Archivo mensual: julio 2011

Fotografías de una dignidad ausente

Silencio

Una cercana trompeta invisible sale de alguna de estas direcciones, en alguno de los números de estas casas antiguas en medio de la noche. Es Domingo, 10 de la noche en la fría capital andina, uno que otro automóvil cada tanto, la soledad que abunda, la noche que es sólo frío, eucaliptos, montañas, luces tenues, casas viejas y esa increíble trompeta solista. Algún artista esa noche sentía lo mismo que yo, sólo que en lugar de salir a caminar y observar la ciudad, se encerró en su paraíso con su instrumento. La sola idea de estar convencida de la existencia de esa persona que esa noche tocaba la trompeta y que esa existencia por alguna razón estaba conectada a la mía por ese instante de electricidad cósmica, me pone la piel de gallina.

Hambre

Bebé Peruano

Serían exactamente las 12 del día en la mitad del mundo. El sol reventaba el cielo y nuestras pieles. Sentir el ecuador y su sol es realmente una experiencia indescriptible, siendo la única línea imaginaria que existe y que se siente. No como el prepotente meridiano de Greenwich, obra máxima del ego europeo, que rige la hora, el tiempo y los ciclos de nuestra vida, de una manera tan cuadrada y represiva, bajo el calendario gregoriano, otra invención europea. Me percato entonces de la presencia de aquella mujer indígena bastante jóven aún, sentada en la esquina. Camino y paso cerca de ella tratando de observarla sin que se sienta agredida. La mujer tiene el torso semidesnudo dejando ver esas estrias aún rojas en su vientre mientras que con un movimiento sutil extrae de su pezón izquierdo su leche de hermbra madre, lo está envasando en un tetero y ya ha cargado más o menos la mitad del recipiente. Busco inmediatamente al recien nacido en los alrededores, pero no lo veo. Ella está sola.

Auto condolencia

Llegó al bar aquel compatriota pintor que desde hace un tiempo juega con mi cara diseñando locuras en su faz. La última locura fue mía, quería una franja roja recta sobre mis ojos, como una especie de antifaz. Con el paso del tiempo y de la noche lo que al comienzo se veía como un maquillaje futurista, el sudor de mi cara lo había convertido en un maquillaje tribal e indígena. Cerramos el bar temprano con la idea de ir a uno de esos bares que cierran tarde, y así fue. Había olvidado completamente que llevaba esta pintura en mi cara, con la cual era imposible pasar desapercibida, hasta que por la calle las miradas no disimulaban su sorpresa. Una vez en el bar un pobre borracho cuarentón se me acerca y me dice: “Te galantearía sino estuviera de pelea con el maldito mundo”. Y se alejó para quedarse en un rincón con la mirada fija en su propia lástima.

Incomprensión

El fantasma de la Libertad, Bruno Volpez

Las 4 de la tarde en pleno centro histórico, un lugar que ha oído las historias más valientes como las más sórdidas. Un lugar que no es de nadie y que cuya esencia ha trascendido de quienes lo habitan. De alguna esquina se sentía el barullo de la gente cuando se congrega. Esta vez eran todos jóvenes, con uno que otro adulto tratando de comprender, porqué estos chicos y estas chicas de rasgos indígenas se visten como raperos neoyorkinos y se dejan hipnotizar por un ritmo monótono y corriente, escuchando palabras que pasaban por sus cerebros como ráfagas. Algunos se íban, otros se quejaban, unos pocos realmente se quedaron a escuchar:

Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frio en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.

Más Carreta

Así como todos los caminos conducen a Roma, todas las reflexiones nocturnas finalmente conducen al amor. Desde que somos niños el amor nos lanza señales a cada instante, aunque sin una forma o concepto definido. Es simplemente un estado de bienestar, sea junto a nuestros padres, hermanos, abuelos, o amiguitos. Luego comienza la corrupción a medida que vamos creciendo, para mi generación, la televisión, las películas de Disney y los cuentos de los hermanos Grimm sembraron en nuestras ingénuas cabezas imágenes y paradigmas de lo que debería ser el amor romántico, o el amor de pareja. El príncipe, la princesa, Romeo, Julieta, Quasimodo, Esmeralda, la bestia, la bella… y así una larga lista de parejas ideales que luchan por estar juntos, para luego experimentar la dicha eterna. Sin embargo, más allá de la forma, lo que nos inquieta es su esencia, tan frágil y sutil, tan imperceptible pero tan necesaria: de niños necesitamos amor porque es vital para la supervivencia, sin el amor y el cuidado de una familia no pasaríamos de la primera semana de vida. De adolescentes alimenta nuestro entusiasmo por la vida, nos llena de curiosidad, es una aventura alimentada por la inocencia y creatividad infantil junto con el impetú de vivir y el uso de razón en desarrollo. De adultos es la luz en momentos de oscuridad, es la mano cuando hay caída, es el sueño de vida compartida. Y de ancianos es la compañía y la preparación para el gran paso.

