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Mujer X

Lapiz labial, pestañina, corrector de ojeras, sostén, tacones, alhajas brillantes, palabras bonitas, piernas cerradas, boca callada, mirada sumisa, mirada sensual, mirada permitida, asistencia a la orden, reclamos en la casa, billetera dorada, perico escondido, vagina depilada, uñas moradas, camisa ajustada, cerebro castrado, ovarios alquilados, piernas sedosas, axilas lampiñas, pezones parados, abdomen plano, cintura de avispa, manos mojadas, pensamientos matizados, tanga hilo dental,  bigote prohibido, gemido ficticio, cejas delgadas, menstruación pudorosa, comida ligera, baño limpio, comida preparada, voz de terciopelo, y el pelo? perfecto, brillante y perfumado; cuello alargado, culo bien formado, escuela religiosa, ama de casa, dueña de nada, fatalidad procreadora, caderas anchas, labios carnosos, lengua juguetona, dientes cuidadosos, inteligencia atrincherada, cojones golpeando la entrada, insultos mudos, reflexiones íntimas, oídos sordos, risa seductora, pelo suelto, por detrás y en cuatro, celulitis prohibida, gravedad detenida, estupidez justificada, chistes ridículos, tolerancia máxima, arrugas de mentiras, falda corta, no, larga, no, corta, no, a las rodillas; bikini de dos piezas, topless o nada, playa exigente, suegra imprudente, discoteca deprimente, trabajo limpio, salario mínimo, interés sexual, sometimiento intelectual, menosprecio esencial, destino de lucha. Mujer X, no importa tu nombre.

Todo pasa por ti

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa.

Todo pasa por ti
por tu voz
por tu amargura
por tu esperanza
por tus labios teñidos de rojo sangre.

Todo pasa por ti
y por todo aquello que gira alrededor tuyo
la música
el humo
la vida en un beat que no conozco.

Todo pasa por ti
a través de tu lente y tu pantalla
una captura atípica de lo ideal
de lo humano que quiere ser divino
pero que no lo consigue.

Todo pasa por ti
a través de tus ojos y tus cabellos
y enredados en ellos
tu cúmulo de pasado
que a veces anda tan pesado
que me arrastra hacia la gravedad de tu oscuro.

Todo pasa por ti
por causa tuya
por ser génesis
de este absurdo
que esconde la tragedia de estar vivo
y se desenfoca bajo el velo de nuestros imperfectos.

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa
como aquello que hay
– que habita –
entre el inicio y el fin.

Primero Francisco

Seis de la mañana y María no contesta el teléfono. Su madre la ha estado llamando desde las 8 de la noche del día anterior. Con esta ya son 267 llamadas las que ha realizado a lo largo de la noche. Mientras tanto, entre la desesperación de no ver llegar a su hija a casa, Laura ha reyado las paredes de su habitación e incluso ha intentado cortarse las venas, bien sabiendo que no lo haría de veras y bien sabiendo también donde se encontraba su hija esa noche. Sabía que estaba con Francisco, un hombre de 39 años, sólo 4 menor que ella, mientras que María tenía 22 recién cumplidos.

María era bella e inteligente, no se sabía si más bella que inteligente o viceversa, pues poseía en palabras de Francisco “esa belleza tan sublime que duele” y había poseído desde siempre una inteligencia muy superior a la de sus contemporáneos. Quizá era justamente esa inteligencia la que daba a su mirada esa profundidad shamánica que sólo las sabias mujeres mayores de los pueblos nativos llegan a cultivar a través de los años. A su corta edad era capaz de hablar perfectamente español, francés, e inglés, y entendía claramente el italiano y el portugues. Su ávida pasión por la lectura y el conocimiento, le habían conferido la habilidad no sólo de leer un gran volumen de libros, ensayos y revistas, sino de interiorizar cada historia y cada reflexión, a tal punto, que al evocarlos no sentía de estar recordando un pasaje de un libro, sino su propia vida. Esto era lo que provocaba a los hombres. Todo el que la conocía, por lo general en los lugares que ella frecuentaba: el teatro del barrio Las Casas y el del centro, el cine público distrital, los bares bohemios de la sexta, la biblioteca de la U Central y el pequeño cine independiente de La Pradera donde se la podía encontrar sin falta todos los días de lunes a viernes, y uno que otro sábado en función vespertina, caía completamente rendido y estupefacto ante su inminente integridad. Quien la quería encontrar sabía que la vería en todo concierto, exposición o evento cultural de la ciudad. A fin de cuentas, esta no es una ciudad muy grande.

