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Nirvana-Peste

La sangre viaja rápido a mi cabeza y a mis puños, quiero golpear, masacrar, torturar, matar. Agacho la mirada, busco algún punto con el cual distraerme, respiro profundo, trato de hallar la paz que se esconde en lo profundo de nuestros corazones. Corro veloz a ella huyendo desesperadamente de la ira, si le permito alcanzarme no sé de qué sería capaz, y esto me asusta. Ya he golpeado, no es una grata sensación. La pasión logra apoderarse de mí cegándome el pensamiento, por esto prefiero escapar. Veo entonces mis pies que desesperados me mueven a lo largo de una oscura alcantarilla que emana gases calientes de olor nauseabundo, me deshago de mis ropas tratando de refrescarme, pero no lo logro, mi corazón late fuerte, siento el hervor de mi sangre recorriendo cada una de mis venas. No hay espacio para el pensamiento, sólo para la cólera. Ratas gordas se cruzan en mi camino, sus voces hacen eco en estos túneles subterráneos, el rumor de los automóviles me bombardea los oídos, el chillido del metro deteniéndose me hace doler la cabeza, la ciudad tiembla sobre mí. Los transeúntes se dirigen a sus destinos sin pensar en esos que vivimos en las entrañas más oscuras de la ciudad y del alma. Escuchan la música en los trenes, no se miran, no se hablan, tiran las colillas de los cigarros sin hacer caso, leen los periódicos y las publicidades como cuentos para niños. Yo en cambio corro, sí corro, en las alcantarillas huyendo de la furia y el pánico. Grito mientras corro. Lloro mientras corro. Llamo a mi madre, a mi padre y a mi hermano, llamo a mis amigos, nadie acude a mi rescate, todos le temen a las cloacas, a los túneles donde se entra sin saber si habrá una salida, parece tratarse de un laberinto único con algunos agujeros hacia la superficie, hacia la luz. Corro pero siempre me encuentro en el mismo punto, o en puntos distintos que (mierda!) parecen ser iguales, cómo diferenciarlos?

Huele a muerte y no sirve la desesperación. Me detengo. Respiro. Me seco las lágrimas. Descanso las piernas. Miro a mi alrededor y trato de reconocer lo que me rodea. Cadáveres. Un zapato viejo. Mierda. Ratas. Bolsas de supermercado. Gatos negros. Basura. Abortos. Máquinas oxidadas. Cemento. Moho. Barro. Un reloj detenido. Una botella vacía de whiskey. Dentro de mí la rabia. La dialéctica de la humanidad recae sobre mi espalda y duele, los susurros de la gente llegan a mis oídos como lenguas muertas que no logro comprender. Todos hablan, se cuentan sus penas, despotrican de los gobiernos, de los errores del pasado, de los improperios del presente, de la desesperanza del futuro. De qué sirven todas estas palabras? Son como mis pasos, rápidos o lentos, pisan siempre el mismo suelo, este que pisamos todos y que nos conduce desafortunadamente o afortunadamente al mismo lugar, porque aquí donde estamos, aquí nos quedaremos, no importa cuánto corramos, no importa cuánto caminemos, no importa cuánto nos duela el cuerpo, o cuánto le dolamos nosotros a él, cada palabra es sólo otro ladrillo de este laberinto. Cállense! Cállense todos! Detengan los motores! Apaguen la radio y la tv! Muerte a los símbolos! Sólo en el silencio podemos confiar. Comienzo a correr de nuevo, más fuerte que antes, más enojada que antes, correré cuánto mi corazón pueda bombear, cuántos mis pies puedan desgastarse, no miraré el laberinto, sólo correré más fuerte, con más rabia hasta que pueda estrellarme y desangrarme contra uno de estos muros lógicos o hasta que pueda romper toda lógica y toda retórica.

No sé cómo llegué a este repulsivo lugar, así como usted no sabe cómo fue que llegó a los brazos de su madre… Sí, recuerdo, llegué huyendo de la ira, y aún estoy huyendo, como usted huye también.

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30 horas sin dormir

Me dormí en una parte del mundo y desperté en otra. Parte de mí se quedó del otro lado, acá sólo traje un pedazo de carne y piel, la esencia está como ausente, necesita volver a desarrollarse. No reconozco mucho del exterior, sólo estas edificaciones de los años ochenta de colores muertos que arruinan el paisaje. Pequeños balcones llenos de plantas como un autoengaño de los seres humanos para creer que aún tienen algún tipo de contacto sincero con la naturaleza, con el verde. Múltiples antenas. Persianas cerradas. Sonido de aires acondicionados y carros, muchos. El tan aclamado desarrollo. Y yo que me siento tan ajena, y al mismo tiempo, tan hundida en esta basura. Cómo no volvernos locos si el horizonte está enladrillado? El paisaje cubierto por una enorme pared interminable, cruda, concisa, encarceladora. Y el cielo enmarañado con cables, antenas y naves.

Y cuando no se duerme el tiempo-espacio adquiere una nueva máscara. La geometría del tiempo y del espacio varía, es como si de pronto la fuerza de gravedad aumentara y la curvatura del universo recayera toda sobre mí. Todo se ralentiza, todo pesa, todo es oscuro, denso. Es claro que me muevo a una velocidad distinta de esa en la que se mueven todos. Viajo a una velocidad mucho mayor, constante e independiente de este sistema. Las parejas en la gran Piazza, los jóvenes de las motos sofisticadas, las muchachas a la moda, los que toman el café en el bar, pertenecen siempre al mismo sistema de referencia que todos conocemos. Son todos ellos relojes que se atrasan con el movimiento. Aunque para todos sin excepción el tiempo sea exactamente el mismo. El secreto está en la velocidad, según Einstein, en la intensidad, dirían los filósofos.

