el caribe y he vivido en Quilmes, en los alpes marítimos, en Kingston, en Ciudad de Panamá, en Valparaíso, en Jujuy, en la selva amazónica, en Quito, que es donde me encuentro ahora. En Quito, o en el cuarto de la lavandería, mucho mejor. La luz no funciona muy bien, a veces prende, a veces no. Como todo. Es pequeño, húmedo, azul, frío, solitario. Como yo. Me declaro una amante empedernida, una diva en decadencia, una musa indiferente, un demonio sin poderes, una reina sin corona y una diosa sin creyentes. En pocas palabras,  soy un maldito desastre.

Para hacerme el par de huevos que me estoy comiendo, tuve que quemar la sartén. Me quemé cuando la puse en el lavaplatos para que “se enfriara”. Derramé el poco de chocolate que me hice, lo serví fuera del pocillo. Tengo que limpiar, y derramo el chocolate en el piso. La imagen que presencio en este ridículo momento, es el de una tipa con el cabello más enredado que wikileaks, con pantalones que se caen por mi extrema delgadez, y esta pañoleta enrollada en el cuello, comprada de segunda en el centro de mi amada ciudad.  Estoy de pié, estoy comiendo mi par de huevos con tostadas, y no lo soporto. El estómago quiere vomitar cualquier bocado que ingiera. Diarrea constante. Son los gusanos de la vida que viven dentro de mí como un ejército de viles canallas, que hacen que cada sentimiento, experiencia, conocimiento se vuelva mierda. Mierda líquida, dolorosa y maloliente.

Pero tengo que comer, el organismo me lo pide.  Sola en casa, con la vida que se deshace cada segundo. Es un lento transitar por una calle desolada y oscura. Sólo falta que llueva. Y mierda! Llueve. Cuando todo parece aclararse, no te alegres, significa que volverá a estar oscuro. Es un lento transitar entre la neblina, cuando crees que estás viendo algo, es sólo una imagen desenfocada. Yo lo sé mejor que nadie, por la noche la azotea del edificio es un mar de humo, y por la mañana… también. Por la mañana, muy en la mañana, tipo 6. Ahora, cómo es posible que este demonio nocturno conozca la niebla de las seis de la mañana, sencillo, tengo que trabajar. Así es. Trabajo en una oficina, en un computador, con una luz blanca en el techo. Si yo, la diva en decadencia, la diosa sin creyentes, la musa sin poderes, la reina sin corona. Trabajar, Trabajar y Trabajar, cuánto te recuerdo querido ex presidente Uribe. Y así me presento, sin bañar, con el cabello más emproblemado que Gadafi, con la ropa del día anterior, con las mismas botas viejas que fueron a medio mundo y volvieron, las mismas que dejan filtrar el agua por las suelas, y en Quito siempre llueve. Los jeanes rotos, con las pantaletas que hacen gala cuando mis caderas inexistentes dejan resbalar el pantalón hacia abajo. Con los ojos rojos, y con una expresión en la cara que dice: a esta puta hora no-se-tra-ba-ja. Pero bueno, alargo la lista del proletariado, ese que trabaja para los demás. O en palabras de Cantinflas: Algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado. Lo bueno es que mi trabajo tiene algo de sentido, al menos no me siento en tan en deuda con el mundo. Entonces olvido todo lo demás, y lo hago con gusto.

Yo, la reina sin reino, soy fanática del tetris y de los juegos de cartas, ahora mismo mientras se me ocurre cualquier parolaccia, estoy jugando solitario. Ahora que lo pienso, el solitario es el juego del amor por excelencia. Todos quieren jugar en solitario, finalmente, horas y horas, derrota tras victoria, y viceversa. Y las cartas son todas al maldito azar. Desde hace unos meses no he logrado superar el puntaje. Sin embargo esta semana logré picos bien altos, pero bueno, aposté todo y perdí todo. La adicción al juego, será.

Soy buena para el juego, tengo esta maldita cara de diva en decadencia a la que nadie puede negarse. Pueden pasar dos cosas, o te asustas, o te intrigas. La mayoría de la gente opta por la primera opción, salen corriendo. Supongo que la diva en decadencia se puede comparar casi a una bruja malévola. Pero no se asusten, no tengo poderes. Esta mirada fría e irreductible, guarda mucho más. O bueno, será precisamente esto lo que asusta, la profundidad del vacío.

Mis ojos son negros, negrísimos, igual que mi cabello. Mi piel es morena, quemada por el sol. He sufrido múltiples picaduras de insectos en la selva, conservo aún algunas marcas. Me gustan. Me recuerdan lo duro que es el mundo real. Tengo estos labios desahuciados, hinchados por la sed, y violetas por el frío. Pocas veces se les ve sino es en su forma natural de boca inmóvil. Mi mirada se pierde constantemente en el vacío. En un punto fijo e inexistente. Es difícil seguirme. Lo sé. Tengo estas manos cadavéricas, largas y huesudas, muy largas. Los pintores con ellas se vuelven locos, los hombres comunes… también. Ni tan comunes, pues los comunes siempre se intimidan con estos ojos, y la verga no se les para. No tengo tiempo para perder, querido.

El hombre que me desee tiene que soportar esta mirada fría y de muerte, y clavarme para redimirme. Tiene que lograr dominarme mentalmente. Es la guerra, y quiero ser la víctima mortal. Hubo un par de valientes en mi historia de amante empedernida, unos más que otros. El primero terminó huyendo. El segundo todavía resiste, huye y vuelve, huye y vuelve.  Hubo otro, pero no supo ser lo suficientemente perverso. Y hay un músico hermitaño que ahora mismo debe estar encerrado en sus cuatro paredes, frente a la pantalla, igual que yo, y lo amo puramente. Recién conocí uno, uno de verdad. ¿Hablar de él? Difícil.

Para resumir puedo decir que es el cielo y el infierno, en el mismo tiempo y en el mismo espacio.  Yo, la musa indigente, puede tener sus pretensiones de vez en cuando, ¿no? Pero el cielo no es para mí. Tampoco el infierno. Finalmente vivo y merezco vivir en un limbo sin tiempo, ni espacio. Sólo oigo el pasar de los motores, respiro el humo de sus enormes chimeneas, me alimento de sus químicos,  y a veces, rara vez, sueño. Pero ni eso vale la pena. Si quiero me toco el alma un segundo, y reflexiono sobre el maledetto amore. La casa está vacía, puedo desnudarme por completo. Pero estoy segura de que no querrán ver esta escena, tan perturbadora.

Me estoy matando de hambre, no terminé mi desayuno nocturno. Soy un cadáver, ormai, sumida en la desolación. Sentada sola frente al mirador de la propia ruina. Pienso en todo y pienso en nada. Luego recuerdo las palabras de mi padre: Relájate, es sólo un paseo. Qué susto, el timbre! Llegaron las pastillas anticonceptivas, pago por mi egoísmo. Finalmente, son el signo de una naturaleza reprimida, pero a la vez de una humanidad liberada. Es tarde y ya estoy harta de pensar y deshacerme, trataré de dormir.

Mañana es sábado. Mañana es lunes. Mañana es viernes. Mañana es la esperanza de un despertar menos doloroso. Pero me es imposible sentir el deseo de abrir los ojos.