Shopenhauer es sin duda una luz en este tema. Si usted es de aquellas personas que compra en el supermercado libros para “aprender a amar”, remóntese mejor a los grandes pensadores. En su introducción de “El amor, las mujeres y la muerte” Shopenhauer nos recuerda que hasta él, fueron pocos los filósofos que se encargaron del tema del amor, cita a Platón, de quien hemos hablado ya y de su Banquete. Daría la impresión de que los filósofos dejan a los poetas encargarse del amor, de manera incluso despectiva. Pero lo cierto, es que nadie se escapa.. el amor es como la muerte, es más, es su antítesis.

Cansada un poco de la charlatanería que abunda sobre este tema, lo étereo que lo dibujan los poetas, los enamorados, y hasta la misma iglesia, resuelvo como ya es costumbre, repensar – finalmente de manera tácita – este tema tan complejo.  Todo comienza con un instinto animal que ha evolucionado, que se ha sublimado a puntos de extrema belleza y nobleza. Un instinto animal que se ha enraizado en un instinto de sobrevivencia,  que para sus fines ha creado químicamente una adicción fatal, una necesidad tan vital como el aire. Un aire que ha dejado de ser O2 para convertirse en una mezcla química que permite la vida al espíritu.

Afirmar que el hombre ha dejado de ser un animal sería mentir, pero afirmar que aún es un animal es blasfemar. Sí, estamos encerrados en un cuerpo animal que nos permite existir como materia física, un cúmulo de células, compuestos químicos, electricidad, mecánica, etc. Pero nuestras mentes han alcanzado niveles de destreza que no se comparan con las de ningún otro ser del planeta. Sólo bastó con una chispa para que el hombre emergiera de la simple arcilla de tierra y agua, para preocuparse con asuntos divinos, como el arte o el amor. Es escalofriante pensar que una chispa logró transformar lo que en un inicio sería la copulación para la vida terrenal de las próximas generaciones, en un sentimiento tan complejo y libre que resume y es en su fin más íntimo, el objetivo único de la especie humana.

Los dejo con un poco de Otis Redding… esa canción que conmueve el alma del último romántico que conozco, del ser más enamorado sobre la puta faz de la tierra. Kiki.

Mascá chicle y Subí la escalera

Era ya un poco tarde cuado decidí salir de casa, sábado segundo día de Julio. Ese día había vuelto del trabajo un poco tarde, tipo 9 pm, estuve en mi habitación leyendo un poco sin muchos ánimos de salir pero esperando al chileno y al italiano que venían por mí. En realidad venían de otra ciudad a 8 horas de la mía, a pasar el fin de semana y el cumpleaños de uno de ellos. Ese mismo sábado. Pero no soporté, tuve que salir antes de que llegaran. Aquí la razón, desde hace algún tiempo los compañeros que viven dos pisos debajo del mío, un alemán y una francesa negra de padres haitianos, culean todas las noches. Y todas las noches les oigo.

Ella es hermosa, pero él más. Son dos prototipos de seres humanos bellos, de belleza admirable, era lógico que en una misma casa terminaran oliéndose los rabos como perros el uno al otro. Ella lleva el sexo en los ojos y de lejos es obvio que ella se lo come a él. Él es un hombre hermoso, digno representante de la raza aria, mide casi dos metros, se ejercita todos los días y carga un rostro de porcelana. Cada vez que lo veo no logro disimular mi encanto como tampoco logro disimular mi morbosidad, es imposible verlo y no pensar que debe tener un buen falo. Entonces por las noches los escucho. Su pelvis varonil y muro, se revienta sobre esas nalgas pesadas y redondas con golpes secos que tocan la carne oscura de sus entrañas de hembra, para extraerle gritos profundos y lujuriosos que alegran todo el barrio.