Y entre todo eso,  hay cosas que flotan, que son tan estremecedoras que hacen un quiebre brutal del universo. Sensaciones etéreas y divinas, lejanas de las matemáticas y la ciencia, del mundo. Momentos de pequeños big bangs internos, la creación de muchos universos nuevos y desconocidos, que distorsionan la veracidad de este único universo que creemos conocer, o más que distorsionarla, la ponen en duda. Un respiro, la chispa de la genialidad humana, el roce suave con el alma propia. Raptos abruptos hacia un lugar vacío y lleno a la vez. La perfección hecha una gota de sudor en un pequeño poro. Ver el universo a través de los ojos que fueron creados especialmente para ello.

Y aún así, dicho esto, ya nadie cree en nada. Los ancianos ya no esconden nada entre sus arrugas, ni las mujeres entre sus labios, ni los hombres entre las manos. La mística se ha quedado encerrada en los ladrillos de Sant’Angelo, la humanidad no guarda nada, es obscena y cruel, aunque bien vestida. Hiperreflexia, pérdida de la lucidez. Se cumplen exactamente 30 horas sin dormir, sin desconexión de la realidad, como un Tevere que lo ha visto y sufrido todo. Pero aquí ya estuve, como una viajera del tiempo-espacio, sintiendo que he existido siempre y que no me he perdido de nada. Lo juro, que ya el Tevere me había conocido.

El vacío es una substancia… y vibra

Esta noche Gregorio me invitó a cenar. Hace un tiempo que trata de persuadirme para invitarme a salir y esas tonteras. En realidad disfruto conversar con él de vez en cuando, más cuando las charlas nacen orgánicamente en un encuentro casual no premeditado. Lo conocí en una exposición de arte contemporáneo, sobre el cual decido omitir cualquier juicio, al cual me había invitado una compañera del trabajo. Una chica de padre ecuatoriano, madre guatemalteca, nacida en Rusia pero criada en México. Con ella hablamos siempre de hombres, nos reímos y nos hacemos compañerismo. La verdad es que prefiero alejarme del círculo pedante y engreído que rodea el arte, por lo general la élite económica de esta ciudad latinoamericana, no tengo nada de qué hablar con ellos. Con mi compañera –amiga?- fuimos a la expo después de la oficina vestidas terriblemente, despeinadas, cansadas y sin maquillaje. Tomamos champagne y compartimos impresiones de la exposición. Así conocimos a Gregorio y un amigo suyo argentino, Gregorio es de padres mexicanos pero nació en “el gabacho” como llaman los mexicanos a Estados Unidos. A primera vista, me agrada, está aquí por las mismas razones que mi amiga y yo, a diferencia de los demás excéntricos refinados que revolotean con sus ropas caras que quieren hacer parecer baratas. Fue un golpe perfecto, el argentino se encantó con mi amiga, y Gregorio, bueno, conmigo. A partir de ahí ,con una hermosa vista del centro antiguo de la ciudad, conversamos largo rato. Volví a encontrarlo en un par de eventos más, y otra vez caminando por la zona de los bares, en todas las ocasiones fue un grato encuentro y nos hicimos compañía. Sin embargo, me rehusaba a la idea de llamarlo, o que él me llamara, o acordar una invitación. Parte de lo agradable de estos encuentros es que ocurrían en ese momento de tremendo aburrimiento y desesperación cuando una jornada cae en picada. Allí salía él, de la nada, e imagino que así salía yo también de la nada, insospechada, bella, aburrida. Bah. Los temas siempre casuales, la noche, el concierto de la próxima semana, nada trascendental, y menos mal. Soy pesadísima y matapasión cuando me pongo trascendental.

Después de varios encuentros interesantes pues comprendo que él quiera verme más a menudo, la situación debo admitir, un poco me asusta, de pasar a ser una desconocida encantadora, a ser una conocida desencantadora (o encantadora también?). Estrechar lazos que comienzan por un par de palabras y terminan con un par de condones en la caneca. Mi conciencia en este momento no necesita sexo. No quiero volver a ponerme en el juego. Ya sé cómo terminan estas citas. Decido adrede no verme atractiva, ser lo más natural posible y no preocuparme mucho por verme como una potencial pareja sexual. Estoy abierta a una buena charla, aunque debo reconocer que ya voy un poco predispuesta, ustedes saben (quienes son ustedes?) el tema de las sonrisas, los acercamientos físicos, el cortejo animal. Respiro profundo. Aunque no quiero engañarme, hoy no me siento vibrante. Llego al encuentro, desde dentro del lugar él me observa llegar, me doy cuenta pero actúo como si no supiera que él está allí (es idiota lo sé, hace parte de mi personaje). Lo ubico, me siento, ordeno un vino, enciendo un cigarro, digo “hola”. Ya lo venía pensando en el bus, dejaré que sea él quien tome el control de la situación en absoluto, no quiero decidir nada, ni influir sobre lo que sucederá esta noche, que sea cómo él quiera, yo sólo me dejaré llevar por sus temas de conversación, me iré cuando él decida, y si estoy de humor, dónde él decida. Mantendré un estado de ánimo neutral y sobrio, nada demasiado extrovertido, pero tampoco introvertido. No inundaré la conversación con mis dilemas personales. Tampoco insinuaré algún interés hacia algo en particular. Hoy estoy abierta a todo, expresaré mis opiniones y seré lo más yo posible, pero también fluiré como el agua, me filtraré naturalmente por todas las rendijas que él deje entreabiertas. Debo confesar, sin embargo, que por el momento no estoy interesada en sexo. Últimamente cuando  he querido dar rienda suelta a los antojos de mi vagina, mi intelecto se molesta iracundamente. Me es inevitable sentirme un objeto, un cuerpo, todo lo demás que soy se olvida, y esta sensación de nimiedad no me permite tampoco disfrutar del momento. Es un círculo vicioso. De hecho, no recuerdo la última vez que disfruté un polvo. Al no sentirme plena en un sentido intelectual, y por ende, emocional, no puedo vivir a plenitud una relación sexual. Lo siento, me es imposible desprender mi mente de mi cuerpo, soy un todo, y durante el acto sexual todo de mí está en juego.

