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¿Puede resultar trágico un asno?

Esta noche buscaba hombres y mujeres, buscaba seres humanos concientes de su egoísmo, de sus deseos, de sus miedos, de sus virtudes. Buscaba ojos que lograran reflejar un atisbo de luz, buscaba calma, comfort en la existencia del otro, felicidad en la vida compartida, cúmulos de energía valiosa, inteligente, aquello que en teoría somos. Pero como diría uno de los pocos grandes hombres,  sólo encontré monos imitadores de su ideal. Quienes pisotean la legitimidad del instinto y de la pasión, creyendo que son capaces de dominarse. Aquellos otros que en cambio sólo viven bajo la ley cruda y primitiva del instinto, negando los estados de razón a los cuales hemos llegado. Esos pocos que creen que la felicidad se halla a través de la razón y de la virtud. Cuál de todos más sensato.

Buscaba individuos, no gente, no masa; individuos concientes y responsables de la vida propia -alucinación?-. Mientras caminaba por la noche, con la luz de la luna entre las piedras y sin zapatos, me di cuenta cómo cada minuto me obligaba a tomar decisiones para poder continuar; meto los pies descalsos entre el fango y la mierda de caballo, o trato de subir por aquella roca? Tomo por la izquierda o por la derecha? Cruzo el riachuelo o mejor camino por el bosque? Por favor, no piensen que eran decisiones menores, un camino de dos horas en el medio de la jungla. Son pasadas las 8, no cargo linterna, debo llegar a la civilización, es este el camino correcto? Un paso tras otro constante, no quiero perder el ritmo de mi respiración, en el camino de las luciérnagas, del sonido de las ranas y  de los monos. Cada paso, recuérdenlo bien, es una decisión.  No nos quitemos nuestras responsabilidades de encima con frases tipo: “es el destino” “la voluntad divina” “la vida me buscó”. El azar juega con nuestras existencias constantemente, pero al final siempre somos nosotros quienes decidimos qué camino queremos tomar. Un sí, un no. Ahora. Es fácil y hasta entendible usar este tipo de frases a diario, no porque sean justas, sino porque la mayoría de decisiones a las cuales nos enfrentamos a cada segundo, las tomamos de manera inconciente. Es cierto que no podemos saber cómo será el futuro, si nos irá bien o mal de acuerdo con la decisión tomada,  pues hay espacio también para el arrepentimiento, aunque por ahí anda muy de moda el “yo no me arrepiento de nada en mi vida” con un aire de orgullo de por medio y gente que incluso se lo cree cuando lo dice. Es cierto que no es fácil tomar decisiones y que muchas veces la decisión que tomamos es simplemente procrastinar, o dejar que los otros decidan por nosotros. Pero éstas, si bien nos libran del peso de la decisión, debemos ser concientes de que también son decisiones. Mi reclamo es por la conciencia.

Puede uno llegar a ser conciente cuando se camina en la oscura selva con los árboles que ocultan la tenue luz de la luna, puede uno caminar entre la oscuridad y creer que este fango que piso es real, o este riachuelo? No puedo verlos. Soy conciente de ello. No importa cual sea el mundo, la verdad y la realidad, sólo pueden existir dentro de mi mente sin sentidos que me muestren un mundo hecho de apariencias. Pues hasta mi imagen en el espejo es sólo una apariencia, algo que percibo con la vista. Esta no soy yo. Yo soy esta otra que escribe sobre su propia conciencia, sólo puedo ver mis manos escribiendo, un efecto, no puedo ver mi mente pensando, la causa. Píntenme cualquier otro escenario, el mundo no existe, el ser es otra cuestión. Apaguen todas las luces, que no dejaré de soñar. Súbanme a un avión, que seguiré pisando tierra. Nada de esto me interesa. Entre más camino en medio de la noche, de la muerte o del sueño, me doy cuenta de cómo cada tiempo se extingue a sí mismo, cada segundo nace y se consume individualmente, ningún segundo es similar a otro, como las olas. Un peñón, un pantano, una montaña, unos leños, un puente, un salto, una caída, díganme si he dejado de ser la misma. Controlo mi pensamiento, soy dueña del misterio de la existencia, vengo del mar y de la selva, procreo, soy un animal como cualquiera de esas ranas, y aún así puedo ver las estrellas.

