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Todo pasa por ti

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa.

Todo pasa por ti
por tu voz
por tu amargura
por tu esperanza
por tus labios teñidos de rojo sangre.

Todo pasa por ti
y por todo aquello que gira alrededor tuyo
la música
el humo
la vida en un beat que no conozco.

Todo pasa por ti
a través de tu lente y tu pantalla
una captura atípica de lo ideal
de lo humano que quiere ser divino
pero que no lo consigue.

Todo pasa por ti
a través de tus ojos y tus cabellos
y enredados en ellos
tu cúmulo de pasado
que a veces anda tan pesado
que me arrastra hacia la gravedad de tu oscuro.

Todo pasa por ti
por causa tuya
por ser génesis
de este absurdo
que esconde la tragedia de estar vivo
y se desenfoca bajo el velo de nuestros imperfectos.

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa
como aquello que hay
– que habita –
entre el inicio y el fin.

La más grande ironía

Hoy amanecí con la desconfianza entre los dientes, con el amargo sabor de la soledad descansando sobre mi lengua, tiritando de frío, con los ojos completamente secos y los labios en coma. Hoy me desperté con la fotografía de mi muerte en el pensamiento, no sé si les ha pasado esto que a mí frencuentemente, de imaginar mi muerte de formas diversas pero siempre como quien observa una polaroid recién hecha. A veces cuando estoy tomando el café me veo muerto sobre el pavimento, cuando me ducho me veo en la cama de un hospital, cuando camino por la calle imagino que en cualquier momento alguien me sorprenderá con un revolver por la espalda, otras veces, la mayoría, me vi muerto por mis propias manos. Cuando la polaroid fatal viene a mi mente normalmente no me asusto, soy conciente de que tarde o temprano algo pondrá fin a esto que llamamos vida, sin embargo sueño con una muerte que no me duela, sueño con una muerte que me permita degustarla hasta el último segundo de aire.

Hoy amanecí con el frío entre los huesos, con hambre de tener hambre, con mi descendencia seca en la punta del pene, con los bronquios que duelen de tanto aspirar el humo letal de la desidia. Hoy me reconozco más que cualquier otro día, hoy me desperté resignado a esto que soy. Hoy no hay mañana. Hoy amanecí con la pereza de soñar con un futuro. No quiero poner más cruces en el calendario, no quiero esperar el momento en el que me caerá del cielo la felicidad. No quiero esperar el día ese del que todos hablan, el día en el que me levantaré con el sol en la frente. No. Hoy estoy cansado. Estoy cansado también de dormir, de drogarme con la idea de desconectarme del mundo cada noche, para luego darme cuenta en el sueño de que del propio subconciente es imposible desconectarse, allí está siempre latiendo, allí está siempre atormentándome con sus miedos, con sus paranoias. No vale la pena tampoco dormir desde que la tristeza me acompaña.

Hoy amanecí con la vida que se me cae del pelo, con la saliva guardada en el armario, hoy amanecí largando la primera esperanza con la primera meada del día, tragando la primera nostalgia con el primer sorbo de café, olvidando mis sueños de niño debajo de la almohada. Hoy amanecí sin ninguna fe. Hoy amanecí sabiendolo todo del mundo sin dejarle ningún espacio a la sorpresa. Hoy amanecí apestando a autocompasión

Sin embargo y a pesar de todo, hoy amanecí.

Una noche en una calle

    • … Oye y tus penas de amor, cómo terminaron??

    • Como uno siempre sospecha. Lo mas terrible del amor es que se olvida. Es así de simple. La amaste, te amó. Y se termina. Algo queda siempre. Y según pasa el tiempo, se hace un recuerdo mas lejano, hasta el punto de convertirse en una anécdota.

    • Terrible. Es terrible.. es justamente esto lo que me perturba. Cuando pienso en los amores que tuve no puedo evitar sentir un vértigo. Parece que todo finalmente se esfuma. Cómo puedes volver entonces a querer meterte en esto?

    • Porque uno se olvida. De verdad. Es como no recordar un accidente de coche. O un trauma infantil. Es un sistema de protección. O depronto lo recuerdas pero aniquilas el recuerdo del sufrimiento, y como amar es sufrir…

    • Pero no! Yo quiero creer que es más sublime que un simple archivo perdido en el disco duro de la memoria. Pero creo que tienes razón, basta volver a amar para volver a soñar, a sufrir…basta volver a amar para olvidar.

    • No lo sé. Yo por lo menos funciono así. Olvido muy rápido.

    • Te olvidaste de ella?

    • ¿De ella? No, de ella no. De lo doloroso que fue todo, si.

    • La amas todavía?

    • ¿Ahora? No. Ahora estoy con Tania. Pero ella siempre será alguien importante en mi vida, seguramente más ella para mí que yo para ella.