Volvamos a Gregorio. Él sin duda es un tipo amable y seguro de sí mismo, brinda un aire de confianza que torna el ambiente ameno, sonríe constantemente (mostrando los dientes como cortejo o como amabilidad? Puede ser la misma cosa, no?) pone cara de estar prestando atención a lo que digo, y por  momentos me parece que hay más de generosidad en su actitud, como una fingida postura de interés que un interés real en lo que digo. Mala señal. Quiere fornicar. Quién no. Bueno… yo quiero, y al mismo tiempo no, como ya expliqué. Tuve un triste flashback por un instante. Algunas veces, exactamente 9 –me tomé el trabajo de contarlas- más o menos un 70% de los hombres que me llevé a la cama en mi corta vida sexual, no pudieron satisfacerme. Su excusa: “me intimidas” “es que me gustas mucho” “es tu culpa por ser tan guapa”. Se puede culpar al otro por el miedo dentro de uno? Si te tomaste el trabajo de traerme hasta aquí, porqué no cumples tu cometido a cabalidad? Tienes que hacerme sentir miserable a mí para disminuir  tu sentimiento de auto conmiseración?  Suspiro, trato de no predisponerme. Trataré de disfrutar del resto de la noche sin ninguna expectativa. Creo que es inútil, creo que absolutamente todos en este tipo de encuentros “románticos” –la palabra ya me sabe a vómito- guardamos en el fondo de nosotros alguna expectativa, de enamorarnos, de follar, de encontrar un abrazo, de tener una buena conversación, de no sentirnos solos, de divertirnos. Etcétera.  “Y cuéntame qué haces en la radio?” Odio esta pregunta, es de esos temas de conversación tipo salvavidas, temas genéricos, como la aspirina. Arreglan cualquier dolor. Sé que sus intenciones no son malas, en realidad me gusta mi trabajo, sin embargo hablar de la radio es hablar de política, y justamente este trabajo, si antes me gustaba, me ha hecho detestar la política, y más aún hablar de política. Prefiero burlarme de las religiones. Al menos me divierto. Hablar de política en cambio me aburre, me procura este sentimiento de impotencia y frustración que me arruina no sólo el momento, sino que puede durar semanas dentro de mí. Me fastidia que otros decidan mi vida, y más aún que sean ineptos, corruptos, drogadictos, borrachos, cristianos fundamentalistas, mafiosos, lambones, como ya sabemos que son nuestros senadores, presidentes, diputados, etc. “No hablemos de trabajo, qué hartera”

Creo que es el quinto tema de conversación que esquivo. Después del “Y tu familia?” “Es complicado, mi madre está enferma” “Qué tiene?”. Suspiro. O después del “Estás saliendo con alguien?” “ehhhh…. Si…. Bueno… no….Bueno, la verdad es que hace un año que no lo veo pero hablamos por skype” Otro suspiro, y un trago de vino. Y después del “Y qué sueños tienes, qué planes tienes para lo que queda del año” Silencio. Reflexiono. “Mira, traté de verdad de encontrar una respuesta a tu pregunta, así fuera algo simplemente para decir algo, pero no encontré nada. Qué más quieres saber de mí?” Suspiro. “Mejor hablemos de ti”  “Pues,  ahora mismo trabajo en el ministerio de Medio Ambiente, en la oficina de resguardos indígenas, pues sabes hay muchas empresas de todo tipo, intentando sacar recursos, pero son tierras protegidas y hay que hacer muchas maniobras legales para permitir la entrada de las empresas, y muchas otras maniobras diplomáticas para no permitirla. Entiendes?” Otra vez política. Me da asco. “Y tú de qué lado estás?” le pregunto sin anestesia. Se queda  mirando la copa. “Es complicado” responde y se queda en silencio. “Cambiemos de tema, qué estás oyendo por estos días?” No recuerdo quién preguntó primero, pero es claro que algo tenemos en común, la decepción del sistema. Yo por lo menos ya tomé una importante decisión. Apenas pueda renuncio. Y aquí sale a relucir mi frase de batalla y la que deberá ser absolutamente mi epitafio “Como diría el gran Edgar Allan Poe, Nevermore” Gracias Poe.