Somos tan ridículos en nuestro querer ser. Somos no más que un melodrama constante en el querer imitar aquello que nuestra razón de “seres intelectualmente superiores” nos dicta. Cuántas frases patéticas he escuchado por ahí que vienen a mí en este camino como un eco eterno, que nace en medio de la jungla, rio en silencio y mi sonido se camufla con el rumor de los grillos, ellos insectos yo humana. Rio pensando en las idioteces que nos decimos a nosotros mismos y a los demás para congraciarnos con el ideal de ser humano queremos ser. Te creíste muy listo? Pues te tengo. Como dije al inicio del post, terminamos siendo imitadores, protagonistas de una película que nosotros mismos nos inventamos, nada de lo que dijimos fue real. Quiero sentir algo real, como el sonido fértil de esta ranita en el medio del fango. Busco hombres y mujeres reales y concientes. No creerán que entre más palabras refinadas decimos mejores personas somos. Es pura dialéctica. Creemos que podemos construirnos como queremos sólo a través de las palabras, y en parte es cierto, pero las letras no son más que símbolos muertos. Cada una de estas palabras ya estaba muerta antes ser escrita, sin embargo, ustedes creen conocerme sólo por esto que escribo.

He caminado tanto que he perdido la noción del tiempo, mis pies están completamente cubiertos por el barro, los zancudos me chupan la sangre, ya me resbalé un par de veces, mi mente sigue batallando con la realidad. Han pasado unas cuatro personas en caballo en el sentido contrario al mío, les pregunto cuánto me falta, cuánto estoy lejos de mi destino. Todos me dicen lo mismo “20 minutos” y luego un “dale que ya casi llegas”. Ellos cargan linternas. Cuando se camina tanto tiempo en la oscuridad la luz repentina enceguece. Me saca de mi pensamiento, me obliga a interactuar, y sigo sin encontrar esos seres humanos al final del viaje. Miles de segundos se han extinguido, sin embargo vuelvo al lugar de dónde partí, al mar, a la selva, a la conciencia: “Puede resultar trágico un asno?”

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La energía oscura

Tengo sed. Mi lengua pasa por su piel cual papel de lija. La piel de mis labios está cuarteada como tierra en sequía de años. No siento ningún calor, pero tampoco ninguna brisa fresca. No existe conexión alguna entre mi pensamiento y mi cuerpo, entre el cielo y el ahora. No, absolutamente no hay conexión entre lo que siento en mi cerebro, los recuerdos, los olores, el lugar en el que vibra mi mente y lo que está aconteciento en el momento real. Wait a minute! momento real, tiempo real, realidad, tiempo? En qué momento el sol repeló su luz y en qué momento la estamos recibiendo? Después de cuanto? Somos el pasado de Júpiter o el futuro del sol?

Mientras todas estas divagaciones llegan a mi mente, lo veo fijamente a los ojos bajo el ligerísimo esplendor de la luna que atraviesa mis cortinas y dibuja su rostro. Fatalidad. Sexo. Él logra ver en mi mirada esa entera desconexión. Se siente nadie ante mis pensamientos. Es nadie. Sin duda él no es mi realidad. Porque entre la física de mi cerebro y de mi cuerpo, y la magia de mis  pensamientos en contínua expansión, existe la energía oscura. Algo. Pura energía. Nada más que energía, nada de moléculas, sólo sustancia intangible invariable en el tiempo.

