Archivo mensual: mayo 2012

Litost

Odio estas primeras noches. Comenzó la temible época del insomnio. Antes cuando tenía que ir a la oficina, debía levantarme a las 6, por tanto a las 9 ya estaba destrozada, y a las 10 ya estaba soñando placidamente. No recordaba lo que se sentía no dormir, esta maldita sensación de no saber en qué pensar, y pensar en todo al mismo tiempo, ver el cuadro de la vida desde lejos, tratando de fijarse en cada detalle y en la armonía del todo, y al final no lograr ver ni lo uno ni lo otro, ni los particulares ni lo general. El cuadro se mezcla todo y termina por ser un manchón abstracto, sin forma, sin explicación, sin mensaje. Esto, justamente esto odio. La falta de coherencia. Por esto también odio esas pinturas que son sólo un punto rojo en el medio de una tela blanca que los críticos y demás pseudointelecutales se quedan observando por horas entendiendo el sentido de algo que sencillamente carece de sentido, o mensaje, o belleza –aunque esto es subjetivo-. Por esto amo las pinturas del renacimiento, pinceladas suaves y acertadas que en conjunto forman un perfecto retrato, cargado de sentimientos, pensamientos, significados, claros y a la vista de todos, sin tener que adivinar en lo que el artista quiso expresar, porque su obra es transparente y clara como él mismo, sin acertijos cursis, la obra está allí, haciendo una invitación a observarla porque a diferencia del punto rojo, ésta está cargada de tantos pormenores que son a su vez grandes significados que se combinan perfectamente entre ellos para completar lo que yo llamo arte. A estas horas los pensamientos fluyen demasiado veloces, viajan entre neurona y neurona en un ferrari y yo a duras penas viajo en una carroza tirada por una vieja mula. No los comprendo, no sé quienes son, y tampoco logro distinguir en qué dirección viajan. Pero allí van, entremezclándose, y casi mofándose de mi intelecto. No se dejan atrapar, no se vuelven ideas sólidas, a veces tengo la intuición de que son las llavecitas que me dejarán abrir la puerta a una vida feliz, si logro atraparlas, ordenarlas, entenderlas y usarlas, en cambio las malditas son como las moscas. Y no tengo ningún atrapamoscas en mi maleta de primeros auxilios. Me acordé de Anselma, que las mataba con gran facilidad armada solamente que con un periódico. Me acordé también que ella se quedaba todo el día sentada en la misma silla, donde yo asumo habrá pasado más del 70% de su vida, mirando exactamente la misma ventana y el mismo paisaje, y yo la miraba atónita, estupefacta, a mí, en su lugar, ya me hubieran acabado los pensamientos. Como creo que me están acabando ahora. Los personajes de los libros que he leído últimamente siguen vagando en mi mente, ahora además de mí, en mi cerebro también habitan ellos, no basta con cerrar el libro en la hoja final. Ellos se quedan dando vueltas como zombies dentro de mi cabeza, y sus voces, y sus caras son igual de reales a las de aquellos otros detestables personajes de la vida real que desafortunadamente todavía viven en mi cabeza. Lo peor es que yo soy como una mujer demasiado buena, una matrona que no echa a sus inquilinos así no le hayan pagado los últimos 8 meses de pensión, yo me conmisero de ellos y los dejo quedar a dormir en casa, pero como ven, la casa se me va llenando, y ya hasta tengo alguno durmiendo en el cuarto de lavado en condiciones deplorables. Pero, y a dónde van si los echo? No podría con la culpa. Algunos de ellos se quedarían golpeando a mi puerta hasta las 3 de la mañana, y no me dejarían dormir… como ahora. Y qué sería de mi casa si los echo? Qué hago yo sola con este caserón tan enorme? No podría soportar oir el eco de mi voz retumbando por las paredes de este cerebro, sin nadie que responda. Además, las casas que se quedan vacías se ponen viejas rápido, se arruinan, se las come la soledad. Entonces no hay remedio, debo convivir con estos inquilinos tan malcriados –por mi misma-, eso si no quiero que la casa se me venga abajo, ellos al menos le ponen un poco de vida, aunque a veces me desesperen. Sin duda, los que más me desesperan, son un par de ellos que no se han tomado el placer de presentarse. Entonces no los conozco, he visto sus caras, pero no sé cómo se llaman, ni qué hacen por aquí, ya ni siquiera recuerdo cómo fue que llegaron a mi casa, cómo fue que les di posada. Pero acá están, y no parece que tengan intenciones de irse por el momento. Así los voy acumulando, diferentes clases de personajes: pensamientos, ideas, sueños, odios, rencores, miedos, amores, todos juntos en la misma casa. Y aunque me hacen sentir viva, y mantienen la casa con bulla, me tienen harta con su falta de delicadeza, ellos tienen su vida propia, hacen y deshacen a su antojo, y me ignoran. Ahora por ejemplo mi cuerpo está cansado y tiene sueño, y yo misma me siento agotada y con ganas de soñar, de desconectarme del mundo, de ellos, quiero buscar un poco de paz, pero ya es tarde, es viernes, y todos los inquilinos de la casa están de farra. Si hasta prostitutas han metido a mi casa. Han empezado a controlarme, o mejor, he empezado a perder el control. He empezado? Hace rato que perdí el control, pero creo que sólo hasta ahora lo admito. Es por eso que odio estas horas y el insomnio, porque me pone a batallar contra todo, pero en desventaja, ya cansada y vencida, a esta hora no tengo fuerza para pelear contra mis inquilinos, pero es cuando ellos están más despiertos. Voy a concluir este escrito (no sé cómo, ya veremos) y voy a quedarme en silencio y a oscuras, esperando quedar dormida. En pocas horas saldrá el sol, y será el 26 de Mayo, y el 25 no regresará, y quizá yo tampoco.

