Archivo mensual: mayo 2011

Dictadura del Mercado

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Turbación

El día no fue fácil, los avatares del sistema nuevamente te obligaron a sucumbir en tu lucha por una utopía. Es la vez número 3487 que la sociedad mató en ti cualquier atisbo de esperanza. Recuerdas entonces a aquella mujer que conociste en la fiesta del sábado, era hermosa cierto? Tenía esa sonrisa encantadora, aunque su vestimenta no era la más apropiada se veía menos común del resto de las mujeres de la noche, así que te acercaste a ella buscando compañía y porqué no, un romance. Te acercaste con esa intención con la que siempre te acercas por primera vez a una mujer, sexo, obvio, pero en el fondo buscando ese calor que sólo sentiste con tu primera novia en secundaria a la cual dejaste por aquella otra mujer casada comedora de jovencitos vírgenes.

Esta chica parecía tener algo especial, estaba allí alejada de la gente mirando a todos los alrededores buscando una mirada masculina, y entonces estabas tu, dispuesto a darle una mirada y mucho más. La charla inicia con las típicas frases tristes  y sin sentido “cómo estás, porqué tan sola… bla bla bla” charlatanerías. Recuerdas entonces las miles de charlas que tuviste entre cervezas y música con tus amigos de siempre, “Hay que trabajarla. No le demuestres tus intenciones de sexo directamente. Sé tierno y sensible. Interésate por ella. Trátala como una reina a ver si te la suelta” Y aplicas las estrategias una vez más. Es así entonces como entre tragos y falsas sonrisas ella empieza a mirarte maliciosamente, y tu a ella, un poco de baile improvisado y obligado tratando de cruzar la menor cantidad de palabras posibles. Entonces cometes el primer error, mover tu mano indebidamente hacia su espalda baja. Ella reacciona rápidamente cambiando de dama seductora a mujer de bien. Después de un cigarro para relajarte, vuelves a tu misión coñística. Ella se deja seducir nuevamente, pero segundo error, lo que pensabas que era una señal positiva estará pronto por convertirse en el tercer error.

Entonces inicias una escuálida charla sobre la vida y el sistema, de lo mal que te sientes en la oficina tratando de vender cada puto día de tu vida esos seguros de vida que roban el dinero de los más honrados que quieren, en caso de morir, dejar algo de estabilidad a su familia. Además de conflicto ético sientes la presión de vender más, para tener más dinero, y ser alguien en la sociedad. Le confiesas que no ganas tanto dinero, pero que finalmente no te importa, porque ya perdiste la fe en aquello que te inculcaron de pequeño. Le confiesas que tus días de soledad te agobian, y que por las noches sollozas por tu madre. Le confiesas que cada noche te fumas un porro para olvidar el peso de la jornada y para liberarte de la cárcel de oro que el establecimiento nos ha construido. Le confiesas que odias a tu jefe, las noticias, la tarjeta de crédito, y hasta aquellos zapatos viejos que te hacen parecer un don nadie. Le confiesas que tú también en lo profundo deseas lujos y placeres, que el dinero no te alcanza para pertenecer a la élite o aparentar serlo, justo cómo a ella le gustaría. Le confiesas que sufres por aquellos que mueren de hambre, no por falta de comida, sino por la violencia social, es decir, la pobreza. Le confiesas tu inconformismo y a la vez tu impotencia y frustración.

Cuando vas por el octavo caipirinha, y tu moral por el octavo círculo del infierno dantesco, ese del fraude, vuelves tu mirada en sus ojos buscando el calor que sólo da esa mirada solidaria que lo ha entendido todo, y que sufre las mismas penas buscando en unos ojos una soledad contigua. Todo esto para darte cuenta que ella hace tiempo dejó de escuchar tus penurias, para escribir quien sabe qué cosas en su BlackBerry. Entonces desciendes al noveno círculo del infierno, traición, traición de tu especie y del género femenino a la vida misma, a los sabios, a la filosofía, a la historia, al pensamiento. Miras a tu alrededor perdido y agobiado, casi con una sensación de claustrofobia a la inversa,  buscas algo que calme tu desconcierto y te reconforte. Pero lo único que encuentras es una manada de alcohólicos y periqueros descerebrados; quienes buscan sexo, quienes buscan diversión, quienes buscan locura, quienes viven porque sí y quienes quieren por un segundo no ser nadie y camuflarse entre la masa.

Entonces te vas de la fiesta completamente borracho, después de haber visto a Satanás en los ojos, sales desesperado en el medio de un aguacero tomas el primer taxi y te dejas estafar porque sólo quieres llegar a casa cueste lo que cueste. Te desprendes con odio de las llaves, del celular, de la billetera, de los zapatos y con la ropa todavía mojada te tiras a la cama imaginando que es un manantial de agua tibia que traerá relajación y regocijo, para encontrarte con una cama helada y solitaria. Con un impulso involuntario pero salido desde el fondo de la desesperación, te agarras el pene, estrujándolo, raspándolo, lastimándolo con furia, haciéndole pagar por las frustraciones acumuladas en el día, queriéndolas arrancar del fondo de tu alma de una vez y para siempre en un orgasmo efímero y letal.