Esta frase ha comenzado a permear casi todos los espacios de mi vida. Creo que estoy en ese proceso del aprendizaje, donde se empieza a reconocer lo que no gusta, incluso antes de saber lo que sí gusta, donde a través de los errores aprendemos dónde no volver meter la pata. Y bueno, el Nevermore, ya no aplica solamente a la oficina, la política, los horarios, los protocolos, la burocracia, la contaminación, las 8 horas en una silla frente al computador, sino que también ya lo aplico en el one night sex (aunque dependiendo del sujeto podría aceptar algunas excepciones), a las drogas fuertes en lugares cerrados, al salir con uno que no te gusta sólo por aceptar compañía, a las relaciones amorosas a distancia, al curry y al aguardiente. Y puedo decirles (otra vez ustedes?) que mi nuevo mantra funciona muy bien, es como una liberación… una liberación de ciertas pequeñísimas cosas de las que puedo liberarme. Porque de otras, no podré hacerlo, y con ellas tendré que aprender a convivir. A veces recuerdo que Gregorio está aquí frente a mí, no logro evitar absortarme en mis reflexiones, trataría de compartirlas con él, pero lo conozco poco, y ya me propuse no fastidiar a nadie con estas sandeces. “Asustas un poco, lo sabes” Me interrumpe, y de qué manera. La pregunta obvia “Porqué?” “Pues porque poco hemos hablado, has estado toda la noche sirviéndote vino y prendiendo cigarrillos, mirando por la ventana, con la mirada perdida, esquivando ciertos temas de conversación. Por una parte debo admitir que me fascina, verte a ti es como observar las estrellas, a simple vista parecen bellas y uno cree que las entiende, pero si te quedas más de un minuto observando de verdad, te das cuenta de que en realidad no entiendes nada, de que son puntitos de luz en el medio de la auténtica nada, que son energía y son materia, que las podemos ver y contemplar, pero sólo así desde lejos, de pronto son sólo rocas secas y frías, de pronto albergan vida extraterrestre, de pronto son luces de laboratorio que iluminan este pequeño caldo de cultivo que es el planeta tierra. No lo podemos saber, y coño que las estudiamos, hasta el cansancio, y entre más sabemos, menos sabemos, y más nos maravillamos, y más nos frustramos. Y más nos asustamos. Bueno, así eres tú” Vaya! Eso logró conmoverme! Quiere definitivamente poner su pene dentro de mi vagina. Rayos Xeh! Siempre pensando mal, no puedes darle un poco de crédito, de confianza al menos? …. Me regaño a mi misma. Se me escapa una risa, por haberme regañado, él la interpreta como una aprobación a su comentario, aunque no haya sido la intención. Bueno, qué sabe él. “lo siento, es cierto que he estado un poco ausente. La verdad, no sé cómo justificarme. A veces me pasa, me meto demasiado dentro de mí misma, y no sólo de mí, sino dentro del universo, me gustó tu analogía de las estrellas, estudio las estrellas, y eso que mencionaste hace un rato. La nada. Me apasiona. Los científicos no saben qué es, ni de qué está compuesta, pero es imprescindible, simplemente la dan por hecho, y es parte fundamental de sus ecuaciones para comprender el universo. El concepto de la nada es un concepto antiguo, imagínate qué difícil en el 400 AC entender el concepto de nada, cuando ni siquiera se sabía que el mundo era esférico. Hoy en día, la nada sigue siendo un misterio, pero allí está, es parte de la vida cotidiana, del léxico de todos los idiomas, es en lo único en lo que los científicos creen que no han comprobado, la nada. Se parece mucho al concepto de dios. Es chistoso cómo todos, sobre todo los fanáticos relacionan la concepción de dios con el todo, el todopoderoso, el omnipresente, el omnisciente, el omnipotente, omni=todo, en cambio el todo lo conocemos, conocemos la materia, hemos investigado hasta el mínimo detalle todas las partículas que nos rodean, incluso el aire. Pero la nada, es el concepto más abstracto e irreal que conocemos, que permea nuestras vidas, filosofía, matemática, física, la nada debe ser real. Pero cómo creer en algo que debería existir pero que en teoría no existe, porque es, precisamente, nada…” “Cálmate, respira profundo, relájate” me interrumpe atrevidamente…

…Me muerdo los labios………………….. Estoy a punto de estallar. Es posible que este idiota no comprenda que  si la vena de mi frente se pronuncia y mis mejillas se ruborizan es sólo y exclusivamente porque me apasiona este tema más que cualquier otra cosa en el mundo. Qué es lo único que para mí vale la pena saber, pero sobre todo perseguir. No puedes respetar mi entusiasmo por  el tema? A ver, estoy tratando de defender una teoría y ello me genera una sublime excitación,  un orgasmo intelectual. Igual o más placentero que el carnal. Me hace perder los estribos que me traten de calmar en medio de una discusión que simplemente me apasiona, sea del tema que sea, este tipo de frases cortan el flujo de mi pensamiento, el equivalente a la sensación de mojarse las pantaletas, y una vez que la pasión se extingue (en cualquiera de los dos casos) es muy difícil, a veces imposible recuperarla. En este momento de rabia, de decepción, no me queda más tomar aire, servirme otra copa, y mirar un momento el horizonte. Me queda claro que poco le interesaba mi argumento, que no compartimos tampoco el amor por la retórica y el conocimiento. No digo nada, guardo silencio, no quiero tampoco mirarlo, en este momento su presencia es sólo un estorbo. Creo que es imposible de ocultar. Si, me siento como un pozo seco, o una habitación abandonada, vacía, pero resulta que cuando alguien grita dentro del pozo o la habitación, descubre que el pozo no estaba vacío, sólo faltaba una energía que pusiera a vibrar todas las partículas que estaban allí dormidas. Así soy yo, parezco vacía, oscura y profunda, pero sólo hay que agitarme un poco. Él se ríe nervioso, trata de convencerme de continuar con el discurso “Si creo que la nada es un sentimiento de vacío…” dice creyendo que sabe lo que dice. “La nada es nada. El vacío es vacío. Son dos cosas muy distintas” Dije para callarlo de modo engreído, quizá demasiado para mi gusto, pero en realidad ya no tengo ganas de explicarle que por ejemplo, si el espacio fuera vacío, cómo viajaría la luz y el sonido a través de él? …. El vacío está lleno de ether (un término viejo, aún hoy se trata de comprender de qué se compone el vacío, se intuye la presencia de una partícula, llamada la partícula de Higgs, o la partícula divina) Y más aún, si tienes un sentimiento de vacío, o el que fuere, cómo puede ser nada? Parece que mi cabeza no me permitirá follar nunca más. “Pero si la nada es el mismo vacío” repica, quiere convencerme de algo que ni él mismo sabe. Te quedaste en 1700 en la época de Newton. Le digo en mis adentros. Respiro y me calmo, no puedo obligar a la humanidad a interesarse en aquello que a mí me interesa. Me relajo. Pongo una cara amable. “Ha sido un gusto Gregorio, ahora voy a casa, estoy cansada, gracias por intentarlo”