El vacío es una substancia… y vibra

Esta noche Gregorio me invitó a cenar. Hace un tiempo que trata de persuadirme para invitarme a salir y esas tonteras. En realidad disfruto conversar con él de vez en cuando, más cuando las charlas nacen orgánicamente en un encuentro casual no premeditado. Lo conocí en una exposición de arte contemporáneo, sobre el cual decido omitir cualquier juicio, al cual me había invitado una compañera del trabajo. Una chica de padre ecuatoriano, madre guatemalteca, nacida en Rusia pero criada en México. Con ella hablamos siempre de hombres, nos reímos y nos hacemos compañerismo. La verdad es que prefiero alejarme del círculo pedante y engreído que rodea el arte, por lo general la élite económica de esta ciudad latinoamericana, no tengo nada de qué hablar con ellos. Con mi compañera –amiga?- fuimos a la expo después de la oficina vestidas terriblemente, despeinadas, cansadas y sin maquillaje. Tomamos champagne y compartimos impresiones de la exposición. Así conocimos a Gregorio y un amigo suyo argentino, Gregorio es de padres mexicanos pero nació en “el gabacho” como llaman los mexicanos a Estados Unidos. A primera vista, me agrada, está aquí por las mismas razones que mi amiga y yo, a diferencia de los demás excéntricos refinados que revolotean con sus ropas caras que quieren hacer parecer baratas. Fue un golpe perfecto, el argentino se encantó con mi amiga, y Gregorio, bueno, conmigo. A partir de ahí ,con una hermosa vista del centro antiguo de la ciudad, conversamos largo rato. Volví a encontrarlo en un par de eventos más, y otra vez caminando por la zona de los bares, en todas las ocasiones fue un grato encuentro y nos hicimos compañía. Sin embargo, me rehusaba a la idea de llamarlo, o que él me llamara, o acordar una invitación. Parte de lo agradable de estos encuentros es que ocurrían en ese momento de tremendo aburrimiento y desesperación cuando una jornada cae en picada. Allí salía él, de la nada, e imagino que así salía yo también de la nada, insospechada, bella, aburrida. Bah. Los temas siempre casuales, la noche, el concierto de la próxima semana, nada trascendental, y menos mal. Soy pesadísima y matapasión cuando me pongo trascendental.

