Castel Dho

Una llamada que conduce a un túnel.
El túnel atraviesa el castillo.
El túnel atraviesa el año 1000.
La última luz eléctrica.
Advertencia intermitente.
En el suelo, un pájaro recién muerto.
Mordidas de gato.
Olor a humo antiguo.
Madera impregnada de tiempo.
Piedra cargada de almas.
Ojos que miran desde las ventanas silenciosas.
Ojos que aguardan detrás de los muros oscuros.
Puertas entreabiertas que respiran.
Viento inmóvil que sale de mi pecho.
Tropel de gritos inquietos.
Estampida de pasos mudos.
Leyendas que se autonarran.
El túnel no termina.
Mi sangre tampoco.
Mis pupilas se agrandan hasta volverse un ojo negro.
Mis orejas se alargan y agudizan.
Mi cuello gira de un lado a otro observando el mundo.
El túnel no termina.
Mi sangre tampoco.
El corazón respira humo.
Los pies, frío.
El silencio habla otro idioma.
El vacío está poblado.
Mi garganta lo sabe.
El túnel se abre al cielo rojo.
Poco a poco vuelvo a respirar la noche.
Vuelvo a adquirir forma humana.
Sólo que ya no soy yo.

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Umwelt

Veo el mundo y dentro de él diminutos mundos únicos que se multiplican como ojos que ven sólo una burbuja. Los círculos viajan con su ojo cada uno entero en su alteridad. La energía de la vida viaja y fluctúa a través de cada uno de ellos. Todos los mundos se mueven sobre los caracoles que lo cargan de un lado a otro del jardín. Con paso lento y pesado se desplazan bajo los diamantes líquidos que caen desde lo alto, y luego se esconden del calor que emana de aquella gigante fuente de luz, y asoman la cabeza para comer un poco de esa delgada línea verde, o cavan un agujero bajo ellos abriéndose paso entre pequeños puntos. En el jardín ninguno ve lo que el otro ve, ninguno es capaz de concebir que el otro vea de manera distinta la misma línea verde o los diamantes líquidos. La física se reafirma y todo lo demás “pura pintura mental”. Pero qué está cubriendo la pintura?

(x)Perceptio

Lo que crees que es real es tu lectura de la realidad.
Pues de la realidad percibes sólo la superficie.
Debajo de la superficie no hay nada,
y si lo hay,
tú no tienes acceso.
No con los sentidos.
La realidad tiene la forma de una cadena infinita
de significantes sin referente,
de significados letrados,
de signos mutantes.
No hay un referente último,
como no hay una realidad última.
No hay un significado último,
como no hay una mente inmóvil.
No hay partícula.
No hay unidad.
Sólo espacio,
imperceptible.

Un grito estúpido

A nadie deseo nacer mujer.
Vivir sabiendo que la sonrisa caduca,
vivir sabiendo que la carne está siempre expuesta.
Llamarse María Culpa, o Cecilia Angustia,
y que ese nombre ruede en la boca de los hombres
cuando cuentan los miles de imperfectos, y lo poquito que se salva:
cuando te comparan, cuando especulan, cuando te imaginan de rodillas ante ellos,
cuando se vanaglorian si en el primer encuentro entraron por tu recto,
cuando te escriben o te llaman o te invitan a dar una vuelta,
y sabes que esperan sólo poder vencer al alba,
ya no por conocer el placer, sino por poner una nueva estrella en el tablero de sus egos.
Porque tu nunca haces lo que quieres, sino lo que ellos lograron que tu hicieras.
Saber que en boca de las mujeres eres todo menos ternura,
eres rapaz, ave de mal agüero, rival, enemiga, cabrona,
la que peor va vestida, la gorda o la flaca, todo, todo lo malo.
Y ay! donde mires a su hombre aunque sea para decir “buenos días”.
Vivir sin saber cómo hablar, cómo sonreír,
porque cualquier gesto, palabra o acción puede ser malinterpretado.
No caminar sola, nunca, y tanto menos si el sol no acompaña.
Maldita luna que no proteges.
Maldita luna que me haces mestruar.
Maldita luna que me revuelves el alma.
Maldita luna que me haces sentir nada.
Ser mujer y tratar de triunfar, al menos, en los espacios reservados para las mujeres,
porque somos la minoría más grande de la especie.
Aceptar que ahora todos hablen de nosotras y de nuestras luchas,
porque es necesario hablar de feminismo
y aún así sentirte inútil y ridícula,
porque vivimos sabiendo que nadie entiende realmente
que nadie nos cree cuando nos duele algo,
que nadie nos cree cuando estamos cansadas,
que nadie nos cree cuando la intuición habla.
Y escribo esto y me lleno de ira,
y quiero borrar este grito, retractarlo,
porque me doy cuenta que decir mujer, no es decir nada,
que son tantas cosas y tantas tan malas,
que incluso la voz del poeta que se inspira en su musa,
se vuelve un insulto.
Vivir sabiendo que cada día hay que luchar contra el tiempo,
contra la sociedad,
contra los hombres,
contra las mujeres,
contra ti misma,
contra todo.
A nadie deseo nacer mujer,
porque es nacer en guerra.