Otra noche arruinada por mi cerebro, mi útero nuevamente hace sus reclamos “Ya te vas a encerrar a pensar en la nada, el vacío, la energía oscura y todas esas huevadas, cuando pudiste haberte divertido y pasar un rato placentero aromatizado con hormonas masculinas, pero no, es justo esa falta de contacto lo que te tiene amargada, admítelo!” Mi mente inquieta le responde de inmediato cargada de orgullo “Sabes qué? Prefiero quedarme sola reflexionando, a fin de cuentas la verga después de un rato se muere y sólo queda un cuerpo flácido tirado encima de uno. Me voy a pensar en la nada, y tu… tu vete a la mierda”

Mascá chicle y Subí la escalera

Era ya un poco tarde cuado decidí salir de casa, sábado segundo día de Julio. Ese día había vuelto del trabajo un poco tarde, tipo 9 pm, estuve en mi habitación leyendo un poco sin muchos ánimos de salir pero esperando al chileno y al italiano que venían por mí. En realidad venían de otra ciudad a 8 horas de la mía, a pasar el fin de semana y el cumpleaños de uno de ellos. Ese mismo sábado. Pero no soporté, tuve que salir antes de que llegaran. Aquí la razón, desde hace algún tiempo los compañeros que viven dos pisos debajo del mío, un alemán y una francesa negra de padres haitianos, culean todas las noches. Y todas las noches les oigo.

Ella es hermosa, pero él más. Son dos prototipos de seres humanos bellos, de belleza admirable, era lógico que en una misma casa terminaran oliéndose los rabos como perros el uno al otro. Ella lleva el sexo en los ojos y de lejos es obvio que ella se lo come a él. Él es un hombre hermoso, digno representante de la raza aria, mide casi dos metros, se ejercita todos los días y carga un rostro de porcelana. Cada vez que lo veo no logro disimular mi encanto como tampoco logro disimular mi morbosidad, es imposible verlo y no pensar que debe tener un buen falo. Entonces por las noches los escucho. Su pelvis varonil y muro, se revienta sobre esas nalgas pesadas y redondas con golpes secos que tocan la carne oscura de sus entrañas de hembra, para extraerle gritos profundos y lujuriosos que alegran todo el barrio.

Esta noche por primera vez me acerqué a la ventana para escuchar y hurgar mejor entre sus cobijas. Pero la sorpresa fue mayor, a quién vi fue al señor de unos 50 años que vive entre el piso de los amantes y el mío. El se percató también de mi impertinencia, así que se alejó de las corinas, de donde él además si tiene vista, a diferencia de mí  que debo conformarme con los sonidos. Apagué las luces y me quedé al pié de la ventana, con la mirada perdida y un cigarro en la mano. Aunque dentro de mí se sentía el placer de dos amantes fornicando, otra parte sentía una terrible envidia, que con el paso del polvo y de los gritos, se fue intensificando así como el placer de esa negra. Así que me voy.

Que coincidencia que en el momento en el que abro la puerta, están los chicos, nos subimos al carro y nos fuimos a la zona de la rumba, a eso de las 11. Fuimos al bar en el que trabajo desde hace un mes – de esto hablaré algún día – donde puedo adquirir tragos más baratos. Comenzamos a tomar los tres, los chicos se quedaron hablando mientras yo estaba en la barra hablando con mi jefe en tono de amistad. Hasta que este argentino, cuarentón, flaco, porteño, drogadicto, deprimido, hincha del river, abandonado, profesor de artes marciales, mendigo, flaneur se me acerca:

“Mi mujer me dejó morocha, llevo dos meses en esta depresión” y luego cambiaba de tema: “Sabés que sos espectacular morocha?”, y luego otra vez: “Soy de Buenos Aires, y soy hincha del River, cómo crees que voy a estar con su descenso a la B”, interrumpí en este momento para decirle: “pero porqué los argentinos sufren tanto por el fútbol?”, “mira morocha tu no entendés que es una pasión”. Y la charla se extendió una hora más, hablando de lo mismo de siempre, de la vida, y como ésta no da tregua. Salimos del bar, los amigos invisibles adelante y yo con el nuevo amigo detrás. El punto es que el porteño había comenzado a ponerse un poco pesado, aunque decidí dejarlo venir sólo para no ser descortés. Seguimos caminando, cuando él me pide que me detenga “mirá esta escena morocha… él no ha hecho nada, sólo está ahí mendigando en la acera, tu entiendes porqué pasa esto?” Efectivamente dos policías lo estaban acosando, no sé porqué, pero sabemos que finalmente era por el simple hecho de ser un mendigo, por estar ni siquiera en la pirámide, sino debajo de ella, resistiendo toda la presión de la vida y la sociedad.