Francisco era perfectamente conciente de la belleza y autenticidad de María, así como era conciente de su pasión hacia ella. Era honesto consigo mismo, y si bien sabía que era una joven encantadora, sabía también que aún le quedaba mucho trecho para convertirse en una mujer. Sabía que su atracción hacia ella no solo se generaba por su pensamiento y su vivacidad, sino por la frescura de sus labios, de sus pechos, de su sexo. Él, que era un hombre ya bien experimentado en el tema del amor, el sexo y las mujeres, que había recorrido del mundo y estudiado en las mejores universidades de Europa, perdía completamente la cabeza cuando se trataba de María. La conoció en una charla sobre Steiner, en la cual él era el moderador, y donde ella se levantó a afirmar, con un humilde modo a la vez imponente, que toda poesía era filosofía y luego alababa con lujo de detalles el libro por el cual había conocido el pensamiento del filósofo francés “La poesía del pensamiento”. Francisco quien le había dado la palabra minutos antes, al fijar sus ojos en la muchachita que hablaba con dulzura sobre milenios de filosofía occidental, sintió un calor tan denso dentro de su cuerpo que cuando trató de retomar la charla, su voz había quedado arrinconada en lo profundo de su diafragma. Le tomó un par de segundos normalizar su respiración y volver a dirigir la conversación sin demostrar al público la perturbación que la joven le había causado. Se tranquilizó un poco al notar que dos de los panelistas hacían comentarios sobre ella y que él no había sido el único en caer ante sus beldades.

Casualmente, la encontró al día siguiente en uno de los bares bohemios de la sexta. Se sorprendió al verla sola tomando un vino caliente y leyendo un libro de Steiner, uno de los que se había hablado el día anterior. Francisco, quien estaba acompañado de Simona, una treintañera italiana que visitaba el país, deseó con todas sus fuerzas que la milanesa desapareciera de su lado y así quedarse libre para cortejar a María el resto de la noche. Al ver a María de lejos, tomó a Simona de la mano y diciéndole “está muy lleno, vamos al de al lado que el barista es amigo mío” la sacó del lugar antes de que María lo viera e imaginara que estaba comprometido. Fue una reacción natural que afloró instantáneamente del galán que es. Mientras Simona hablaba en su confuso español, y él se fijaba en las manchas cafés de sus dientes a causa del tabaco y en la belleza marchita de la italiana, no dejaba de imaginar a María sola, en el bar de al lado, leyendo a Steiner. Pensaba en cuánto le habría gustado levantarse de la mesa, y volver a verla, primero en silencio, oculto, detrás de la ventana del bar escondido donde no pudiera verlo, y luego acercarse a ella con el pretexto obvio de la charla del día anterior para entonces hablar de filosofía y poesía y literatura, y verla diáfana, divina, hablando con sus labios carnosos y rojos, sobre la vida con esa ilusión que los jóvenes poseen cuando apenas van a salir a ver el mundo.