Regreso por momentos al presente, al tiempo que pasa, a la vida que corre, y así lo encuentro concentrado en la mecánica de esos sus movimientos que detienen su conciencia. Su mirada fija en mi cuerpo clava en mí destellos de excitación, que logran halarme bruscamente de vuelta al tiempo cotidiano, al tiempo humano, a ese tiempo que transcurre con el girar de la tierra, compuesto de días y noches, de minutos, segundos, horas, cigarros consumidos, senos caídos, hambre. Y entonces lo odio… a él y al misterio, a Cronos. Me atraviesa un fuerte deseo de poner fin a su respiración, a su corazón que bombea sangre, a su vida, al tiempo, en una especie de orgasmo fatal, destruir su cielo. Así que mirándole fijamente las pupilas y él las mías, ajugeros negros de dónde nisiquiera sus pensamientos logran escapar de mi campo gravitacional, lo tomo por el cuello y empleo todas mis fuerzas para cerrarle la garganta. Lo consigo, mientras me muevo sobre su pelvis lo ahorco, su respiración se hace cada vez más entrecortada hasta que llega el miedo y la eyaculación. Saca su fuerza de hombre para botarme de un sólo golpe lejos de él acabando con mi fantasía científica.

No conozco a este hombre. Ni puta idea de su nombre, de su existencia. Pero aquí está frente a mí compartiendo el espacio-tiempo, la realidad, la constante cosmológica, él y su pene flácido. Él no me comprende , no tiene palabras, su cabeza no podría nunca imaginarse dónde rayos estaba la mía. En cambio yo sí lo sabía perfectamente, y el lograr comprenderlo, sacaba de mí una sonrisa perturbadora para cualquiera… Era mi energía oscura, la misma que inunda el universo, la responsable de la expasión del cosmos y de la expansión de mi pensamiento a lugares inimaginables, lejanos de cualquier razonamiento humano hecho hasta hoy.

Dónde estaba mi mente entonces, sobre qué flota el universo? Sobre la ausencia de materia, el mismísimo vacío. Ese que inspira y es progenitor de la energía oscura… Ella -yo- que expande el universo y a todas las formas de materia y locura, de energía e impulso, a las leyes, al misterio y a la física que gobiernan.

Mascá chicle y Subí la escalera

Era ya un poco tarde cuado decidí salir de casa, sábado segundo día de Julio. Ese día había vuelto del trabajo un poco tarde, tipo 9 pm, estuve en mi habitación leyendo un poco sin muchos ánimos de salir pero esperando al chileno y al italiano que venían por mí. En realidad venían de otra ciudad a 8 horas de la mía, a pasar el fin de semana y el cumpleaños de uno de ellos. Ese mismo sábado. Pero no soporté, tuve que salir antes de que llegaran. Aquí la razón, desde hace algún tiempo los compañeros que viven dos pisos debajo del mío, un alemán y una francesa negra de padres haitianos, culean todas las noches. Y todas las noches les oigo.

Ella es hermosa, pero él más. Son dos prototipos de seres humanos bellos, de belleza admirable, era lógico que en una misma casa terminaran oliéndose los rabos como perros el uno al otro. Ella lleva el sexo en los ojos y de lejos es obvio que ella se lo come a él. Él es un hombre hermoso, digno representante de la raza aria, mide casi dos metros, se ejercita todos los días y carga un rostro de porcelana. Cada vez que lo veo no logro disimular mi encanto como tampoco logro disimular mi morbosidad, es imposible verlo y no pensar que debe tener un buen falo. Entonces por las noches los escucho. Su pelvis varonil y muro, se revienta sobre esas nalgas pesadas y redondas con golpes secos que tocan la carne oscura de sus entrañas de hembra, para extraerle gritos profundos y lujuriosos que alegran todo el barrio.

Esta noche por primera vez me acerqué a la ventana para escuchar y hurgar mejor entre sus cobijas. Pero la sorpresa fue mayor, a quién vi fue al señor de unos 50 años que vive entre el piso de los amantes y el mío. El se percató también de mi impertinencia, así que se alejó de las corinas, de donde él además si tiene vista, a diferencia de mí  que debo conformarme con los sonidos. Apagué las luces y me quedé al pié de la ventana, con la mirada perdida y un cigarro en la mano. Aunque dentro de mí se sentía el placer de dos amantes fornicando, otra parte sentía una terrible envidia, que con el paso del polvo y de los gritos, se fue intensificando así como el placer de esa negra. Así que me voy.

