Archivo mensual: agosto 2011

Cerrar la puerta (?)

De verdad me gustaría poder amarte como me lo pides, de verdad me gustaría ser todo eso que deseas y mucho más. No es mentira que en el sueño llego a sentir tus manos grandes y fuertes amordazadas a mi cintura, tu calor de hombre cobijando mi espalda, tu suave respiración detrás de mi oreja derecha. No es mentira tampoco que veo convicción en tus ojos y que en tus palabras siempre leo ilusión. Pero debo confesar que a veces no es posible escapar de uno mismo por más que se desee; que a veces no me siento capaz de dejar a un lado mi inconformismo para vivir a pleno el todo, que tu me ofreces. Siempre hay un dejo de soberbia en todo esto. No crees?

Quisiera decirte que todo estará bien y que no hay nada de qué temer, quisiera que encontraras en mí la palabra justa y el abrazo oportuno, quisiera poder abandonarme, pero creo que soy yo la primera que teme. Porque el pasado nos va acobardando con el paso del tiempo, está allí presente en nuestras heridas en forma de rencor pues ha sido el arma punzante. Temo porque somos humanos y estamos destinados a errar. No me siento digna del divino sentimiento.

De verdad quisiera guisarte unos besos con arroz. De verdad quisiera prepararte un chocolatico caliente cada tarde para endulzar tus deberes. Juro que es verdad. Pero nunca he sido dada a la esperanza, al menos después de que la inocencia infantil me fue violentada. En realidad no me molestaba mi inocencia infantil, me gustaba sentirme niña frente al mundo, y tomar las ofensas como accidentes. Pero entre más pasa el tiempo, la sorpresa y la alegría se van opacando por la razón, cosa que es natural al menos en mí. Porque tu no eres así, sin importar tu edad siempre serás en el fondo un optimista, y un niño… porque aún reconozco tu cara de niño. Cosa que no me pasa cuando veo las fotos de mi escuela. No soy la misma. Ahora soy una mierda. No me siento para nada a la altura de la maravillosa persona que era hace 12 años, cuando aún no me crecían las tetas y cuando aún no temía del mundo. No soy digna de haber sido la niña que fui, ni de haber sido dotada con todas esas virtudes que estaba en obligación de cultivar y que en cambio abandoné indiferentemente cuando crecí… Cuándo el pene empezó a ser el centro del mundo.

Pero pasó que el pene ya no me sacia, el sexo ha dejado de ser la voracidad animal que sentía hace 6 u 7 años. He roto todos los tabúes, no me he cohibido ante el placer, pero el placer carnal siempre llega a un momento en el que se extingue, e inicia entonces la búsqueda de un placer más visceral, más hondo. Y en este momento esa profundidad me llama. Parece ser una profundidad abismal de oscuras entrañas cálidas, de un tiempo suspendido y sin gravedad. Qué placer más amoroso que ese? No creo que sea un camino fácil, a mí también me asusta debo reconocer. Me asusta sobretodo el emprender una búsqueda de algo que desconozco, de algo que podría ser un fraude. Pero pudieron todos los poetas equivocarse?

A veces no duermo por las noches pensando en este asunto, otras veces en cambio me levanto aturdida en medio de la noche sin poder leer en el reloj si son las 3:4o las 9:17, después de haber soñado que te perdías en medio de la niebla del Pululawa y me veía sola y desorientada sin poder ver nada. Y están aquellas noches en las que me  adormento con un cigarro encendido entre los dedos en la sala fría con el PC encendido. Toda mi energía mental concentrada tratando de descubrir de qué se trata todo esto, pues si de algo estoy segura es de que sea lo que sea que sea, quiero estar bien despierta para sentirlo al máximo. Y sentirlo al máximo necesita de mi conciencia.