“Che cazzo pensi?” le dice Simona entre risas y él solo nota las arrugas de sus ojos, se fastidia con lo que ve y en un flashforward ve exactamente lo que pasará un par de horas después cuando la lleve a su apartamento y la desvista. No puede evitar hacer una vaga reflexión sobre la belleza efímera de la mujer, sobre la ligereza de las relaciones que entablaba y lo insulso que le resultaba el sexo con sus amantes casuales. “Ou! Ma sei proprio andato via!” le llama la atención Simona con cierta simpatía, Francisco se despierta sintiéndose algo culpable de los pensamientos que ha tenido y del rechazo  que ha sentido hacia ella y sus 32 años. Pero luego pensó en María y supo que a ella nunca le pasaría lo mismo. Mientras muchas otras a esa edad habrían perdido ya su belleza física y se habrían desgastado por los golpes de la vida, María no perdería nunca esa belleza acentuada por la sabiduría que ya le había sido conferida. María sería bella siempre, las canas y las arrugas no acabarían nunca con esa poderosa mirada tan exquisita y rara. El resto de la noche hizo su mejor esfuerzo para apartar la imagen de María de su cabeza, pero no tuvo éxito. Simona se dirigió al baño, Francisco pagó la cuenta y salió a fumarse un cigarro, aprovechó la ocasión para asomarse por la ventana del bar contiguo y ver si María seguía allí. Pesimista, pues ya había pasado más de dos horas, Francisco se acerca a la ventana tranquilo y desprevenido, quizá por ello el golpe de frío en el pecho que se llevó al verla fue tan fuerte como para dejarlo nuevamente sin aliento. “Sei qua! Vamos?” Dice Simona. “Si, si” responde Francisco y se va, sintiendo que comete un gran error.

Esa noche, después de prácticamente “echar” a Simona de su apartamento después de follarla, Francisco permaneció solo en la sala, pensando en María. Recordando cada uno de sus gestos y palabras, todos los que su memoria le permitiese. Esa noche decidió no volver a ver a ninguna de sus amantes y se propuso en cambio volver a ver a María y hablar al menos una vez con ella. Sentía que sólo así iba a romper el hechizo.

La Doble X

Sangre que brota. Pedazos de mujer que se deslizan hacia el fondo de un abismo oscuro. Óvulos desechados. Rosas marchitas que jamás volverán a beber del elixir fresco de la juventud. Mujer que anhela desde antes de nacer, la oportunidad de ser en libertad, sin el pesado yugo de la fertilidad, se toma los senos con las manos y con fuerza los aprieta para así sentir de qué materia están hechos. Los levanta y siente el peso que joroba su espalda. El peso contra el cual habrá de luchar el resto de sus días para no dejarse vencer de la gravedad. La doble X, marca y condena del azar.

El sueño antiguo del amor, el mismo que ha puesto a andar la historia, está guardado y codificado en el interior de cada X. Cada día lucha por sobrevivir en las entrañas profundas de la X y lucha contra la Y, y su fuerza bruta. Aniquiladora.

La arbitraria mutilación de la Y a la X ha tachado por siglos y siglos a la doble X con imágenes sacras y banales, signos y símbolos, escudos y disfraces, escenarios premeditados, cuerpos y vocabularios diseñados. Hace parte todo de lo mismo. Su mensaje regenerador ha sido silenciado y condenado al olvido. No hay mujer que lo recuerde hoy con conciencia. El objetivo ha sido cumplido, el mensaje tergiversado, degradado, desintegrado. Aquí se encuentra ella hoy, en esta nueva época, atrapada y perdida, luchando por una verdad nuevamente etiquetada, seducida y contentada con los poderes de un falo artificial. Abrumada con el brillo plástico del cual se siente reina y señora, es ella quien perpetua el legado de la Y.

Cuán superior es la X a la Y. Cuánta amargura causa en la Y el sólo pensarlo. Cuán enorme es el ego del falo y su legado dictatorial. Cuán poco ella es consciente. No encasillar estas palabras en la retrógrada retórica de la guerra de los sexos. Esta reivindicación es sólo una voz que se enciende como una luciérnaga en la oscuridad en su danza pasional.  Otro frustrado llamado al amor, a esa inocua e insubstancial palabra que todo lo destruye, que todo lo crea y que todo lo supera, donde la vida florece, una y otra, y otra vez, después de la guerra, después de la muerte, cada día, cada segundo, cada siglo, cada eternidad, y de la cual la XX es el axioma.

