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Todo pasa por ti

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa.

Todo pasa por ti
por tu voz
por tu amargura
por tu esperanza
por tus labios teñidos de rojo sangre.

Todo pasa por ti
y por todo aquello que gira alrededor tuyo
la música
el humo
la vida en un beat que no conozco.

Todo pasa por ti
a través de tu lente y tu pantalla
una captura atípica de lo ideal
de lo humano que quiere ser divino
pero que no lo consigue.

Todo pasa por ti
a través de tus ojos y tus cabellos
y enredados en ellos
tu cúmulo de pasado
que a veces anda tan pesado
que me arrastra hacia la gravedad de tu oscuro.

Todo pasa por ti
por causa tuya
por ser génesis
de este absurdo
que esconde la tragedia de estar vivo
y se desenfoca bajo el velo de nuestros imperfectos.

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa
como aquello que hay
– que habita –
entre el inicio y el fin.

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Primero Francisco

Seis de la mañana y María no contesta el teléfono. Su madre la ha estado llamando desde las 8 de la noche del día anterior. Con esta ya son 267 llamadas las que ha realizado a lo largo de la noche. Mientras tanto, entre la desesperación de no ver llegar a su hija a casa, Laura ha reyado las paredes de su habitación e incluso ha intentado cortarse las venas, bien sabiendo que no lo haría de veras y bien sabiendo también donde se encontraba su hija esa noche. Sabía que estaba con Francisco, un hombre de 39 años, sólo 4 menor que ella, mientras que María tenía 22 recién cumplidos.

María era bella e inteligente, no se sabía si más bella que inteligente o viceversa, pues poseía en palabras de Francisco “esa belleza tan sublime que duele” y había poseído desde siempre una inteligencia muy superior a la de sus contemporáneos. Quizá era justamente esa inteligencia la que daba a su mirada esa profundidad shamánica que sólo las sabias mujeres mayores de los pueblos nativos llegan a cultivar a través de los años. A su corta edad era capaz de hablar perfectamente español, francés, e inglés, y entendía claramente el italiano y el portugues. Su ávida pasión por la lectura y el conocimiento, le habían conferido la habilidad no sólo de leer un gran volumen de libros, ensayos y revistas, sino de interiorizar cada historia y cada reflexión, a tal punto, que al evocarlos no sentía de estar recordando un pasaje de un libro, sino su propia vida. Esto era lo que provocaba a los hombres. Todo el que la conocía, por lo general en los lugares que ella frecuentaba: el teatro del barrio Las Casas y el del centro, el cine público distrital, los bares bohemios de la sexta, la biblioteca de la U Central y el pequeño cine independiente de La Pradera donde se la podía encontrar sin falta todos los días de lunes a viernes, y uno que otro sábado en función vespertina, caía completamente rendido y estupefacto ante su inminente integridad. Quien la quería encontrar sabía que la vería en todo concierto, exposición o evento cultural de la ciudad. A fin de cuentas, esta no es una ciudad muy grande.

Francisco era perfectamente conciente de la belleza y autenticidad de María, así como era conciente de su pasión hacia ella. Era honesto consigo mismo, y si bien sabía que era una joven encantadora, sabía también que aún le quedaba mucho trecho para convertirse en una mujer. Sabía que su atracción hacia ella no solo se generaba por su pensamiento y su vivacidad, sino por la frescura de sus labios, de sus pechos, de su sexo. Él, que era un hombre ya bien experimentado en el tema del amor, el sexo y las mujeres, que había recorrido del mundo y estudiado en las mejores universidades de Europa, perdía completamente la cabeza cuando se trataba de María. La conoció en una charla sobre Steiner, en la cual él era el moderador, y donde ella se levantó a afirmar, con un humilde modo a la vez imponente, que toda poesía era filosofía y luego alababa con lujo de detalles el libro por el cual había conocido el pensamiento del filósofo francés “La poesía del pensamiento”. Francisco quien le había dado la palabra minutos antes, al fijar sus ojos en la muchachita que hablaba con dulzura sobre milenios de filosofía occidental, sintió un calor tan denso dentro de su cuerpo que cuando trató de retomar la charla, su voz había quedado arrinconada en lo profundo de su diafragma. Le tomó un par de segundos normalizar su respiración y volver a dirigir la conversación sin demostrar al público la perturbación que la joven le había causado. Se tranquilizó un poco al notar que dos de los panelistas hacían comentarios sobre ella y que él no había sido el único en caer ante sus beldades.