Después de varios encuentros interesantes pues comprendo que él quiera verme más a menudo, la situación debo admitir, un poco me asusta, de pasar a ser una desconocida encantadora, a ser una conocida desencantadora (o encantadora también?). Estrechar lazos que comienzan por un par de palabras y terminan con un par de condones en la caneca. Mi conciencia en este momento no necesita sexo. No quiero volver a ponerme en el juego. Ya sé cómo terminan estas citas. Decido adrede no verme atractiva, ser lo más natural posible y no preocuparme mucho por verme como una potencial pareja sexual. Estoy abierta a una buena charla, aunque debo reconocer que ya voy un poco predispuesta, ustedes saben (quienes son ustedes?) el tema de las sonrisas, los acercamientos físicos, el cortejo animal. Respiro profundo. Aunque no quiero engañarme, hoy no me siento vibrante. Llego al encuentro, desde dentro del lugar él me observa llegar, me doy cuenta pero actúo como si no supiera que él está allí (es idiota lo sé, hace parte de mi personaje). Lo ubico, me siento, ordeno un vino, enciendo un cigarro, digo “hola”. Ya lo venía pensando en el bus, dejaré que sea él quien tome el control de la situación en absoluto, no quiero decidir nada, ni influir sobre lo que sucederá esta noche, que sea cómo él quiera, yo sólo me dejaré llevar por sus temas de conversación, me iré cuando él decida, y si estoy de humor, dónde él decida. Mantendré un estado de ánimo neutral y sobrio, nada demasiado extrovertido, pero tampoco introvertido. No inundaré la conversación con mis dilemas personales. Tampoco insinuaré algún interés hacia algo en particular. Hoy estoy abierta a todo, expresaré mis opiniones y seré lo más yo posible, pero también fluiré como el agua, me filtraré naturalmente por todas las rendijas que él deje entreabiertas. Debo confesar, sin embargo, que por el momento no estoy interesada en sexo. Últimamente cuando  he querido dar rienda suelta a los antojos de mi vagina, mi intelecto se molesta iracundamente. Me es inevitable sentirme un objeto, un cuerpo, todo lo demás que soy se olvida, y esta sensación de nimiedad no me permite tampoco disfrutar del momento. Es un círculo vicioso. De hecho, no recuerdo la última vez que disfruté un polvo. Al no sentirme plena en un sentido intelectual, y por ende, emocional, no puedo vivir a plenitud una relación sexual. Lo siento, me es imposible desprender mi mente de mi cuerpo, soy un todo, y durante el acto sexual todo de mí está en juego.

Volvamos a Gregorio. Él sin duda es un tipo amable y seguro de sí mismo, brinda un aire de confianza que torna el ambiente ameno, sonríe constantemente (mostrando los dientes como cortejo o como amabilidad? Puede ser la misma cosa, no?) pone cara de estar prestando atención a lo que digo, y por  momentos me parece que hay más de generosidad en su actitud, como una fingida postura de interés que un interés real en lo que digo. Mala señal. Quiere fornicar. Quién no. Bueno… yo quiero, y al mismo tiempo no, como ya expliqué. Tuve un triste flashback por un instante. Algunas veces, exactamente 9 –me tomé el trabajo de contarlas- más o menos un 70% de los hombres que me llevé a la cama en mi corta vida sexual, no pudieron satisfacerme. Su excusa: “me intimidas” “es que me gustas mucho” “es tu culpa por ser tan guapa”. Se puede culpar al otro por el miedo dentro de uno? Si te tomaste el trabajo de traerme hasta aquí, porqué no cumples tu cometido a cabalidad? Tienes que hacerme sentir miserable a mí para disminuir  tu sentimiento de auto conmiseración?  Suspiro, trato de no predisponerme. Trataré de disfrutar del resto de la noche sin ninguna expectativa. Creo que es inútil, creo que absolutamente todos en este tipo de encuentros “románticos” –la palabra ya me sabe a vómito- guardamos en el fondo de nosotros alguna expectativa, de enamorarnos, de follar, de encontrar un abrazo, de tener una buena conversación, de no sentirnos solos, de divertirnos. Etcétera.  “Y cuéntame qué haces en la radio?” Odio esta pregunta, es de esos temas de conversación tipo salvavidas, temas genéricos, como la aspirina. Arreglan cualquier dolor. Sé que sus intenciones no son malas, en realidad me gusta mi trabajo, sin embargo hablar de la radio es hablar de política, y justamente este trabajo, si antes me gustaba, me ha hecho detestar la política, y más aún hablar de política. Prefiero burlarme de las religiones. Al menos me divierto. Hablar de política en cambio me aburre, me procura este sentimiento de impotencia y frustración que me arruina no sólo el momento, sino que puede durar semanas dentro de mí. Me fastidia que otros decidan mi vida, y más aún que sean ineptos, corruptos, drogadictos, borrachos, cristianos fundamentalistas, mafiosos, lambones, como ya sabemos que son nuestros senadores, presidentes, diputados, etc. “No hablemos de trabajo, qué hartera”