Así que no me juzgues si lo pienso y lo repienso, si tengo miedo, si a veces dudo. Sólo deseo muchas mañanas de tibio sol y jugo de naranja con un toque de esperanza.  Muchas noches cargadas de vinos y orgasmos, de sueños y de reinas de corazones. No pueden nuestras bocas cansarse de dar besos, como nuestros oídos cansarse de escuchar exquisitas melodías o nuestros corazones de enamorarse el uno al otro cada pobre día. No se puede dejar que la voluntad se aburra de luchar.

Si no es así… estamos jodidos.

Humanidad, Cómo has cambiado

Anoche estuve en una reunión de despedida, habrían llegado unas 25 personas a disfrutar de una cálida cena en grupo. Todos hablaban, intercambiaban pensamientos y risas. Una velada agradable. El plato fuerte de la noche era una deliciosa carne a la parrilla, algunos como yo, estuvimos deseosos de saborear la jugosa carne, sin embargo me llamó la atención que apróximadamente la mitad de los invitados no comen carne. Y está bien, debe quedar claro que este post no busca hacer una diatriba contra los vegetarianos, por el contrario, son una muestra de cómo en tan pocos años hemos evolucionado.

Pasa que desde el nacimiento del ser humano, nuestros hábitos alimenticios siempre han tenido un rol importante en el desarrollo de nuestras mentes y cuerpos. El fuego por ejemplo modificó nuestra caja dental; de muelas grandes y fuertes para destrozar la carne cruda, a dientes pequeños y finos que mastican alimentos tiernos y suaves. Podrá parecer banal, sin embargo este cambio en nuestro hábito alimenticio, ha aportado ciertamente a la evolución de nuestro cerebro y con ella, a la evolución de nuestros pensamientos. No es tampoco un secreto que la obesidad presentada por los estadounidenses responde a niveles de glucosa (azúcares y grasas) que la humanidad en toda su historia jamás había ingerido. Pues para alcanzar el nivel de glucosa de cualquier dulce moderno, había que comer no sé cuántas cantidades de frutas.

Pero volvamos a los vegetarianos de hoy. Me asombra la cantidad de jóvenes que hoy en día han optado por retirar las carnes de sus dietas. Ayer en el asado, observaba la carne, jugosa, sangrienta, roja, animal y el comerla me hace sentir precisamente, animal, es un sentimiento tan primitivo que recorre miles de años desde el primer simio carnívoro hasta mí. Y este sentimiento primitivo no solamente aflora al momento de comer la carne, sino que permea las distintas instancias de la vida. Quiero decir, estudiemos un poco a los vegetarianos. Suelen ser siempre personas tranquilas, neo hippies (en el buen sentido), personas incluso alejadas de ciertos impulsos animales, que pienso yo, pueden ser propiciados por las distintas propiedades de la carne y por el acto mismo de sentir la sangre animal que corre por nuestros rostros. Y es justamente esta lejanía de nuestros instintos primitivos, lo que me hace reflexionar sobre el efecto que podrá tener sobre nuestros cuerpos, nuestros cerebros, nuestras mentes y nuestras sociedades.

En todo caso, a pesar de haber vegetarianos por diversos motivos; defensores de animales, retractores de las hormonas en las carnes, etc, todas razones válidas, el dejar de comer la carne obedece también a un momento clave de la humanidad. Un momento en el que el ser humano piensa en buscar vida en otros planetas, necesitar del cuerpo lo menos posible, para dar paso a un ser humano mentalmente super desarrollado. Un camino por el que sin duda está transitando la humanidad, como si supiera o presintiera que en algún momento tendrá que comer sólo aquello que brote del suelo, sean granos, hojas, frutos, etc.

Pareciera que en todo sentido, el hombre busca a como dé lugar alejarse de todo aquello que le recuerde su orígen animal, para extenderse como un ser superior al resto. Estoy segura de que muy pocos de ustedes se sienten animales, y que cualquier sentimiento o instinto animal en nosotros es rechazado ferozmente. Pero… por más que quieras, por más blanco y educado que seas, somos y seguiremos siendo parte de una misma naturaleza.