Casualmente, la encontró al día siguiente en uno de los bares bohemios de la sexta. Se sorprendió al verla sola tomando un vino caliente y leyendo un libro de Steiner, uno de los que se había hablado el día anterior. Francisco, quien estaba acompañado de Simona, una treintañera italiana que visitaba el país, deseó con todas sus fuerzas que la milanesa desapareciera de su lado y así quedarse libre para cortejar a María el resto de la noche. Al ver a María de lejos, tomó a Simona de la mano y diciéndole “está muy lleno, vamos al de al lado que el barista es amigo mío” la sacó del lugar antes de que María lo viera e imaginara que estaba comprometido. Fue una reacción natural que afloró instantáneamente del galán que es. Mientras Simona hablaba en su confuso español, y él se fijaba en las manchas cafés de sus dientes a causa del tabaco y en la belleza marchita de la italiana, no dejaba de imaginar a María sola, en el bar de al lado, leyendo a Steiner. Pensaba en cuánto le habría gustado levantarse de la mesa, y volver a verla, primero en silencio, oculto, detrás de la ventana del bar escondido donde no pudiera verlo, y luego acercarse a ella con el pretexto obvio de la charla del día anterior para entonces hablar de filosofía y poesía y literatura, y verla diáfana, divina, hablando con sus labios carnosos y rojos, sobre la vida con esa ilusión que los jóvenes poseen cuando apenas van a salir a ver el mundo.

“Che cazzo pensi?” le dice Simona entre risas y él solo nota las arrugas de sus ojos, se fastidia con lo que ve y en un flashforward ve exactamente lo que pasará un par de horas después cuando la lleve a su apartamento y la desvista. No puede evitar hacer una vaga reflexión sobre la belleza efímera de la mujer, sobre la ligereza de las relaciones que entablaba y lo insulso que le resultaba el sexo con sus amantes casuales. “Ou! Ma sei proprio andato via!” le llama la atención Simona con cierta simpatía, Francisco se despierta sintiéndose algo culpable de los pensamientos que ha tenido y del rechazo  que ha sentido hacia ella y sus 32 años. Pero luego pensó en María y supo que a ella nunca le pasaría lo mismo. Mientras muchas otras a esa edad habrían perdido ya su belleza física y se habrían desgastado por los golpes de la vida, María no perdería nunca esa belleza acentuada por la sabiduría que ya le había sido conferida. María sería bella siempre, las canas y las arrugas no acabarían nunca con esa poderosa mirada tan exquisita y rara. El resto de la noche hizo su mejor esfuerzo para apartar la imagen de María de su cabeza, pero no tuvo éxito. Simona se dirigió al baño, Francisco pagó la cuenta y salió a fumarse un cigarro, aprovechó la ocasión para asomarse por la ventana del bar contiguo y ver si María seguía allí. Pesimista, pues ya había pasado más de dos horas, Francisco se acerca a la ventana tranquilo y desprevenido, quizá por ello el golpe de frío en el pecho que se llevó al verla fue tan fuerte como para dejarlo nuevamente sin aliento. “Sei qua! Vamos?” Dice Simona. “Si, si” responde Francisco y se va, sintiendo que comete un gran error.

Esa noche, después de prácticamente “echar” a Simona de su apartamento después de follarla, Francisco permaneció solo en la sala, pensando en María. Recordando cada uno de sus gestos y palabras, todos los que su memoria le permitiese. Esa noche decidió no volver a ver a ninguna de sus amantes y se propuso en cambio volver a ver a María y hablar al menos una vez con ella. Sentía que sólo así iba a romper el hechizo.

Touch me now

0:45 Una música calma llena el ambiente, la experiencia del amor finalmente empieza a dar sus frutos, unos frutos rojos y sanos cargados de dulce sabor y fresco aroma. Me dejo llevar por una nube de sentimiento calentada por el tungsteno. Toda una vida que cobra sentido, el perdón al haber nacido, la confianza para todos los años venideros. En este lugar donde el sol sale y se oculta siempre a la misma hora, el tiempo parece no avanzar, me he quedado suspendido en un estado alegre del alma. Un abrazo infinito. Un suspiro que llena cada célula como cada espacio de duda. Cualquier otra cosa se desvanece y se hace frágil ante una potencia tan fuerte. La luz de la calle entra a través de la cortina, se refleja en el espejo, llega hasta mi rostro y me acaricia. La casa está bajo llave, nadie habita aquí más que yo, en este lugar selvático y pacífico al mismo tiempo, la puerta permanece cerrada y del otro lado cualquier cosa es posible, alguien que espera, alguien que lee, alguien que sueña en su propia soledad. La noche cae entre el sonido de una trompeta, se desliza suave e imperceptible, pero furiosa, cargada de sensaciones. Una gota de sudor se desliza por mi espalda. La filosofía se reduce a su mínima expresión, esa dónde ella misma no puede hacer nada: la calma profunda de la noche, el infinito mundo interior que no se ve apabullado ante el silencio y los perros que vigilan la calle sin pavimento. Nosotros que en algún momento corrompimos nuestra vida utópica con una demoníaca y pecaminosa sed de curiosidad, que decidimos concientemente retar el secreto; cuando hay secreto, la respuesta está asegurada y sólo hay que descubrirla, aunque a veces resulte fácil sentirse frustrado ante la ferocidad con la que está resguardado ese secreto. Las miles de veces en las que aniquilamos nuestras ilusiones simplemente desaparecen como si nunca hubiesen existido. Los niños se duermen con el sonido de las palmeras, mientras permanezco extendido en la cama. Un sonido me saca de la reflexión, la puerta de mi habitación rechina, siento el vértigo en mi estomago.