Creo que es el quinto tema de conversación que esquivo. Después del “Y tu familia?” “Es complicado, mi madre está enferma” “Qué tiene?”. Suspiro. O después del “Estás saliendo con alguien?” “ehhhh…. Si…. Bueno… no….Bueno, la verdad es que hace un año que no lo veo pero hablamos por skype” Otro suspiro, y un trago de vino. Y después del “Y qué sueños tienes, qué planes tienes para lo que queda del año” Silencio. Reflexiono. “Mira, traté de verdad de encontrar una respuesta a tu pregunta, así fuera algo simplemente para decir algo, pero no encontré nada. Qué más quieres saber de mí?” Suspiro. “Mejor hablemos de ti”  “Pues,  ahora mismo trabajo en el ministerio de Medio Ambiente, en la oficina de resguardos indígenas, pues sabes hay muchas empresas de todo tipo, intentando sacar recursos, pero son tierras protegidas y hay que hacer muchas maniobras legales para permitir la entrada de las empresas, y muchas otras maniobras diplomáticas para no permitirla. Entiendes?” Otra vez política. Me da asco. “Y tú de qué lado estás?” le pregunto sin anestesia. Se queda  mirando la copa. “Es complicado” responde y se queda en silencio. “Cambiemos de tema, qué estás oyendo por estos días?” No recuerdo quién preguntó primero, pero es claro que algo tenemos en común, la decepción del sistema. Yo por lo menos ya tomé una importante decisión. Apenas pueda renuncio. Y aquí sale a relucir mi frase de batalla y la que deberá ser absolutamente mi epitafio “Como diría el gran Edgar Allan Poe, Nevermore” Gracias Poe.