    • Eres libre… Todavía recuerdo cuánto sufriste. Al menos te liberaste del sufrimiento.

    • Eso es una ilusión. Ahora soy de otra.

    • Y amas a Tania?

    • Si… Amar después de la primera vez parece mas natural.

    •  Para mí en cambio, se me hace difícil  amar así como la primera vez. Entre más amores, más desamores, entre más desamores, más heridas, entre más heridas, más paranoias y miedos, y entre más paranoias menos libertad…. Me acuerdo hace un tiempo que me decías que nunca podrías olvidarla, que era la mujer de tu vida, que soñabas con estar con ella por siempre… y más…

    • Lo fue. Pero uno vive muchas vidas. Muchos Ahoras.

    • Pero siempre traté de decirte eso… y te ponías super testarudo..

    • Estar enamorado no es ser el hombre mas razonable.

    • Cierto, y eso es justamente lo que me encanta… ser capaces de perder toda lógica, toda razón…ha de ser por esto que sufrimos.

    • ¿Cuando querrás dejar de sufrir por tus propias cavilaciones?
    • Perdona pero porqué otra cosa se supone que uno deba sufrir sino por nuestras propias reflexiones nocturnas?
    • Venga . Vámonos de cerveza. Vinos. Whisky. Vámonos.
    • Somos dos putos gatos tu y yo, vagando entre los basureros de la ciudad.
    • Una gata y un perro… Me gusta la diferencia.

En la vida

En la vida. Recuerdo con clara memoria aquella tarde en la finca, un calor atróz sofocaba el ambiente, la arena y las hojas secas de los palitos de mango cubrían el piso. Una hamaca mecía un bebé durmiendo, el amo y señor del único abanico. Los demás niños estaban jugando cerca de las vacas, yo preferí quedarme sola con mis muñecas dentro de la casa, cerca del abanico.

Un zumbido desesperado.

Una mosca gigante trataba de salir de la casa por una de las ventanas. Para la mosca allí fuera estaba el jardín, no requería mucha astucia para saber que allí fuera se encontraba su espacio natural, donde no hay techos ni paredes, sólo árboles, flores, agua, viento, sol. Pero este vidrio transparente la separaba de su ideal. Depronto entró a la casa atraída por el olor de la comida, pero una vez satisfecha era hora de volver al hábitat.

Hoy, 20 años después, me siento exactamente igual a esa mosca. Me golpeo una y otra vez contra este vidrio que me separa del jardín. A veces doy vueltas por la casa, busco comida, observo al niño que duerme en la hamaca, pero tarde o temprano siento esta imperiosa necesidad de salir de este encierro. Cómo hace una simple mosca para atravesar un vidrio?

Cómo hago yo para atravesar el umbral de la vida?

Un nuevo engaño y un nuevo desengaño

De vez en cuando es bueno ser consciente de que hoy, de que ahora, estamos  fabricando las nostalgias que descongelarán algún futuro. 

-Mario Benedetti

No es fácil ver en unos ojos esa llama de la que tanto hablamos y en la que buscamos calor. Es así como resulta muy fácil acercarse a la primera llama que vemos después de un maltratado camino de invierno. Sin embargo, así como en el desierto la sed y sol nos hace ver la arena como agua, en el invierno el frío y las ramas secas, nos hace ver refugios cálidos. Exactamente así se sentía Jerónimo. Parecía que su inconciente le había jugado una trampa de nuevo. Era fácil en aquél momento sentirse como un condón usado en la caneca de algún baño de algún lugar, con aquella expresión triste que tiene el condón usado, de pasar de sentirse tan necesitado a terminar siendo una plasta asquerosa dispuesto a morir en la basura junto a aquellos desechos de comida próximos a convertirse en hongos y a aquella servilleta arrugada con una leyenda escrita. Sensación que además se veía provocada por el olor a semen viejo que emanaba de su entrepierna, y que sentía en sus dedos por más que se los había lavado. Él había estado allí, no cabía la menor duda.

Era fácil también sentirse como un estafador, de esos que por creerse muy listos terminaron por estafarse ellos mismos. Un viejo amigo al que llamaremos “cactus moribundo” fue el testigo de todo, sabía perfectamente que había tanto calor en esa llama que trajo Jerónimo a casa, como tanta agua en el desierto de dónde él venía. Sabía perfectamente lo duro que era vivir en el desierto por ende sabía de antemano que esas noches de forzado romanticismo era sólo un intento desesperado de Jerónimo para protegerse del frío. Pensando todavía en ella, se sentó en la cama y se quedó con la mirada inmóvil durante algunos minutos. Él también lo sabía, su inconciente lo había traicionado una vez más. “Ella no puede ser una ilusión, yo la vi real” se repetía una y otra vez para no sentirse un estúpido. Pero era en vano, al final siempre sentía ese vacío en el pecho que lo obligaba a prenderse otro cigarro. Lo consolaba el pensar que en realidad ella podía ser una buena mujer, pero lo desconsolaba terriblemente el saber que enseñó su vulnerabilidad y entregó sus secretos más terribles a cambio de un par de polvos secos y obligados, y quizá de un par de palabras, algunas inútiles… y otras… también.