Tu mano está ahora bañada con tu esperma perdida, lejos de su óvulo, de su célula compañera. Sientes pereza de ir al baño a buscar papel higiénico o a lavarte las manos, así que dejas tu plasta en la cama. Pensaste que te ibas a librar de tu agobio? Pues No. Ahora yaces en tu cama vacía y oscura, la cabeza te da vueltas, no entiendes dónde estás, y no te queda más que mirar al techo y recorrer tu vida para encontrar justo ese instante en el que dejaste de ser feliz, para convertirte en el ser inconforme y decadente que eres hoy.

Boys by Aneta Bartos

Empiezas entonces a desear y lentamente a vislumbrar una abundante cabellera negra, unos labios, unos senos, una piel, y lentamente la pesadumbre va desapareciendo para dar paso al sueño, al descanso, a la salida de ese laberinto que es cada maldito día. Pasó ya otro día con su noche. Sobreviviste a sus obstáculos, sobreviviste un día más a la maldad, a la sociedad y su vacío, a la incertidumbre y a la soledad, sobreviviste un día más a ti.

Sombra y Liberación



Te ha pasado alguna vez que vas caminando solo y sientes que alguien te persigue con aires malintencionados, te volteas rápidamente para encarar al malhechor en un acto valiente pero temeroso al mismo tiempo, y esperando encontrar la cara de la persona que te acecha, sólo encuentras tu sombra?Tu sombra, que se queda inmóvil en el suelo o en la pared, tu sombra, un pobre efecto de luz carente de alma.

Me suele pasar a menudo. Hoy precisamente me pasó en una de las calles más transitadas de la ciudad que siendo fin de semana estaba semi vacía. Al girarme y darme cuenta que no era más que mi sombra quien me perseguía, sólo sentí repudio por ella… “deja de seguirme!!” le grité con odio. Pero cómo va a dejar de seguirme? Si soy yo, es obvio, soy yo dibujada por el sol. Sólo que no tengo rostro, ni nombre, pero existo, y esa sombra es la prueba más fiel de ello.

Trato siempre de escapar de mí, de adoptar miles de trajes, y formas, y acentos, y caras, y máscaras para no encontrarme, pero lo he hecho tanto que ya no recuerdo cómo soy en realidad. Sin embargo, sea la forma que sea, vivo constatemente sumida en el lado oscuro de todo. En lugar de la virtud, que es elevada y sabia, prefiero el placer, que es bajo y vulgar. En lugar de ir al templo, me encuentro siempre en las tabernas. Pero el placer cuánto más me deleita, más se extingue. Y aveces siento que lo he extinguido todo. Entonces busco desesperadamente algo que hasta ahora no volví a encontrar, la felicidad que da la serenidad. Serenidad que sólo se alcanza cuando logramos ceñirnos a los propios límites.

La muerte acecha la vida a cada segundo y cuando empezamos a darnos cuenta de ello, y a aceptarlo, el transcurrir de la vida se hace más llevadero. Como cuando estás teniendo la peor de las pesadillas, te levantas súbitamente asustado y sudando, sólo para abrir los ojos y ver el cielo azul, el sol, y un nuevo día que inicia. Sí, un nuevo día, en el bien y en el mal. Recién un amigo me dijo que cuando uno se da cuenta de que la felicidad no existe, es mucho más fácil ser feliz. Y creo que tiene razón, llevo muchos años persiguiendo la idea que tengo de felicidad, sin éxito alguno. Pero porque la idea que tengo de ella, es  infantil y precoz, y aunque es la mejor felicidad de la vida, por su ingenuidad y libertad, debemos aceptar que no volverá.

Empezamos entonces a conformarnos con otro tipo de felicidad, una felicidad más reposada, hecha de milisegundos, menos pretensiosa. Parte de la adultez, en la sociedad en la que vivimos, es la falta de libertad que obedece a factores puramente económicos que finalmente nos obliga a revaluar nuestros índices de felicidad. Comprendemos que hay obstáculos, que la lucha por la sobrevivencia actual connota una pelea perenne con la propia especie, y esta lucha nos vuelve perversos. Comprendemos que hay injusticia y con ello nuestra impotencia, comprendemos que el universo no tiene origen y que es inmenso, que tiene una lógica distante de la nuestra, que habrán siempre preguntas sin respuesta, y es así, como entendemos nuestra nimiedad. Puede haber felicidad más grande que esa?

Después de estas reconfortantes reflexiones, resumo con que todo puede irse a la mierda con sólo cruzar la calle, y el saber que está fuera de nuestro poder, es otra liberación.

Voces Verdaderas

“Nos mean y los diarios dicen que llueve”

Señor Eduardo Galeano (Uruguay) Siempre vigente, siempre audaz, siempre irónico y siempre verdadero.

Sobre las guerras.