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¿Puede resultar trágico un asno?

Esta noche buscaba hombres y mujeres, buscaba seres humanos concientes de su egoísmo, de sus deseos, de sus miedos, de sus virtudes. Buscaba ojos que lograran reflejar un atisbo de luz, buscaba calma, comfort en la existencia del otro, felicidad en la vida compartida, cúmulos de energía valiosa, inteligente, aquello que en teoría somos. Pero como diría uno de los pocos grandes hombres,  sólo encontré monos imitadores de su ideal. Quienes pisotean la legitimidad del instinto y de la pasión, creyendo que son capaces de dominarse. Aquellos otros que en cambio sólo viven bajo la ley cruda y primitiva del instinto, negando los estados de razón a los cuales hemos llegado. Esos pocos que creen que la felicidad se halla a través de la razón y de la virtud. Cuál de todos más sensato.

Buscaba individuos, no gente, no masa; individuos concientes y responsables de la vida propia -alucinación?-. Mientras caminaba por la noche, con la luz de la luna entre las piedras y sin zapatos, me di cuenta cómo cada minuto me obligaba a tomar decisiones para poder continuar; meto los pies descalsos entre el fango y la mierda de caballo, o trato de subir por aquella roca? Tomo por la izquierda o por la derecha? Cruzo el riachuelo o mejor camino por el bosque? Por favor, no piensen que eran decisiones menores, un camino de dos horas en el medio de la jungla. Son pasadas las 8, no cargo linterna, debo llegar a la civilización, es este el camino correcto? Un paso tras otro constante, no quiero perder el ritmo de mi respiración, en el camino de las luciérnagas, del sonido de las ranas y  de los monos. Cada paso, recuérdenlo bien, es una decisión.  No nos quitemos nuestras responsabilidades de encima con frases tipo: “es el destino” “la voluntad divina” “la vida me buscó”. El azar juega con nuestras existencias constantemente, pero al final siempre somos nosotros quienes decidimos qué camino queremos tomar. Un sí, un no. Ahora. Es fácil y hasta entendible usar este tipo de frases a diario, no porque sean justas, sino porque la mayoría de decisiones a las cuales nos enfrentamos a cada segundo, las tomamos de manera inconciente. Es cierto que no podemos saber cómo será el futuro, si nos irá bien o mal de acuerdo con la decisión tomada,  pues hay espacio también para el arrepentimiento, aunque por ahí anda muy de moda el “yo no me arrepiento de nada en mi vida” con un aire de orgullo de por medio y gente que incluso se lo cree cuando lo dice. Es cierto que no es fácil tomar decisiones y que muchas veces la decisión que tomamos es simplemente procrastinar, o dejar que los otros decidan por nosotros. Pero éstas, si bien nos libran del peso de la decisión, debemos ser concientes de que también son decisiones. Mi reclamo es por la conciencia.

Puede uno llegar a ser conciente cuando se camina en la oscura selva con los árboles que ocultan la tenue luz de la luna, puede uno caminar entre la oscuridad y creer que este fango que piso es real, o este riachuelo? No puedo verlos. Soy conciente de ello. No importa cual sea el mundo, la verdad y la realidad, sólo pueden existir dentro de mi mente sin sentidos que me muestren un mundo hecho de apariencias. Pues hasta mi imagen en el espejo es sólo una apariencia, algo que percibo con la vista. Esta no soy yo. Yo soy esta otra que escribe sobre su propia conciencia, sólo puedo ver mis manos escribiendo, un efecto, no puedo ver mi mente pensando, la causa. Píntenme cualquier otro escenario, el mundo no existe, el ser es otra cuestión. Apaguen todas las luces, que no dejaré de soñar. Súbanme a un avión, que seguiré pisando tierra. Nada de esto me interesa. Entre más camino en medio de la noche, de la muerte o del sueño, me doy cuenta de cómo cada tiempo se extingue a sí mismo, cada segundo nace y se consume individualmente, ningún segundo es similar a otro, como las olas. Un peñón, un pantano, una montaña, unos leños, un puente, un salto, una caída, díganme si he dejado de ser la misma. Controlo mi pensamiento, soy dueña del misterio de la existencia, vengo del mar y de la selva, procreo, soy un animal como cualquiera de esas ranas, y aún así puedo ver las estrellas.