1:17 El invierno ya está aquí. El frío se lee a través de la ventana, dentro es cálido y no provoca salir de la estancia, no provoca alejarse del fuego. La noche se divorcia de la melancolía, la copa de vino para uno jamás fue tan agradable, los pequeños recuerdos amorosos llenan el espacio; nunca antes la belleza en todas sus expresiones, fue tan trascendental. Cualquier movimiento por más suave que sea, deja una estela al pasar, una estela que permanece en la eternidad, miles de fotogramas que sobreviven en el gran álbum de la historia y de la relatividad del tiempo. Estar aquí evoca todas las noches anteriores, pero el fuego de la chimenea hoy no guarda escenas de falsa compañía o ridícula soledad, hoy brilla con un rojo especial, casi como si hablara, como si comprendiera. Espero algo. Miro el reloj que parece andar más rápido que mi pensamiento. Imagino algo: algún paraje extraño a mi cotidianidad donde de todos modos he dejado una parte de mí y que vive allí solitaria como use único lucero que esta noche acompaña a la luna. Sí. Es la misma luna y es el mismo lucero. Una energía superior nos abraza, latimos al unísono con la misma trompeta. La fatalidad de la existencia se disuelve entre las palabras y me conforta. Hoy he sido absuelto una vez más de la nimiedad y a cambio de muy poco. Aquél árbol frente a casa ya perdió casi todas sus hojas. Dicen que mañana será un día frío y nublado. Dicen que el próximo año habremos superado la crisis. Dicen que existe algo que se llama sociedad, y existo yo lejos de ella. Dicen de mí que soy un loco que escribe largas cartas al amanecer. Y cada día llega uno nuevo, o quizá el mismo que se repite hasta el infinito. Aquí me quedaré sentado hasta que el rey sol me alumbre a través de la ventana, cuando me sorprenderá dormido en mi viejo sillón con algunas brasas aún calientes. Es la eterna soledad, entre la multitud, o en pleno orgasmo, nunca cambia, nunca se va. Permanece. Y eso que permanece somos nosotros. Quienes nunca se han sentido solos no serán nunca capaces de reconocerse. Suspiro. Río en mis adentros. Miro a mi alrededor. Una luz se enciende del otro lado de la puerta. El ritmo del corazón se acelera subitamente. Una silueta humana se acerca silenciosa en la penumbra.

“Te estaba esperando”

“Yo también”

“Sólo era cuestión de abrir la puerta”

30 horas sin dormir

Me dormí en una parte del mundo y desperté en otra. Parte de mí se quedó del otro lado, acá sólo traje un pedazo de carne y piel, la esencia está como ausente, necesita volver a desarrollarse. No reconozco mucho del exterior, sólo estas edificaciones de los años ochenta de colores muertos que arruinan el paisaje. Pequeños balcones llenos de plantas como un autoengaño de los seres humanos para creer que aún tienen algún tipo de contacto sincero con la naturaleza, con el verde. Múltiples antenas. Persianas cerradas. Sonido de aires acondicionados y carros, muchos. El tan aclamado desarrollo. Y yo que me siento tan ajena, y al mismo tiempo, tan hundida en esta basura. Cómo no volvernos locos si el horizonte está enladrillado? El paisaje cubierto por una enorme pared interminable, cruda, concisa, encarceladora. Y el cielo enmarañado con cables, antenas y naves.

Y cuando no se duerme el tiempo-espacio adquiere una nueva máscara. La geometría del tiempo y del espacio varía, es como si de pronto la fuerza de gravedad aumentara y la curvatura del universo recayera toda sobre mí. Todo se ralentiza, todo pesa, todo es oscuro, denso. Es claro que me muevo a una velocidad distinta de esa en la que se mueven todos. Viajo a una velocidad mucho mayor, constante e independiente de este sistema. Las parejas en la gran Piazza, los jóvenes de las motos sofisticadas, las muchachas a la moda, los que toman el café en el bar, pertenecen siempre al mismo sistema de referencia que todos conocemos. Son todos ellos relojes que se atrasan con el movimiento. Aunque para todos sin excepción el tiempo sea exactamente el mismo. El secreto está en la velocidad, según Einstein, en la intensidad, dirían los filósofos.