Que coincidencia que en el momento en el que abro la puerta, están los chicos, nos subimos al carro y nos fuimos a la zona de la rumba, a eso de las 11. Fuimos al bar en el que trabajo desde hace un mes – de esto hablaré algún día – donde puedo adquirir tragos más baratos. Comenzamos a tomar los tres, los chicos se quedaron hablando mientras yo estaba en la barra hablando con mi jefe en tono de amistad. Hasta que este argentino, cuarentón, flaco, porteño, drogadicto, deprimido, hincha del river, abandonado, profesor de artes marciales, mendigo, flaneur se me acerca:

“Mi mujer me dejó morocha, llevo dos meses en esta depresión” y luego cambiaba de tema: “Sabés que sos espectacular morocha?”, y luego otra vez: “Soy de Buenos Aires, y soy hincha del River, cómo crees que voy a estar con su descenso a la B”, interrumpí en este momento para decirle: “pero porqué los argentinos sufren tanto por el fútbol?”, “mira morocha tu no entendés que es una pasión”. Y la charla se extendió una hora más, hablando de lo mismo de siempre, de la vida, y como ésta no da tregua. Salimos del bar, los amigos invisibles adelante y yo con el nuevo amigo detrás. El punto es que el porteño había comenzado a ponerse un poco pesado, aunque decidí dejarlo venir sólo para no ser descortés. Seguimos caminando, cuando él me pide que me detenga “mirá esta escena morocha… él no ha hecho nada, sólo está ahí mendigando en la acera, tu entiendes porqué pasa esto?” Efectivamente dos policías lo estaban acosando, no sé porqué, pero sabemos que finalmente era por el simple hecho de ser un mendigo, por estar ni siquiera en la pirámide, sino debajo de ella, resistiendo toda la presión de la vida y la sociedad.

Seguimos caminando, y seguimos hablando, o él seguía hablando. Llegamos al carro, ese mismo monza 90 que había llegado hasta Quito desde la Patagonia chilena, subiendo por la ruta 40 del norte argentino, cruzando por Bolivia y su salar, subiendo por Perú y su Cuzco, Machu Picchu y Máncora, para finalmente terminar en este triangulillo en la mitad del mundo. Al llegar… la sorpresa, nos habían robado, roto el vidrio se habían llevado el computador central del carro donde se conjugan todas sus terminaciones eléctricas, pequeño aparatejo que vale mucho dinero. Una noche arruinada sin duda. Mientras el chileno y el italiano trataban inútilmente de solucionar la situación, el argentino no paraba de hablarme a través de los vidrios rotos de la ventanilla trasera del auto, pues yo aguardaba en la silla posterior con algo de frustración y pena por lo acontecido. Me contaba que estaba perdido en el bazuco y que estaba perdido en la vida, a sus más de 40 años de existencia. Hasta que llegó a una conclusión: “Morocha no te olvidés, mascá chicle y subí la escalera, mascá chile y subí la escalera”. Con esas palabras y después de ayudar perdidamente a arreglar el auto, se fue con sus frustraciones y el frío de la noche a cuestas.

Nosotros dejamos el auto en un parqueadero y nos fuimos a casa a dormir. No había de otra. Yo aún pienso en vano qué habrá querido decir con mascá chicle y subí la escalera. Dos cosas sencillas que al parecer no significan mucho, dos acciones no muy difíciles de ejecutar al tiempo, de pronto no sé, divagando un poco puedo interpretar que nos complicamos por tonterías algunas veces, pero imagínense que la escalera es muy alta y a medida que subimos nos agitamos y el mascar chicle no nos permite tomar aire, se hace cada vez más difícil respirar y mascar chicle. Posiblemente te tragues el chicle en el intento, o lo escupas y luego se te pegue en el zapato. O de pronto simplemente no significa más que mascar chicle y subir la escalera, y este argentino era un pelotudo. Qué les puedo decir?