A Missed Message

Comienza el descenso, ya puedo sentirlo dentro de mi cuerpo, el ritmo cardíaco comienza a ralentizarse, los pensamientos poco a poco comienzan a desaparecer. La habitación se congela, no importa la temperatura real, las paredes se cubren con una fina capa de hielo, la cama, la cobija, el techo, las puntas de mis pies. Miro a mi alrededor, inmovilizado, busco una pista, algo dónde poner a descansar mi mente mientras mi cuerpo comienza el viaje. Un largo hibernar. Un golpe de frío directo en el corazón. Lucidez extrema, de pronto recuerdo todo contemporáneamente. Oscura la ciudad. Corría mirando siempre a mis espaldas. Las luces de los bares abiertos se refleja en el asfalto húmedo. La gente habla, ríe, se seduce, todos juntos en masa, perfumados, labios rojos, zapatos relucientes, chaquetas finas, medias de malla, belleza, alcohol, humo. Nadie me sigue, pero la sensación de ser vigilado constantemente me perturba. El rugido de la fiesta, del sexo y la banalidad es un estruendo lejano, dentro de mí sólo existe atención para lo que voy buscando, la clave para comprender todo este infortunio. Se me acerca una joven mujer con un trago en la mano, lleva los labios pintados de violeta, ríe, sus ojos están desorbitados por el alcohol, trata de organizar sus pensamientos e hilar alguna frase “todos te quieren a ti y tú a quién quieres?” me dice mientras su sonrisa comienza a desdibujarse de su rostro, súbitamente su expresión pasa del éxtasis a la tragedia, comienza el llanto “todo es tan oscuro dentro de mí que los demás se dan cuenta, buscan en mí sólo una cosa, mi cuerpo, mi oscuridad nadie la quiere, pero es esto lo que soy, entonces es a mí a quién no quieren, sino esto… esta cara, esta piel, esta boca que lame y gime, este coño, y yo? mis entrañas?” dice entre lágrimas, un grito adolorido sale desde el fondo de su garganta, me recrimina, me odia, deposita en mí todos sus pesares, todas sus penas, yo sigo inmóvil pensando en sus palabras y mirándola fijamente a los ojos. En un instante fugaz su mirada se recompone, se vuelve brillante y consciente, pero no expresa positivismo alguno, por el contrario veo un profundo odio, una llama iracunda. En este arranque de rabia y frustración la joven revienta el vaso contra el suelo, se quita los aretes, con las manos se borra el labial, la pintura de los ojos, el llanto no cesa, destruye el peinado que tanto le había costado hacerse, se deshace de todas las alhajas, anillos, cadenas, brazaletes. “Mírame, esta soy, sin adornos, sin plumas o flores o colores, ya no quiero cargar con el peso de mis ovarios, qué condena ha sido esta, ser mujer sin belleza, tu eres un hombre joven y bello, yo en cambio qué tengo? un  cuerpo que cada día es menos deseable, que no se me engañe, que poco es lo que les interesa lo que pueda expresar, pensar o sentir. Es como si la inteligencia pasara siempre a un segundo plano. La belleza es siempre lo primero. Es inútil el latido sexual predomina. Mi padre incluso de 70 años aún gira la cabeza detrás de un par de piernas” Se mira de las manos, se toca las caderas, busca algo en su cuerpo, observa detenida y profundamente sus senos. Algo la atemoriza.  La mujer que ante el paso del tiempo y la pérdida de su belleza física se siente como quien está frente a la guillotina, fatalidad, su útero sale de la oferta, no es más un codiciado tesoro, está condenada a su propio cuerpo y a cada trozo de carne en que la sociedad lo ha convertido. No dejo de mirarla, fría, seria, la conozco, entiendo sus palabras y su ira, la abrazo mientras ella llora, qué le ha hecho la sociedad a nuestras mujeres, qué les ha hecho el hombre, qué se han hecho ellas mismas… me pregunto con un poco de ansiedad. “Vete a casa, habla con tu madre” le digo, ella me devuelve la mirada y se aleja cabizbaja. Estoy solo nuevamente, entonces vuelvo a lo mío, cada vez me adentro más en el bosque, árboles con formas humanas, troncos podridos llenos de parásitos, todo aquí me huele a muerto, a putrefacción, allí está ese hombre de cabellos largos y tatuajes, o esa chica de culo apretado y escote pronunciado, o ese otro que parece marcar territorio como los perros, y yo existo para ellos? Qué aspecto tengo? Soy igual de mediocre, nada nos separa, no somos vidas que florecen, sino vidas que se consumen, y ninguno de ellos parece hacer nada al respecto. Entonces descubro el fin de mi búsqueda, un alma que brille entre toda esta multitud, una flor en medio del bosque muerto. Sigo caminando sin razonar sólo olfateando, cuando vuelvo a ser conciente me encuentro en un parque iluminado por una tenue luz pública, no hay nadie a la vista, pero sé que no estoy solo, de pronto simplemente en el centro de la tensión. Me detengo y respiro. Busco mis cigarrillos, no los encuentro. En el piso, perdido y brillante, un brazalete femenino, una delicada cadenilla de oro. Súbitamente el parque ya no es un lugar atemorizante.  Es este el momento justo en el que me doy cuenta de que estoy soñando, las superficies se vuelven transparentes, la gente, los árboles, la noche. Entreabro los ojos, busco la sábana para cubrirme y darme calor, tiemblo y sudo. En el delirio vuelvo a cerrar los ojos. Veo a la mujer fugitiva ya anciana pero aún bella. Algo quiso decirme, pero sus palabras se esfumaron en mi confusión.