Y entre todo eso,  hay cosas que flotan, que son tan estremecedoras que hacen un quiebre brutal del universo. Sensaciones etéreas y divinas, lejanas de las matemáticas y la ciencia, del mundo. Momentos de pequeños big bangs internos, la creación de muchos universos nuevos y desconocidos, que distorsionan la veracidad de este único universo que creemos conocer, o más que distorsionarla, la ponen en duda. Un respiro, la chispa de la genialidad humana, el roce suave con el alma propia. Raptos abruptos hacia un lugar vacío y lleno a la vez. La perfección hecha una gota de sudor en un pequeño poro. Ver el universo a través de los ojos que fueron creados especialmente para ello.

Y aún así, dicho esto, ya nadie cree en nada. Los ancianos ya no esconden nada entre sus arrugas, ni las mujeres entre sus labios, ni los hombres entre las manos. La mística se ha quedado encerrada en los ladrillos de Sant’Angelo, la humanidad no guarda nada, es obscena y cruel, aunque bien vestida. Hiperreflexia, pérdida de la lucidez. Se cumplen exactamente 30 horas sin dormir, sin desconexión de la realidad, como un Tevere que lo ha visto y sufrido todo. Pero aquí ya estuve, como una viajera del tiempo-espacio, sintiendo que he existido siempre y que no me he perdido de nada. Lo juro, que ya el Tevere me había conocido.

El vacío es una substancia… y vibra

Esta noche Gregorio me invitó a cenar. Hace un tiempo que trata de persuadirme para invitarme a salir y esas tonteras. En realidad disfruto conversar con él de vez en cuando, más cuando las charlas nacen orgánicamente en un encuentro casual no premeditado. Lo conocí en una exposición de arte contemporáneo, sobre el cual decido omitir cualquier juicio, al cual me había invitado una compañera del trabajo. Una chica de padre ecuatoriano, madre guatemalteca, nacida en Rusia pero criada en México. Con ella hablamos siempre de hombres, nos reímos y nos hacemos compañerismo. La verdad es que prefiero alejarme del círculo pedante y engreído que rodea el arte, por lo general la élite económica de esta ciudad latinoamericana, no tengo nada de qué hablar con ellos. Con mi compañera –amiga?- fuimos a la expo después de la oficina vestidas terriblemente, despeinadas, cansadas y sin maquillaje. Tomamos champagne y compartimos impresiones de la exposición. Así conocimos a Gregorio y un amigo suyo argentino, Gregorio es de padres mexicanos pero nació en “el gabacho” como llaman los mexicanos a Estados Unidos. A primera vista, me agrada, está aquí por las mismas razones que mi amiga y yo, a diferencia de los demás excéntricos refinados que revolotean con sus ropas caras que quieren hacer parecer baratas. Fue un golpe perfecto, el argentino se encantó con mi amiga, y Gregorio, bueno, conmigo. A partir de ahí ,con una hermosa vista del centro antiguo de la ciudad, conversamos largo rato. Volví a encontrarlo en un par de eventos más, y otra vez caminando por la zona de los bares, en todas las ocasiones fue un grato encuentro y nos hicimos compañía. Sin embargo, me rehusaba a la idea de llamarlo, o que él me llamara, o acordar una invitación. Parte de lo agradable de estos encuentros es que ocurrían en ese momento de tremendo aburrimiento y desesperación cuando una jornada cae en picada. Allí salía él, de la nada, e imagino que así salía yo también de la nada, insospechada, bella, aburrida. Bah. Los temas siempre casuales, la noche, el concierto de la próxima semana, nada trascendental, y menos mal. Soy pesadísima y matapasión cuando me pongo trascendental.

Después de varios encuentros interesantes pues comprendo que él quiera verme más a menudo, la situación debo admitir, un poco me asusta, de pasar a ser una desconocida encantadora, a ser una conocida desencantadora (o encantadora también?). Estrechar lazos que comienzan por un par de palabras y terminan con un par de condones en la caneca. Mi conciencia en este momento no necesita sexo. No quiero volver a ponerme en el juego. Ya sé cómo terminan estas citas. Decido adrede no verme atractiva, ser lo más natural posible y no preocuparme mucho por verme como una potencial pareja sexual. Estoy abierta a una buena charla, aunque debo reconocer que ya voy un poco predispuesta, ustedes saben (quienes son ustedes?) el tema de las sonrisas, los acercamientos físicos, el cortejo animal. Respiro profundo. Aunque no quiero engañarme, hoy no me siento vibrante. Llego al encuentro, desde dentro del lugar él me observa llegar, me doy cuenta pero actúo como si no supiera que él está allí (es idiota lo sé, hace parte de mi personaje). Lo ubico, me siento, ordeno un vino, enciendo un cigarro, digo “hola”. Ya lo venía pensando en el bus, dejaré que sea él quien tome el control de la situación en absoluto, no quiero decidir nada, ni influir sobre lo que sucederá esta noche, que sea cómo él quiera, yo sólo me dejaré llevar por sus temas de conversación, me iré cuando él decida, y si estoy de humor, dónde él decida. Mantendré un estado de ánimo neutral y sobrio, nada demasiado extrovertido, pero tampoco introvertido. No inundaré la conversación con mis dilemas personales. Tampoco insinuaré algún interés hacia algo en particular. Hoy estoy abierta a todo, expresaré mis opiniones y seré lo más yo posible, pero también fluiré como el agua, me filtraré naturalmente por todas las rendijas que él deje entreabiertas. Debo confesar, sin embargo, que por el momento no estoy interesada en sexo. Últimamente cuando  he querido dar rienda suelta a los antojos de mi vagina, mi intelecto se molesta iracundamente. Me es inevitable sentirme un objeto, un cuerpo, todo lo demás que soy se olvida, y esta sensación de nimiedad no me permite tampoco disfrutar del momento. Es un círculo vicioso. De hecho, no recuerdo la última vez que disfruté un polvo. Al no sentirme plena en un sentido intelectual, y por ende, emocional, no puedo vivir a plenitud una relación sexual. Lo siento, me es imposible desprender mi mente de mi cuerpo, soy un todo, y durante el acto sexual todo de mí está en juego.