Somos tan ridículos en nuestro querer ser. Somos no más que un melodrama constante en el querer imitar aquello que nuestra razón de “seres intelectualmente superiores” nos dicta. Cuántas frases patéticas he escuchado por ahí que vienen a mí en este camino como un eco eterno, que nace en medio de la jungla, rio en silencio y mi sonido se camufla con el rumor de los grillos, ellos insectos yo humana. Rio pensando en las idioteces que nos decimos a nosotros mismos y a los demás para congraciarnos con el ideal de ser humano queremos ser. Te creíste muy listo? Pues te tengo. Como dije al inicio del post, terminamos siendo imitadores, protagonistas de una película que nosotros mismos nos inventamos, nada de lo que dijimos fue real. Quiero sentir algo real, como el sonido fértil de esta ranita en el medio del fango. Busco hombres y mujeres reales y concientes. No creerán que entre más palabras refinadas decimos mejores personas somos. Es pura dialéctica. Creemos que podemos construirnos como queremos sólo a través de las palabras, y en parte es cierto, pero las letras no son más que símbolos muertos. Cada una de estas palabras ya estaba muerta antes ser escrita, sin embargo, ustedes creen conocerme sólo por esto que escribo.

He caminado tanto que he perdido la noción del tiempo, mis pies están completamente cubiertos por el barro, los zancudos me chupan la sangre, ya me resbalé un par de veces, mi mente sigue batallando con la realidad. Han pasado unas cuatro personas en caballo en el sentido contrario al mío, les pregunto cuánto me falta, cuánto estoy lejos de mi destino. Todos me dicen lo mismo “20 minutos” y luego un “dale que ya casi llegas”. Ellos cargan linternas. Cuando se camina tanto tiempo en la oscuridad la luz repentina enceguece. Me saca de mi pensamiento, me obliga a interactuar, y sigo sin encontrar esos seres humanos al final del viaje. Miles de segundos se han extinguido, sin embargo vuelvo al lugar de dónde partí, al mar, a la selva, a la conciencia: “Puede resultar trágico un asno?”

El tiempo es mi duda constante. El espacio no.

El tiempo y el espacio, el “estar aquí” y el “ser concientes” de “estar aquí”, el explorar nuestra existencia a través de ambos, hermosas cuestiones existenciales; el primero es éste en el que exprimo mi mente tratando de encontrar las palabras para descifrarlo, el segundo en cambio está ya descifrado a través de los sentidos: los 2800 mt sobre el nivel del mar, el olor a pescado de la cena, la temperatura de mis piés, el sabor a vino en la lengua, la silla sobre la que me siento y a su vez todas las moléculas que vibran dentro de ella. Este es el espacio, mucho más sencillo de comprender, pero que sin el cual no podríamos ser tampoco, es decir, pensamos y somos concientes de nuestra existencia en el universo, nos vemos en un espejo, comemos, crecemos, amamos, nacemos, morimos, todo esto gracias a que somos un cúmulo de células, de materia perceptible. El tiempo en cambio es mucho más místico, él scorre o transcurre (en italiano es casi una onomatopeya), fluye. Muchos pensadores lo comparan con un río que nunca es el mismo río. Hagamos el ejercicio mental, sientense a la orilla de un río, pequeño, grande, como lo imaginen, observen con fija atención un solo punto del río; el agua que ven en este momento ya se fue, ya va lejos, y la que ven en este nuevo momento es el agua que en el anterior momento todavía venía en camino. Lo sé que son muchas palabras, lo lamento. Quiero sólo caer en una cosa: esa agua que vemos en todos los instantes es pasado y es futuro, el presente no puede existir sin ambos. En el momento en el que tomas una fotografía del momento presente, ya es pasado. En palabras de Borges, presenciamos “la agonía del tiempo presente desintegrándose en el pasado”.