Turbación

El día no fue fácil, los avatares del sistema nuevamente te obligaron a sucumbir en tu lucha por una utopía. Es la vez número 3487 que la sociedad mató en ti cualquier atisbo de esperanza. Recuerdas entonces a aquella mujer que conociste en la fiesta del sábado, era hermosa cierto? Tenía esa sonrisa encantadora, aunque su vestimenta no era la más apropiada se veía menos común del resto de las mujeres de la noche, así que te acercaste a ella buscando compañía y porqué no, un romance. Te acercaste con esa intención con la que siempre te acercas por primera vez a una mujer, sexo, obvio, pero en el fondo buscando ese calor que sólo sentiste con tu primera novia en secundaria a la cual dejaste por aquella otra mujer casada comedora de jovencitos vírgenes.

Esta chica parecía tener algo especial, estaba allí alejada de la gente mirando a todos los alrededores buscando una mirada masculina, y entonces estabas tu, dispuesto a darle una mirada y mucho más. La charla inicia con las típicas frases tristes  y sin sentido “cómo estás, porqué tan sola… bla bla bla” charlatanerías. Recuerdas entonces las miles de charlas que tuviste entre cervezas y música con tus amigos de siempre, “Hay que trabajarla. No le demuestres tus intenciones de sexo directamente. Sé tierno y sensible. Interésate por ella. Trátala como una reina a ver si te la suelta” Y aplicas las estrategias una vez más. Es así entonces como entre tragos y falsas sonrisas ella empieza a mirarte maliciosamente, y tu a ella, un poco de baile improvisado y obligado tratando de cruzar la menor cantidad de palabras posibles. Entonces cometes el primer error, mover tu mano indebidamente hacia su espalda baja. Ella reacciona rápidamente cambiando de dama seductora a mujer de bien. Después de un cigarro para relajarte, vuelves a tu misión coñística. Ella se deja seducir nuevamente, pero segundo error, lo que pensabas que era una señal positiva estará pronto por convertirse en el tercer error.

Entonces inicias una escuálida charla sobre la vida y el sistema, de lo mal que te sientes en la oficina tratando de vender cada puto día de tu vida esos seguros de vida que roban el dinero de los más honrados que quieren, en caso de morir, dejar algo de estabilidad a su familia. Además de conflicto ético sientes la presión de vender más, para tener más dinero, y ser alguien en la sociedad. Le confiesas que no ganas tanto dinero, pero que finalmente no te importa, porque ya perdiste la fe en aquello que te inculcaron de pequeño. Le confiesas que tus días de soledad te agobian, y que por las noches sollozas por tu madre. Le confiesas que cada noche te fumas un porro para olvidar el peso de la jornada y para liberarte de la cárcel de oro que el establecimiento nos ha construido. Le confiesas que odias a tu jefe, las noticias, la tarjeta de crédito, y hasta aquellos zapatos viejos que te hacen parecer un don nadie. Le confiesas que tú también en lo profundo deseas lujos y placeres, que el dinero no te alcanza para pertenecer a la élite o aparentar serlo, justo cómo a ella le gustaría. Le confiesas que sufres por aquellos que mueren de hambre, no por falta de comida, sino por la violencia social, es decir, la pobreza. Le confiesas tu inconformismo y a la vez tu impotencia y frustración.

Cuando vas por el octavo caipirinha, y tu moral por el octavo círculo del infierno dantesco, ese del fraude, vuelves tu mirada en sus ojos buscando el calor que sólo da esa mirada solidaria que lo ha entendido todo, y que sufre las mismas penas buscando en unos ojos una soledad contigua. Todo esto para darte cuenta que ella hace tiempo dejó de escuchar tus penurias, para escribir quien sabe qué cosas en su BlackBerry. Entonces desciendes al noveno círculo del infierno, traición, traición de tu especie y del género femenino a la vida misma, a los sabios, a la filosofía, a la historia, al pensamiento. Miras a tu alrededor perdido y agobiado, casi con una sensación de claustrofobia a la inversa,  buscas algo que calme tu desconcierto y te reconforte. Pero lo único que encuentras es una manada de alcohólicos y periqueros descerebrados; quienes buscan sexo, quienes buscan diversión, quienes buscan locura, quienes viven porque sí y quienes quieren por un segundo no ser nadie y camuflarse entre la masa.