Esta noche por primera vez me acerqué a la ventana para escuchar y hurgar mejor entre sus cobijas. Pero la sorpresa fue mayor, a quién vi fue al señor de unos 50 años que vive entre el piso de los amantes y el mío. El se percató también de mi impertinencia, así que se alejó de las corinas, de donde él además si tiene vista, a diferencia de mí  que debo conformarme con los sonidos. Apagué las luces y me quedé al pié de la ventana, con la mirada perdida y un cigarro en la mano. Aunque dentro de mí se sentía el placer de dos amantes fornicando, otra parte sentía una terrible envidia, que con el paso del polvo y de los gritos, se fue intensificando así como el placer de esa negra. Así que me voy.

Que coincidencia que en el momento en el que abro la puerta, están los chicos, nos subimos al carro y nos fuimos a la zona de la rumba, a eso de las 11. Fuimos al bar en el que trabajo desde hace un mes – de esto hablaré algún día – donde puedo adquirir tragos más baratos. Comenzamos a tomar los tres, los chicos se quedaron hablando mientras yo estaba en la barra hablando con mi jefe en tono de amistad. Hasta que este argentino, cuarentón, flaco, porteño, drogadicto, deprimido, hincha del river, abandonado, profesor de artes marciales, mendigo, flaneur se me acerca:

“Mi mujer me dejó morocha, llevo dos meses en esta depresión” y luego cambiaba de tema: “Sabés que sos espectacular morocha?”, y luego otra vez: “Soy de Buenos Aires, y soy hincha del River, cómo crees que voy a estar con su descenso a la B”, interrumpí en este momento para decirle: “pero porqué los argentinos sufren tanto por el fútbol?”, “mira morocha tu no entendés que es una pasión”. Y la charla se extendió una hora más, hablando de lo mismo de siempre, de la vida, y como ésta no da tregua. Salimos del bar, los amigos invisibles adelante y yo con el nuevo amigo detrás. El punto es que el porteño había comenzado a ponerse un poco pesado, aunque decidí dejarlo venir sólo para no ser descortés. Seguimos caminando, cuando él me pide que me detenga “mirá esta escena morocha… él no ha hecho nada, sólo está ahí mendigando en la acera, tu entiendes porqué pasa esto?” Efectivamente dos policías lo estaban acosando, no sé porqué, pero sabemos que finalmente era por el simple hecho de ser un mendigo, por estar ni siquiera en la pirámide, sino debajo de ella, resistiendo toda la presión de la vida y la sociedad.

Seguimos caminando, y seguimos hablando, o él seguía hablando. Llegamos al carro, ese mismo monza 90 que había llegado hasta Quito desde la Patagonia chilena, subiendo por la ruta 40 del norte argentino, cruzando por Bolivia y su salar, subiendo por Perú y su Cuzco, Machu Picchu y Máncora, para finalmente terminar en este triangulillo en la mitad del mundo. Al llegar… la sorpresa, nos habían robado, roto el vidrio se habían llevado el computador central del carro donde se conjugan todas sus terminaciones eléctricas, pequeño aparatejo que vale mucho dinero. Una noche arruinada sin duda. Mientras el chileno y el italiano trataban inútilmente de solucionar la situación, el argentino no paraba de hablarme a través de los vidrios rotos de la ventanilla trasera del auto, pues yo aguardaba en la silla posterior con algo de frustración y pena por lo acontecido. Me contaba que estaba perdido en el bazuco y que estaba perdido en la vida, a sus más de 40 años de existencia. Hasta que llegó a una conclusión: “Morocha no te olvidés, mascá chicle y subí la escalera, mascá chile y subí la escalera”. Con esas palabras y después de ayudar perdidamente a arreglar el auto, se fue con sus frustraciones y el frío de la noche a cuestas.

Nosotros dejamos el auto en un parqueadero y nos fuimos a casa a dormir. No había de otra. Yo aún pienso en vano qué habrá querido decir con mascá chicle y subí la escalera. Dos cosas sencillas que al parecer no significan mucho, dos acciones no muy difíciles de ejecutar al tiempo, de pronto no sé, divagando un poco puedo interpretar que nos complicamos por tonterías algunas veces, pero imagínense que la escalera es muy alta y a medida que subimos nos agitamos y el mascar chicle no nos permite tomar aire, se hace cada vez más difícil respirar y mascar chicle. Posiblemente te tragues el chicle en el intento, o lo escupas y luego se te pegue en el zapato. O de pronto simplemente no significa más que mascar chicle y subir la escalera, y este argentino era un pelotudo. Qué les puedo decir?

