Archivo mensual: enero 2018

Un flamingo en la cocina

La recuerdo entera. Recuerdo cómo mis dedos minúsculos se aferraban a sus muslos, mientras mis uñas sin querer se hundían en su piel morena. Mis brazos enteros daban la vuelta a sus piernas, y mi cara se amoldaba a la forma de sus caderas y de su vientre. Su voz me miraba siempre desde lo alto, eligiendo en perfecta resonancia las palabras precisas que se amarraban una después de otra. Recorro su espalda y veo cada una de sus vértebras cuando estaba sentada desnuda, sin sostén, corvada en el borde de la cama, pensando, observando sus pies. Los pies de su abuelo, largos y delicados, con el segundo dedo más largo que el pulgar. Cuando cocinaba encendía la radio y la sintonizaba en la emisora de los vallenatos y porros viejos. Solía plantar el pié sobre el muslo y quedarse en perfecto equilibrio como un flamingo rosado de la Guajira, luego con calma cambiaba de pié y seguía cocinando, tarareando. Iba siempre descalza, como queriendo sentir con sus pies todas sus raíces, todas las vibraciones del suelo, el calor de los pasos que habían recorrido esa casa, la misma de Pau Pau. Recuerdo sus senos y cuánto quería que fuesen míos. Esas tetas fuertes, de matrona imponente y de madre joven. Un poco más abajo su ombligo, que me parecía siempre la profundidad que no habría alcanzado nunca. Apretujaba mi rostro contra su panza queriendo entrar por allí, y quedarme en sus entrañas, y vivir ahí, para siempre, pero no lo conseguía. Sin embargo, al cerrar los ojos, y con un poco de concentración, lograba hipnotizarme con el sonido de su corazón, que vibraba en la punta de un pétalo invisible, tan claro y tan fuerte, que si por un momento dejo de escribir y cierro los ojos, lo siento, y mi corazón se agita queriendo sonar al unísono. Entonces, metía sus manos perfectas entre mi pelo y me lo enmarañaba riendo, abría los ojos y buscaba los lunares de sus manos para asegurarme una vez más que era ella, y era ella! Así, de un lunar a otro, subía por sus venas por sus delicados brazos. El izquierdo marcado por una cicatriz de varicela. Subo un poco más y encontraba cómo en su cuello se anidaban tantas esperanzas. Entonces veía su cara, con un poco de temor y vergüenza. Mirarla a los ojos era confesarse. A veces, cuando algo turbio daba vueltas en mi conciencia, le quitaba la mirada, segura de que ella leía mis pensamientos. Sí, los leía. Con esos ojos negros grandes y brillantes, que ocupaban mitad de su cara, sólo para dar paso a una boca dibujada por Dios y una sonrisa que cuando alumbraba, y no era siempre, se podían ver con claridad todas las praderas del porvenir. La recuerdo entera, y ahora me pierdo en su cabello negro largo, cabello de negra, enredado, interminable, como ella.

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La hora de la nada

Y bien, has vuelto. Qué vienes a buscar? Símbolos negros sobre un espacio blanco que den sentido a algo? Algún significado? Una pista? O quizás belleza, poesía, un refresco para el alma? En el segundo que marca la diferencia entre un día del otro, escribo esto para llenar un espacio vacío que hay en mi cerebro. Los últimos dos días han sido un fluir con un único sol y una única luna, y aún así se cuentan 48 horas. Así mismo se dividen dos años, pero la división del tiempo es sólo una división mnemónica, visual, abstracta, el tiempo no se puede cortar, su fluir es constante, como el sonido de nuestras palabras que se tocan con la otra haciendo de nuestros discursos una cascada constante. Las palabras y cada uno de sus significados las dividimos en nuestras mentes, en un segundo o tercer momento, sólo cuando necesitamos detenernos a hacer cuentas, a pensar bien. Luego están las comas, los segundos, los punto y comas, los dos puntos, los minutos, los medios días, y los días, las noches, los meses, los signos exclamativos, los años, los párrafos, las comillas, los paréntesis, las canciones, los semáforos, los ritmos, el latido del corazón, la respiración, una palabra, una sílaba, una frase, una tarde, este texto. Abres esta puerta buscando algo, a mí quizás, a mi fluido de pensamiento, al tiempo que he dedicado a este momento, que señala el límite entre el hoy y el mañana, o quizás tu estás tratando de darle sentido a este espacio de tu tiempo… que no llega, que no se llena, que está en blanco, como el espacio que sigue después de cada letra. Con qué quieres que lo llenemos querido lector? Con un pensamiento mío o con un pensamiento tuyo? O porqué no, con un pensamiento de ambos? Será posible crear un pensamiento único sin que esto sea una dictadura de quien escribe? Un pensamiento tornasolado, que se mueva y cambie de color, que brille y deje espacios de luz que bañen la cara, un pensamiento que pueda tomar cualquier forma, que entre por los ojos y los oídos, la boca, la nariz, que toque la lengua y agite el pelo, baje por el cuello hasta los pies erizando cada poro de la piel, vuelva y suba y se meta en el pecho, y lo empuje, y bombee vida, y sangre y calor, y te haga respirar y exhalar estrellas. Esta es la hora de la nada, en menos de un segundo será un nuevo día, y no notarás la división, porque el tiempo no se detiene, ni la vida, ni la energía, ni el pensamiento y así, este texto se queda sin punto final