Entonces te vas de la fiesta completamente borracho, después de haber visto a Satanás en los ojos, sales desesperado en el medio de un aguacero tomas el primer taxi y te dejas estafar porque sólo quieres llegar a casa cueste lo que cueste. Te desprendes con odio de las llaves, del celular, de la billetera, de los zapatos y con la ropa todavía mojada te tiras a la cama imaginando que es un manantial de agua tibia que traerá relajación y regocijo, para encontrarte con una cama helada y solitaria. Con un impulso involuntario pero salido desde el fondo de la desesperación, te agarras el pene, estrujándolo, raspándolo, lastimándolo con furia, haciéndole pagar por las frustraciones acumuladas en el día, queriéndolas arrancar del fondo de tu alma de una vez y para siempre en un orgasmo efímero y letal.

Tu mano está ahora bañada con tu esperma perdida, lejos de su óvulo, de su célula compañera. Sientes pereza de ir al baño a buscar papel higiénico o a lavarte las manos, así que dejas tu plasta en la cama. Pensaste que te ibas a librar de tu agobio? Pues No. Ahora yaces en tu cama vacía y oscura, la cabeza te da vueltas, no entiendes dónde estás, y no te queda más que mirar al techo y recorrer tu vida para encontrar justo ese instante en el que dejaste de ser feliz, para convertirte en el ser inconforme y decadente que eres hoy.

Boys by Aneta Bartos

Empiezas entonces a desear y lentamente a vislumbrar una abundante cabellera negra, unos labios, unos senos, una piel, y lentamente la pesadumbre va desapareciendo para dar paso al sueño, al descanso, a la salida de ese laberinto que es cada maldito día. Pasó ya otro día con su noche. Sobreviviste a sus obstáculos, sobreviviste un día más a la maldad, a la sociedad y su vacío, a la incertidumbre y a la soledad, sobreviviste un día más a ti.

Lapislázuli I: Charla con un loco

Lapislázuli

Volví a mi casa un poco triste. Vi una de esas películas tan bien hechas, tan reales, que asustan y deprimen, simplemente porque recuerdan que el mundo es una mierda, que la vida es una tragedia y que el sufrimiento es su única constante. Volví al cuarto oscuro de la lavandería. La luz de la habitación se jodió completamente, no se ve nada, absolutamente nada. Me metí entre las cobijas con un sentimiento oscuro dentro de mi, y con la intención de poner la cabeza en blanco, cerré los ojos.

Un sol implacable tiñe el interior  de mis párpados de color rojo encendido, y me quema la piel, llevo el torso semidesnudo. Una gota de sudor rueda por mi frente y termina en mi oído. Me reincorporo rápidamente y ahí está él, con una guitarra y la vida roída como su barba. Me sonríe. Iniciamos una caminata por este desierto, al fondo se ve una hermosa cadena montañosa con nieve en la cima. Un hermoso lago a nuestros pies.

Él me recuerda a un extinto profeta, aquél delgado, blanco, con barba y pelo largo, que hablaba locuras. Nos sentamos a la orilla del lago, a observar el medio día.

Xeh: En qué parte de nuestra única, querida y contaminada nave espacial te encuentras?                                                                                                                                Soñador D: Brasilia

Xeh: Qué tal la vida? Eres feliz?                                                                                      Soñador D: Creo que sí, por un segundo conocí la felicidad y tu dónde estás? Eres feliz?

Xeh: En Quito, muerta de frío… Feliz? Llámemosla momentánea                        Soñador D: Qué haces en Quito? Por favor salúdame al Cotopaxi, y de paso al Pichincha para que no hayan reconres – dijo sonriendo.

Xeh: Hago un programa de radio de denuncia social en Latinoamérica. Hoy la desnutrición infantil en Guatemala, ayer los mapuches de Chile, mañana Brasil y el tema de la educación…                                                                                                      Soñador D: guauuuuuuuu! Qué groso! Tu voz  se escucha en toda Latinoamérica, no es para poco. Crees que pueda tocar mi guitarra y que al menos sea escuchada por alguien alguna vez?

Xeh:  Eso no es un problema. Búscamos gente como tú. Sería un gusto tenerte en Quito… me encantaría verte                                                                                                     Soñador D: Masa, Xeh y como es? Se vive ahí? Hay laburo?

