La voz en la tierra

Mis raíces han colonizado su pedazo de selva,
Fuertes, se han consolidado para siempre,
sellaron su forma, su alcance.

No hay viento que derrumbe mi tronco,
ni tormenta que apabulle mi follaje,
de aquí al cielo, mi existir se abre.

En la tierra quedan las voces
de la madre y del padre,
de todos los abuelos, del noble linaje.

Susurran mi nombre al infinito,
calientan el cuerpo y la sabia,
el lecho vegetal, la cuna del niño,
la eternidad del alma.

Renunciar a los libros

Los libros son para la gente con casa.
Si eres un nómada verdadero, no conservas los libros.
Los lees, los regalas, los vendes, los compras, los prestas, pero no los conservas.
Los libros son para la gente con casa.
Si se te acabó la leña, puedes siempre echar algunos libros a la chimenea,
o una enciclopedia de comienzos del siglo XX. Queman muy bien.
Si te hace falta una mesa, puedes usar los libros como patas y poner una tabla encima.
La chimenea y la mesa, sin embargo, son objetos que puedes tener, si tienes una casa.
Los libros son para gente con casa.
Si no tienes casa, la logística del transporte de los libros puede ser complicada o costosa o pesada.
Muy pesada, especialmente si te has dado el lujo de poseer muchos libros.
Los libros, por ende, no pueden ser poseídos sino por gente con casa.
La gente con casa es gente privilegiada. Pueden coleccionar objetos.
Los libros son buenos objetos de colección.
Aportan un aire elegante e intelectual a la casa. Un olor agradable a viejo eremita.
Recapitulando,
Libro igual casa, casa igual lujo, libro igual lujo.
Casa es igual a vida estable.
Movimientos esporádicos no es trashumancia.
Trashumancia no acepta libros. Trashumancia acepta pies o patas.
Renunciar a los libros, no es renunciar a la palabra,
es renunciar al objeto, es renunciar a la casa, es renunciar a la vida estable.

Dilema Historial

Hay algo trágico en el vivir la vida con alta intensidad cardíaca e intelectual. Los segundos vividos se multiplican, sobrepasan aquellos de quienes viven menos intensamente, y la carga de pasado se convierte en un yugo de incesantes pensamientos que hacen del movimiento vital una tarea fatigosa. Dentro de esta tragedia hay sin embargo mucho de orgullo y gozo cuando se trata de celebrar dicha intensidad, pues de alguna manera nos condecora. Ilumina el jardín con desordenados colores y a su vez lo oscurece, le resta espacio solar. He allí donde hay que encontrar un equilibrio escurridizo, basta poco para ensombrecer la memoria, basta poco para despojarla de su apoteósica y auténtica calidad. Tanto se desea olvidar, tanto cuanto se desea recordar. La selección entre lo que nos avergüenza y lo que nos enorgullece es tentadora. Entre lo que se quiere conservar y lo superfluo. Dicha discriminación tiene un alto precio que no siempre estamos dispuestos a pagar, otras veces sí, se hace el gasto sin mayores restricciones, no tanto porque sea necesario o justo, sino por lujo y conveniencia. Y aún así, no se puede elegir vivir menos intensamente, con menor carga vital. Eso no está en el contrato.

Este enero

Nadie va a decir que esta nieve es gracias a la cuarentena del año pasado. Nadie va a venir a contar los proyectos olvidados en el camino. Nadie cree ya en los posibles futuros desvanecidos entre las palabrerías de los noticieros. Nadie se va a poner a escribir las ideas que se nos olvidaron lavando los platos durante el otoño, o a rescatar los calabacines que no nos logramos comer en sopas, pastas y platos de ensalada. Las cuentas bancarias se secaron repletas de monedas inutilizadas, esa plata se quemó. Se quemaron los cuadernos, se quemaron las manos, se quemaron los cuerpos, se quemaron los fondos de ilusiones para el mañana. Y bueno, es enero otra vez, la cuenta comienza desde cero, como siempre, no te engañes.

Paseo de vuelta

Bosque
Nieve
Sol
Regreso a la ciudad desierta
Sin sonidos,
un humano camina contra el viento
ajusta su chaqueta a la cintura
y levanta el cuello
las botas migran hacia el reencuentro
en el bosque el árbol respira
la nieve aguarda
el sol ignora el tiempo
la ciudad es una iglesia vacía
una música lejana
una vela encendida