Tantas ilusiones, o usando los plurales de Benedetti, tantos ayeres en el olvido y tantos mañanas en tantas noches. Cuántos tragos, cuántas luces, cuántas notas, cuántas miradas, cuántas ganas de sentirse amado, cuántos hoyes. Cuántas risas nerviosas, cuánta necesidad de volar, cuántos besos embusteros, cuántas palabras mal dichas, cuántos tiros de coca, cuántas tardes… cuánta esperanza. Con un suspiro Jerónimo levantó la mirada y se observó solo en la pequeña habitación, a excepción de aquél cactus moribundo en la esquina. Se quedó por un momento observando sus espinas inofensivas, lo vio tan flácido, tan recogido, tan falto de vida, casi como su pene después de una miserable eyaculación precoz… con ella. Sintió pena por los dos, por el cactus y por él. En contra de su voluntad y obsesionado tratando de encontrar algo que pudiera decirle que él no estuvo equivocado, que en realidad se amaron, algo que lo hiciera sentir menos tonto, menos indefenso. Empezó a buscarla en la habitación, algo, cualquier cosa, algún objeto olvidado, un pelo, o incluso algún rastro de olor en el interior de sus sábanas. En cambio encontró algo peor, era un escrito suyo, fechado de hace algo más de 20 días. De antes de la mentira, o mejor, de antes de la verdad. De cuando ella era el momento justo y la caricia justa, de cuando ella podía ser la salvación.

El texto aunque corto estaba lleno de bellas sensaciones que cuando las leía y las sentía, recordando aquellos pocos días, aquellos inicios de cuando enceguecido creyó ver la luz, recorrían heladas cada poro de su piel, palabras que una tras otra formaban un verso cadencioso y amoroso tan podrido de ese sentimiento tierno y amarillo que en este momento tan gris y desolado, hacía daño. Palabras cargadas de un oscuro nerviosismo que dentro de su misma oscuridad guardaban una luz tenue y cálida. No se sintió para nada bien, verse a uno mismo tan humilde y sensible. Como ver la película de tu propia vida, con su fotografía, sus primeros planos, esa canción que sirve de banda sonora, y tu, capturado por la cámara, por el tercer ojo. Jerónimo quien con el papel en la mano nuevamente había prendido un cigarro para calmar el frío que le aprisionaba la respiración, se quedó absorbido por la sensación que le había el provocado el verse a si mismo, en un flashback fugaz,  tan sonriente, tan inspirado, tan desnudo, tan ingénuo. Se sintió ignorante de la vida, del amor y de las mujeres, se sintió culpable de haberse atado la soga al cuello tan inocentemente, tan encandilado por un espejismo.

Luego de la estupidez, la rabia, luego de la rabia, la violencia, luego de la violencia, la compasión, luego de la compasión, la tristeza, luego de la tristeza, la soledad y en la soledad, la noche, un triste poema, un cigarro y el viejo cactus moribundo.

Turbación

El día no fue fácil, los avatares del sistema nuevamente te obligaron a sucumbir en tu lucha por una utopía. Es la vez número 3487 que la sociedad mató en ti cualquier atisbo de esperanza. Recuerdas entonces a aquella mujer que conociste en la fiesta del sábado, era hermosa cierto? Tenía esa sonrisa encantadora, aunque su vestimenta no era la más apropiada se veía menos común del resto de las mujeres de la noche, así que te acercaste a ella buscando compañía y porqué no, un romance. Te acercaste con esa intención con la que siempre te acercas por primera vez a una mujer, sexo, obvio, pero en el fondo buscando ese calor que sólo sentiste con tu primera novia en secundaria a la cual dejaste por aquella otra mujer casada comedora de jovencitos vírgenes.

Esta chica parecía tener algo especial, estaba allí alejada de la gente mirando a todos los alrededores buscando una mirada masculina, y entonces estabas tu, dispuesto a darle una mirada y mucho más. La charla inicia con las típicas frases tristes  y sin sentido “cómo estás, porqué tan sola… bla bla bla” charlatanerías. Recuerdas entonces las miles de charlas que tuviste entre cervezas y música con tus amigos de siempre, “Hay que trabajarla. No le demuestres tus intenciones de sexo directamente. Sé tierno y sensible. Interésate por ella. Trátala como una reina a ver si te la suelta” Y aplicas las estrategias una vez más. Es así entonces como entre tragos y falsas sonrisas ella empieza a mirarte maliciosamente, y tu a ella, un poco de baile improvisado y obligado tratando de cruzar la menor cantidad de palabras posibles. Entonces cometes el primer error, mover tu mano indebidamente hacia su espalda baja. Ella reacciona rápidamente cambiando de dama seductora a mujer de bien. Después de un cigarro para relajarte, vuelves a tu misión coñística. Ella se deja seducir nuevamente, pero segundo error, lo que pensabas que era una señal positiva estará pronto por convertirse en el tercer error.

