Archivo de la categoría: Arte

Ex

Sono te morto.
Sono la sagoma di chi eri ieri.
Sono chi non sei mai stato.
Sono la persona invisibile.
Sono il riflesso che è rimasto nello specchio.
Sono il bambino della foto in casa di tua nonna.
Sono il ricordo che hai dimenticato.
Sono il vinile che gira senza musica.
Sono la bottiglia vuota.
Sono la vita in coma.
Sono il bacio rifiutato.
Sono l’impossibilità.
Sono l’amore dell’illuso.
Sono la casa senza madre.
Sono la madre senza figlio.
Sono la tragedia.
Sono il dolore senza corpo.
Sono l’urlo del cuore.
Sono la felicità finta.
Sono quello che hai voluto.

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Profanazione

Hai mai visto un delfino in un acquario?
Nuota in cerchi ad occhi chiusi,
con quella tenue espressione che sembra un sorriso.
La sua penitenza non sottrae la sua sostanza.
La verità del suo essere libero batte la non-verità del suo essere prigioniero.
Il suo corpo leggero disegna una linea infinita nel serbatoio.
Dietro il vetro, il soggetto “io”, fa parte dell’artificio.
Il soggetto “io” osserva muto.
La linea infinita si rallenta e si ferma proprio lì,
sul fondo del serbatoio,
sotto i piedi del soggetto “io”.
I suoi occhi, chiusi finora, si aprono e osservano il soggetto “io”.
Gli occhi del soggetto “io”, chiusi finora, si aprono e osservano.
La comunicazione incipiente trascende il dispositivo acquario.
La comunicazione incipiente non è fatta da simboli.
La comunicazione incipiente toglie il “io” al soggetto.
Ora, ente viviente.
– Lo divino –
Un flash di luce artificiale violenta il vetro, e il piccolo occhio aperto.
Il delfino si alza veloce e nuota per allontanarsi.
Torna a nuotare in cerchi ad occhi chiusi.
Otrora ente viviente, torna ad essere soggetto “io”.
Soggetto “io” promise conservare il messaggio interrotto.
No, non si può decodificare ciò che non è stato codificato.
Il messaggio non può essere capito.
Neanche il suo meccanismo.
Hai mai visto un delfino in un acquario?
Nuota in cerchi ad occhi chiusi,
Nuota in cerchi ad occhi chiusi,
Nuota in cerchi.
Nuota.
Nuota?
Hai mai visto un delfino in un acquario?
Hai mai visto un delfino?
Hai mai visto?

Castel Dho

Una llamada que conduce a un túnel.
Un túnel que atraviesa el castillo.
El túnel atraviesa el año 1000.
La última luz eléctrica.
Una advertencia intermitente.
En el suelo, un pájaro recién muerto.
Mordidas de gato.
Olor a humo antiguo.
Madera impregnada de tiempo.
Piedra cargada de almas.
Ojos que miran desde las ventanas silenciosas.
Ojos que aguardan detrás de los muros oscuros.
Puertas entreabiertas que respiran.
Viento inmóvil que sale de mi pecho.
Tropel de gritos inquietos.
Estampida de pasos mudos.
Leyendas que se autonarran.
El túnel no termina.
Mi sangre tampoco.
Mis pupilas se agrandan hasta volverse un ojo negro.
Ojo negro que dobla la realidad.
Mis orejas se alargan y agudizan.
Hasta sus membranas llegan sólo frecuencias inhumanas.
500 latidos por minuto. Un ratón.
El túnel no termina.
Mi sangre tampoco.
El corazón respira humo.
Los pies, frío.
El silencio habla otro idioma.
El vacío está poblado.
Mi garganta lo sabe.
El túnel se abre al cielo rojo.
Poco a poco vuelvo a respirar la noche.
Vuelvo a adquirir forma humana.
Pero ya no soy yo.

Umwelt

Veo el mundo y dentro de él diminutos mundos únicos que se multiplican como ojos que ven sólo una burbuja. Los círculos viajan con su ojo cada uno entero en su alteridad. La energía de la vida viaja y fluctúa a través de cada uno de ellos. Todos los mundos se mueven sobre los caracoles que lo cargan de un lado a otro del jardín. Con paso lento y pesado se desplazan bajo los diamantes líquidos que caen desde lo alto, y luego se esconden del calor que emana de aquella gigante fuente de luz, y asoman la cabeza para comer un poco de esa delgada línea verde, o cavan un agujero bajo ellos abriéndose paso entre pequeños puntos. En el jardín ninguno ve lo que el otro ve, ninguno es capaz de concebir que el otro vea de manera distinta la misma línea verde o los diamantes líquidos. La física se reafirma y todo lo demás “pura pintura mental”. Pero qué está cubriendo la pintura?

(x)Perceptio

Lo que crees que es real es tu lectura de la realidad.
Pues de la realidad percibes sólo la superficie.
Debajo de la superficie no hay nada,
y si lo hay,
tú no tienes acceso.
No con los sentidos.
La realidad tiene la forma de una cadena infinita
de significantes sin referente,
de significados letrados,
de signos mutantes.
No hay un referente último,
como no hay una realidad última.
No hay un significado último,
como no hay una mente inmóvil.
No hay partícula.
No hay unidad.
Sólo espacio,
imperceptible.