 

Aquí no se ha escrito nada

Nunca pienso en los lugares donde estaré, sino en las fotos que tomaré.

Siempre me olvido de comprar un cuaderno de notas.

Es en los márgenes donde habita la furia caliente.

Cuando mi mirada se pierde en algún momento, es que estoy mirándome como quien mira una escena de una película.

Esta ciudad es tan alta, que las nubes vuelan entre sus edificios.

Mi rostro es bastante asimétrico, como mi personalidad.

La mujer blanco-burguesa estigmatizó a las hembras del planeta. Así somos menos peligrosas para el sistema.

“La paz no es el fín, la paz es el camino” dice el dicho, pero la paz sí es el fín y la psicodelia el camino!

“¿El progreso significa la muerte, don Hernández?”, pregunto yo. Y él, cuando el último tren arranca, dice: “No. No significa nada”.   -Tierras de Frontera

Recientemente encontré una página web llamada “El cyberpastor”.

El futuro es, al menos para mí, bastante claro… nada, por más trágico, bonito, loco que sea, podría sorprenderme.  (Pensarlo me eriza la piel)

“El amor es como una paloma, llega, te caga y se va” – Del Facebook de alguien.

Creo en la construcción del saber a partir del deseo y el instinto… así sea improbable.

Esperanza? América Latina. Sin duda.

Ser mujer es un asunto tan complicado y oscuro que a veces me asusta.

El bar donde trabajo se llama Dirty Sanchez.

A la hora del sexo normalmente él se desviste, yo en cambio, me desnudo.

Para el calor: Agüita ‘e coco bien helada.

Generalmente me siento vieja, como una mujer de 80 años. Física, emocional y animalmente.

Hace poco conocí a un filósofo, uno de verdad. La filosofía tiene una larga barba blanca.

Mi piel aguanta cualquier clima.

La frase: “Si me hablás de Dios, me hablás de Maradona o de Cerati”                                                   -Walter (Argentina).

Las certezas las tengo, sólo me falta un incierto en el cual creer.

Ella usó mi cabeza como un revólver

A veces la vida puede ser tan irreal como la deseamos

Suelo apagar los cigarros en la suela de mis botas viejas. Suelo caminar mirando el piso, leyendo las grietas del pavimento que conforman letras que conforman palabras, basta sólo prestar un poco de atención. Suelo caminar sola la mayor parte del tiempo, deteniéndome de vez en cuando para dejar que la gente pase rápido en urgencia de sus ocupaciones y preocupaciones. Pero por favor, no crean que yo no tenga mis ocupaciones y preocupaciones, lo que pasa es que no las atiendo con premura, las dejó ahí a su completa fortuna. Suelo cubrir mi nariz con la bufanda, y no porque haga frío, sino por el gas negro que sueltan los buses de esta ciudad, realmente asqueroso e indignante. Pero bueno, esas son mis tardes, caminar normalmente fumando, detenerme cada tanto, leer mensajes en el piso y a veces pensar. Generalmente mi mente se ocupa tanto del contexto, que se olvida por unos minutos de mí misma. Lo cual es genial. Hay que saber engañar al cerebro de vez en cuando, saben? Al propio.

En el camino a casa se atraviesan varios mundos: el barrio de las oficinas, el de los restaurantes, algunas calles principales, para luego comenzar a subir las faldas del volcán Pichincha, y yo vivo allí. En un punto el barrio se aleja de las carreteras principales para dejar ver una Quito más amable, más hogareña y familiar. Tanto que si sigo subiendo y  supero mi casa  se llega a un barrio completamente rural “La Primavera”. Volviendo a mi camino, tengo que contarles con tristeza que “el verano” nunca llegó a Quito. Los meses de verano, entre mayo y agosto, pasaron bajo el agua y entre el frío, ya prácticamente se acaba Agosto, y hoy justamente, empezó otra vez “el invierno”, y en realidad hace frío. El Sol este año no se apareció en la mitad del mundo.