Esta frase ha comenzado a permear casi todos los espacios de mi vida. Creo que estoy en ese proceso del aprendizaje, donde se empieza a reconocer lo que no gusta, incluso antes de saber lo que sí gusta, donde a través de los errores aprendemos dónde no volver meter la pata. Y bueno, el Nevermore, ya no aplica solamente a la oficina, la política, los horarios, los protocolos, la burocracia, la contaminación, las 8 horas en una silla frente al computador, sino que también ya lo aplico en el one night sex (aunque dependiendo del sujeto podría aceptar algunas excepciones), a las drogas fuertes en lugares cerrados, al salir con uno que no te gusta sólo por aceptar compañía, a las relaciones amorosas a distancia, al curry y al aguardiente. Y puedo decirles (otra vez ustedes?) que mi nuevo mantra funciona muy bien, es como una liberación… una liberación de ciertas pequeñísimas cosas de las que puedo liberarme. Porque de otras, no podré hacerlo, y con ellas tendré que aprender a convivir. A veces recuerdo que Gregorio está aquí frente a mí, no logro evitar absortarme en mis reflexiones, trataría de compartirlas con él, pero lo conozco poco, y ya me propuse no fastidiar a nadie con estas sandeces. “Asustas un poco, lo sabes” Me interrumpe, y de qué manera. La pregunta obvia “Porqué?” “Pues porque poco hemos hablado, has estado toda la noche sirviéndote vino y prendiendo cigarrillos, mirando por la ventana, con la mirada perdida, esquivando ciertos temas de conversación. Por una parte debo admitir que me fascina, verte a ti es como observar las estrellas, a simple vista parecen bellas y uno cree que las entiende, pero si te quedas más de un minuto observando de verdad, te das cuenta de que en realidad no entiendes nada, de que son puntitos de luz en el medio de la auténtica nada, que son energía y son materia, que las podemos ver y contemplar, pero sólo así desde lejos, de pronto son sólo rocas secas y frías, de pronto albergan vida extraterrestre, de pronto son luces de laboratorio que iluminan este pequeño caldo de cultivo que es el planeta tierra. No lo podemos saber, y coño que las estudiamos, hasta el cansancio, y entre más sabemos, menos sabemos, y más nos maravillamos, y más nos frustramos. Y más nos asustamos. Bueno, así eres tú” Vaya! Eso logró conmoverme! Quiere definitivamente poner su pene dentro de mi vagina. Rayos Xeh! Siempre pensando mal, no puedes darle un poco de crédito, de confianza al menos? …. Me regaño a mi misma. Se me escapa una risa, por haberme regañado, él la interpreta como una aprobación a su comentario, aunque no haya sido la intención. Bueno, qué sabe él. “lo siento, es cierto que he estado un poco ausente. La verdad, no sé cómo justificarme. A veces me pasa, me meto demasiado dentro de mí misma, y no sólo de mí, sino dentro del universo, me gustó tu analogía de las estrellas, estudio las estrellas, y eso que mencionaste hace un rato. La nada. Me apasiona. Los científicos no saben qué es, ni de qué está compuesta, pero es imprescindible, simplemente la dan por hecho, y es parte fundamental de sus ecuaciones para comprender el universo. El concepto de la nada es un concepto antiguo, imagínate qué difícil en el 400 AC entender el concepto de nada, cuando ni siquiera se sabía que el mundo era esférico. Hoy en día, la nada sigue siendo un misterio, pero allí está, es parte de la vida cotidiana, del léxico de todos los idiomas, es en lo único en lo que los científicos creen que no han comprobado, la nada. Se parece mucho al concepto de dios. Es chistoso cómo todos, sobre todo los fanáticos relacionan la concepción de dios con el todo, el todopoderoso, el omnipresente, el omnisciente, el omnipotente, omni=todo, en cambio el todo lo conocemos, conocemos la materia, hemos investigado hasta el mínimo detalle todas las partículas que nos rodean, incluso el aire. Pero la nada, es el concepto más abstracto e irreal que conocemos, que permea nuestras vidas, filosofía, matemática, física, la nada debe ser real. Pero cómo creer en algo que debería existir pero que en teoría no existe, porque es, precisamente, nada…” “Cálmate, respira profundo, relájate” me interrumpe atrevidamente…

