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Mujer X

Lapiz labial, pestañina, corrector de ojeras, sostén, tacones, alhajas brillantes, palabras bonitas, piernas cerradas, boca callada, mirada sumisa, mirada sensual, mirada permitida, asistencia a la orden, reclamos en la casa, billetera dorada, perico escondido, vagina depilada, uñas moradas, camisa ajustada, cerebro castrado, ovarios alquilados, piernas sedosas, axilas lampiñas, pezones parados, abdomen plano, cintura de avispa, manos mojadas, pensamientos matizados, tanga hilo dental,  bigote prohibido, gemido ficticio, cejas delgadas, menstruación pudorosa, comida ligera, baño limpio, comida preparada, voz de terciopelo, y el pelo? perfecto, brillante y perfumado; cuello alargado, culo bien formado, escuela religiosa, ama de casa, dueña de nada, fatalidad procreadora, caderas anchas, labios carnosos, lengua juguetona, dientes cuidadosos, inteligencia atrincherada, cojones golpeando la entrada, insultos mudos, reflexiones íntimas, oídos sordos, risa seductora, pelo suelto, por detrás y en cuatro, celulitis prohibida, gravedad detenida, estupidez justificada, chistes ridículos, tolerancia máxima, arrugas de mentiras, falda corta, no, larga, no, corta, no, a las rodillas; bikini de dos piezas, topless o nada, playa exigente, suegra imprudente, discoteca deprimente, trabajo limpio, salario mínimo, interés sexual, sometimiento intelectual, menosprecio esencial, destino de lucha. Mujer X, no importa tu nombre.

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Sobre la belleza femenina

Dejando claro que creo firmemente en la independecia y libertad de la mujer, que soy de aquella corriente feminista que considera a la mujer el poder que mueve al mundo, y que de hecho, a empujado a la historia hacia adelante. Que afirmo fervientemente que las capacidades femeninas son mucho más efectivas de lo que se cree y ha sido desde hace siglos un secreto por descrifar, y que aún pueden guardar la salvación de esta sociedad. Hago parte del ese grupo de mujeres que odian a otras mujeres, cuando las vemos exhibiendo su cuerpo por dinero, cuando regalan su dignidad, cuando se dejan tomar como objeto sin respeto alguno, cuando creen que ellas mismas deben estar en casa obedeciendo a su marido y que son “trofeos” o que nacieron irremediablemente para una fatalidad procreadora. Detesto a esas mujeres que no se quieren como son, y a los 20 años ya han sufrido el karma de tres cirugías y cuya máxima en la vida es tener más zapatos que la vecina. Repudio a esas que creen que su salvación es encontrar un marido rico, pero sobretodo a esas que no reconocen en lo más mínimo el encanto de nacer mujer.

Ciertamente estas últimas afirmaciones son justificables, y sin duda hay mujeres que inteligentemente usan su belleza física y saben manipular el sistema a su antojo. Quien reproche tiene todo el derecho de hacerlo, siempre y cuando, sea con una respuesta inteligente. Aclarando estos aspectos, hablemos entonces de la belleza femenina.

Santo Tomás de Aquino dió la mejor definición de belleza que jamás haya oído: “Belleza es todo aquello que causa placer la primera vez que se ve”. Esto implica diferentes reflexiones: Cualquier cosa puede ser bella; Placer tiene muchas definiciones pero en su totalidad, es un pensamiento o una sensación agradable y positiva; este Placer debe generarse instantáneamente ante algo que no conocemos, que no hemos visto antes; y por último, no es lo mismo que veo yo, a lo que ve usted, la belleza está en el ojo del espectador.

Debo aclarar también que ese cuento de la belleza interior a mí nunca me ha convencido, es decir, claro que una persona puede poseer muchas características de su personalidad interesantes y bondadosas, esto lo hace una buena persona, o un excelente ser humano. Pero eso no es visible, es reconocible a través del tiempo y de la cercanía con esa persona. Yo creo en la belleza física, no sólo humana, algo bello es algo que se puede reconocer a través de los sentidos, una composición, una obra de arte, una textura agradable, un buen aroma, o una comida deliciosa.

