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Un Dios Abstracto

Te quedas quieto frente al ruido blanco del televisor. No hay nadie en la sala. Las frecuencias sonoras aturden tus oídos. Quieres creer que piensas pero en realidad tu cerebro se encuentra absorbido por vibras hipnóticas artificiales. Balbuceas algo en tu cabeza. Entiendes tus propios pensamientos? Las palabras se atoran en la parte alta del pecho. Tratan de salir pero se quedan atrapadas entre las cuerdas vocales. Te das cuenta que nada te separa de ti, que estás atrapado en aquello que crees que eres. En la mentira que te has construido por tantos años para sobrellevar la existencia, o quizá para sentir que existes. Entonces comienza la desesperación y la angustia. El corazón late como quien huye de algo, pero nadie está al acecho. La incertidumbre de la soledad, de la composición del cosmos, de la razón del pensamiento y del poder destructivo del ego, se conjuga como un credo vacío. La maravilla del Universo permanece lejana de la sociedad y cada minúscula parte de ella. Sabes ahora que el mundo conocido es la virtualidad que se ha creado el hombre para sí mismo. La banalidad nunca antes había alcanzado tal grado de importancia y pertinencia en el seno de la misma cotidianidad. Cada día que pasa aleja la posibilidad de un reencuentro sincero entre el ser y los seres. El artificio aísla al humano de su estado primitivo, no aquél que nos retrocede a la condición animal, sino aquél que nos contempla dentro de la energía que recorre cada átomo y molécula que componen el todo.  Nadie nunca pudo hablar de Dios.

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Asmodeo

Basta un segundo para comprenderlo todo en los ojos de alguien más, basta poco, un gesto, una señal. Lo sé bien que es fácil equivocarse: creer que la hubo, aunque no, y viceversa, creer que no la hubo, para luego darse cuenta de que era necesario un poco más de tiempo. En todo caso, son excepcionales, esas veces que sucede de golpe, instantáneo, y luego, como por arte de magia el contacto se establece, busca su natural punto de equilibrio y logra finalmente perdurar en el tiempo. Míralo: hace años arribado de lejanas tierras empujado hasta esta orilla por aires vagabundos, según Plinio el Viejo, había nacido con una sonrisa en los labios, lo que auguraba su sabiduría. Cómo no notarlo. Primero la confusión, luego la rendición, pero obviamente él también se ha rendido, un pequeño pacto secreto nace de un momento de rendición total, un equilibrio fino y delgado que camina sobre el filo de una navaja. Seducción, deseo carnal, amor por lo profano. Todo puede saberse desde el principio, todo puede decidirse desde el principio, siendo concientes de que  decisiones de este tipo comportan una gran apuesta que no siempre estamos dispuestos a aceptar, quizá por cuestiones de pura conveniencia, y sin embargo, cuya tensión es una corriente de energía poderosa que atrae y recarga. Potencia. Despierta. Sacude. Renueva. Así pues nos hemos encontrado en algún punto del camino, siendo quienes somos ahora, tan diversos y tan distantes. Él se beneficia tanto de mí como de él, aunque cada vez se invade un poco más el espacio del otro, y no obstante, si es un juego de estrategia bien pensado, puede resultar entretenido y gratificante. Noches de música en antiguos lugares olvidados  por la civilización enmarcaron nuestros casuales encuentros. Rocío, castillos, luces tenues, sonrisas, vinos, palabras cordiales, primeros planos sobre los ojos, ciao, sonrisa, mirada, de nuevo sonrisa, suspiro, arrivederci, mirada, mirada, mirada, suspiro, media vuelta y camino. Fugitivos contactos físicos, dedos inquietos que buscan un poco más de piel. Jugar a ser poetas malditos, románticos fuera de tiempo, galanes de filmes en blanco y negro. Una espiral de arte movida por un instinto primario de eterna seducción; difícil calcular hasta dónde se está dispuesto a llegar cuando dentro del estomago la pasión y la curiosidad por lo desconocido suena como una campana que llama a misa, a una ceremonia donde se es al mismo tiempo, carnífice y víctima, una ceremonia cuya experiencia nos ha demostrado una y otra vez la estupidez del humano, quien no satisfecho con el encuentro y sus bondades siente sed de poder, placer macabro y ávido, y todo placer quiere eternidad. Hasta dónde más estás dispuesto a caer? Cuánto más peso puede resistir nuestra delicada tela de araña tejida con frágiles inquietudes, deseos, fantasías, dudas y perversiones?  La carne reclama su parte, el batido del corazón que con cada golpe envía calor a las zonas erógenas del cuerpo, el ritmo cardíaco que se escucha dentro de los propios oídos como un cronómetro diabólico, que asusta, que persigue, que desea, que excita. La oscuridad de la noche que envuelve los sentidos con un manto de complicidad, haz lo que quieras, la luz no te observa. El rugido del bosque que ahoga cualquier gemido o grito de socorro. Salgo de mi fantasía y abro los ojos: me despierto cercada por las frustraciones de los demás, sus miedos, sus represiones, su falta de libertad, su aburrimiento, sus odios, sus tragedias, necesidad enferma de coaptar la libertad del otro, porque el otro es imperfecto como uno mismo y es justamente esa imperfección del otro lo que nos reconforta, y hasta no encontrar esa imperfección el juego de la seducción se mantiene vivo. Eres tu la perfección que también estás hecho de carne y ego? No, somos todos hijos del hombre. Te escondes detrás de tu aire solemne, no respondes a todas las preguntas sobre tu vida, pues bien sabes que tú también eres débil, llevas el placer hasta su nivel extremo (al menos esos placeres que puedes dominar), los otros los miras solo de reojo, atento a no perder el control de tu respiración, pero basta solamente un nuevo encuentro, uno más próximo, una palabra susurrada al oído, una mirada fuerte y determinada.