Essere Non

E passeranno gli anni.
Li vedrai uno dietro l’altro entrando in Aula Magna.
Passeranno proprio davanti ai tuoi occhi per poi sedersi in ordine cronologico,
dal più recente al più antico,
dall’ultima fila di sedie fino alla prima.
Incominciano ad entrare bambini ermafroditi con la saggezza di un centenario.
Poi adolescenti adulti esuberanti e ribelli,
ognuno con la sua personalità
non ci sono due minimamente simili.

Tutti portano il proprio quaderno e la propria penna,
che è diverso da quelli degli altri.
Gli anni dell’infanzia sono quelli più anziani,
di lunghe barbe bianche e occhi dolci,
e si siedono tutti in prima fila.
Arriva quello più anziano per ultimo,
cammina verso la sua sedia aiutandosi da un bastone,
emanando un’aria di solennità
che fa sentire il rispetto che gli professano gli altri anni.
Ma rimane ancora una sedia vuota.
La prima sedia,
l’anno Zero.

In silenzio ognuno si alza
e si avvicina a te,
che li aspetti sulla cattedra.
Senza dire parola, ogni anno viene giudicato,
in uno scambio telepatico
che scatta con l’incontro degli sguardi.
Alcuni li riconosci al primo colpo,
ti fanno spalancare gli occhi togliendoti il pensiero
oppure ci sono altri che i tuoi occhi fanno diventare torbidi.
Per qualcuno hai bisogno di qualche secondo per ricordarlo bene
e basta solo l’arretrato ricordo di un profumo antico
per farti tornare quell’autunno.

Uno a uno vanno passando e vanno sparendo,
ognuno lascia un pensiero e un sentimento
a volte minuscolo,
a volte colossale.
Quando tutti sono passati davanti a te,
perfino quello più anziano
noti la presenza di quel soggetto assente,
l’anno zero.
Rivolgi lo sguardo verso la sedia vuota,
e più la guardi,
più hai la certezza di quella assenza.
Ti chiedi che faccia avrà,
come saranno i suoi occhi.

Allora scendi dalla cattedra.
I tuoi passi sono tardi e grevi,
e fanno digrignare il legno antico del pavimento
che risuona nei tetti e le pareti dell’Aula magna.
Man mano che ti avvicini alla sedia dell’anno zero,
un’energia fa battere il cuore e scaldare le mani.
E lì, una volta di fronte,
il professore si siede e diventa studente.
Nell’aula vuota,
non ci sono più insegnamenti,
ne cronologia,
ne ricordi,
ne esami.

Porqué?

Porqué me quieres tú?
Viandante incansable,
jinete gitano,
trovador de las montañas,
marinero vagabundo,
lector nocturno,
escritor de lo ficticio,
amante maldito,
shaman frustrado,
profesor de viejos,
diamante en bruto,
artista de lo efímero,
pintor del movimento,
pianista desolado,
cantante de la contradicción,
brujo enamorado,
madre sin útero.

Porqué cuando nos juntamos…
nacen niños,
se rompen guitarras,
se engendran ficciones,
se trazan abismos,
tiemblan los libros,
se queman casas,
amenaza la muerte?

Cuentas

Y si hiciéramos una cuenta atrás…
y pensáramos en todos los momentos compartidos?
Hasta dónde nos llevaría?
Emergerían de la memoria, los buenos y los malos,
algunos importantes y otros quizá insignificantes.
Otros ni siquiera vendrían a nuestras mentes.
Algunos los pensaría yo, y otros los pensarías tú.
Muchos permanecerían latentes debajo de la piel,
aunque no se materialicen en imágenes o palabras.
Empezarían a confundirse sueños y deseos con momentos reales,
y no sabríamos distinguir cuáles son los unos o los otros.
Quizá no nos acordaríamos de todos los momentos,
y otros probablemente ya los habremos olvidado.
Entonces nos damos cuenta de estar encerrados en la jaula de lo posible,
mientras lo virtual subyace en algún lugar inimaginado.
Allí viven todos aquellos posibles caminos que hemos aún de tomar,
o que incluso hemos ya recorrido,
o que tal vez estemos recorriendo.
Lo triste,
lo realmente triste,
es que de nada sirven,
si al final de la noche
nos descubrimos – cada uno –
solo o sola,
anhelando.