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Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan

Domingo frío y solitario en casa. Desesperadamente quiero huir de la ciudad y de la monotonía. Así que esta tarde me fui a dar un paseo a las afueras de la ciudad, me sumergí en un inmenso bosque de eucaliptos, enmarañado entre hilos constantes de agua y árboles que jugaban con el cielo. Caminé y caminé hasta encontrar el sitio perfecto donde pudiese recostarme en la grama para conectarme frente a frente con la luz fuerte, cálida y amarilla del sol. Aqui dónde estoy, estoy sola, perdiéndome entre el sutil sonido de las hojas, los sapos, las cascadas y los pájaros. Cerré los ojos. Empecé a sentir suaves gotas que empapaban mis mejillas y un frio que lentamente empezaba a subir por mi cuerpo. Cuando abrí los ojos, el cielo ya no era azul y las copas de los eucaliptos se habían desvanecido. Así como todo alrededor. La neblina se había apoderado de todo a su paso, encarcelando la luz, encarcelando el color, encarcelando también mi mente. El camino de regreso a casa sería muy difícil sin lograr ver ningún punto de referencia. Sin embargo, caminé. Debo admitir que sentía un poco de miedo, no sé de qué, talvez del caminar sola en un camino donde es imposible ver algo.

Ya habrían pasado unos 30 minutos de camino en el medio del bosque. En el recorrido me adentré en las conversaciones secretas de los sapos y en la suave y delicada línea que separa el verde del blanco. A unos 5 metros de distancia comienza a aparecer entre la niebla la silueta de una casa. Me acerqué. Era una casa grande y vieja, con vigas de madera mojada que apenas lograban sostener el techo. La poca luz que se filtraba a través de las ventanas dibujaba formas y fantasmas, gritos y pasado en las paredes y en el piso de la vieja casa. Una bandada de pensamientos pequeños y negros comenzaron a volar sobre mi cabeza, formaban hermosas figuras en el cielo de mi mente, de modo homogéneo pero desacomodado daban vueltas alrededor de mi subjetividad, y en su vuelo graznaban despavoridas frases:

“Pero no hay olvido, ni sueño: carne viva.”

“Eres sólo la imagen del sueño, en el sueño de alguien más”

“No existe el tiempo, ni el despertar, sólo el sueño y nuestra vida acaba en uno”

Basta! grité y los cuervos desaparecieron de mi mente. Tomé una fuerte bocanada de aire con intenciones de despertar, pero aún estaba en la casa. Me reincorporé para encontrar sentado en una de las viejas poltronas de la sala a un hombre. Un hombre joven y viejo a la vez, de esos hombres que físicamente tienen poco más de un cuarto de siglo pero en sus ojos miles de años de sabiduría acumulada,  de mirada perdida pero curiosa, por más que no recordaba su rostro y que a duras penas podía verlo con claridad, sabía quien era y no sentí miedo, al contrario, alivio. Con dulces palabras me pidió que dejara el miedo afuera, que no tenía ningún motivo para temer. “No estás soñando, esto es tan real como la vida a la que llamas real, mira tu reloj, qué horas son?”

Absurdo. Siempre me ha pasado. No logro ver los números, se distorsionan, se mueven, no sé qué horas son, la desesperación me atrapa, necesito saber qué hora es, cual es la realidad de mi tiempo-espacio, dónde estoy, cuántos años he vivido, cuantos segundos me quedan. Me asusto y me despierto en mi cama, me cuesta trabajo abrir los ojos, mala señal, miro a mi alrededor la neblina no se ha ido, está allí fuera de mi ventana, y mi amigo me está observando fijamente desde la puerta de la habitación. Trato de hablarle, pero siento mi lengua pegada al paladar. Trato de levantarme pero no tengo fuerzas, por más que lo intento con toda mi energía. Comienza la angustia. Mi amigo se acerca, coloca suavemente su mano cálida sobre mi frente “te extrañaría aunque no te conociera” dice. Caigo profundamente dormida otra vez. Lograré despertar?

Siento una fuerte agitación en el pecho, mi respiración se acelera, cuando abro los ojos estaba bajando una colina a toda velocidad, como si estuviera huyendo de algo. Bajaba corriendo en medio de los árboles por un angosto camino de lodo. No tengo idea hacia dónde me dirijo. Sólo sé que mis piernas se mueven, que corro, que estoy bajando la montaña, pero la montaña se mueve, cambia de forma cada segundo, el árbol que veo ahora(pasado del próximo “ahora”) no es el mismo que veo ahora (futuro del anterior “ahora”), el paisaje cambia ante mis ojos, una piedra que no estaba antes, un riachuelo en medio del camino, es el paisaje que se mueve o soy yo? Estoy detenida en el tiempo y es el universo el que se mueve en otro tiempo? O somos nosotros los que atravesamos el umbral del destino y de la eternidad? No logro comprender qué soñé, qué fue real, esto es real? Es la percepción del tiempo la que cambia constantemente, a veces se hace eterno como en un trip de ácido, un minuto puede ser infinito, el minuto se mueve en otra dimensión y en otra dirección, nosotros en cambio hiper-reflexionamos en lo que pareciera el minuto antes de la propia muerte, eternidad. A veces en cambio se hace corto, muy corto, diminuto, como toda nuestra vida vista en la línea del tiempo del universo. Un parpadeo.

Me detengo un segundo para tomar aire y sacar todos estos pájaros que dan vueltas vertiginosas en mi cabeza, miro a mis espaldas, y me doy cuenta que la niebla va bajando también entre los árboles a toda velocidad, haciendo blanco todo a su paso y se acerca muy rápidamente hacia mi. Tal cual como su forma gaseosa y húmeda disuelve todo a su paso, así mismo sopla desde lo alto una nube de sueño universal.

