Un flamingo en la cocina

La recuerdo entera. Recuerdo cómo mis dedos minúsculos se aferraban a sus muslos, mientras mis uñas sin querer se hundían en su piel morena. Mis brazos enteros daban la vuelta a sus piernas, y mi cara se amoldaba a la forma de sus caderas y de su vientre. Su voz me miraba siempre desde lo alto, eligiendo en perfecta resonancia las palabras precisas que se amarraban una después de otra. Recorro su espalda y veo cada una de sus vértebras cuando estaba sentada desnuda, sin sostén, corvada en el borde de la cama, pensando, observando sus pies. Los pies de su abuelo, largos y delicados, con el segundo dedo más largo que el pulgar. Cuando cocinaba encendía la radio y la sintonizaba en la emisora de los vallenatos y porros viejos. Solía plantar el pié sobre el muslo y quedarse en perfecto equilibrio como un flamingo rosado de la Guajira, luego con calma cambiaba de pié y seguía cocinando, tarareando. Iba siempre descalza, como queriendo sentir con sus pies todas sus raíces, todas las vibraciones del suelo, el calor de los pasos que habían recorrido esa casa, la misma de Pau Pau. Recuerdo sus senos y cuánto quería que fuesen míos. Esas tetas fuertes, de matrona imponente y de madre joven. Un poco más abajo su ombligo, que me parecía siempre la profundidad que no habría alcanzado nunca. Apretujaba mi rostro contra su panza queriendo entrar por allí, y quedarme en sus entrañas, y vivir ahí, para siempre, pero no lo conseguía. Sin embargo, al cerrar los ojos, y con un poco de concentración, lograba hipnotizarme con el sonido de su corazón, que vibraba en la punta de un pétalo invisible, tan claro y tan fuerte, que si por un momento dejo de escribir y cierro los ojos, lo siento, y mi corazón se agita queriendo sonar al unísono. Entonces, metía sus manos perfectas entre mi pelo y me lo enmarañaba riendo, abría los ojos y buscaba los lunares de sus manos para asegurarme una vez más que era ella, y era ella! Así, de un lunar a otro, subía por sus venas por sus delicados brazos. El izquierdo marcado por una cicatriz de varicela. Subo un poco más y encontraba cómo en su cuello se anidaban tantas esperanzas. Entonces veía su cara, con un poco de temor y vergüenza. Mirarla a los ojos era confesarse. A veces, cuando algo turbio daba vueltas en mi conciencia, le quitaba la mirada, segura de que ella leía mis pensamientos. Sí, los leía. Con esos ojos negros grandes y brillantes, que ocupaban mitad de su cara, sólo para dar paso a una boca dibujada por Dios y una sonrisa que cuando alumbraba, y no era siempre, se podían ver con claridad todas las praderas del porvenir. La recuerdo entera, y ahora me pierdo en su cabello negro largo, cabello de negra, interminable, como ella.

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La hora de la nada

Y bien, has vuelto. Qué vienes a buscar? Símbolos negros sobre un espacio blanco que den sentido a algo? Algún significado? Una pista? O quizás belleza, poesía, un refresco para el alma? En el segundo que marca la diferencia entre un día del otro, escribo esto para llenar un espacio vacío que hay en mi cerebro. Los últimos dos días han sido un fluir con un único sol y una única luna, y aún así se cuentan 48 horas. Así mismo se dividen dos años, pero la división del tiempo es sólo una división mnemónica, visual, abstracta, el tiempo no se puede cortar, su fluir es constante, como el sonido de nuestras palabras que se tocan con la otra haciendo de nuestros discursos una cascada constante. Las palabras y cada uno de sus significados las dividimos en nuestras mentes, en un segundo o tercer momento, sólo cuando necesitamos detenernos a hacer cuentas, a pensar bien. Luego están las comas, los segundos, los punto y comas, los dos puntos, los minutos, los medios días, y los días, las noches, los meses, los signos exclamativos, los años, los párrafos, las comillas, los paréntesis, las canciones, los semáforos, los ritmos, el latido del corazón, la respiración, una palabra, una sílaba, una frase, una tarde, este texto. Abres esta puerta buscando algo, a mí quizás, a mi fluido de pensamiento, al tiempo que he dedicado a este momento, que señala el límite entre el hoy y el mañana, o quizás tu estás tratando de darle sentido a este espacio de tu tiempo… que no llega, que no se llena, que está en blanco, como el espacio que sigue después de cada letra. Con qué quieres que lo llenemos querido lector? Con un pensamiento mío o con un pensamiento tuyo? O porqué no, con un pensamiento de ambos? Será posible crear un pensamiento único sin que esto sea una dictadura de quien escribe? Un pensamiento tornasolado, que se mueva y cambie de color, que brille y deje espacios de luz que bañen la cara, un pensamiento que pueda tomar cualquier forma, que entre por los ojos y los oídos, la boca, la nariz, que toque la lengua y agite el pelo, baje por el cuello hasta los pies erizando cada poro de la piel, vuelva y suba y se meta en el pecho, y lo empuje, y bombee vida, y sangre y calor, y te haga respirar y exhalar estrellas. Esta es la hora de la nada, en menos de un segundo será un nuevo día, y no notarás la división, porque el tiempo no se detiene, ni la vida, ni la energía, ni el pensamiento y así, este texto se queda sin punto final