Más o menos a 10 minutos de llegar a casa, un fuerte viento que anunciaba lluvia sopló repentinamente, y en cuestión de segundos empezó a caer granizo, grandes bolas de hielo, que reventaban las ventanas, las paredes y el piso con fuerza. Rápidamente tuve que buscar refugio, así que entré en el pórtico de una casona vieja de esas que suelen encontrarse en las ciudades latinoamericanas, de tipo inglés o estadounidense, con amplios jardines y arquitectura republicana. Ya serán más de las seis de la tarde, observo el hielo acumularse en las aceras y comienza a hacer mucho frío. Una luz en la casa se enciende, un hombre adulto, mira por la ventana y se percata de mi presencia. Desaparece. Una guitarra comienza a sonar desde las entrañas de la casa. No pasaron 10 minutos cuando el hombre finalmente se compadece de mí y me deja ingresar a la casa.

Al ingreso un enorme jardín que no pude detallar por la rapidez con la que nos escabullimos de la lluvia. La casa estaba caliente y un olor a leche hervida emanaba del fogón, se respiraba un ambiente muy tranquilo y cálido; libros en los estantes, muebles cómodos, leche en la estufa, un gato, un perro y un olor a tabaco mezclado con antigüedad. El amable hombre, quien hasta el momento debemos considerar un potencial criminal, me ofrece un chocolate caliente con tequila, una combinación antes desconocida. Lo miro con desconfianza, sin embargo acepto, pues aunque había dejado de granizar,todavía llovía con fuerza. Y de todos modos, algo en mi interior me decía que era este hombre misterioso un buen tipo y que podía relajarme. Así que nuevamente actué bajo instinto y me quedé expectante de aquello que podía ofrecerme este hombre.

Tomé asiento en una esquina del salón con el chocolate en la mano. Él tranquilísimamente guardó silencio mientras subía al segundo piso a buscar su guitarra, bajó, se sentó en el sillón de enfrente y comenzó a tocar melodías nostálgicas pero cadenciosas y a cantar palabras suaves que escasamente podía comprender.  La música lo era todo, no me importaba su nombre o su vida, sino ese sentimiento de tranquilidad que me brindaba su casa, su música, y porqué no, su presencia. “Pero puede ser posible que esto me esté pasando? Es demasiado romántico y novelesco” pensaba una y otra vez, pero al alzar la mirada él efectivamente estaba allí tocando la maldita guitarra.  Y fue cuando lo vi en realidad, cercano a los 40, cabello rizado un poco largo, gafas, barba, tez clara, manos largas y diestras, camisa verde y pantalón oscuro. Lo único que podía desear en ese momento era que no descubriera mi edad, sería cuestión de vergüenza e incomodidad.  Finalmente soy una culicagada ingenua, inmadura e inexperta… me ha visto…  ya no le queda más opción que aprovecharse.

-Y cómo te llamas? dijo con una voz grave y calmada

– Cecilia

– “Cecilia dice siempre lo que piensa y casi nunca piensa como yo, si tengo hambre busca en la despensa y me guisa unos besos con arroz. Cecilia tiene algunas fantasías y algunas fantasías tengo yo, le cambio las suyas por las mías y se hacen realidad entre los dos” Cantó y se me bañaron las pantaletas. Traté de ocultarlo, lo juro, pero estos ojos siempre me delatan.

Tabaco, música, chocolate, mi nombre cantado por él, cuantas palabras hermosas, calor, lluvia, miradas, sonrisas y colores jugando en estos rostros que buscaban amor. Pensar dónde estarán estas mismas sonrisas y estos mismos colores después del amor, sería inapropiado, pues bien sabemos que entregamos el dolor y la alegría a un simple juego mundano. No me resulta fácil dejarme amar, como sé que no resulta fácil follarme. Desvestirse a veces puede resultar muy banal, pero desnudarse cuesta mucho más, y es aquí donde encuentro mi mayor problema a la hora de dejarme atrapar por el placer. Porque el placer, para ser placer, debe ligarse estrechamente al espíritu, de no hacerlo, por favor, no hablemos de placer, hablemos de materialismo. Y para permitir a una persona tocar el espíritu propio es necesario abandonarse, es necesario olvidar prejuicios, daños, miedos, es necesario olvidarse de uno.

