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Es tarde. Serán las 11 pm de un martes lluvioso y frío en la metrópoli, no cargo dinero, así que camino hasta casa con esa actitud con la que siempre cargo, melancólica, solitaria, erótica, decadente, musical… y la noche es perfecta para meterse en el papel. Emprendo un viaje que comienza en el centro de la ciudad y que termina en la esquina entre las calles “crímen” y “onirismo” del barrio oscuro de mi mente.

Hace mucho que no transitaba por estos lares. Un clima de peligro inunda el ambiente con olor a asfalto húmedo. Cada tres segundos observo sigilosamente mis espaldas para asegurarme que nadie me sigue, por más que me aseguro de que no hay nadie detrás, no puedo deshacerme de este sentimiento de ser perseguida. En mi cabeza “Verbo Carne” suena en un loop eterno, dándole vida a la escena. Este camino por el que ando y que nadie recomienda por su inseguridad, me genera una adrenalina tal que mis terminaciones sexuales se excitan, provocando en mi un derrame de hormonas, químicos y todas esas drogas que nuestro cuerpo produce naturalmente para hacer de nuestras vidas, un trip sicodélico perenne. Sexo y muerte son las dos fuerzas gemelas de la existencia.

Sentir las puntas de mis pezones erectarse y sensibilizarse al máximo, como ese llamado al placer que grita desde mi vagina,  que inunda mi torrente sanguíneo con una alta dosis de éxtasis y que nace del pavor, de la noche, de la maldad y del peligro, no me hace pensar en nada más que en una muerte sangrienta y placentera. Y al hablar de sangre recuerdo siempre mi primera menstruación, la muerte de la niña, el nacimiento de la mujer que se hace conciente del transcurrir del tiempo, del fin de las etapas, y del fin de la vida. Extraña relación aquella que existe entre mi vagina, central del placer sexual, y la sangre que emana de ella cada mes, sangre que significa la no-vida de un óvulo no fecundado. No-vida que a su vez significa el placer de copular si re-producirse.

En qué momento mi subjetividad se mezcla con la química y la biología natural del cuerpo humano? Qué relación hay entre mis perversiones y las sensaciones que recorren mi física?

Miles de protagonistas en una historia escrita por mi. La noche: la vuelta del mundo cada 24 horas. La lluvia: mero fenómeno atmosférico. La ciudad: artificio humano, compuesto de moléculas y personas interactuando constantemente. La circunstancia que me trajo hasta este preciso instante: consecuencia de eventos dependientes y no de mi voluntad. El espacio geográfico: un punto terrestre de este planeta que flota entre miles de otras estrellas compuestas de materia y de las cuales desconocemos su orígen. El momento: algún segundo perdido en la historia de millones y millones de segundos del universo.

Una extraña conyuntura entre la física del espacio-tiempo que ignora mi existencia, y mi existencia producto del azar de la física. Extraño y hermoso cruce de fatalidades que se hacen palabras bajo la luz de mi xeh-conciencia y que se traducen en el impulso sexual que conforma junto a la mortalidad, el lazo único y real de la raza humana.

Al salir de este vértigo de pensamientos absurdos, vuelvo a la realidad como una simple espectadora de lo externo, para advertir que estoy llegando a casa.

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