Mi guardi bene gli occhi

Cercare nella storia l’elemento che non si vede. Assumere il presente come si assume il partito che ha vinto l’elezioni. Raccogliere le rovine del futuro. Osservare la vita come un perimetro che limita le possibilità. Da qualche metro in lá ci sono le impossibilità. Verso est quello per cui non si ha più tempo, verso ovest quello per cui non si hanno più le forze, verso sud quello che hanno fatto gli altri, quello che non è più originale, verso nord quello per cui non si ha più voglia, quello che ormai sembra senza senso.
Hai il tuo passaporto in mano: non riconosci la lingua in cui è scritto, nè la tua naturalità. Le date sono geroglifici futuristi. L’unica cosa che capisci è il soggetto della foto. Sei tu. Consegni il passaporto al Gendarme della frontiera.
Gendarme (senza staccare lo sguardo dal passaporto): Occhi marroni
Dentro di te, irritato: Non sono marroni. Sono verde oliva oscuro.
Vai alla pagina numero 33 e vedi che è vuota, qualche pagina fa non ce ne sono più timbri, più segni, più date, più entrate, più uscite. O+ il tuo sangue, quello più comune.
Nello sguardo del gendarme trovi l’indifferenza. Cerchi disperato nelle pagine del tuo passaporto un filo logico, una narrazione, qualche cronologia. Un personaggio c’è, e un tempo, una data di rilascio e una scadenza.
Gendarme: Che ha fatto il 18 aprile del 2011?
– Non ricordo
Gendarme: Con chi si trovava?
– Non ricordo
Gendarme: Dove si trovava all’ora del tramonto?
– Non ricordo
Gendarme: Riproviamoci. Il 25 novembre del 2014 lei doveva essere in Argentina, giusto?
– Si.
Gendarme: Con chi si trovava?
– Forse con la mia ex.
Gendarme (sospira impaziente): Forse…    Cosa ha fatto fra le 9 e le 12 ore?
– Non ricordo
Gendarme: Cosa ha fatto al pomeriggio?
– Non ricordo. Mi permetta controllo sul telefono, forse trovo qualche foto.
Gendarme: Non è possibile. Il suo telefono è confiscato. Lei dovrebbe ricordare. Dico, sono i giorni più importanti della sua vita.
– Ma non sono i giorni più importanti della mia vita!
Gendarme: Lei pensa questo, ma nei nostri quaderni, Lei, nel corso dei suoi 11.680 giorni di vita, ha un accumulato di 23 giorni P.I.V, cioè, logicamente: Più Importanti della Vita.
– 23?
Gendarme: 23.
– Ma che è successo in quei giorni?
Gendarme: Lei dovrebbe sapere. Non è compito nostro rivelare questa informazione.
– Ma si sta parlando della mia vita!
Gendarme: Appunto. Pare che non gli interessi molto.
– Faccia dirlo a me! Se m’interessa o no la mia vita!
Il gendarme riconsegna in mano il passaporto chiuso.
– Mi guardi bene gli occhi! Non sono marroni! Sono verde oliva!

Configurazione #1

Non ho mai pensato che potevo avere il meglio,
Allora ho scelto sempre il peggio.

Vivere la eternidad

Ecco qui l’eternità.
Una massa corposa passata di mano in mano,
cargada en solitario uno a uno,
compartida como espacio de ambos.

Ti annoierai di me

Ti imbarcherai in un viaggio da solo
Sequestrerai il tuo coraggio e
Travaglierai per non pentirti
Vivrai ogni giorno fra gli stenti
– sotto un brillante sole che non scalda –
Percorrerai, senza sapere, un labirinto in cerchi
Dissotterrerai con le unghie attimi di bisognoso piacere
Naufragherai nel mare della retorica
Annegherai i tuoi desideri in un fuoco contenuto
Scoprirai d’essere la preda di te, Magnifico cacciatore,
Vedrai smarrire la persona che pensavi d’essere
Ti stancherai di vedere il tutto così vicino ma così lontano
Sprofonderai le caverne per trovare solo il vuoto
Contemplerai un vile desiderio di grandezza
Brucerai in una fredda stanza fatta di parole
Piangerai in silenzio una felicità amara
Comprenderai con l’intelletto ma non con il cuore
– che continua a premere la gola –
Confonderai la tua forza con la tua miseria
Diventerai prigioniero dei tuoi sogni più belli
Morirai prima di sfiorare la vittoria
Sei convinto di uscirne vincitore
ma verrai sconfitto
dalla tua propria speranza.

No sabemos nada

No sabemos nada.
No sabemos nada.
No sabemos nada de nada.
Ni de las miradas que sin escrúpulos nos llaman,
cuando caminamos
en la oscuridad de los helechos
que protegen la calle que lleva a nuestra casa.
No sabemos porqué nos sujetamos del dolor,
a la polaroid descolorida de un pasado que hirió
dejando para el presente lo no aprendido.
No sabemos cuándo nos hicimos fango
y no arcilla,
cuándo nos adherimos a la suela de la bota vieja
de un migrante albanés.
No sabemos cómo andar
sin quejarnos
del calor y del frío,
de la lluvia y de la sequía,
de lo lejos que está todo,
del estar vivos.
No sabemos quién nos quitó la cerveza de la mano
y nos empujó al centro de ese escenario,
que era en realidad un desierto milenario.
No sabemos nada de nada.
Ni de las voces que se silencian
cuando pedaleamos en los barquitos del parque,
en las tardes del noviembre que vendrá.
No sabemos.