Seguimos caminando, y seguimos hablando, o él seguía hablando. Llegamos al carro, ese mismo monza 90 que había llegado hasta Quito desde la Patagonia chilena, subiendo por la ruta 40 del norte argentino, cruzando por Bolivia y su salar, subiendo por Perú y su Cuzco, Machu Picchu y Máncora, para finalmente terminar en este triangulillo en la mitad del mundo. Al llegar… la sorpresa, nos habían robado, roto el vidrio se habían llevado el computador central del carro donde se conjugan todas sus terminaciones eléctricas, pequeño aparatejo que vale mucho dinero. Una noche arruinada sin duda. Mientras el chileno y el italiano trataban inútilmente de solucionar la situación, el argentino no paraba de hablarme a través de los vidrios rotos de la ventanilla trasera del auto, pues yo aguardaba en la silla posterior con algo de frustración y pena por lo acontecido. Me contaba que estaba perdido en el bazuco y que estaba perdido en la vida, a sus más de 40 años de existencia. Hasta que llegó a una conclusión: “Morocha no te olvidés, mascá chicle y subí la escalera, mascá chile y subí la escalera”. Con esas palabras y después de ayudar perdidamente a arreglar el auto, se fue con sus frustraciones y el frío de la noche a cuestas.

Nosotros dejamos el auto en un parqueadero y nos fuimos a casa a dormir. No había de otra. Yo aún pienso en vano qué habrá querido decir con mascá chicle y subí la escalera. Dos cosas sencillas que al parecer no significan mucho, dos acciones no muy difíciles de ejecutar al tiempo, de pronto no sé, divagando un poco puedo interpretar que nos complicamos por tonterías algunas veces, pero imagínense que la escalera es muy alta y a medida que subimos nos agitamos y el mascar chicle no nos permite tomar aire, se hace cada vez más difícil respirar y mascar chicle. Posiblemente te tragues el chicle en el intento, o lo escupas y luego se te pegue en el zapato. O de pronto simplemente no significa más que mascar chicle y subir la escalera, y este argentino era un pelotudo. Qué les puedo decir?

Coctel Suicida

Salir de otro día de trabajo a encontrarte contigo mismo. Te das cuenta entonces que el trabajo se convierte simplemente en un antídoto contra la filosofía, la escusa perfecta para no torturarte con los dilemas existenciales de cada día. Ahora comprendo el éxito de esos adictos al trabajo, mejor dedicar tus esfuerzos intelectuales y físicos a algo que está fuera de ti. no? Sin embargo, siempre llega un punto en el que tienes que enfrentarte cara a cara con la realidad.

Salir del trabajo a tomar el bus de regreso a casa, de regreso a la soledad, de regreso a la libertad. Y es duro convivir con la libertad. El bus se convierte entonces en la transición entra la anestesia y el dolor. Caras, muchas caras, cada una ensímismada en un mar de pensamientos. Gente común, gente de verdad, es la “gente” de la que tanto hablamos, y a la que tanto tememos, y a la cual, queramos o no, pertenecemos. Empieza entonces el desfile de la infelicidad y la injusticia.

“Señores disculpen la molestia, no quiero robar su tiempo, ni sacarles la mirada de la ventanilla. Soy un joven con dos hijos, no tengo empleo, y vengo a ofrecerles estos caramelos. Al menos no estoy en las calles robando y vengo a ganarme la vida honradamente. Ayudénme con cualquier monedita. Dios los bendiga” Dice más o menos el discurso de todos. Y es normal preguntarse: porqué no soy yo el que está allí ganandose la vida en un bus?

La ventanilla en efecto es el único escape a tan desdichado espectáculo y a tan desdichados pensamientos. Te concentras entonces en ver la ciudad, quienes caminan, quienes van en carro, quienes están en los negocios, quienes duermen en la calle. La ciudad y su humo tóxico. La maldita ciudad, símbolo del desarrollo y la modernidad. La ciudad y su gentío. La ciudad y su ruido. Hay algo más parecido al infierno?

Llegas a la casa y entras buscando refugio, y justo en el momento en que tus oídos se apaciguan, tu mente empieza a batallar. El sinsentido de la vida te envuelve en una espiral de pensamientos que terminan por producirte vómito y mareo. Hasta que un estruendoso sonido ensordece y ciega tu cabeza. Como una bomba atómica que es lanzada por algún ser malvado, cuando menos te lo esperas y destruye todo a su paso.

-Silencio-

Respiras profundamente, y en un arranque involuntario, te pones los zapatos de nuevo, la chaqueta y sales a buscar algo. Algo. Cualquier cosa. En un vértigo de colores, la noche con su ruido, la gente y los olores, te acogen al tener que preocuparte sólo por pedir el siguiente trago. Pruebas una tranquilidad momentánea, y sabes que es momentánea. Es así como los placeres, te salvaron de nuevo de una noche de depresión y soledad, exactamente como un Joker. Una semana más que termina en el círculo vicioso que es la vida.

Sí, tengo tiempo para filosofar, pero gracias a Satán…. es Viernes!

Turbación

El día no fue fácil, los avatares del sistema nuevamente te obligaron a sucumbir en tu lucha por una utopía. Es la vez número 3487 que la sociedad mató en ti cualquier atisbo de esperanza. Recuerdas entonces a aquella mujer que conociste en la fiesta del sábado, era hermosa cierto? Tenía esa sonrisa encantadora, aunque su vestimenta no era la más apropiada se veía menos común del resto de las mujeres de la noche, así que te acercaste a ella buscando compañía y porqué no, un romance. Te acercaste con esa intención con la que siempre te acercas por primera vez a una mujer, sexo, obvio, pero en el fondo buscando ese calor que sólo sentiste con tu primera novia en secundaria a la cual dejaste por aquella otra mujer casada comedora de jovencitos vírgenes.

