Noticias de la vejez

En el cuarto de la lavandería empiezan a suceder cosas mágicas que no sobrepasan la barrera del concreto pero sí las de la conciencia. Ya sé cómo prender la luz que antes no servía: al parecer hay una conexión que no funciona debajo del switch, dando unos 4 o 5 golpes rápidos, ella se supone que debe prender. Ahora, puedo ver cosas fascinantes. Por fín, todo está organizado. Como por arte de magia el desorden desapareció. Todo empieza a tener un lugar específico. Duermo tranquilamente. Hallo un poco de mi, aquí.

Esta noche descubrí mis piernas. Hace mucho que no las observaba. Encontré esos tres lunares en los muslos que tengo desde antes de tener uso de razón. Realmente hace mucho frío. Mucho. Casi no me deja escribir. Desde antes de tener uso de razón, ya hace algunos años, no serán muchos pero a la vez sí. Porque, y hasta ahora empiezo a darme cuenta, los años pesan.

El año pasado en las montañas de Italia conocí a esta mujer de 79 años. Un vivo retrato de a esos que les pesan los años. Mirada distraída y desganada, de poco comer, de pesimismo absoluto, de pocas sonrisas y pocas emociones. Es poco lo que sé de esta anciana mujer; sé que entre las dos hay una brecha de mundo que se metió entre nosotras sin que ninguna de las dos nos diéramos cuenta. Una cuenta de días tan igual a la cuenta de años, días que para la historia pueden ser años. Nos une el hecho de ser mujeres, pero nos separan los kilómetros luz que hay entre nuestras cabezas. Y está bien. Lo impresionante es su cansancio de la vida. Sólo ella sabe que vio en estos 79 años, y qué no vio. Sólo ella sabe el porqué de sus pasos pesados, el anhelo de muerte.

Esta mañana en el trabajo, estuve viendo en directo la aparición de Fidel Castro, en la clausura del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba y la celebración de los 50 de la invasión a Bahía Cochinos o a Playa Girón. Wiki pedia resume bien: fue una operación militar en la que tropas de cubanos autoexiliados, entrenados, financiados y dirigidos por la CIA, intentaron invadir Cuba en abril de 1961, con el propósito de tomar una cabeza de playa, formar un gobierno provisional y buscar el apoyo de la OEA y el reconocimiento de la comunidad internacional. La acción acabó en fracaso en menos de 72 horas, fue completamente aplastada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Más de un centenar de invasores murieron, y los cubanos capturaron a otros 1.200, junto con importante material bélico. En el bien o en el mal, los “malos de la película le ganaron a los héroes gringos en la vida real”.

HA – HA!! (By Nelson Muntz)

Y bueno, Fidel llegó con su sudadera oscura, sus canas, sus arrugas, su vejez en su esplandor. Se sentó allí como un Rey, sin decir palabra, con el solo orgullo de sentarse frente a toda esta cantidad de gente que lo aplaudía, sabiendo sólo él en su cabeza, todo, todo, lo que en el bien y en el mal significaba ese aplauso. Sabían ellos porqué aplaudían? No. Lo sabíamos nosotros? No. Lo sabían ustedes? No. Y ellos? Tampoco.

Lo sabía él.

Me acordé de mi abuelo que es menor 14 años que Fidel y padece el terrible Alzheimer. Él no sabe quién es, no sabe quiénes somos, pero, tampoco se lo pregunta. Es el nivel de inconciencia más verdadero, más real que pueda existir. El vacío. El blanco.

Ahora, imagínense ser Fidel y no acordarse de nada! Él tan aclamado y tan odiado, tan todo. Tan revolucionario, en el sentido personal. Una cara. Un icono. Haber mantenido a todo un pueblo soportando ir en contra. Y esto no tiene que ver con la política, sino con el hecho del ser rebelde porque sí, de llevar la contraria por las razones que sea. Se requiere mucho valor.

Hoy Fidel no dijo palabra, sólo tenía esta mirada imperturbable, tranquila, serena. Mayor unos cuantos años que aquella mujer italiana, Fidel encarna el sentido más sublime de la vida, el haber vivido, y gozar del placer y el honor de haber puesto la propia tinta en el papel de la historia. Claro que todos tenemos una historia personal y rica, pero hay personas que logran, de algún modo, marcar de manera significativa la vida de otras personas, y son recordados por ello con el paso de los años.

Ahora que veo mis piernas, descubro mi corta edad, pero puedo ser conciente del saber que los años pasan y marcan la existencia irremediablemente, que el tiempo transforma constantemente, pero dejando constancia de ello en la mente, y en el cuerpo. Cómo serán estas mismas piernas dentro de algunos años? No recuerdo ni siquiera cómo eran, recordaré cómo son en este momento? Sinceramente no lo sé. Lo que sí sé es que cambiarán, y seguramente será doloroso. Al final todos recuerdan sus épocas de juventud con nostalgia, su belleza perdida, la salud. Aprender a amar los años y la cicatrices del tiempo.  Recién leí un artículo de esa feminista francesa Florence Thomas (68),  una académica que se enorgullece de su vejez y sus arrugas, y quien desde hace muchos años vive en mí país y se ha hecho famosa allí. En el artículo le reclama a una diva colombiana, Amparo Grisales (55), que tiene el cuerpo de una mujer de 30 años, perfectamente esculpido, el rostro terso y la sensualidad al máximo a pesar de los años, quien a través de la venta de una crema anti edad, está construyendo en las mujeres colombianas el deseo de ser siempre jóvenes y bellas, como ella. Sin embargo Amparo ha llegado a los 50 con ese cuerpo sólo con ejercicio y buena alimentación y se queja de las jóvencitas de 18 que ya tienen 3 cirugías. Qué hay de malo con verse jóven a los 55 y que hay de malo con verse viejo? Interesante debate, no?

Aquí el artículo publicado en el periódico El Tiempo (otro interesante debate su nueva página web que te dice qué debes saber y qué debes leer, porque lo creen a uno estúpido). Por favor leer los comentarios.

– Aquí lo que dice Wikipedia sobre Amparo Grisales, a quien respeto.

Para concluir creo que no soy digna de escribir cualquier cosa sobre la vida, y después de saltar de Fidel a Amparito, puedo decir que me estoy dando cuenta de que el tiempo pasa. Y la juventud algún día también pasará. Esta juventud sin esperanzas y sin futuro, desde las españolas, a las rusas, pasando por Pakistán, Suriname y la China, hasta las gringas y las argentinas, las australianas y las somalíes. Un día nosotros seremos los viejos, y recordaremos lo bueno y lo malo que hicimos, no como individuos, sino como generación, en ese momento de seguro será tarde para tratar de hacer las cosas bien. Nosotros marcaremos un rumbo queramos o no, seamos concientes o no, sea bueno o sea malo. Ojalá que sea bueno, o al menos no tan malo. Para que las próximas juventudes tengan sueños y vivan su juventud como yo quisiera hacerlo ahora, sin tanta desesperanza y tanta desgana, puedo ofrecer la mía. Apago las luces con mil pensamientos en la cabeza. Voy a la cama, mañana hay que trabajar.

(Mañana en ALER Satelital (4pm Ecuador),  la Juventud Sin Futuro de España habla para Latinoamerica)

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