Volvamos a Gregorio. Él sin duda es un tipo amable y seguro de sí mismo, brinda un aire de confianza que torna el ambiente ameno, sonríe constantemente (mostrando los dientes como cortejo o como amabilidad? Puede ser la misma cosa, no?) pone cara de estar prestando atención a lo que digo, y por  momentos me parece que hay más de generosidad en su actitud, como una fingida postura de interés que un interés real en lo que digo. Mala señal. Quiere fornicar. Quién no. Bueno… yo quiero, y al mismo tiempo no, como ya expliqué. Tuve un triste flashback por un instante. Algunas veces, exactamente 9 –me tomé el trabajo de contarlas- más o menos un 70% de los hombres que me llevé a la cama en mi corta vida sexual, no pudieron satisfacerme. Su excusa: “me intimidas” “es que me gustas mucho” “es tu culpa por ser tan guapa”. Se puede culpar al otro por el miedo dentro de uno? Si te tomaste el trabajo de traerme hasta aquí, porqué no cumples tu cometido a cabalidad? Tienes que hacerme sentir miserable a mí para disminuir  tu sentimiento de auto conmiseración?  Suspiro, trato de no predisponerme. Trataré de disfrutar del resto de la noche sin ninguna expectativa. Creo que es inútil, creo que absolutamente todos en este tipo de encuentros “románticos” –la palabra ya me sabe a vómito- guardamos en el fondo de nosotros alguna expectativa, de enamorarnos, de follar, de encontrar un abrazo, de tener una buena conversación, de no sentirnos solos, de divertirnos. Etcétera.  “Y cuéntame qué haces en la radio?” Odio esta pregunta, es de esos temas de conversación tipo salvavidas, temas genéricos, como la aspirina. Arreglan cualquier dolor. Sé que sus intenciones no son malas, en realidad me gusta mi trabajo, sin embargo hablar de la radio es hablar de política, y justamente este trabajo, si antes me gustaba, me ha hecho detestar la política, y más aún hablar de política. Prefiero burlarme de las religiones. Al menos me divierto. Hablar de política en cambio me aburre, me procura este sentimiento de impotencia y frustración que me arruina no sólo el momento, sino que puede durar semanas dentro de mí. Me fastidia que otros decidan mi vida, y más aún que sean ineptos, corruptos, drogadictos, borrachos, cristianos fundamentalistas, mafiosos, lambones, como ya sabemos que son nuestros senadores, presidentes, diputados, etc. “No hablemos de trabajo, qué hartera”

Creo que es el quinto tema de conversación que esquivo. Después del “Y tu familia?” “Es complicado, mi madre está enferma” “Qué tiene?”. Suspiro. O después del “Estás saliendo con alguien?” “ehhhh…. Si…. Bueno… no….Bueno, la verdad es que hace un año que no lo veo pero hablamos por skype” Otro suspiro, y un trago de vino. Y después del “Y qué sueños tienes, qué planes tienes para lo que queda del año” Silencio. Reflexiono. “Mira, traté de verdad de encontrar una respuesta a tu pregunta, así fuera algo simplemente para decir algo, pero no encontré nada. Qué más quieres saber de mí?” Suspiro. “Mejor hablemos de ti”  “Pues,  ahora mismo trabajo en el ministerio de Medio Ambiente, en la oficina de resguardos indígenas, pues sabes hay muchas empresas de todo tipo, intentando sacar recursos, pero son tierras protegidas y hay que hacer muchas maniobras legales para permitir la entrada de las empresas, y muchas otras maniobras diplomáticas para no permitirla. Entiendes?” Otra vez política. Me da asco. “Y tú de qué lado estás?” le pregunto sin anestesia. Se queda  mirando la copa. “Es complicado” responde y se queda en silencio. “Cambiemos de tema, qué estás oyendo por estos días?” No recuerdo quién preguntó primero, pero es claro que algo tenemos en común, la decepción del sistema. Yo por lo menos ya tomé una importante decisión. Apenas pueda renuncio. Y aquí sale a relucir mi frase de batalla y la que deberá ser absolutamente mi epitafio “Como diría el gran Edgar Allan Poe, Nevermore” Gracias Poe.