Y el futuro o el por-venir, es siempre el hoy, es el regreso a la eternidad, la idea de un porvenir es lo único que nos alimenta, por eso lo construimos desde el presente con pedazos de pasado y con pegamento de memoria. Platón decía que el tiempo es la imagen móvil de lo eterno y el futuro sería el movimiento del alma hacia el porvenir. Volver a la no-existencia, a la eternidad. Se me acaba de ocurrir una escena para explicar la abstracción: Imaginemos una carrera de carros donde salen de un punto A a un punto B, Nosotros estamos en la tribuna observando la carrera, simplemente observando sentados sin ningún movimiento, en la “eternidad”, En un determinado punto se nos llama a ser participantes de la carrera, el tiempo transcurre en forma de secuencia, los segundos son partículas de eternidad una tras de otra en fila, es movimiento, La carrera inicia y acaba, como la vida, después volvemos a ser simples espectadores fuera del espacio de la carrera, inmóviles en el tiempo.

Nosotros como viajeros hacia la eternidad, soportamos todo el peso del camino con sus incertidumbres, aunque afortunadamente sabemos que existe un nuevo sol que vendrá mañana, y pasado mañana, el después de pasado mañana, dándonos tiempo para entender el viaje. Imagínense por un momento que toda la carga de la existencia se nos fuese dada toda en un inmenso paquete, dentro del paquete hay cientos de cartas, libros, papeles, películas, números que te explican todo, hay manera de devorar toda esa información contemporáneamente? No. Para eso se nos fue dado el tiempo, para tomar con calma cada uno de esos libros, cartas, papeles, películas, información, leerlos, entenderlos, conectarlos los unos con los otros, El rompecabezas no se puede armar instantáneamente: cada pieza es puesta en su lugar una tras de otra, en sucesión.

Amo leer que tanto a Borges, como a Nietzche, como a Einstein y Hawking, como a Platón y San Agustín apasionó este tema tanto como a mí. El mismo Borges decía que si lograramos descifrar el tiempo lograríamos descifrarlo todo. Porque si el tiempo fluye desde el pasado hacia el futuro, y es infinito, debe tener un origen. De ser eterno, el futuro podría moverse hacia el pasado, y ese no es el caso. Un origen del movimiento del tiempo, un origen del universo, puede ser el mismo origen nuestro. Por esto me gusta estudiar y pensar en la maravilla del tiempo, porque está intimamente ligado a nuestro profundo problema: Quien soy? Quienes somos? Qué hacemos aquí? El tiempo es el mismo que se descompone mientras pienso en el origen del tiempo.

Amo el misterio de la existencia, como bien dijo San Agustín, sentir que mi alma arde por saberlo todo. Ser yo misma es una prueba palpable de la existencia del tiempo, crecer como cualquier otro ser vivo, cambiar, no ser la misma cada día física y mentalmente, ser conciente de que el peldaño donde tengo el pie ahora es el peldaño que se deja y el que está frente a mis ojos es el que se toma, atravesar mil circunstancias que sólo te conducen a un destino que al mismo tiempo ya fue, y a pesar de todas estas cosas seguir siendo siempre yo, permanecer sin importar el transucurrir del tiempo, como quien permanece de pie en medio de una ventisca que amenaza con derribarlo. Somos siempre nosotros permanentes en lo móvil, pero móviles dentro de lo único permanente, la eternidad. Como dije en alguno de mis post,  cada día es un No a la eternidad…. Y no es en vano que tengamos días y noches, no es en vano que la tierra gire alrededor del sol para tal efecto, Contamos númericamente, vivimos y recordamos nuestra vida bajo mandato del sol. Entre un día otro, tomamos la noche para dormir, para soñar, aunque yo agregaría también para morir, y así cada mañana volver a nacer y nuestro día trascurre siempre en dirección a la noche, como nuestra vida hacia la muerte. Por eso es que es tan mágica la noche cuando nos quedamos despiertos, es un pedazo de oscuridad que podemos ver, Y por esto es tan mágico el sueño porque es lo más cercano a la muerte dentro de lo que conocemos, Y por esto es tan mágico el tiempo, porque me permite pensarlo en él mismo, mientras veo el reloj tranformarse en futuro, acercándose al lúnes, al mañana.