En la vida

En la vida. Recuerdo con clara memoria aquella tarde en la finca, un calor atróz sofocaba el ambiente, la arena y las hojas secas de los palitos de mango cubrían el piso. Una hamaca mecía un bebé durmiendo, el amo y señor del único abanico. Los demás niños estaban jugando cerca de las vacas, yo preferí quedarme sola con mis muñecas dentro de la casa, cerca del abanico.

Un zumbido desesperado.

Una mosca gigante trataba de salir de la casa por una de las ventanas. Para la mosca allí fuera estaba el jardín, no requería mucha astucia para saber que allí fuera se encontraba su espacio natural, donde no hay techos ni paredes, sólo árboles, flores, agua, viento, sol. Pero este vidrio transparente la separaba de su ideal. Depronto entró a la casa atraída por el olor de la comida, pero una vez satisfecha era hora de volver al hábitat.

Hoy, 20 años después, me siento exactamente igual a esa mosca. Me golpeo una y otra vez contra este vidrio que me separa del jardín. A veces doy vueltas por la casa, busco comida, observo al niño que duerme en la hamaca, pero tarde o temprano siento esta imperiosa necesidad de salir de este encierro. Cómo hace una simple mosca para atravesar un vidrio?

Cómo hago yo para atravesar el umbral de la vida?

Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

Domingo frío y solitario en casa. Desesperadamente quiero huir de la ciudad y de la monotonía. Así que esta tarde me fui a dar un paseo a las afueras de la ciudad, me sumergí en un inmenso bosque de eucaliptos, enmarañado entre hilos constantes de agua y árboles que jugaban con el cielo. Caminé y caminé hasta encontrar el sitio perfecto donde pudiese recostarme en la grama para conectarme frente a frente con la luz fuerte, cálida y amarilla del sol. Aqui dónde estoy, estoy sola, perdiéndome entre el sutil sonido de las hojas, los sapos, las cascadas y los pájaros. Cerré los ojos. Empecé a sentir suaves gotas que empapaban mis mejillas y un frio que lentamente empezaba a subir por mi cuerpo. Cuando abrí los ojos, el cielo ya no era azul y las copas de los eucaliptos se habían desvanecido. Así como todo alrededor. La neblina se había apoderado de todo a su paso, encarcelando la luz, encarcelando el color, encarcelando también mi mente. El camino de regreso a casa sería muy difícil sin lograr ver ningún punto de referencia. Sin embargo, caminé. Debo admitir que sentía un poco de miedo, no sé de qué, talvez del caminar sola en un camino donde es imposible ver algo.

