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K.O

Yo creía que en el combate habría intermitencias

pero lo cierto es que el combate nunca se detiene

 

Concentración

prohibido darle la espalda al enemigo

no perder la velocidad

prever cada movimiento, cada golpe

resistencia, tenacidad

 

Inevitablemente llega el cansancio

la pérdida de lucidez

la desubicación

la falta de energía

el dolor en los riñones
 

Confiar que el referee controle los golpes bajos

y cuente los puntos a favor

pero la justicia no es más que una ilusión

siempre se está a merced del enfrentamiento
 

Buscar entre asalto y asalto al entrenador para ser atendido

buscarlo con los ojos morados y el sabor a hierro en la boca

con el cuerpo malherido y la visión borrosa

esperar el momento en el que el entrenador tire la toalla

para evitar el desangre y el dolor innecesario

para ser llevado a casa y descansar
 

Pero allí fuera sólo existe una multitud que observa el espectáculo

no hay nadie acompañando detrás del cuadrilátero

nadie podrá evitar el nocaut definitivo

– estoy solo
 

Entonces perder el combate – y la conciencia – ya no importa

si eso significa el final del sufrimiento.

Llorar en Silencio

Quedar sepultado en la oscuridad, con cientos de kilos de tierra sobre ti y pedir auxilio. No entender qué pasa. Negar. Quedarse sin oxígeno en el fondo, lejos de la superficie, luchando contra el reflejo involuntario de abrir la boca para tomar aire. Perder el casco del traje en una caminata espacial. Ahogarse. Quedarse inmóvil y con miedo en una pesadilla; queriendo gritar, queriendo correr, queriendo golpear y sin poder hacerlo. Desesperarse. Ignorar. Ir en un tren que se descarrila, ver morir a la propia familia en el accidente, y quedar vivo, solo. Ver noticias de muertos, guerras, hambre, injusticia, en la gris comodidad del hogar. Dormir todo el día. Saber que alguien muy cercano está próximo a la muerte, verlo sufrir, verlo desaparecer, y no tener la cura, el remedio, el menjurje que logre devolverle la energía. Tocar lo imposible. Rabia. Desechar la esperanza y al mismo tiempo aferrarse a ella. Retornar a dios en la última instancia, después de haberlo negado por años y negándolo aún mientras le ruegas. Frustrarse. Recordar en el lecho de muerte aquello que no se hizo, aquello que avergüenza, aquello que duele y aquello que enoja. Lanzarse de un edificio y quedarse vivo en el intento, cuadrapléjico. Haber renunciado al amor, pero buscándolo en cada cara. Levantarse con los ojos hinchados. No tener hambre, ni deseo, ni ánimos, ni perspectiva. Pensar en los sueños propios como elementos del pasado y no del futuro. Descubrir que las pocas certezas que habían tardado años en madurarse, no son más que pajas mentales. Descubrirse solo, cada día, a cada momento, noche y día. Pensar que todo va a estar mejor y morir sentado esperando ese día. Tener de cerca la felicidad y un obstáculo enorme entre los dos. Un obstáculo ajeno, puesto por el destino – o por dios – fuera del control humano. Una piedra de setecientas toneladas. Pensar que es una prueba de la vida y enojarse porque le tocó a uno. Pensar que es un chiste de mal gusto y sentirse humillado por la propia existencia. Querer pensar en un hermoso después, pero saber, con una certeza desconsoladora, que nunca llegará.