Archivo mensual: febrero 2017

Esa

Hay canciones que quedan sonando en la cabeza por siempre. Palabras y curvas sonoras que labran un surco profundo en el terreno fértil del cerebro joven. Canciones que se convierten en la luz del alumbrado público que entra a través de una ventana abierta y se filtra por una delicada cortina blanca que se mueve con el viento que sopla a las 3 de la mañana. Una tonada que permanece inmóvil en una espiral de humo, en una sonrisa, en la calle que acompaña el camino a casa a la misma hora, con los mismos perros y las mismas palmeras. El eco de una voz que se convierte sin querer y sin avisar en el narrador de los propios pensamientos, de lo que va pasando, y hace de cada segundo vivido un aforismo genial exclusivo y único. Esa voz hace que el asfalto húmedo que brilla con los faros traseros de los pocos carros que pasan, se convierta en el escenario perfecto para contar la vida. Esa melodía que relata sin palabras el gesto de una matrona negra que clava su mirada en la nuestra mientras pasa. Esa nota precisa, especial, que sonará por siempre en el momento menos esperado y que nos transportará inmediatamente a esa misma calle cómplice del divagar.  Han pasado años, los siento en mi piel. La gente me dice que soy joven todavía, no les creo, ahora que conozco el paso del tiempo. La gente me dice que la vida es hoy, que el mañana será aún más bello, yo no les creo. No sé qué tiene el pasado que sabe encapsular la belleza, sólo la belleza, lo más sublime, en esa atemporal tonada inolvidable.

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