Y ya es mañana.


Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

Domingo frío y solitario en casa. Desesperadamente quiero huir de la ciudad y de la monotonía. Así que esta tarde me fui a dar un paseo a las afueras de la ciudad, me sumergí en un inmenso bosque de eucaliptos, enmarañado entre hilos constantes de agua y árboles que jugaban con el cielo. Caminé y caminé hasta encontrar el sitio perfecto donde pudiese recostarme en la grama para conectarme frente a frente con la luz fuerte, cálida y amarilla del sol. Aqui dónde estoy, estoy sola, perdiéndome entre el sutil sonido de las hojas, los sapos, las cascadas y los pájaros. Cerré los ojos. Empecé a sentir suaves gotas que empapaban mis mejillas y un frio que lentamente empezaba a subir por mi cuerpo. Cuando abrí los ojos, el cielo ya no era azul y las copas de los eucaliptos se habían desvanecido. Así como todo alrededor. La neblina se había apoderado de todo a su paso, encarcelando la luz, encarcelando el color, encarcelando también mi mente. El camino de regreso a casa sería muy difícil sin lograr ver ningún punto de referencia. Sin embargo, caminé. Debo admitir que sentía un poco de miedo, no sé de qué, talvez del caminar sola en un camino donde es imposible ver algo.

Ya habrían pasado unos 30 minutos de camino en el medio del bosque. En el recorrido me adentré en las conversaciones secretas de los sapos y en la suave y delicada línea que separa el verde del blanco. A unos 5 metros de distancia comienza a aparecer entre la niebla la silueta de una casa. Me acerqué. Era una casa grande y vieja, con vigas de madera mojada que apenas lograban sostener el techo. La poca luz que se filtraba a través de las ventanas dibujaba formas y fantasmas, gritos y pasado en las paredes y en el piso de la vieja casa. Una bandada de pensamientos pequeños y negros comenzaron a volar sobre mi cabeza, formaban hermosas figuras en el cielo de mi mente, de modo homogéneo pero desacomodado daban vueltas alrededor de mi subjetividad, y en su vuelo graznaban despavoridas frases:

“Pero no hay olvido, ni sueño: carne viva.”

“Eres sólo la imagen del sueño, en el sueño de alguien más”

“No existe el tiempo, ni el despertar, sólo el sueño y nuestra vida acaba en uno”

Basta! grité y los cuervos desaparecieron de mi mente. Tomé una fuerte bocanada de aire con intenciones de despertar, pero aún estaba en la casa. Me reincorporé para encontrar sentado en una de las viejas poltronas de la sala a un hombre. Un hombre joven y viejo a la vez, de esos hombres que físicamente tienen poco más de un cuarto de siglo pero en sus ojos miles de años de sabiduría acumulada,  de mirada perdida pero curiosa, por más que no recordaba su rostro y que a duras penas podía verlo con claridad, sabía quien era y no sentí miedo, al contrario, alivio. Con dulces palabras me pidió que dejara el miedo afuera, que no tenía ningún motivo para temer. “No estás soñando, esto es tan real como la vida a la que llamas real, mira tu reloj, qué horas son?”

Absurdo. Siempre me ha pasado. No logro ver los números, se distorsionan, se mueven, no sé qué horas son, la desesperación me atrapa, necesito saber qué hora es, cual es la realidad de mi tiempo-espacio, dónde estoy, cuántos años he vivido, cuantos segundos me quedan. Me asusto y me despierto en mi cama, me cuesta trabajo abrir los ojos, mala señal, miro a mi alrededor la neblina no se ha ido, está allí fuera de mi ventana, y mi amigo me está observando fijamente desde la puerta de la habitación. Trato de hablarle, pero siento mi lengua pegada al paladar. Trato de levantarme pero no tengo fuerzas, por más que lo intento con toda mi energía. Comienza la angustia. Mi amigo se acerca, coloca suavemente su mano cálida sobre mi frente “te extrañaría aunque no te conociera” dice. Caigo profundamente dormida otra vez. Lograré despertar?

