Archivo mensual: noviembre 2019

La muerte de mi madre

Si te hubiera amado más
si te hubiera dicho cuánto te necesitaba
si hubiera entendido que tu visión de la vida había atravesado el umbral del ego,
ese espejo clavado en la nada que refleja únicamente la propia cara.
Si hubiera entendido que ya tú estabas del otro lado,
observando el mundo,
observando a mi hermano,
observándome.
Si hubiera tenido la lucidez para ver que ya habías trascendido
y que no me quedaba más que acurrucarme en tu vientre,
dejarme abrazar por la vida en su estado más sublime,
de la vida consciente de su mortalidad,
de la tragedia en estado puro,
cuánto no habría aprendido,
cuánto no nos habríamos amado.
Habría compartido contigo el pan de la vida,
y habríamos comido las dos,
y habríamos sonreído con las lágrimas en los ojos,
brotando como estrellas que se reflejan en la suave corriente de un río.

Vagabunda

Porque yo siento que si no hago música no estoy haciendo nada,
Qué son estas letras comparadas a tus notas?
Porque yo siento que no puedo enamorarme,
que estoy jugando al juego de siempre
con una baraja nueva.
Veo las nubes teñir de negro el mundo e imagino que en otro lugar
el sol brilla para otros.
Me imagino una casa, la que no tengo,
la que quizás un día podré habitar,
y la añoro tanto como a mi madre muerta.
Escucho la música y leo mensajes de texto en el móvil,
y veo gente nueva que está queriendo desnudarme,
así, sin permiso,
sin resistirse a la tentación de navegar en mis aguas más turbulentas.
Veo a los unos y a los otros quitándome la piel
para hurgar todos mis interiores.
Y yo los dejo.
Mis martirios los regalo, los dono,
al hambriento, al solitario y al necio.
No hago música, no puedo enamorarme, no tengo casa,
no busquen aquí lo que no van a encontrar.

Final

Quisiera morir estrangulada por las manos de un pianista
escuchar la dulce melodía del final
cuando mi cuerpo abandone la lucha y se entregue al infinito.
Sentir sobre la piel fina de mi cuello
la delicadeza con la que el pianista tocará la última nota,
la que lo obliga a contener el aliento,
sobre la que deja caer todo el peso de su cuerpo
con la ligereza de una pluma inmóvil en el vacío.
La que vuelve del crescendo satisfecha y cargada
pero con necesidad de clausura.
La que dejará en el aire su estela,
el recuerdo vivo de toda la partitura
en los oídos del público cósmico.
La que calmará el silencio de las almas,
la que hará de esta humilde vida
una sonata magistral.