Él ya había pasado por todo esto, y no le interesaba follarme, le interesaba sólo no sé, mi presencia de mujer perdida. No quiero entregar mi espíritu a una persona inexperta y descuidada, y es aquí donde he cometido errores en el pasado, porque el espíritu necesita tacto sedoso, tierno calor y mucha poesía. El hombre de quien aún desconozco el nombre, siguió tocando la guitarra, mientras yo me hacía el amor a mí misma. La lluvia ha cesado, agradezco su amabilidad y decido marcharme con un nuevo amor para mi colección de amores desgraciados. Al salir, la subida de vuelta a casa, la niebla y la calle mojada. Enciendo un cigarro, sin tener que mirar atrás para asegurarme que él estuviera allí, me alejo, me despido del día.

“Cecilia busca amores imposibles, por eso fue posible nuestro amor, Cecilia, tan altiva y tan sensible, tan diva y tan de nadie…” Sigo creyendo en el amor, en los humanos, no sé.


Un nuevo engaño y un nuevo desengaño

De vez en cuando es bueno ser consciente de que hoy, de que ahora, estamos  fabricando las nostalgias que descongelarán algún futuro. 

-Mario Benedetti

No es fácil ver en unos ojos esa llama de la que tanto hablamos y en la que buscamos calor. Es así como resulta muy fácil acercarse a la primera llama que vemos después de un maltratado camino de invierno. Sin embargo, así como en el desierto la sed y sol nos hace ver la arena como agua, en el invierno el frío y las ramas secas, nos hace ver refugios cálidos. Exactamente así se sentía Jerónimo. Parecía que su inconciente le había jugado una trampa de nuevo. Era fácil en aquél momento sentirse como un condón usado en la caneca de algún baño de algún lugar, con aquella expresión triste que tiene el condón usado, de pasar de sentirse tan necesitado a terminar siendo una plasta asquerosa dispuesto a morir en la basura junto a aquellos desechos de comida próximos a convertirse en hongos y a aquella servilleta arrugada con una leyenda escrita. Sensación que además se veía provocada por el olor a semen viejo que emanaba de su entrepierna, y que sentía en sus dedos por más que se los había lavado. Él había estado allí, no cabía la menor duda.

Era fácil también sentirse como un estafador, de esos que por creerse muy listos terminaron por estafarse ellos mismos. Un viejo amigo al que llamaremos “cactus moribundo” fue el testigo de todo, sabía perfectamente que había tanto calor en esa llama que trajo Jerónimo a casa, como tanta agua en el desierto de dónde él venía. Sabía perfectamente lo duro que era vivir en el desierto por ende sabía de antemano que esas noches de forzado romanticismo era sólo un intento desesperado de Jerónimo para protegerse del frío. Pensando todavía en ella, se sentó en la cama y se quedó con la mirada inmóvil durante algunos minutos. Él también lo sabía, su inconciente lo había traicionado una vez más. “Ella no puede ser una ilusión, yo la vi real” se repetía una y otra vez para no sentirse un estúpido. Pero era en vano, al final siempre sentía ese vacío en el pecho que lo obligaba a prenderse otro cigarro. Lo consolaba el pensar que en realidad ella podía ser una buena mujer, pero lo desconsolaba terriblemente el saber que enseñó su vulnerabilidad y entregó sus secretos más terribles a cambio de un par de polvos secos y obligados, y quizá de un par de palabras, algunas inútiles… y otras… también.