Siento una fuerte agitación en el pecho, mi respiración se acelera, cuando abro los ojos estaba bajando una colina a toda velocidad, como si estuviera huyendo de algo. Bajaba corriendo en medio de los árboles por un angosto camino de lodo. No tengo idea hacia dónde me dirijo. Sólo sé que mis piernas se mueven, que corro, que estoy bajando la montaña, pero la montaña se mueve, cambia de forma cada segundo, el árbol que veo ahora(pasado del próximo “ahora”) no es el mismo que veo ahora (futuro del anterior “ahora”), el paisaje cambia ante mis ojos, una piedra que no estaba antes, un riachuelo en medio del camino, es el paisaje que se mueve o soy yo? Estoy detenida en el tiempo y es el universo el que se mueve en otro tiempo? O somos nosotros los que atravesamos el umbral del destino y de la eternidad? No logro comprender qué soñé, qué fue real, esto es real? Es la percepción del tiempo la que cambia constantemente, a veces se hace eterno como en un trip de ácido, un minuto puede ser infinito, el minuto se mueve en otra dimensión y en otra dirección, nosotros en cambio hiper-reflexionamos en lo que pareciera el minuto antes de la propia muerte, eternidad. A veces en cambio se hace corto, muy corto, diminuto, como toda nuestra vida vista en la línea del tiempo del universo. Un parpadeo.

Me detengo un segundo para tomar aire y sacar todos estos pájaros que dan vueltas vertiginosas en mi cabeza, miro a mis espaldas, y me doy cuenta que la niebla va bajando también entre los árboles a toda velocidad, haciendo blanco todo a su paso y se acerca muy rápidamente hacia mi. Tal cual como su forma gaseosa y húmeda disuelve todo a su paso, así mismo sopla desde lo alto una nube de sueño universal.

Aquí no se ha escrito nada

Nunca pienso en los lugares donde estaré, sino en las fotos que tomaré.

Siempre me olvido de comprar un cuaderno de notas.

Es en los márgenes donde habita la furia caliente.

Cuando mi mirada se pierde en algún momento, es que estoy mirándome como quien mira una escena de una película.

Esta ciudad es tan alta, que las nubes vuelan entre sus edificios.

Mi rostro es bastante asimétrico, como mi personalidad.

La mujer blanco-burguesa estigmatizó a las hembras del planeta. Así somos menos peligrosas para el sistema.

“La paz no es el fín, la paz es el camino” dice el dicho, pero la paz sí es el fín y la psicodelia el camino!

“¿El progreso significa la muerte, don Hernández?”, pregunto yo. Y él, cuando el último tren arranca, dice: “No. No significa nada”.   -Tierras de Frontera

Recientemente encontré una página web llamada “El cyberpastor”.

El futuro es, al menos para mí, bastante claro… nada, por más trágico, bonito, loco que sea, podría sorprenderme.  (Pensarlo me eriza la piel)

“El amor es como una paloma, llega, te caga y se va” – Del Facebook de alguien.

Creo en la construcción del saber a partir del deseo y el instinto… así sea improbable.

Esperanza? América Latina. Sin duda.

Ser mujer es un asunto tan complicado y oscuro que a veces me asusta.

El bar donde trabajo se llama Dirty Sanchez.

A la hora del sexo normalmente él se desviste, yo en cambio, me desnudo.

Para el calor: Agüita ‘e coco bien helada.

Generalmente me siento vieja, como una mujer de 80 años. Física, emocional y animalmente.

Hace poco conocí a un filósofo, uno de verdad. La filosofía tiene una larga barba blanca.

