Mi si è bruciata la moka

Il tempo è passato e il caffè evaporato.
Ma la mia mente volava lontana.
La moka non c’è più.
Scenderò al bar a prendere il caffè.
Comprerò una moka nuova.
E la mia mente?
Quella bruciata rimane.
Col suo odore a pensiero carbonizzato.

Insignificancias

Internet se ha vuelto aburrido.
Hace 10 años era una ventana a infinitas posibilidades.
Hoy, nos ha achicado el mundo.
Abrimos la ventana para toparnos con la pared del edificio de enfrente.

Sempre con moto

Vorrebbe il poeta diventare solo anima
scomparire come un animale senza rifugio
lanciarsi all’acqua senza arti
vivere mentre sogna
sublimarsi nel cosmos
vedere il proprio riflesso nello specchietto
come quando si rade la barba
o come quando si fissa negli occhi
Vorrebbe il poeta essere re
percorrere il proprio castello e quello del nemico
vincere la lotteria
dedicarsi alla nobiltà del suo cappuccino
chiudere i fogli del giornale
camminare verso il faro più a nord
uccidere tutti senza uccidere nessuno
suonare il violino in quella chiesa
diventare uomo e diventare dio

e

così ancora
e ancora

Esperaré el verano con el alma en pausa

No miraré tus ojos con incandescente furor,
no abrazaré las piedras frías de esta casa,
no me quitaré el abrigo para dormir
no beberé el vino de la consolación.

Callaré los tambores de mis dientes,
lanzaré mis últimas hojas al lago congelado,
escribiré una interminable alegoría a la primavera
y cada noche la quemaré en tu chimenea.

Me soltaré la trenza cuando vengan los fuegos del sur,
liberaré mis senos de las letras acumuladas,
caminaré sobre la nieve derretida,
germinarán en nosotros aires de frambuesas,
moras,
y fresas.

E inició la revolución

Es hora de levantarse
se dijeron a sí mismos
científicos, filósofos y pensadores
activaron el plan final
y extrajeron sus cerebros de sus cráneos
la masa crítica de este planeta
inició a moverse como un ciempiés sin cabeza
pronto habrían muerto todos
sólo los músicos sobrevivieron
a ellos
el futuro les enseñó su rostro
tenía la forma de un espacio vacío
sin inicios
sin finales
a la máxima filosofía
ya no le sobraban piezas
era la vida repentina
era el hombre puro
era el silencio
un aliado encontraron
los seres vivos de la tierra

Vía 40.22.47

Hay algo en esta ciudad que me embrutece,
sus ventanas sórdidas,
sus ganas de hacer nada,
su necesidad de aparentar,
los pobres sentados bajo el árbol,
viendo sus piés engordar, y sus uñas clavarse en sus dedos.
Veo los niños jugar con la basura
y a las mujeres parir niños de hombres sin cara
de los cuales se niegan a dar el nombre
y dan a sus retoños el nombre del abuelo.
Veo a los hombres jóvenes limpiando los vidrios de los carros
mirando a los ojos a otro pobre igual que ellos
del cual obtendrá una moneda para comprar el pan
que alimentará al niño de pelo desteñido que duerme en los brazos
de la muchachita que espera otro niño
que dormirá -también él- bajo la sombra del único árbol del bulevar.
El sexo mismo es la única recompensa de la existencia,
hijos y enfermedades son meras consecuencias del acto,
como cagar después de comer.
Detrás de las ventanas,
las escuálidas luces de neón iluminan la sala
con la televisión encendida,
y a veces entre comercial y comercial
la familia entera habla entre sí,
de los gritos del vecino que le pegó a la mujer,
de las cuchilladas que esta le clavó en el hombro,
del niño que se cagó en la terraza de la casa frente a todo el vecindario,
del usurero que llegó a cobrar a las malas,
del tío abuelo demente,
del cantante periquero,
del celular de moda,
del pelo de la otra.
Sí, he estado en este lugar,
hoy y ayer también,
no veo esperanza para ellos
los que no toman posición,
los que no quieren leer,
los que comen, copulan y ven por la ventana.
Y no hay esperanza para nosotros,
los que vemos,
tan sólo vemos,
con o sin cariño,
creyendo que algo hacemos,
creyendo que un día algo cambiará,
creyendo que no somos nosotros,
los que comen, copulan y ven por la ventana.

Brotar

Si te hubiera amado más
si te hubiera dicho cuánto te necesitaba
si hubiera entendido que tu visión de la vida había atravesado el umbral del ego,
ese espejo clavado en la nada que refleja únicamente la propia cara.
Si hubiera entendido que ya tú estabas del otro lado,
observando el mundo,
observando a mi hermano,
observándome.
Si hubiera tenido la lucidez para ver que ya habías trascendido
y que no me quedaba más que acurrucarme en tu vientre,
dejarme abrazar por la vida en su estado más sublime,
de la vida consciente de su mortalidad,
de la tragedia en estado puro,
cuánto no habría aprendido,
cuánto no nos habríamos amado.
Habría compartido contigo el pan de la vida,
y habríamos comido las dos,
y habríamos sonreído con las lágrimas en los ojos
brotando
como estrellas que se reflejan en la suave corriente de un río.