…Me muerdo los labios………………….. Estoy a punto de estallar. Es posible que este idiota no comprenda que  si la vena de mi frente se pronuncia y mis mejillas se ruborizan es sólo y exclusivamente porque me apasiona este tema más que cualquier otra cosa en el mundo. Qué es lo único que para mí vale la pena saber, pero sobre todo perseguir. No puedes respetar mi entusiasmo por  el tema? A ver, estoy tratando de defender una teoría y ello me genera una sublime excitación,  un orgasmo intelectual. Igual o más placentero que el carnal. Me hace perder los estribos que me traten de calmar en medio de una discusión que simplemente me apasiona, sea del tema que sea, este tipo de frases cortan el flujo de mi pensamiento, el equivalente a la sensación de mojarse las pantaletas, y una vez que la pasión se extingue (en cualquiera de los dos casos) es muy difícil, a veces imposible recuperarla. En este momento de rabia, de decepción, no me queda más tomar aire, servirme otra copa, y mirar un momento el horizonte. Me queda claro que poco le interesaba mi argumento, que no compartimos tampoco el amor por la retórica y el conocimiento. No digo nada, guardo silencio, no quiero tampoco mirarlo, en este momento su presencia es sólo un estorbo. Creo que es imposible de ocultar. Si, me siento como un pozo seco, o una habitación abandonada, vacía, pero resulta que cuando alguien grita dentro del pozo o la habitación, descubre que el pozo no estaba vacío, sólo faltaba una energía que pusiera a vibrar todas las partículas que estaban allí dormidas. Así soy yo, parezco vacía, oscura y profunda, pero sólo hay que agitarme un poco. Él se ríe nervioso, trata de convencerme de continuar con el discurso “Si creo que la nada es un sentimiento de vacío…” dice creyendo que sabe lo que dice. “La nada es nada. El vacío es vacío. Son dos cosas muy distintas” Dije para callarlo de modo engreído, quizá demasiado para mi gusto, pero en realidad ya no tengo ganas de explicarle que por ejemplo, si el espacio fuera vacío, cómo viajaría la luz y el sonido a través de él? …. El vacío está lleno de ether (un término viejo, aún hoy se trata de comprender de qué se compone el vacío, se intuye la presencia de una partícula, llamada la partícula de Higgs, o la partícula divina) Y más aún, si tienes un sentimiento de vacío, o el que fuere, cómo puede ser nada? Parece que mi cabeza no me permitirá follar nunca más. “Pero si la nada es el mismo vacío” repica, quiere convencerme de algo que ni él mismo sabe. Te quedaste en 1700 en la época de Newton. Le digo en mis adentros. Respiro y me calmo, no puedo obligar a la humanidad a interesarse en aquello que a mí me interesa. Me relajo. Pongo una cara amable. “Ha sido un gusto Gregorio, ahora voy a casa, estoy cansada, gracias por intentarlo”

Otra noche arruinada por mi cerebro, mi útero nuevamente hace sus reclamos “Ya te vas a encerrar a pensar en la nada, el vacío, la energía oscura y todas esas huevadas, cuando pudiste haberte divertido y pasar un rato placentero aromatizado con hormonas masculinas, pero no, es justo esa falta de contacto lo que te tiene amargada, admítelo!” Mi mente inquieta le responde de inmediato cargada de orgullo “Sabes qué? Prefiero quedarme sola reflexionando, a fin de cuentas la verga después de un rato se muere y sólo queda un cuerpo flácido tirado encima de uno. Me voy a pensar en la nada, y tu… tu vete a la mierda”

28

Hoy comenzaron los dolores del ser hembra. Mi útero se retuerce queriendo sacar de él toda la sangre, está muy enojado por no haber sido fecundado tampoco este mes. Y créanme que descarga su ira sin remordimientos, para él no existe ningún perdón, su existencia hasta ahora no ha tenido ningún sentido, entonces decide que lo mejor que puede hacer es recordarme cada mes que allí está, que existe dentro de mí, y que está esperando ansioso su momento. Durante 4 días lo único que existe es dolor, dolor de las entrañas. No hay tiempo para el trabajo, la diversión o el amor. De todos modos, no nos queda de otra que continuar con nuestras pobres vidas femeninas, cruzando las piernas para que el olor a rata muerta no se nos escape, sonriendo cuando tenemos ganas de matar a cualquier desacertado. También debo reconocer que me asalta una melancolía extraña, la del nonato? Ahora entiendo bien el concepto de “karma”.

En estos días, el llanto se hace necesario, bueno, el llanto es siempre necesario, saca de las profundidades esos sentimientos que las palabras no logran expresar, es como una limpieza interior, bastante efectiva. Hablando de limpieza, no me soporto más este olor a podredumbre que me sale de la vagina. Estoy tan podrida por dentro? Es hora de lavarme. Antes, me siento un rato en el inodoro. No puedo evitar mirar por el agujero que queda entre las piernas y el agua. Y allí está, ese hilo rojo de fatalidad que cuelga de mi cuello uterino y reposa en el agua. Se queda así, inmóvil, mientras unas gotas de sangre descienden hasta caer en el agua. A veces toca cortarlo, otras veces se cae por su propio peso. Me levanto del asiento y se revienta, abajo la sangre y la orina forman una figura abstracta que inmediatamente aniquilo bajando la palanca. Desnuda observo mi cuerpo unos minutos en el espejo. Veo cómo ha cambiado, veo también las nuevas picaduras de insectos de cama en mis nalgas y en las costillas. Voy envejeciendo, es inevitable. Mi 114 menstruación me lo recuerda. Y aún no tengo hijos.