Esta frase ha comenzado a permear casi todos los espacios de mi vida. Creo que estoy en ese proceso del aprendizaje, donde se empieza a reconocer lo que no gusta, incluso antes de saber lo que sí gusta, donde a través de los errores aprendemos dónde no volver meter la pata. Y bueno, el Nevermore, ya no aplica solamente a la oficina, la política, los horarios, los protocolos, la burocracia, la contaminación, las 8 horas en una silla frente al computador, sino que también ya lo aplico en el one night sex (aunque dependiendo del sujeto podría aceptar algunas excepciones), a las drogas fuertes en lugares cerrados, al salir con uno que no te gusta sólo por aceptar compañía, a las relaciones amorosas a distancia, al curry y al aguardiente. Y puedo decirles (otra vez ustedes?) que mi nuevo mantra funciona muy bien, es como una liberación… una liberación de ciertas pequeñísimas cosas de las que puedo liberarme. Porque de otras, no podré hacerlo, y con ellas tendré que aprender a convivir. A veces recuerdo que Gregorio está aquí frente a mí, no logro evitar absortarme en mis reflexiones, trataría de compartirlas con él, pero lo conozco poco, y ya me propuse no fastidiar a nadie con estas sandeces. “Asustas un poco, lo sabes” Me interrumpe, y de qué manera. La pregunta obvia “Porqué?” “Pues porque poco hemos hablado, has estado toda la noche sirviéndote vino y prendiendo cigarrillos, mirando por la ventana, con la mirada perdida, esquivando ciertos temas de conversación. Por una parte debo admitir que me fascina, verte a ti es como observar las estrellas, a simple vista parecen bellas y uno cree que las entiende, pero si te quedas más de un minuto observando de verdad, te das cuenta de que en realidad no entiendes nada, de que son puntitos de luz en el medio de la auténtica nada, que son energía y son materia, que las podemos ver y contemplar, pero sólo así desde lejos, de pronto son sólo rocas secas y frías, de pronto albergan vida extraterrestre, de pronto son luces de laboratorio que iluminan este pequeño caldo de cultivo que es el planeta tierra. No lo podemos saber, y coño que las estudiamos, hasta el cansancio, y entre más sabemos, menos sabemos, y más nos maravillamos, y más nos frustramos. Y más nos asustamos. Bueno, así eres tú” Vaya! Eso logró conmoverme! Quiere definitivamente poner su pene dentro de mi vagina. Rayos Xeh! Siempre pensando mal, no puedes darle un poco de crédito, de confianza al menos? …. Me regaño a mi misma. Se me escapa una risa, por haberme regañado, él la interpreta como una aprobación a su comentario, aunque no haya sido la intención. Bueno, qué sabe él. “lo siento, es cierto que he estado un poco ausente. La verdad, no sé cómo justificarme. A veces me pasa, me meto demasiado dentro de mí misma, y no sólo de mí, sino dentro del universo, me gustó tu analogía de las estrellas, estudio las estrellas, y eso que mencionaste hace un rato. La nada. Me apasiona. Los científicos no saben qué es, ni de qué está compuesta, pero es imprescindible, simplemente la dan por hecho, y es parte fundamental de sus ecuaciones para comprender el universo. El concepto de la nada es un concepto antiguo, imagínate qué difícil en el 400 AC entender el concepto de nada, cuando ni siquiera se sabía que el mundo era esférico. Hoy en día, la nada sigue siendo un misterio, pero allí está, es parte de la vida cotidiana, del léxico de todos los idiomas, es en lo único en lo que los científicos creen que no han comprobado, la nada. Se parece mucho al concepto de dios. Es chistoso cómo todos, sobre todo los fanáticos relacionan la concepción de dios con el todo, el todopoderoso, el omnipresente, el omnisciente, el omnipotente, omni=todo, en cambio el todo lo conocemos, conocemos la materia, hemos investigado hasta el mínimo detalle todas las partículas que nos rodean, incluso el aire. Pero la nada, es el concepto más abstracto e irreal que conocemos, que permea nuestras vidas, filosofía, matemática, física, la nada debe ser real. Pero cómo creer en algo que debería existir pero que en teoría no existe, porque es, precisamente, nada…” “Cálmate, respira profundo, relájate” me interrumpe atrevidamente…