Xeh: Pues estamos todos igual de jodidos no? Es cuestión de suerte, como todo.                                                                                                                                                          Soñador D: seee, está todo tan loco.

Xeh: Ven aquí, donde estoy yo, ven por el Río Amazonas                                           Soñador D: Viajón! en cualquier momento aparezco, es sólo llegar. No ha de ser tan difícil, estos piés han estado reclamando nuevas espinas.

Xeh: Siento una gran necesidad de volverte a encontrar, todos parecen siempre tan metidos en el viaje y tan convenidos de “la realidad” que a veces me confunden y termino yo también engañándome a mi misma.                                 Soñador D: todo corre hacia ahora, aquí estamos sin haberlo querido y sin estarlo realmente, y si, ‘tá to’o mundo loco en este mundo.

Xeh: muy loco webon! muuuuuuy loco! a veces no sé si voy a resistir. Debe ser por eso que necesitamos encontrarnos… para recordarnos mutuamente cómo es realmente el asunto.                                                                                                                    Soñador D: Si, ya sé. Es una cagada. La gente está loca, tanto, que para ellos, nosotros somos los locos. Y sabes? Se vuelven peligrosos, y a esos que nos recuerdan que es sólo un paseo, los matan, los desaparecen. Hay que tener cuidado, pero también pienso que debemos intentar ser luminosos porque pronto las cosas van a cambiar y vamos a tener que estar bien en la justa.

Xeh: Cuándo?                                                                                                                           Soñador D: no sé pero creo que no va a durar mucho más esta locura así y seja voce a mudanza que espera ver no mundo. Y hay que estar en la jugada, bien firmes.

Xeh: Me estás asustando, pero si dices que es la solución, confío en ti. Qué debo hacer?                                                                                                                                                     Soñador D: tenemos que ser nosotros el cambio que esperamos ver con cosas básicas. Estuve viviendo fuera de la ciudad reciclando al 100 y con baño seco y guau loco… no sé, estamos muy lejos de la natura pero hay que volver a intentar. No olvidarnos de ella nunca, y recordar que no somos más que una parte mínima del cosmos, cosmos que además nosotros no conocemos y por ende, no sabemos en realidad qué hay detrás de él.

Xeh: tienes razón… hemos olvidado muchas cosas, comenzando por nuestra propia ignorancia y nimiedad.  Esta vorágine de reflexiones me apabulla e incluso me produce temor.

Hubo silencio. Nos detuvimos a observar como un color turquesa radiante se apoderaba del lago; lo que era una línea sutil en el horizonte, está a punto de llegar a nuestros pies. Los latidos del corazón empezaron a acelerarse al ver el azul que se acercaba, expectantes, no le quitamos los ojos de encima, y justo en el momento en que el agua se había convertido en un Lapislázuli, un viento suave pero imponente nos impactó el rostro.

Soñador D: Abajo el miedo, arriba el arte! El viento sobre el lago hace visible lo invisible. No te deprimas, explota desde adentro. Escucha al maestro que dijo:

Lo que estalla desde adentro es fuerte                                                                                          Lo que quiebra desde afuera es débil

Xeh: Eres grande. Eres luz. Gracias.                                                                                       Soñador D:  Sigue tu camino y recuerda, que es sólo un sueño. Somos sólo lo que nuestra imaginación ha querido que seamos.

Desperté habiendo olvidado todo lo anterior, me dirigí con prisa al cafecito de enfrente, a tomar algo caliente para apaciguar el frío. Una cara conocida interrumpió mi reflexión matutina, esa clase de reflexiones eternas y sin salida que se hacen con la mirada perdida en el firmamento, y con esa cara que grita al destino, te odio. Bueno así. No recuerdo a esta mujer, pero su presencia no me incomoda, al contrario.

“Mi nombre es María Paz, tu debes ser Xeh. Vengo de Chiloé, te estaba buscando. Podemos hablar?”