Cavilaciones en vigilia

cómo voy a creer / dijo el fulano
     que el universo es una ruina
     aunque lo sea
     o que la muerte es el silencio
     aunque lo sea

-Utopías, Mario Benedetti

Hace mucho que quería escribir pero las palabras me eran esquivas. Hace mucho que quería escribirme, reinventarme, reencontrarme, como en los viejos tiempos de alcoholismo y depresión. Y mientras tanto, Cómo puedes sonreir así? Cómo te llamas cuando ries así… tan … exquisitamente? Quién puede reir así? Qué clase de alma viaja por el mundo sin pesares, sin miedos, como la tuya?… Hace mucho que quería escribir, sin pensar, sólo escribir en un mero ejercicio de catarsis. Pero hoy mi catarsis tiene mil rostros, los tuyos, los míos, los nuestros. Camaleónicas miradas que cambian a cada instante con tan sólo el poder de un mínimo pensamiento, como cuando te quedas en silencio con la mirada pesada sobre el horizonte. Y es que a veces nos alejamos como lobos que se gruñen en el bosque frío, buscamos cada uno nuestra comida y nos paseamos solitarios entre los árboles de la habitación con el hocico lleno de sangre. Ya conozco tus colmillos, sé cuánto hieren. Otras veces rasguñamos la puerta y maullamos para poder entrar a la casa caliente, lamernos mutuamente, recostarnos cerca de la chimenea, dormir.

Recuerdo todavía cuando me sentenciaron a muerte, aún no había nacido, ni siquiera en la imaginación, a un alma ausente, a un corazón demente, a un sufrimiento adictivo. Y así soy, aqui estoy, bella, alcoholica, y completamente perdida en la utopía de una vida construída solamente con irracionalidad. Y aqui estoy en alguna parte del camino, sin entender si es el comienzo, la mitad, el final, el quinto tramo, o quizá éste ni siquiera es el camino, pero estoy caminando y con los pies descalzos. Cargo en la mochila miles de años de pensamiento, de sufrimiento, de dudas pesadas como piedras. Cargo en la mochila varios kilos de carne cruda humana para cuando siento hambre. Cargo también con un labial rojo y una navaja para las noches solitarias en la ciudad de la niebla.