Entro a la ducha caliente, hirviendo. Para los dolores no hay nada mejor que un chorro de agua caliente directo sobre la zona adolorida, en mi caso la espalda baja y el abdomen. Me quedo allí varios minutos mientras el calor relaja mis músculos. El vapor llena los rincones de este pequeño baño antiguo, me ataca otra vez la soledad, lo lamento amigos, ya sabemos que soy una atormentada, ningún amor me alimenta por estos días de frío. Y bueno, ahora no puedo evitar reírme de mi misma. Un poco de jabón con olor a fresa, shampoo y acondicionador, y a desenredarme las greñas. Me acaricio un poco, cierro los ojos y juego a imaginarme que alguien me acompaña en la ducha. Vuelvo a reírme sola, incluso comienzo a cantar una vieja canción. Los dolores no han desaparecido del todo, pero ya son más soportables. No es fácil vivir con dolor, levantarse cada mañana con un terrible mal de espalda, o piernas, o brazos, me pone siempre de mal humor, los dolores físicos son molestos, me limitan la existencia, parezco más una anciana que una bella joven de 23 años, vuelvo a mofarme de mi misma….

…. Para no llorar.

Ya he aprendido a lidiar con el dolor y a olvidarme de él y trato de vivir mi vida de joven lo más que pueda, por estas épocas estoy tratando de aprender a no quejarme, esa es otra historia. Pero luego sufro de esos dolores más profundos, los del alma, que pocas veces se curan con un simple masaje o alguna medicina, esos que penetran hondo, más allá de los huesos, de los nervios, estos dolores duelen en la inconciencia. A veces me enojo con la crueldad del azar hacia mis pocos años de vida. Pero bueno, podría pensar, para no sentirme tan miserable, que siendo la vida dolor, yo vivo más que cualquier otro. Veo que mis dedos comienzan a arrugarse, es hora de salir de la ducha… aunque no haya planes tampoco para esta noche.

24 horas de imperfección

Esta mañana desperté como todas las mañanas. Cero actitud. No digo positiva o negativa, sólo digo cero. Ninguna. Cuando uno se levanta así lo mejor del día es no vivir el día. Olvidarse de ser alguien para el planeta. Ser absolutamente anónimo y será por esto que odio tener que dejar de ser anónima, es decir el protagonizar por alguna razón alguna cosa, una discusión, un reto, una competencia, un cariño, todas acciones que se realizan con otra persona, con el otro, con alguien más que se hace escuchar, me aburre. Me escandaliza que mi nombre sea pronunciado por los demás, lo que quiere decir que me conocen, que saben quien soy, paranoia, miedo, desesperación. Me río, esta sensación me parece terrible. Y bueno como les decía, así me desperté hoy, queriendo ser sólo un computador más, un árbol, un perro, un bus más, un objeto inerte para la sociedad, y en realidad trato de conseguirlo. No tener que hacerse ver por los demás. Caminar con la mirada siempre hacia el piso. Tratar de no hacer ruidos de ninguna especie, incluyendo las palabras. Incluso el tratar de mimetizarse con las paredes, no usar ropa muy clara y llamativa. “El que de amarillo se viste a su belleza se atiene” dice el viejo refrán. No salir del gris o el negro, mantenerse oscuro para los demás, un hueco negro donde no quieren caer. Y bueno, otra vez está lloviendo. Caminar es complicado. Pero aún se puede, así que con impermeable comencé mi camino. En estas condiciones creo que es muy posible el mimetizarse en la ciudad, hay poca gente en la calle, todas paralizadas debajo de un techo esperando que pase la lluvia, con el impermeable y unos zapatos buenos es posible andar tranquilo para hacer ciertas observaciones. A veces cuando observo a la gente, me doy cuenta de que no existo para ellos, en ningún momento se distraen de su mente, tampoco cuando hay alguien que los observa. El ser invisible, o mejor, el sentirse invisible, Grata sensación. No dar ninguna señal para ser descubierto, mantener el rostro apacible, no emitir juicios, el no emitir opiniones, tampoco estados de ánimo, ni muchas intimidades. Necesariamente debemos ser alguien? identificarnos con algo? Por el sólo hecho de haber nacido en una sociedad que te obliga a “ser alguien”, ser “reconocido” por algo malo o bueno, no importa, simplemente ser reconocido por muchas personas, más de 10 entiendo. Crear un nombre y una cara para los demás, convertirnos en una imagen mental –incluso para nosotros mismos?-recién leí que la timidez fue declarada una enfermedad mental. De dónde viene nuestra pasión por la “fama” en cualquiera de sus dimensiones. Claramente viene de los griegos, existía la diosa Feme, cuya representación romana era Fama (súper creativos los romanos!) y personificaba el chisme y la reputación, vivía entre las nubes y se divertía creando desacuerdos entre los humanos. Los dioses, antes como ahora, se dedican a jugar con nosotros, con nuestra imperfección. Nosotros ante el incierto no nos queda más remedio que exponer nuestras vulnerabilidades para que luego alguien más juegue con ellas. Así somos, seres imperfectos tratando de hacer lo mejor posible para matar el tiempo.