Una mejor vida: la música

Hay quienes saben sobreponer algunas bellas palabras sobre una melodía. Existen algunas personas en este mundo que nacieron con el don de escribir poesía, escribir música. No puedo evitar conmoverme, al sentir alguna canción, una de esas que logran desunir de mí cada uno de mis átomos, llevándome al éxtasis, al flotar.
Salir del mundo que conocemos, cerrar los ojos y dejarse caer en un lento espiral de ensueño, meditar sintiendo cada vibración que duerme las puntas de los dedos. Una voz aterciopelada que acaricia mi rostro, besa mis labios con suave ternura, descansa cada músculo del cuerpo, y desvanece cada pesar, cada pensamiento, cada asunto humano.

Mundos imaginarios
están flotando en el aire
pasan por nuestros cuerpos
ecos de mil radares
cuando te afectan
nadie lo sabe
G.C

Será Dios? Es difícil no preguntarme cuando me he dejado llevar por la corriente de este inmenso y calmo mar de sensaciones en el que me he sumergido. Será Dios? Vuelvo a preguntarme, sin no haberme antes reconocido como la primera incrédula. Está bien que la evolución nos haya hecho tal cual nos vemos en un espejo, que la física, la matemática y la química me expliquen cada suceso de la realidad. Pero y la música? Qué hace que la música rompa con las barreras del tiempo, sea tan antigua y tan actual a la vez, qué hace que sea tan liviana pero tan trascendente, tan irracional pero tan humana. Desde un comienzo, desde la música más tribal, quisiera entender qué hizo que el hombre se haya visto obligado a producir sonidos, a comunicar sus estados de ánimo a través de ritmos, melodías y armonías. Sin duda, existe una correlación entre el nacimiento del primer sentimiento y la demostración del mismo. Ahora, cual sería el primer sentimiento del hombre, y a qué se debe, esto es otro misterio. El eslabón perdido le llaman, a ese enigma, a ese momento justo en el que el hombre dejó de ser animal para convertirse en una especie superior. Habrá razones estructurales del cerebro, claro, pero la chispa que desencadenó la catarata de sentimientos que a lo largo de nuestras vidas experimentamos, es algo que está mucho más allá de cualquier cosa que pueda especular. Y me vuelve la pregunta: Será Dios?

Y como el fuego reflejado en el agua
dibujaba partículas de dios
El fin de amar
(es) sentirse más vivo
G.C

Sé de un ser musical -de un genio de la seducción, de las palabras y de la transportación- que duerme profundo, en un mundo de tales nociones musicales que nosotros no alcanzamos a escuchar. El está envuelto en esas miles de melodías y sensaciones que no alcanzó nunca a darnos, porque el está ahora en un estado superior al nuestro. El permanece en un espacio en el que flota lenta y constantemente al ritmo de esos secretos que sólo la música conoce. Y repito, la música es el misterio más secreto que se guarda la creación para sí. O para el día de nuestras muertes. Quien ha amado la música, y se ha perdido en los laberintos de cada nota colocada por en su lugar por el supremo, ha conocido el rostro de Dios. Cómo más podemos explicarnos que aún hoy tratamos con esfuerzo descifrar a Bach, cómo es posible que cada nota esté tan exactamente colocada para decir tanto en tan poco espacio. Espacio? Dónde está la música? Dónde vibra? La física cuántica, tan mágica, nos habla de diminutas cuerdas de violín que atraviesan el universo y que vibran con cada tonada. Nos dice también, que la música penetra cada célula de nuestros cuerpos y hace vibrar las moléculas de agua dándole una forma particular y maravillosa a cada una.

Este hombre introdujo y cerró todas mis noches de amor, los primeros besos, las primeras caricias, miles de lunas contemplé con melancolía guiada por su voz. Cuántas noches lejos de casa le escuché, haciendo de cada lugar mi propia casa.
Gustavo Adrián Cerati, en qué clase de sueño podrá estar sumergido hoy? Creo que aquí nos dejó una pista:

Puedo equivocarme
tengo todo por delante
Nunca me sentí tan bien
Viajo sin moverme (de aquí)
Chicos del espacio
Están jugando en mi jardín
Medirán el azar con el viento
Fuerza natural
(…y me eché a la suerte…)