…Me muerdo los labios………………….. Estoy a punto de estallar. Es posible que este idiota no comprenda que  si la vena de mi frente se pronuncia y mis mejillas se ruborizan es sólo y exclusivamente porque me apasiona este tema más que cualquier otra cosa en el mundo. Qué es lo único que para mí vale la pena saber, pero sobre todo perseguir. No puedes respetar mi entusiasmo por  el tema? A ver, estoy tratando de defender una teoría y ello me genera una sublime excitación,  un orgasmo intelectual. Igual o más placentero que el carnal. Me hace perder los estribos que me traten de calmar en medio de una discusión que simplemente me apasiona, sea del tema que sea, este tipo de frases cortan el flujo de mi pensamiento, el equivalente a la sensación de mojarse las pantaletas, y una vez que la pasión se extingue (en cualquiera de los dos casos) es muy difícil, a veces imposible recuperarla. En este momento de rabia, de decepción, no me queda más tomar aire, servirme otra copa, y mirar un momento el horizonte. Me queda claro que poco le interesaba mi argumento, que no compartimos tampoco el amor por la retórica y el conocimiento. No digo nada, guardo silencio, no quiero tampoco mirarlo, en este momento su presencia es sólo un estorbo. Creo que es imposible de ocultar. Si, me siento como un pozo seco, o una habitación abandonada, vacía, pero resulta que cuando alguien grita dentro del pozo o la habitación, descubre que el pozo no estaba vacío, sólo faltaba una energía que pusiera a vibrar todas las partículas que estaban allí dormidas. Así soy yo, parezco vacía, oscura y profunda, pero sólo hay que agitarme un poco. Él se ríe nervioso, trata de convencerme de continuar con el discurso “Si creo que la nada es un sentimiento de vacío…” dice creyendo que sabe lo que dice. “La nada es nada. El vacío es vacío. Son dos cosas muy distintas” Dije para callarlo de modo engreído, quizá demasiado para mi gusto, pero en realidad ya no tengo ganas de explicarle que por ejemplo, si el espacio fuera vacío, cómo viajaría la luz y el sonido a través de él? …. El vacío está lleno de ether (un término viejo, aún hoy se trata de comprender de qué se compone el vacío, se intuye la presencia de una partícula, llamada la partícula de Higgs, o la partícula divina) Y más aún, si tienes un sentimiento de vacío, o el que fuere, cómo puede ser nada? Parece que mi cabeza no me permitirá follar nunca más. “Pero si la nada es el mismo vacío” repica, quiere convencerme de algo que ni él mismo sabe. Te quedaste en 1700 en la época de Newton. Le digo en mis adentros. Respiro y me calmo, no puedo obligar a la humanidad a interesarse en aquello que a mí me interesa. Me relajo. Pongo una cara amable. “Ha sido un gusto Gregorio, ahora voy a casa, estoy cansada, gracias por intentarlo”

Otra noche arruinada por mi cerebro, mi útero nuevamente hace sus reclamos “Ya te vas a encerrar a pensar en la nada, el vacío, la energía oscura y todas esas huevadas, cuando pudiste haberte divertido y pasar un rato placentero aromatizado con hormonas masculinas, pero no, es justo esa falta de contacto lo que te tiene amargada, admítelo!” Mi mente inquieta le responde de inmediato cargada de orgullo “Sabes qué? Prefiero quedarme sola reflexionando, a fin de cuentas la verga después de un rato se muere y sólo queda un cuerpo flácido tirado encima de uno. Me voy a pensar en la nada, y tu… tu vete a la mierda”

Una noche en una calle

    • … Oye y tus penas de amor, cómo terminaron??

    • Como uno siempre sospecha. Lo mas terrible del amor es que se olvida. Es así de simple. La amaste, te amó. Y se termina. Algo queda siempre. Y según pasa el tiempo, se hace un recuerdo mas lejano, hasta el punto de convertirse en una anécdota.

    • Terrible. Es terrible.. es justamente esto lo que me perturba. Cuando pienso en los amores que tuve no puedo evitar sentir un vértigo. Parece que todo finalmente se esfuma. Cómo puedes volver entonces a querer meterte en esto?

    • Porque uno se olvida. De verdad. Es como no recordar un accidente de coche. O un trauma infantil. Es un sistema de protección. O depronto lo recuerdas pero aniquilas el recuerdo del sufrimiento, y como amar es sufrir…

    • Pero no! Yo quiero creer que es más sublime que un simple archivo perdido en el disco duro de la memoria. Pero creo que tienes razón, basta volver a amar para volver a soñar, a sufrir…basta volver a amar para olvidar.

    • No lo sé. Yo por lo menos funciono así. Olvido muy rápido.

    • Te olvidaste de ella?

    • ¿De ella? No, de ella no. De lo doloroso que fue todo, si.

    • La amas todavía?

    • ¿Ahora? No. Ahora estoy con Tania. Pero ella siempre será alguien importante en mi vida, seguramente más ella para mí que yo para ella.

    • Eres libre… Todavía recuerdo cuánto sufriste. Al menos te liberaste del sufrimiento.

    • Eso es una ilusión. Ahora soy de otra.

    • Y amas a Tania?

    • Si… Amar después de la primera vez parece mas natural.