Ya habrían pasado unos 30 minutos de camino en el medio del bosque. En el recorrido me adentré en las conversaciones secretas de los sapos y en la suave y delicada línea que separa el verde del blanco. A unos 5 metros de distancia comienza a aparecer entre la niebla la silueta de una casa. Me acerqué. Era una casa grande y vieja, con vigas de madera mojada que apenas lograban sostener el techo. La poca luz que se filtraba a través de las ventanas dibujaba formas y fantasmas, gritos y pasado en las paredes y en el piso de la vieja casa. Una bandada de pensamientos pequeños y negros comenzaron a volar sobre mi cabeza, formaban hermosas figuras en el cielo de mi mente, de modo homogéneo pero desacomodado daban vueltas alrededor de mi subjetividad, y en su vuelo graznaban despavoridas frases:

“Pero no hay olvido, ni sueño: carne viva.”

“Eres sólo la imagen del sueño, en el sueño de alguien más”

“No existe el tiempo, ni el despertar, sólo el sueño y nuestra vida acaba en uno”

Basta! grité y los cuervos desaparecieron de mi mente. Tomé una fuerte bocanada de aire con intenciones de despertar, pero aún estaba en la casa. Me reincorporé para encontrar sentado en una de las viejas poltronas de la sala a un hombre. Un hombre joven y viejo a la vez, de esos hombres que físicamente tienen poco más de un cuarto de siglo pero en sus ojos miles de años de sabiduría acumulada,  de mirada perdida pero curiosa, por más que no recordaba su rostro y que a duras penas podía verlo con claridad, sabía quien era y no sentí miedo, al contrario, alivio. Con dulces palabras me pidió que dejara el miedo afuera, que no tenía ningún motivo para temer. “No estás soñando, esto es tan real como la vida a la que llamas real, mira tu reloj, qué horas son?”

Absurdo. Siempre me ha pasado. No logro ver los números, se distorsionan, se mueven, no sé qué horas son, la desesperación me atrapa, necesito saber qué hora es, cual es la realidad de mi tiempo-espacio, dónde estoy, cuántos años he vivido, cuantos segundos me quedan. Me asusto y me despierto en mi cama, me cuesta trabajo abrir los ojos, mala señal, miro a mi alrededor la neblina no se ha ido, está allí fuera de mi ventana, y mi amigo me está observando fijamente desde la puerta de la habitación. Trato de hablarle, pero siento mi lengua pegada al paladar. Trato de levantarme pero no tengo fuerzas, por más que lo intento con toda mi energía. Comienza la angustia. Mi amigo se acerca, coloca suavemente su mano cálida sobre mi frente “te extrañaría aunque no te conociera” dice. Caigo profundamente dormida otra vez. Lograré despertar?

Siento una fuerte agitación en el pecho, mi respiración se acelera, cuando abro los ojos estaba bajando una colina a toda velocidad, como si estuviera huyendo de algo. Bajaba corriendo en medio de los árboles por un angosto camino de lodo. No tengo idea hacia dónde me dirijo. Sólo sé que mis piernas se mueven, que corro, que estoy bajando la montaña, pero la montaña se mueve, cambia de forma cada segundo, el árbol que veo ahora(pasado del próximo “ahora”) no es el mismo que veo ahora (futuro del anterior “ahora”), el paisaje cambia ante mis ojos, una piedra que no estaba antes, un riachuelo en medio del camino, es el paisaje que se mueve o soy yo? Estoy detenida en el tiempo y es el universo el que se mueve en otro tiempo? O somos nosotros los que atravesamos el umbral del destino y de la eternidad? No logro comprender qué soñé, qué fue real, esto es real? Es la percepción del tiempo la que cambia constantemente, a veces se hace eterno como en un trip de ácido, un minuto puede ser infinito, el minuto se mueve en otra dimensión y en otra dirección, nosotros en cambio hiper-reflexionamos en lo que pareciera el minuto antes de la propia muerte, eternidad. A veces en cambio se hace corto, muy corto, diminuto, como toda nuestra vida vista en la línea del tiempo del universo. Un parpadeo.