Entonces inicias una escuálida charla sobre la vida y el sistema, de lo mal que te sientes en la oficina tratando de vender cada puto día de tu vida esos seguros de vida que roban el dinero de los más honrados que quieren, en caso de morir, dejar algo de estabilidad a su familia. Además de conflicto ético sientes la presión de vender más, para tener más dinero, y ser alguien en la sociedad. Le confiesas que no ganas tanto dinero, pero que finalmente no te importa, porque ya perdiste la fe en aquello que te inculcaron de pequeño. Le confiesas que tus días de soledad te agobian, y que por las noches sollozas por tu madre. Le confiesas que cada noche te fumas un porro para olvidar el peso de la jornada y para liberarte de la cárcel de oro que el establecimiento nos ha construido. Le confiesas que odias a tu jefe, las noticias, la tarjeta de crédito, y hasta aquellos zapatos viejos que te hacen parecer un don nadie. Le confiesas que tú también en lo profundo deseas lujos y placeres, que el dinero no te alcanza para pertenecer a la élite o aparentar serlo, justo cómo a ella le gustaría. Le confiesas que sufres por aquellos que mueren de hambre, no por falta de comida, sino por la violencia social, es decir, la pobreza. Le confiesas tu inconformismo y a la vez tu impotencia y frustración.

Cuando vas por el octavo caipirinha, y tu moral por el octavo círculo del infierno dantesco, ese del fraude, vuelves tu mirada en sus ojos buscando el calor que sólo da esa mirada solidaria que lo ha entendido todo, y que sufre las mismas penas buscando en unos ojos una soledad contigua. Todo esto para darte cuenta que ella hace tiempo dejó de escuchar tus penurias, para escribir quien sabe qué cosas en su BlackBerry. Entonces desciendes al noveno círculo del infierno, traición, traición de tu especie y del género femenino a la vida misma, a los sabios, a la filosofía, a la historia, al pensamiento. Miras a tu alrededor perdido y agobiado, casi con una sensación de claustrofobia a la inversa,  buscas algo que calme tu desconcierto y te reconforte. Pero lo único que encuentras es una manada de alcohólicos y periqueros descerebrados; quienes buscan sexo, quienes buscan diversión, quienes buscan locura, quienes viven porque sí y quienes quieren por un segundo no ser nadie y camuflarse entre la masa.

Entonces te vas de la fiesta completamente borracho, después de haber visto a Satanás en los ojos, sales desesperado en el medio de un aguacero tomas el primer taxi y te dejas estafar porque sólo quieres llegar a casa cueste lo que cueste. Te desprendes con odio de las llaves, del celular, de la billetera, de los zapatos y con la ropa todavía mojada te tiras a la cama imaginando que es un manantial de agua tibia que traerá relajación y regocijo, para encontrarte con una cama helada y solitaria. Con un impulso involuntario pero salido desde el fondo de la desesperación, te agarras el pene, estrujándolo, raspándolo, lastimándolo con furia, haciéndole pagar por las frustraciones acumuladas en el día, queriéndolas arrancar del fondo de tu alma de una vez y para siempre en un orgasmo efímero y letal.

Tu mano está ahora bañada con tu esperma perdida, lejos de su óvulo, de su célula compañera. Sientes pereza de ir al baño a buscar papel higiénico o a lavarte las manos, así que dejas tu plasta en la cama. Pensaste que te ibas a librar de tu agobio? Pues No. Ahora yaces en tu cama vacía y oscura, la cabeza te da vueltas, no entiendes dónde estás, y no te queda más que mirar al techo y recorrer tu vida para encontrar justo ese instante en el que dejaste de ser feliz, para convertirte en el ser inconforme y decadente que eres hoy.

Boys by Aneta Bartos

Empiezas entonces a desear y lentamente a vislumbrar una abundante cabellera negra, unos labios, unos senos, una piel, y lentamente la pesadumbre va desapareciendo para dar paso al sueño, al descanso, a la salida de ese laberinto que es cada maldito día. Pasó ya otro día con su noche. Sobreviviste a sus obstáculos, sobreviviste un día más a la maldad, a la sociedad y su vacío, a la incertidumbre y a la soledad, sobreviviste un día más a ti.