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Aquí no se ha escrito nada

Nunca pienso en los lugares donde estaré, sino en las fotos que tomaré.

Siempre me olvido de comprar un cuaderno de notas.

Es en los márgenes donde habita la furia caliente.

Cuando mi mirada se pierde en algún momento, es que estoy mirándome como quien mira una escena de una película.

Esta ciudad es tan alta, que las nubes vuelan entre sus edificios.

Mi rostro es bastante asimétrico, como mi personalidad.

La mujer blanco-burguesa estigmatizó a las hembras del planeta. Así somos menos peligrosas para el sistema.

“La paz no es el fín, la paz es el camino” dice el dicho, pero la paz sí es el fín y la psicodelia el camino!

“¿El progreso significa la muerte, don Hernández?”, pregunto yo. Y él, cuando el último tren arranca, dice: “No. No significa nada”.   -Tierras de Frontera

Recientemente encontré una página web llamada “El cyberpastor”.

El futuro es, al menos para mí, bastante claro… nada, por más trágico, bonito, loco que sea, podría sorprenderme.  (Pensarlo me eriza la piel)

“El amor es como una paloma, llega, te caga y se va” – Del Facebook de alguien.

Creo en la construcción del saber a partir del deseo y el instinto… así sea improbable.

Esperanza? América Latina. Sin duda.

Ser mujer es un asunto tan complicado y oscuro que a veces me asusta.

El bar donde trabajo se llama Dirty Sanchez.

A la hora del sexo normalmente él se desviste, yo en cambio, me desnudo.

Para el calor: Agüita ‘e coco bien helada.

Generalmente me siento vieja, como una mujer de 80 años. Física, emocional y animalmente.

Hace poco conocí a un filósofo, uno de verdad. La filosofía tiene una larga barba blanca.

Mi piel aguanta cualquier clima.

La frase: “Si me hablás de Dios, me hablás de Maradona o de Cerati”                                                   -Walter (Argentina).

Las certezas las tengo, sólo me falta un incierto en el cual creer.

Ella usó mi cabeza como un revólver

Más Carreta

Así como todos los caminos conducen a Roma, todas las reflexiones nocturnas finalmente conducen al amor. Desde que somos niños el amor nos lanza señales a cada instante, aunque sin una forma o concepto definido. Es simplemente un estado de bienestar, sea junto a nuestros padres, hermanos, abuelos, o amiguitos. Luego comienza la corrupción a medida que vamos creciendo, para mi generación, la televisión, las películas de Disney y los cuentos de los hermanos Grimm sembraron en nuestras ingénuas cabezas imágenes y paradigmas de lo que debería ser el amor romántico, o el amor de pareja. El príncipe, la princesa, Romeo, Julieta, Quasimodo, Esmeralda, la bestia, la bella… y así una larga lista de parejas ideales que luchan por estar juntos, para luego experimentar la dicha eterna. Sin embargo, más allá de la forma, lo que nos inquieta es su esencia, tan frágil y sutil, tan imperceptible pero tan necesaria: de niños necesitamos amor porque es vital para la supervivencia, sin el amor y el cuidado de una familia no pasaríamos de la primera semana de vida. De adolescentes alimenta nuestro entusiasmo por la vida, nos llena de curiosidad, es una aventura alimentada por la inocencia y creatividad infantil junto con el impetú de vivir y el uso de razón en desarrollo. De adultos es la luz en momentos de oscuridad, es la mano cuando hay caída, es el sueño de vida compartida. Y de ancianos es la compañía y la preparación para el gran paso.

Shopenhauer es sin duda una luz en este tema. Si usted es de aquellas personas que compra en el supermercado libros para “aprender a amar”, remóntese mejor a los grandes pensadores. En su introducción de “El amor, las mujeres y la muerte” Shopenhauer nos recuerda que hasta él, fueron pocos los filósofos que se encargaron del tema del amor, cita a Platón, de quien hemos hablado ya y de su Banquete. Daría la impresión de que los filósofos dejan a los poetas encargarse del amor, de manera incluso despectiva. Pero lo cierto, es que nadie se escapa.. el amor es como la muerte, es más, es su antítesis.

Cansada un poco de la charlatanería que abunda sobre este tema, lo étereo que lo dibujan los poetas, los enamorados, y hasta la misma iglesia, resuelvo como ya es costumbre, repensar – finalmente de manera tácita – este tema tan complejo.  Todo comienza con un instinto animal que ha evolucionado, que se ha sublimado a puntos de extrema belleza y nobleza. Un instinto animal que se ha enraizado en un instinto de sobrevivencia,  que para sus fines ha creado químicamente una adicción fatal, una necesidad tan vital como el aire. Un aire que ha dejado de ser O2 para convertirse en una mezcla química que permite la vida al espíritu.

Afirmar que el hombre ha dejado de ser un animal sería mentir, pero afirmar que aún es un animal es blasfemar. Sí, estamos encerrados en un cuerpo animal que nos permite existir como materia física, un cúmulo de células, compuestos químicos, electricidad, mecánica, etc. Pero nuestras mentes han alcanzado niveles de destreza que no se comparan con las de ningún otro ser del planeta. Sólo bastó con una chispa para que el hombre emergiera de la simple arcilla de tierra y agua, para preocuparse con asuntos divinos, como el arte o el amor. Es escalofriante pensar que una chispa logró transformar lo que en un inicio sería la copulación para la vida terrenal de las próximas generaciones, en un sentimiento tan complejo y libre que resume y es en su fin más íntimo, el objetivo único de la especie humana.

Los dejo con un poco de Otis Redding… esa canción que conmueve el alma del último romántico que conozco, del ser más enamorado sobre la puta faz de la tierra. Kiki.