Como se puede leer en el primer párrafo, y como ha escrito Clarissa Pínkola, creo que la naturaleza femenina es un mundo poco explorado. Creo que tenemos conexiones y tendencia a ser sensibles hacia cosas que los hombres no son capaces de sentir. Soy también defensora de la naturaleza y del papel que el genero femenino humano está para cumplir, independientemente de cuán intelectual, homosexual, atractiva, emprendedora o post moderna seas.  Porque está claro que cada minúscula especie del planeta tiene un papel en la armonía del mismo. Y una mujer debe ser bella estéticamente hablando.

No se trata de hacer una batalla entre las mujeres poco agraciadas, no me considero la belleza por excelencia, he de haber mis defectos físicos, como todas los tenemos. Pero el ser poco agraciada no interfiere con el ser atractiva y hembra. Claramente la belleza femenina tiene un papel importante en la atracción del sexo opuesto (y esto no es machismo, un hombre también debe cortejar a la hembra) con fines reproductivos, entonces la belleza más allá de ser simple cuestión de estética o simetría, o proporciones, debe ser la afirmación del mismo sexo, el mostrarse no “femenina”, sino hembra. Mujer.

Este post puede tener muchas contrarespuestas, y todas seguramente serían de tipo “cultural” pues la belleza es apreciada de modo diferente en cada cultura. Y es cierto, en cada lugar del planeta, la sociedades han establecido pautas para los roles que debe cumplir cada género. Pero, con pautas o no, la mujer tiene el rol biológico de engendrar la vida, y esto, representa la primera diferencia con el otro género, y lo que otorga al sexo femenino capacidades físicas y psicológicas distintas a las del hombre.

En la sociedad occidental, desde hace, relativamente, muy poco la mujer ha venido luchando firme para dar un giro de 180° a la concepción del papel de la hembra en dicha sociedad. Aunque todavía hay un largo camino por pavimentar, las mujeres de hoy – las que hemos querido aceptar el reto – gozamos de ciertas libertades que nuestras abuelas, por más que se sientan celosas y crean que sus tiempos fueron mejores, no vivieron. Simone de Beauvoir con el simple hecho de titular una de sus obras “El segundo sexo” recuerda al mundo que hay un sexo al que incluso grandes intelectuales como Freud y Nietzche subestimaron.

La Revolución

Playa del caribe, una fiesta de vísperas de carnaval. Esta no es una fiesta común, es un concierto de músicos underground de todo el país, sus influencias son claramente africanas al mejor estilo de Fela Kuti, o Mtukudzi, con guitarras psicodélicas. La mayoría del público es femenino.

Entrar allí siendo mujer es realmente difícil. Hay demasiadas mujeres hermosas. Pero no de hermosuras comunes, todas estas mujeres son diosas caribeñas. Al abrirse paso hacia la tarima los ojos no pueden dejar de asombrarse ante tanta belleza. Allí están esas cuatro, bailando entre ellas, cada una distinta de la otra, y cada una hermosa como la otra. En otra esquina, está ese par, observando el ambiente  en una charla infinita. Hablando con ese chico, está ella, con ese vestido señido al cuerpo, una melena de león, que al contrario de la leona reclama poder, reclama la parte masculina y fuerte que desde siempre nos han querido quitar. Allá está esa otra compartiendo con su amiga que estuvo en el Amazonas el mes pasado, sus experiencias recorriendo la India. Pasa por tu lado esa otra, con una blusa corta y un pantalocito pequeño, con paso fuerte y decidido, esa mujer reconoce su belleza, intimida a cualquiera, su mirada quema los ojos de los hombres que la rodean. Y allí estaba yo en el medio, feliz de estar rodeada de bellas mujeres, cada una con historias, cada una firme defensora de su feminidad y de su libertad. Este es el mundo de las mujeres, el día que los hombres lo entiendan, pero sobretodo que las mujeres lo entiendan, grandes cambios se verán en nuestras sociedades.

Finalmente, 2000 años de patriarcado no parecen haber funcionado muy bien.