Un grito estúpido

A nadie deseo nacer mujer.
Vivir sabiendo que la sonrisa caduca,
vivir sabiendo que la carne está siempre expuesta.
Llamarse María Culpa, o Cecilia Angustia,
y que ese nombre ruede en la boca de los hombres
cuando cuentan los miles de imperfectos, y lo poquito que se salva:
cuando te comparan, cuando especulan, cuando te imaginan de rodillas ante ellos,
cuando se vanaglorian si en el primer encuentro entraron por tu recto,
cuando te escriben o te llaman o te invitan a dar una vuelta,
y sabes que esperan sólo poder vencer al alba,
ya no por conocer el placer, sino por poner una nueva estrella en el tablero de sus egos.
Porque tu nunca haces lo que quieres, sino lo que ellos lograron que tu hicieras.
Saber que en boca de las mujeres eres todo menos ternura,
eres rapaz, ave de mal agüero, rival, enemiga, cabrona,
la que peor va vestida, la gorda o la flaca, todo, todo lo malo.
Y ay! donde mires a su hombre aunque sea para decir “buenos días”.
Vivir sin saber cómo hablar, cómo sonreír,
porque cualquier gesto, palabra o acción puede ser malinterpretado.
No caminar sola, nunca, y tanto menos si el sol no acompaña.
Maldita luna que no proteges.
Maldita luna que me haces mestruar.
Maldita luna que me revuelves el alma.
Maldita luna que me haces sentir nada.
Ser mujer y tratar de triunfar, al menos, en los espacios reservados para las mujeres,
porque somos la minoría más grande de la especie.
Aceptar que ahora todos hablen de nosotras y de nuestras luchas,
porque es necesario hablar de feminismo
y aún así sentirte inútil y ridícula,
porque vivimos sabiendo que nadie entiende realmente
que nadie nos cree cuando nos duele algo,
que nadie nos cree cuando estamos cansadas,
que nadie nos cree cuando la intuición habla.
Y escribo esto y me lleno de ira,
y quiero borrar este grito, retractarlo,
porque me doy cuenta que decir mujer, no es decir nada,
que son tantas cosas y tantas tan malas,
que incluso la voz del poeta que se inspira en su musa,
se vuelve un insulto.
Vivir sabiendo que cada día hay que luchar contra el tiempo,
contra la sociedad,
contra los hombres,
contra las mujeres,
contra ti misma,
contra todo.
A nadie deseo nacer mujer,
porque es nacer en guerra.

Essere Non

E passeranno gli anni.
Li vedrai uno dietro l’altro entrando in Aula Magna.
Passeranno proprio davanti ai tuoi occhi per poi sedersi in ordine cronologico,
dal più recente al più antico,
dall’ultima fila di sedie fino alla prima.
Incominciano ad entrare bambini ermafroditi con la saggezza di un centenario.
Poi adolescenti adulti esuberanti e ribelli,
ognuno con la sua personalità
non ci sono due minimamente simili.

Tutti portano il proprio quaderno e la propria penna,
che è diverso da quelli degli altri.
Gli anni dell’infanzia sono quelli più anziani,
di lunghe barbe bianche e occhi dolci,
e si siedono tutti in prima fila.
Arriva quello più anziano per ultimo,
cammina verso la sua sedia aiutandosi da un bastone,
emanando un’aria di solennità
che fa sentire il rispetto che gli professano gli altri anni.
Ma rimane ancora una sedia vuota.
La prima sedia,
l’anno Zero.

In silenzio ognuno si alza
e si avvicina a te,
che li aspetti sulla cattedra.
Senza dire parola, ogni anno viene giudicato,
in uno scambio telepatico
che scatta con l’incontro degli sguardi.
Alcuni li riconosci al primo colpo,
ti fanno spalancare gli occhi togliendoti il pensiero
oppure ci sono altri che i tuoi occhi fanno diventare torbidi.
Per qualcuno hai bisogno di qualche secondo per ricordarlo bene
e basta solo l’arretrato ricordo di un profumo antico
per farti tornare quell’autunno.

Uno a uno vanno passando e vanno sparendo,
ognuno lascia un pensiero e un sentimento
a volte minuscolo,
a volte colossale.
Quando tutti sono passati davanti a te,
perfino quello più anziano
noti la presenza di quel soggetto assente,
l’anno zero.
Rivolgi lo sguardo verso la sedia vuota,
e più la guardi,
più hai la certezza di quella assenza.
Ti chiedi che faccia avrà,
come saranno i suoi occhi.

Allora scendi dalla cattedra.
I tuoi passi sono tardi e grevi,
e fanno digrignare il legno antico del pavimento
che risuona nei tetti e le pareti dell’Aula magna.
Man mano che ti avvicini alla sedia dell’anno zero,
un’energia fa battere il cuore e scaldare le mani.
E lì, una volta di fronte,
il professore si siede e diventa studente.
Nell’aula vuota,
non ci sono più insegnamenti,
ne cronologia,
ne ricordi,
ne esami.