No puedo amar confieso, soy la sombra, silenciosa, vigilante, solitaria, vacía. Observo. Vivo detrás de los objetos tocados por la luz. Quien pueda ver mi rostro podrá encontrar la indiscutible soledad, la soledad del alma. Pero mi soledad es terriblemente bella, sólo soy en ella, es como existo. Cómo puede amar un gato de calle? Cómo puedo ser yo misma sin estar sola? Y es que no soy yo, es por esto que eres verdugo. Cuando me besas siento la muerte que respira detrás de mi cuello, y sin embargo, no puedo reclamarte nada, depronto, siempre estuve muerta y es la vida la que respira detrás de mi cuello. Es el corazón que bombea oxígeno a todo motor, que literalmente me mata de vida. Entonces vivo fingiendo que no me asusto cuando camino bajo este cielo gris que bien conoces, fingiendo que no escucho el eco de nuestras risas y nuestros llantos, de las risas y los llantos de los demás, fingiendo que puedo caminar sola con las manos congeladas entre los bolsillos, fingiendo que no me viene la rabia de saberme completamente jodida. No puedo oir la noche sin todos tus acordes, no puedo contemplar el cielo sin odiarlo por ser inalcanzable, no puedo escribir estas líneas sin sentirme la más sucia de las promesas, no puedo mirar mi propio rostro sin ver en él todas las viejas cicatrices que el tiempo me ha dejado. Y las tuyas? Recién volviste cansado de la batalla y  la sangre aún emana de tus heridas, déjame quitarte las botas.

Sobre la belleza femenina

Dejando claro que creo firmemente en la independecia y libertad de la mujer, que soy de aquella corriente feminista que considera a la mujer el poder que mueve al mundo, y que de hecho, a empujado a la historia hacia adelante. Que afirmo fervientemente que las capacidades femeninas son mucho más efectivas de lo que se cree y ha sido desde hace siglos un secreto por descrifar, y que aún pueden guardar la salvación de esta sociedad. Hago parte del ese grupo de mujeres que odian a otras mujeres, cuando las vemos exhibiendo su cuerpo por dinero, cuando regalan su dignidad, cuando se dejan tomar como objeto sin respeto alguno, cuando creen que ellas mismas deben estar en casa obedeciendo a su marido y que son “trofeos” o que nacieron irremediablemente para una fatalidad procreadora. Detesto a esas mujeres que no se quieren como son, y a los 20 años ya han sufrido el karma de tres cirugías y cuya máxima en la vida es tener más zapatos que la vecina. Repudio a esas que creen que su salvación es encontrar un marido rico, pero sobretodo a esas que no reconocen en lo más mínimo el encanto de nacer mujer.

Ciertamente estas últimas afirmaciones son justificables, y sin duda hay mujeres que inteligentemente usan su belleza física y saben manipular el sistema a su antojo. Quien reproche tiene todo el derecho de hacerlo, siempre y cuando, sea con una respuesta inteligente. Aclarando estos aspectos, hablemos entonces de la belleza femenina.

Santo Tomás de Aquino dió la mejor definición de belleza que jamás haya oído: “Belleza es todo aquello que causa placer la primera vez que se ve”. Esto implica diferentes reflexiones: Cualquier cosa puede ser bella; Placer tiene muchas definiciones pero en su totalidad, es un pensamiento o una sensación agradable y positiva; este Placer debe generarse instantáneamente ante algo que no conocemos, que no hemos visto antes; y por último, no es lo mismo que veo yo, a lo que ve usted, la belleza está en el ojo del espectador.

Debo aclarar también que ese cuento de la belleza interior a mí nunca me ha convencido, es decir, claro que una persona puede poseer muchas características de su personalidad interesantes y bondadosas, esto lo hace una buena persona, o un excelente ser humano. Pero eso no es visible, es reconocible a través del tiempo y de la cercanía con esa persona. Yo creo en la belleza física, no sólo humana, algo bello es algo que se puede reconocer a través de los sentidos, una composición, una obra de arte, una textura agradable, un buen aroma, o una comida deliciosa.