Esta chica parecía tener algo especial, estaba allí alejada de la gente mirando a todos los alrededores buscando una mirada masculina, y entonces estabas tu, dispuesto a darle una mirada y mucho más. La charla inicia con las típicas frases tristes  y sin sentido “cómo estás, porqué tan sola… bla bla bla” charlatanerías. Recuerdas entonces las miles de charlas que tuviste entre cervezas y música con tus amigos de siempre, “Hay que trabajarla. No le demuestres tus intenciones de sexo directamente. Sé tierno y sensible. Interésate por ella. Trátala como una reina a ver si te la suelta” Y aplicas las estrategias una vez más. Es así entonces como entre tragos y falsas sonrisas ella empieza a mirarte maliciosamente, y tu a ella, un poco de baile improvisado y obligado tratando de cruzar la menor cantidad de palabras posibles. Entonces cometes el primer error, mover tu mano indebidamente hacia su espalda baja. Ella reacciona rápidamente cambiando de dama seductora a mujer de bien. Después de un cigarro para relajarte, vuelves a tu misión coñística. Ella se deja seducir nuevamente, pero segundo error, lo que pensabas que era una señal positiva estará pronto por convertirse en el tercer error.

Entonces inicias una escuálida charla sobre la vida y el sistema, de lo mal que te sientes en la oficina tratando de vender cada puto día de tu vida esos seguros de vida que roban el dinero de los más honrados que quieren, en caso de morir, dejar algo de estabilidad a su familia. Además de conflicto ético sientes la presión de vender más, para tener más dinero, y ser alguien en la sociedad. Le confiesas que no ganas tanto dinero, pero que finalmente no te importa, porque ya perdiste la fe en aquello que te inculcaron de pequeño. Le confiesas que tus días de soledad te agobian, y que por las noches sollozas por tu madre. Le confiesas que cada noche te fumas un porro para olvidar el peso de la jornada y para liberarte de la cárcel de oro que el establecimiento nos ha construido. Le confiesas que odias a tu jefe, las noticias, la tarjeta de crédito, y hasta aquellos zapatos viejos que te hacen parecer un don nadie. Le confiesas que tú también en lo profundo deseas lujos y placeres, que el dinero no te alcanza para pertenecer a la élite o aparentar serlo, justo cómo a ella le gustaría. Le confiesas que sufres por aquellos que mueren de hambre, no por falta de comida, sino por la violencia social, es decir, la pobreza. Le confiesas tu inconformismo y a la vez tu impotencia y frustración.

Cuando vas por el octavo caipirinha, y tu moral por el octavo círculo del infierno dantesco, ese del fraude, vuelves tu mirada en sus ojos buscando el calor que sólo da esa mirada solidaria que lo ha entendido todo, y que sufre las mismas penas buscando en unos ojos una soledad contigua. Todo esto para darte cuenta que ella hace tiempo dejó de escuchar tus penurias, para escribir quien sabe qué cosas en su BlackBerry. Entonces desciendes al noveno círculo del infierno, traición, traición de tu especie y del género femenino a la vida misma, a los sabios, a la filosofía, a la historia, al pensamiento. Miras a tu alrededor perdido y agobiado, casi con una sensación de claustrofobia a la inversa,  buscas algo que calme tu desconcierto y te reconforte. Pero lo único que encuentras es una manada de alcohólicos y periqueros descerebrados; quienes buscan sexo, quienes buscan diversión, quienes buscan locura, quienes viven porque sí y quienes quieren por un segundo no ser nadie y camuflarse entre la masa.

Entonces te vas de la fiesta completamente borracho, después de haber visto a Satanás en los ojos, sales desesperado en el medio de un aguacero tomas el primer taxi y te dejas estafar porque sólo quieres llegar a casa cueste lo que cueste. Te desprendes con odio de las llaves, del celular, de la billetera, de los zapatos y con la ropa todavía mojada te tiras a la cama imaginando que es un manantial de agua tibia que traerá relajación y regocijo, para encontrarte con una cama helada y solitaria. Con un impulso involuntario pero salido desde el fondo de la desesperación, te agarras el pene, estrujándolo, raspándolo, lastimándolo con furia, haciéndole pagar por las frustraciones acumuladas en el día, queriéndolas arrancar del fondo de tu alma de una vez y para siempre en un orgasmo efímero y letal.

Tu mano está ahora bañada con tu esperma perdida, lejos de su óvulo, de su célula compañera. Sientes pereza de ir al baño a buscar papel higiénico o a lavarte las manos, así que dejas tu plasta en la cama. Pensaste que te ibas a librar de tu agobio? Pues No. Ahora yaces en tu cama vacía y oscura, la cabeza te da vueltas, no entiendes dónde estás, y no te queda más que mirar al techo y recorrer tu vida para encontrar justo ese instante en el que dejaste de ser feliz, para convertirte en el ser inconforme y decadente que eres hoy.

Boys by Aneta Bartos

Empiezas entonces a desear y lentamente a vislumbrar una abundante cabellera negra, unos labios, unos senos, una piel, y lentamente la pesadumbre va desapareciendo para dar paso al sueño, al descanso, a la salida de ese laberinto que es cada maldito día. Pasó ya otro día con su noche. Sobreviviste a sus obstáculos, sobreviviste un día más a la maldad, a la sociedad y su vacío, a la incertidumbre y a la soledad, sobreviviste un día más a ti.

Lapislázuli I: Charla con un loco

Lapislázuli

Volví a mi casa un poco triste. Vi una de esas películas tan bien hechas, tan reales, que asustan y deprimen, simplemente porque recuerdan que el mundo es una mierda, que la vida es una tragedia y que el sufrimiento es su única constante. Volví al cuarto oscuro de la lavandería. La luz de la habitación se jodió completamente, no se ve nada, absolutamente nada. Me metí entre las cobijas con un sentimiento oscuro dentro de mi, y con la intención de poner la cabeza en blanco, cerré los ojos.