Me detengo un segundo para tomar aire y sacar todos estos pájaros que dan vueltas vertiginosas en mi cabeza, miro a mis espaldas, y me doy cuenta que la niebla va bajando también entre los árboles a toda velocidad, haciendo blanco todo a su paso y se acerca muy rápidamente hacia mi. Tal cual como su forma gaseosa y húmeda disuelve todo a su paso, así mismo sopla desde lo alto una nube de sueño universal.

La energía oscura

Tengo sed. Mi lengua pasa por su piel cual papel de lija. La piel de mis labios está cuarteada como tierra en sequía de años. No siento ningún calor, pero tampoco ninguna brisa fresca. No existe conexión alguna entre mi pensamiento y mi cuerpo, entre el cielo y el ahora. No, absolutamente no hay conexión entre lo que siento en mi cerebro, los recuerdos, los olores, el lugar en el que vibra mi mente y lo que está aconteciento en el momento real. Wait a minute! momento real, tiempo real, realidad, tiempo? En qué momento el sol repeló su luz y en qué momento la estamos recibiendo? Después de cuanto? Somos el pasado de Júpiter o el futuro del sol?

Mientras todas estas divagaciones llegan a mi mente, lo veo fijamente a los ojos bajo el ligerísimo esplendor de la luna que atraviesa mis cortinas y dibuja su rostro. Fatalidad. Sexo. Él logra ver en mi mirada esa entera desconexión. Se siente nadie ante mis pensamientos. Es nadie. Sin duda él no es mi realidad. Porque entre la física de mi cerebro y de mi cuerpo, y la magia de mis  pensamientos en contínua expansión, existe la energía oscura. Algo. Pura energía. Nada más que energía, nada de moléculas, sólo sustancia intangible invariable en el tiempo.

Regreso por momentos al presente, al tiempo que pasa, a la vida que corre, y así lo encuentro concentrado en la mecánica de esos sus movimientos que detienen su conciencia. Su mirada fija en mi cuerpo clava en mí destellos de excitación, que logran halarme bruscamente de vuelta al tiempo cotidiano, al tiempo humano, a ese tiempo que transcurre con el girar de la tierra, compuesto de días y noches, de minutos, segundos, horas, cigarros consumidos, senos caídos, hambre. Y entonces lo odio… a él y al misterio, a Cronos. Me atraviesa un fuerte deseo de poner fin a su respiración, a su corazón que bombea sangre, a su vida, al tiempo, en una especie de orgasmo fatal, destruir su cielo. Así que mirándole fijamente las pupilas y él las mías, ajugeros negros de dónde nisiquiera sus pensamientos logran escapar de mi campo gravitacional, lo tomo por el cuello y empleo todas mis fuerzas para cerrarle la garganta. Lo consigo, mientras me muevo sobre su pelvis lo ahorco, su respiración se hace cada vez más entrecortada hasta que llega el miedo y la eyaculación. Saca su fuerza de hombre para botarme de un sólo golpe lejos de él acabando con mi fantasía científica.

No conozco a este hombre. Ni puta idea de su nombre, de su existencia. Pero aquí está frente a mí compartiendo el espacio-tiempo, la realidad, la constante cosmológica, él y su pene flácido. Él no me comprende , no tiene palabras, su cabeza no podría nunca imaginarse dónde rayos estaba la mía. En cambio yo sí lo sabía perfectamente, y el lograr comprenderlo, sacaba de mí una sonrisa perturbadora para cualquiera… Era mi energía oscura, la misma que inunda el universo, la responsable de la expasión del cosmos y de la expansión de mi pensamiento a lugares inimaginables, lejanos de cualquier razonamiento humano hecho hasta hoy.

Dónde estaba mi mente entonces, sobre qué flota el universo? Sobre la ausencia de materia, el mismísimo vacío. Ese que inspira y es progenitor de la energía oscura… Ella -yo- que expande el universo y a todas las formas de materia y locura, de energía e impulso, a las leyes, al misterio y a la física que gobiernan.