Aprendemos cosas y ahora también podemos “desaprenderlas”, como si nunca hubieran dejado su huella por nosotros, como si no hubiésemos evolucionado gracias también a todas esas cosas que en algún momento, quizá lejano, de nuestra vida, aprendimos. Como si fuese tan fácil. Lo que hacemos en cambio, es construir sobre lo que hemos construido hasta ahora. Un aprendizaje sobre otro, que en conjunto pueden llegar a ser un alto edificio o una pequeña choza. Ninguno mejor que el otro. El vacío de aprendizaje puede resultar también bello, la simpleza más básica de una tranquila y relajada mente en blanco. Como esa gente que tanto quiero y que tanto recuerdo, básicos, elementales, sin mucha educación, que logran con gran sencillez comprender el sentido de la vida, ser fiel a él y a la tranquilidad. Personas que no necesitan de palabras refinadas para hacer comprender al otro, personas que logran transmitir con sus vidas la humildad y pequeñez del ser humano. “Esto que soy es lo que somos, no hay nada más, sólo personas como tu y como yo” dicen con tan solo una mirada de pronto extraviada, de pronto concentrada, pero siempre concientemente humana. Encuentro en ellos ese espíritu atrapado dentro de mis pensamientos y mi ego, para ellos, la simpleza de la vida, se reduce al delicado equilibrio que sostiene una hoja pegada al árbol en el otoño tardío, cuya esencia es la misma esencia de la vida, mágica y fina, pobre y sencilla, alejada de las complicaciones del pensamiento de los “atormentados” de la historia universal, los que nunca pudieron entender y se mordieron los codos buscándole la quinta pata al gato. Los que corrompieron la vida utópica en algún momento con una demoníaca y pecaminosa sed de curiosidad, los que decidieron retar el secreto. Cuando hay secreto, la respuesta está asegurada sólo hay que descubrirla. Pero a veces sucede de sentirse frustrado ante la ferocidad con la que está resguardado este secreto. Ok, me olvido del secreto, no voy a pensar más en él, me repito cada mañana para tratar de vivir con un poco de alegría. Pero confieso que no lo consigo. Esta mañana me he despertado sin ganas de jugar el juego, pero no hay alternativa, acá estoy respirando y pensando. La tierra no me pidió permiso para dar una vuelta más sobre su órbita. Comienza un nuevo día, no sé mucho sobre el sentido de la vida o sobre el cómo vivirla, lo único que sé es que acá estoy, sola, enredada y desanimada…