Un sol implacable tiñe el interior  de mis párpados de color rojo encendido, y me quema la piel, llevo el torso semidesnudo. Una gota de sudor rueda por mi frente y termina en mi oído. Me reincorporo rápidamente y ahí está él, con una guitarra y la vida roída como su barba. Me sonríe. Iniciamos una caminata por este desierto, al fondo se ve una hermosa cadena montañosa con nieve en la cima. Un hermoso lago a nuestros pies.

Él me recuerda a un extinto profeta, aquél delgado, blanco, con barba y pelo largo, que hablaba locuras. Nos sentamos a la orilla del lago, a observar el medio día.

Xeh: En qué parte de nuestra única, querida y contaminada nave espacial te encuentras?                                                                                                                                Soñador D: Brasilia

Xeh: Qué tal la vida? Eres feliz?                                                                                      Soñador D: Creo que sí, por un segundo conocí la felicidad y tu dónde estás? Eres feliz?

Xeh: En Quito, muerta de frío… Feliz? Llámemosla momentánea                        Soñador D: Qué haces en Quito? Por favor salúdame al Cotopaxi, y de paso al Pichincha para que no hayan reconres – dijo sonriendo.

Xeh: Hago un programa de radio de denuncia social en Latinoamérica. Hoy la desnutrición infantil en Guatemala, ayer los mapuches de Chile, mañana Brasil y el tema de la educación…                                                                                                      Soñador D: guauuuuuuuu! Qué groso! Tu voz  se escucha en toda Latinoamérica, no es para poco. Crees que pueda tocar mi guitarra y que al menos sea escuchada por alguien alguna vez?

Xeh:  Eso no es un problema. Búscamos gente como tú. Sería un gusto tenerte en Quito… me encantaría verte                                                                                                     Soñador D: Masa, Xeh y como es? Se vive ahí? Hay laburo?

Xeh: Pues estamos todos igual de jodidos no? Es cuestión de suerte, como todo.                                                                                                                                                          Soñador D: seee, está todo tan loco.

Xeh: Ven aquí, donde estoy yo, ven por el Río Amazonas                                           Soñador D: Viajón! en cualquier momento aparezco, es sólo llegar. No ha de ser tan difícil, estos piés han estado reclamando nuevas espinas.

Xeh: Siento una gran necesidad de volverte a encontrar, todos parecen siempre tan metidos en el viaje y tan convenidos de “la realidad” que a veces me confunden y termino yo también engañándome a mi misma.                                 Soñador D: todo corre hacia ahora, aquí estamos sin haberlo querido y sin estarlo realmente, y si, ‘tá to’o mundo loco en este mundo.

Xeh: muy loco webon! muuuuuuy loco! a veces no sé si voy a resistir. Debe ser por eso que necesitamos encontrarnos… para recordarnos mutuamente cómo es realmente el asunto.                                                                                                                    Soñador D: Si, ya sé. Es una cagada. La gente está loca, tanto, que para ellos, nosotros somos los locos. Y sabes? Se vuelven peligrosos, y a esos que nos recuerdan que es sólo un paseo, los matan, los desaparecen. Hay que tener cuidado, pero también pienso que debemos intentar ser luminosos porque pronto las cosas van a cambiar y vamos a tener que estar bien en la justa.

Xeh: Cuándo?                                                                                                                           Soñador D: no sé pero creo que no va a durar mucho más esta locura así y seja voce a mudanza que espera ver no mundo. Y hay que estar en la jugada, bien firmes.

Xeh: Me estás asustando, pero si dices que es la solución, confío en ti. Qué debo hacer?                                                                                                                                                     Soñador D: tenemos que ser nosotros el cambio que esperamos ver con cosas básicas. Estuve viviendo fuera de la ciudad reciclando al 100 y con baño seco y guau loco… no sé, estamos muy lejos de la natura pero hay que volver a intentar. No olvidarnos de ella nunca, y recordar que no somos más que una parte mínima del cosmos, cosmos que además nosotros no conocemos y por ende, no sabemos en realidad qué hay detrás de él.

Xeh: tienes razón… hemos olvidado muchas cosas, comenzando por nuestra propia ignorancia y nimiedad.  Esta vorágine de reflexiones me apabulla e incluso me produce temor.

Hubo silencio. Nos detuvimos a observar como un color turquesa radiante se apoderaba del lago; lo que era una línea sutil en el horizonte, está a punto de llegar a nuestros pies. Los latidos del corazón empezaron a acelerarse al ver el azul que se acercaba, expectantes, no le quitamos los ojos de encima, y justo en el momento en que el agua se había convertido en un Lapislázuli, un viento suave pero imponente nos impactó el rostro.

Soñador D: Abajo el miedo, arriba el arte! El viento sobre el lago hace visible lo invisible. No te deprimas, explota desde adentro. Escucha al maestro que dijo:

Lo que estalla desde adentro es fuerte                                                                                          Lo que quiebra desde afuera es débil

Xeh: Eres grande. Eres luz. Gracias.                                                                                       Soñador D:  Sigue tu camino y recuerda, que es sólo un sueño. Somos sólo lo que nuestra imaginación ha querido que seamos.

Desperté habiendo olvidado todo lo anterior, me dirigí con prisa al cafecito de enfrente, a tomar algo caliente para apaciguar el frío. Una cara conocida interrumpió mi reflexión matutina, esa clase de reflexiones eternas y sin salida que se hacen con la mirada perdida en el firmamento, y con esa cara que grita al destino, te odio. Bueno así. No recuerdo a esta mujer, pero su presencia no me incomoda, al contrario.

“Mi nombre es María Paz, tu debes ser Xeh. Vengo de Chiloé, te estaba buscando. Podemos hablar?”