Mi piel aguanta cualquier clima.

La frase: “Si me hablás de Dios, me hablás de Maradona o de Cerati”                                                   -Walter (Argentina).

Las certezas las tengo, sólo me falta un incierto en el cual creer.

Ella usó mi cabeza como un revólver

Más Carreta

Así como todos los caminos conducen a Roma, todas las reflexiones nocturnas finalmente conducen al amor. Desde que somos niños el amor nos lanza señales a cada instante, aunque sin una forma o concepto definido. Es simplemente un estado de bienestar, sea junto a nuestros padres, hermanos, abuelos, o amiguitos. Luego comienza la corrupción a medida que vamos creciendo, para mi generación, la televisión, las películas de Disney y los cuentos de los hermanos Grimm sembraron en nuestras ingénuas cabezas imágenes y paradigmas de lo que debería ser el amor romántico, o el amor de pareja. El príncipe, la princesa, Romeo, Julieta, Quasimodo, Esmeralda, la bestia, la bella… y así una larga lista de parejas ideales que luchan por estar juntos, para luego experimentar la dicha eterna. Sin embargo, más allá de la forma, lo que nos inquieta es su esencia, tan frágil y sutil, tan imperceptible pero tan necesaria: de niños necesitamos amor porque es vital para la supervivencia, sin el amor y el cuidado de una familia no pasaríamos de la primera semana de vida. De adolescentes alimenta nuestro entusiasmo por la vida, nos llena de curiosidad, es una aventura alimentada por la inocencia y creatividad infantil junto con el impetú de vivir y el uso de razón en desarrollo. De adultos es la luz en momentos de oscuridad, es la mano cuando hay caída, es el sueño de vida compartida. Y de ancianos es la compañía y la preparación para el gran paso.

Shopenhauer es sin duda una luz en este tema. Si usted es de aquellas personas que compra en el supermercado libros para “aprender a amar”, remóntese mejor a los grandes pensadores. En su introducción de “El amor, las mujeres y la muerte” Shopenhauer nos recuerda que hasta él, fueron pocos los filósofos que se encargaron del tema del amor, cita a Platón, de quien hemos hablado ya y de su Banquete. Daría la impresión de que los filósofos dejan a los poetas encargarse del amor, de manera incluso despectiva. Pero lo cierto, es que nadie se escapa.. el amor es como la muerte, es más, es su antítesis.

Cansada un poco de la charlatanería que abunda sobre este tema, lo étereo que lo dibujan los poetas, los enamorados, y hasta la misma iglesia, resuelvo como ya es costumbre, repensar – finalmente de manera tácita – este tema tan complejo.  Todo comienza con un instinto animal que ha evolucionado, que se ha sublimado a puntos de extrema belleza y nobleza. Un instinto animal que se ha enraizado en un instinto de sobrevivencia,  que para sus fines ha creado químicamente una adicción fatal, una necesidad tan vital como el aire. Un aire que ha dejado de ser O2 para convertirse en una mezcla química que permite la vida al espíritu.

Afirmar que el hombre ha dejado de ser un animal sería mentir, pero afirmar que aún es un animal es blasfemar. Sí, estamos encerrados en un cuerpo animal que nos permite existir como materia física, un cúmulo de células, compuestos químicos, electricidad, mecánica, etc. Pero nuestras mentes han alcanzado niveles de destreza que no se comparan con las de ningún otro ser del planeta. Sólo bastó con una chispa para que el hombre emergiera de la simple arcilla de tierra y agua, para preocuparse con asuntos divinos, como el arte o el amor. Es escalofriante pensar que una chispa logró transformar lo que en un inicio sería la copulación para la vida terrenal de las próximas generaciones, en un sentimiento tan complejo y libre que resume y es en su fin más íntimo, el objetivo único de la especie humana.

Los dejo con un poco de Otis Redding… esa canción que conmueve el alma del último romántico que conozco, del ser más enamorado sobre la puta faz de la tierra. Kiki.