Tantas ilusiones, o usando los plurales de Benedetti, tantos ayeres en el olvido y tantos mañanas en tantas noches. Cuántos tragos, cuántas luces, cuántas notas, cuántas miradas, cuántas ganas de sentirse amado, cuántos hoyes. Cuántas risas nerviosas, cuánta necesidad de volar, cuántos besos embusteros, cuántas palabras mal dichas, cuántos tiros de coca, cuántas tardes… cuánta esperanza. Con un suspiro Jerónimo levantó la mirada y se observó solo en la pequeña habitación, a excepción de aquél cactus moribundo en la esquina. Se quedó por un momento observando sus espinas inofensivas, lo vio tan flácido, tan recogido, tan falto de vida, casi como su pene después de una miserable eyaculación precoz… con ella. Sintió pena por los dos, por el cactus y por él. En contra de su voluntad y obsesionado tratando de encontrar algo que pudiera decirle que él no estuvo equivocado, que en realidad se amaron, algo que lo hiciera sentir menos tonto, menos indefenso. Empezó a buscarla en la habitación, algo, cualquier cosa, algún objeto olvidado, un pelo, o incluso algún rastro de olor en el interior de sus sábanas. En cambio encontró algo peor, era un escrito suyo, fechado de hace algo más de 20 días. De antes de la mentira, o mejor, de antes de la verdad. De cuando ella era el momento justo y la caricia justa, de cuando ella podía ser la salvación.

El texto aunque corto estaba lleno de bellas sensaciones que cuando las leía y las sentía, recordando aquellos pocos días, aquellos inicios de cuando enceguecido creyó ver la luz, recorrían heladas cada poro de su piel, palabras que una tras otra formaban un verso cadencioso y amoroso tan podrido de ese sentimiento tierno y amarillo que en este momento tan gris y desolado, hacía daño. Palabras cargadas de un oscuro nerviosismo que dentro de su misma oscuridad guardaban una luz tenue y cálida. No se sintió para nada bien, verse a uno mismo tan humilde y sensible. Como ver la película de tu propia vida, con su fotografía, sus primeros planos, esa canción que sirve de banda sonora, y tu, capturado por la cámara, por el tercer ojo. Jerónimo quien con el papel en la mano nuevamente había prendido un cigarro para calmar el frío que le aprisionaba la respiración, se quedó absorbido por la sensación que le había el provocado el verse a si mismo, en un flashback fugaz,  tan sonriente, tan inspirado, tan desnudo, tan ingénuo. Se sintió ignorante de la vida, del amor y de las mujeres, se sintió culpable de haberse atado la soga al cuello tan inocentemente, tan encandilado por un espejismo.

Luego de la estupidez, la rabia, luego de la rabia, la violencia, luego de la violencia, la compasión, luego de la compasión, la tristeza, luego de la tristeza, la soledad y en la soledad, la noche, un triste poema, un cigarro y el viejo cactus moribundo.

The Nowhere man

El “bello durmiente” te llamó mi amigo Robert esta mañana, tu compatriota y compañero mío de trabajo te llama “Dios”, otros te llaman “genio”. Yo en cambio te llamaré como te llamaría Jhon Lennon, “The nowhere man”. Hace más de un año caíste en ese sueño profundo del que no quieres volver. Imagino que debe ser como un trip de ácido eterno.

Hoy cumples un año más de vida terrestre. Hoy cumples un día más dándome ánimos para seguir en el camino. Te pediría que despiertes y vuelvas a darnos poesía, pero algún tipo de fuerza oculta te mantiene allí estando y no. Dónde estará tu mente ahora?

Aquí comparto mi humilde homenaje…

A un año del profundo sueño de Cerati

Sólo hace falta observar para entender

Creánme que realmente traté de escribir alguna reflexión propia de lo que van a ver a continuación, pero preferí dejarlo completamente a sus subjetividades. Sólo hay que observar detenidamente. Una obra de arte exquisita de descubrir y redescubrir, si la conocen deléitense de nuevo, si no la conocen es un honor presentarla, del arquitecto véneto Giovanni Battista Piranesi (1720- 1778)

Las paredes se abren o se cierran dependiendo de su perspectiva