Como se puede leer en el primer párrafo, y como ha escrito Clarissa Pínkola, creo que la naturaleza femenina es un mundo poco explorado. Creo que tenemos conexiones y tendencia a ser sensibles hacia cosas que los hombres no son capaces de sentir. Soy también defensora de la naturaleza y del papel que el genero femenino humano está para cumplir, independientemente de cuán intelectual, homosexual, atractiva, emprendedora o post moderna seas.  Porque está claro que cada minúscula especie del planeta tiene un papel en la armonía del mismo. Y una mujer debe ser bella estéticamente hablando.

No se trata de hacer una batalla entre las mujeres poco agraciadas, no me considero la belleza por excelencia, he de haber mis defectos físicos, como todas los tenemos. Pero el ser poco agraciada no interfiere con el ser atractiva y hembra. Claramente la belleza femenina tiene un papel importante en la atracción del sexo opuesto (y esto no es machismo, un hombre también debe cortejar a la hembra) con fines reproductivos, entonces la belleza más allá de ser simple cuestión de estética o simetría, o proporciones, debe ser la afirmación del mismo sexo, el mostrarse no “femenina”, sino hembra. Mujer.

Este post puede tener muchas contrarespuestas, y todas seguramente serían de tipo “cultural” pues la belleza es apreciada de modo diferente en cada cultura. Y es cierto, en cada lugar del planeta, la sociedades han establecido pautas para los roles que debe cumplir cada género. Pero, con pautas o no, la mujer tiene el rol biológico de engendrar la vida, y esto, representa la primera diferencia con el otro género, y lo que otorga al sexo femenino capacidades físicas y psicológicas distintas a las del hombre.

En la sociedad occidental, desde hace, relativamente, muy poco la mujer ha venido luchando firme para dar un giro de 180° a la concepción del papel de la hembra en dicha sociedad. Aunque todavía hay un largo camino por pavimentar, las mujeres de hoy – las que hemos querido aceptar el reto – gozamos de ciertas libertades que nuestras abuelas, por más que se sientan celosas y crean que sus tiempos fueron mejores, no vivieron. Simone de Beauvoir con el simple hecho de titular una de sus obras “El segundo sexo” recuerda al mundo que hay un sexo al que incluso grandes intelectuales como Freud y Nietzche subestimaron.

La Revolución

Playa del caribe, una fiesta de vísperas de carnaval. Esta no es una fiesta común, es un concierto de músicos underground de todo el país, sus influencias son claramente africanas al mejor estilo de Fela Kuti, o Mtukudzi, con guitarras psicodélicas. La mayoría del público es femenino.

Entrar allí siendo mujer es realmente difícil. Hay demasiadas mujeres hermosas. Pero no de hermosuras comunes, todas estas mujeres son diosas caribeñas. Al abrirse paso hacia la tarima los ojos no pueden dejar de asombrarse ante tanta belleza. Allí están esas cuatro, bailando entre ellas, cada una distinta de la otra, y cada una hermosa como la otra. En otra esquina, está ese par, observando el ambiente  en una charla infinita. Hablando con ese chico, está ella, con ese vestido señido al cuerpo, una melena de león, que al contrario de la leona reclama poder, reclama la parte masculina y fuerte que desde siempre nos han querido quitar. Allá está esa otra compartiendo con su amiga que estuvo en el Amazonas el mes pasado, sus experiencias recorriendo la India. Pasa por tu lado esa otra, con una blusa corta y un pantalocito pequeño, con paso fuerte y decidido, esa mujer reconoce su belleza, intimida a cualquiera, su mirada quema los ojos de los hombres que la rodean. Y allí estaba yo en el medio, feliz de estar rodeada de bellas mujeres, cada una con historias, cada una firme defensora de su feminidad y de su libertad. Este es el mundo de las mujeres, el día que los hombres lo entiendan, pero sobretodo que las mujeres lo entiendan, grandes cambios se verán en nuestras sociedades.

Finalmente, 2000 años de patriarcado no parecen haber funcionado muy bien.