La Patria también duele

Mi país es enorme, está dividido en 6 porciones de tierra, cada una con su hermosura. Región Andina, Región Pacífico, Región Orinoquía, Región Amazonía, Región Caribe y Región insular (San Andrés y Providencia). Es rico en todos los sentidos posibles, menos en uno: paz.

Sin embargo, son muy pocos los compatriotas que conocen perfectamente su país, desde hace unos años si el colombiano viaja, es para salir de su tierra, cosa por la cual nos odian en muchos países hermanos, como Ecuador. En cualquier parte de Ecuador la escena del taxi se repite una y otra vez, exactamente igual:

Taxista: De dónde es señorita?

Xeh: De Colombia.

Taxista: silencio  o “mmmmm”

Xeh:  silencio.

Taxista: Sabe que hay mucho colombiano y cubano aqui, pero no les hacen buena propaganda a sus países…

…y continúa la carreta. No quiero entrar en la discusión de porqué un país hermano debe maltratar a los compatriotas que llegan buscando una vida mejor. Y es que hasta ahora lo entiendo, de donde vengo yo, la vida es maravillosa, es caribe, es alegría, sol, buena energía, con sus cosas buenas y sus cosas malas se logra vivir feliz. Mi ciudad es un pedacito de paz en un país de guerra. Como siempre tuve los ojos bendados, pude hasta afirmar en algún momento que en mi país no había violencia, pero Colombia no es el atlántico. Colombia es Urabá, es el Guaviare, es Nariño, es Buenaventura, es Villavicencio, es el Vaupéz, es Leticia. Y hoy,  con dolor descubro que muchos compatriotas, más de los que podía imaginar no se la pasan nada bien.

Culpables? Enúmeremos: La clase política, los grandes empresarios del campo y la industria, la guerrilla, el ejército, los paras, EEUU, los medios,  la guerra contra las drogas, el “desarrollo”, las novelas, el Jet Set, los hijos de papi, pero sobretodo el colombiano ciego. Ahora comprendo que hay zonas del país donde ni el gobierno tiene control, donde los habitantes son obligados a vivir con temor, donde los niños no pueden jugar tranquilos pues deben tener cuidado con las minas, donde valen más los afanes de riqueza del gran exportador de frutas que el reclamo de un sueldo justo del campesino que la cultiva, hay lugares en Colombia donde la vida no tiene ningún valor.

Porque nadie se conduele de aquél campesino anónimo, padre de familia, que fue asesinado para despojarlo de sus tierras. Tierras que valen más que el padre de esos niños ahora huérfanos, porque grandes multinacionales necesitan llevar la fruta que la modelo europea comprará. La deshonra por la muerte de sus ciudadanos no afecta al gobierno nacional. Porque nuestro gobierno está más interesado en dar vía libre al enriquecimiento de grandes empresas, a la inversión, a toda esta paja que nos meten… que en brindar una vida feliz y modesta a sus habitantes.

Habitantes que además, son de todo tipo, en Colombia convivimos negros, campesinos, blancos, extranjeros, mestizos, mulatos, indígenas caribes e indígenas andinos, e incluso indígenas de los cuales no tenemos conocimiento, pues llevan miles de años viviendo escondidos en las entrañas de la selva. Pero en un país tan vasto y tan hermoso, ya no hay espacio para ninguno de nosotros, o bueno, sólo para los blancos. Pues a los campesinos les han robado las tierras, a los indígenas su territorio ancestral, los negros siguen siendo esclavos y aquellos de las ciudades se ven obligados a vivir en casas que parecen bunkeres. Es así como Colombia es uno de los países con más número de refugiados en otros países. Países que a pesar de abrirles las puertas, también les discriminan y les maltratan.

El colombiano es entonces sinónimo de drogadicto, mula, traficante, violento, ladrón, puta o pobrecito, desplazado, mendigo, roba empleos. Entonces sale un orgullo estúpido en forma de escudo para defendernos de la intolerancia. Un orgullo que además de ser real, por las bondades hermosas de esa tierra donde casualmente nacimos, es también idiota porque aflora de la misma rabia de sentirse atacado. Estoy segura de que muchos compatriotas, hoy refugiados o migrantes en otros países, no lo hacen por gusto, pues la tierrita siempre se echa de menos. Lo cierto es que migran pues su país los ha abandonado.

Aquí les dejo este documental hecho por Hollman Morris, que explica los ultrajos cometidos por los Paras en los 90’s y 2000, en el Urabá antioqueño. Sólo una muestra de la gran herida por la que se desangra este gran pueblo. Colombiano!Te presento a tu país:

IMPUNIDAD