    •  Para mí en cambio, se me hace difícil  amar así como la primera vez. Entre más amores, más desamores, entre más desamores, más heridas, entre más heridas, más paranoias y miedos, y entre más paranoias menos libertad…. Me acuerdo hace un tiempo que me decías que nunca podrías olvidarla, que era la mujer de tu vida, que soñabas con estar con ella por siempre… y más…

    • Lo fue. Pero uno vive muchas vidas. Muchos Ahoras.

    • Pero siempre traté de decirte eso… y te ponías super testarudo..

    • Estar enamorado no es ser el hombre mas razonable.

    • Cierto, y eso es justamente lo que me encanta… ser capaces de perder toda lógica, toda razón…ha de ser por esto que sufrimos.

    • ¿Cuando querrás dejar de sufrir por tus propias cavilaciones?
    • Perdona pero porqué otra cosa se supone que uno deba sufrir sino por nuestras propias reflexiones nocturnas?
    • Venga . Vámonos de cerveza. Vinos. Whisky. Vámonos.
    • Somos dos putos gatos tu y yo, vagando entre los basureros de la ciudad.
    • Una gata y un perro… Me gusta la diferencia.

Cavilaciones en vigilia

cómo voy a creer / dijo el fulano
     que el universo es una ruina
     aunque lo sea
     o que la muerte es el silencio
     aunque lo sea

-Utopías, Mario Benedetti

Hace mucho que quería escribir pero las palabras me eran esquivas. Hace mucho que quería escribirme, reinventarme, reencontrarme, como en los viejos tiempos de alcoholismo y depresión. Y mientras tanto, Cómo puedes sonreir así? Cómo te llamas cuando ries así… tan … exquisitamente? Quién puede reir así? Qué clase de alma viaja por el mundo sin pesares, sin miedos, como la tuya?… Hace mucho que quería escribir, sin pensar, sólo escribir en un mero ejercicio de catarsis. Pero hoy mi catarsis tiene mil rostros, los tuyos, los míos, los nuestros. Camaleónicas miradas que cambian a cada instante con tan sólo el poder de un mínimo pensamiento, como cuando te quedas en silencio con la mirada pesada sobre el horizonte. Y es que a veces nos alejamos como lobos que se gruñen en el bosque frío, buscamos cada uno nuestra comida y nos paseamos solitarios entre los árboles de la habitación con el hocico lleno de sangre. Ya conozco tus colmillos, sé cuánto hieren. Otras veces rasguñamos la puerta y maullamos para poder entrar a la casa caliente, lamernos mutuamente, recostarnos cerca de la chimenea, dormir.

Recuerdo todavía cuando me sentenciaron a muerte, aún no había nacido, ni siquiera en la imaginación, a un alma ausente, a un corazón demente, a un sufrimiento adictivo. Y así soy, aqui estoy, bella, alcoholica, y completamente perdida en la utopía de una vida construída solamente con irracionalidad. Y aqui estoy en alguna parte del camino, sin entender si es el comienzo, la mitad, el final, el quinto tramo, o quizá éste ni siquiera es el camino, pero estoy caminando y con los pies descalzos. Cargo en la mochila miles de años de pensamiento, de sufrimiento, de dudas pesadas como piedras. Cargo en la mochila varios kilos de carne cruda humana para cuando siento hambre. Cargo también con un labial rojo y una navaja para las noches solitarias en la ciudad de la niebla.

No puedo amar confieso, soy la sombra, silenciosa, vigilante, solitaria, vacía. Observo. Vivo detrás de los objetos tocados por la luz. Quien pueda ver mi rostro podrá encontrar la indiscutible soledad, la soledad del alma. Pero mi soledad es terriblemente bella, sólo soy en ella, es como existo. Cómo puede amar un gato de calle? Cómo puedo ser yo misma sin estar sola? Y es que no soy yo, es por esto que eres verdugo. Cuando me besas siento la muerte que respira detrás de mi cuello, y sin embargo, no puedo reclamarte nada, depronto, siempre estuve muerta y es la vida la que respira detrás de mi cuello. Es el corazón que bombea oxígeno a todo motor, que literalmente me mata de vida. Entonces vivo fingiendo que no me asusto cuando camino bajo este cielo gris que bien conoces, fingiendo que no escucho el eco de nuestras risas y nuestros llantos, de las risas y los llantos de los demás, fingiendo que puedo caminar sola con las manos congeladas entre los bolsillos, fingiendo que no me viene la rabia de saberme completamente jodida. No puedo oir la noche sin todos tus acordes, no puedo contemplar el cielo sin odiarlo por ser inalcanzable, no puedo escribir estas líneas sin sentirme la más sucia de las promesas, no puedo mirar mi propio rostro sin ver en él todas las viejas cicatrices que el tiempo me ha dejado. Y las tuyas? Recién volviste cansado de la batalla y  la sangre aún emana de tus heridas, déjame quitarte las botas.