Archivo de la categoría: Vértigo Hypermoderno

Welcome to Héxpoli

Como todas las mañanas don Patricio se levantó para ir a trabajar en el norte de la ciudad. Aún le quedan unas 2 horas de camino para llegar a su destino: la embajada de Egipto, donde se desempeña como jardinero. Ana, una joven estudiante hermosa y rebelde, lucha contra la sensación de poner el pie fuera de la cama en aquellas mañanas gélidas y con neblina. Ese día a doña Mary le comenzaba la bronquitis aguda que meses después le quitaría la vida. Todos siempre fueron muy resistentes al frío, sin embargo desde el año pasado el invierno estremece la ciudad como, al menos ellos, no habían visto nunca. Este invierno a diferencia de los otros era más húmedo, más nebuloso, más fatigoso, costaba mucho adaptarse a él;  las madrugadas de neblina densa, la mañana con un sol fuerte, abrumador, caliente, el medio día nublado de nuevo y muy frío, y la noche… húmeda y glacial. Nadie lo comprende, por momentos muy cortos se llega a estar bien, pero la mayor parte del tiempo se está maldiciendo. Como ahora.

Hoy al señor Alejandro le apareció el hijo que tuvo alguna vez con una mujer, hace 38 años, y que por cuestiones de la vida ella lo alejó de él, una vez nacido. Alejandro nunca supo cómo se llamaba o dónde estaba.  Pero hoy regresó del olvido. Hoy Esteban se levantó de la cama con la verga dura como le viene pasando desde hace 3 años, como todos los días se despertó para ir a escuela, entró a la ducha y abrió el agua cliente, mientras esperaba a que se calentara se sentó en el inodoro y comenzó a masturbarse exquisitamente. Ese día su madre confundió la hora y entró al baño creyendo que era más temprano y que Estaban aún dormía, como era lo usual, medio sonámbula con los ojos aún entrecerrados abrió la puerta del baño sin pensar y con la orina en el último milímetro de su uretra, pegó un grito con tal fuerza que su orina le corrió entre las piernas, momento justo en el que Esteban tenía su orgasmo. Esteban nunca olvidará este día. Su madre, tampoco.

Hoy un joven informático, parte del grupo que trabaja en contra de su voluntad en una empresa X por un sueldo minúsculo, se encontró con que la página web de esta empresa, su responsabilidad, amaneció hackeada. Un reto para él en una vida plana y aburrida. Hoy Florencia conoció a Gabriel en el cine, los dos eran los únicos espectadores de la película. Los únicos dos espectadores de la película se quedaron dormidos a 4 metros de distancia en el mismo momento. Al finalizar la película Gabriel se despertó y alcanzó a ver el preciso instante en que Florencia abría sus ojos con molestia cuando prendieron las luces de la sala. Salieron al frío y a la lluvia, caminaron en la misma dirección, hasta que Gabriel le habló a Florencia, sobre lo que a ella más le gusta; mecánica cuántica. Hoy Juliana salió de su casa al mercado a comprar los ingredientes para el almuerzo de sus niños, mientras elegía entre comprar detergente para el inodoro o comprar aquél Easy off Bang! que prometía servir también para esos detestables hongos de las duchas por unos centavos más, un dolor muy fuerte y agudo surgía de sus tripas, un dolor que espantaba y que la obligaba a retorcerse. Desesperada respiró hondo, caminó lento, se concentró en la felicidad de poder combatir los hongos de su baño, hizo la fila, pagó el brócoli, la pechuga de pollo, el queso, las galletitas de chocolate…y el producto milagroso. Tomó un taxi, subió con paciencia las escaleras del edificio, entró a casa botando las compras al suelo y se descargó con furia en el inodoro. Terminada la diligencia, agradeció al cielo haber comprado el quita manchas para el inodoro.

Hoy Cristina compró tres velas amarillas, un ramo de rosas rojas, una caja de su sushi favorito, el de cangrejo picante, llegó a su casa pasadas las 7 de la noche, encendió su cigarro favorito se arropó con la vieja ruana de la abuela, puso las flores en agua y encendió las velas, se sentó a la luz de las velas bajo el calor de la vieja ruana y de la voz de ese cantante que tanto le gusta. Y se concentró a mirar desde su ventana a la ciudad y la lluvia… a la mujer y al alma.

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xEh = mc 2

Es tarde. Serán las 11 pm de un martes lluvioso y frío en la metrópoli, no cargo dinero, así que camino hasta casa con esa actitud con la que siempre cargo, melancólica, solitaria, erótica, decadente, musical… y la noche es perfecta para meterse en el papel. Emprendo un viaje que comienza en el centro de la ciudad y que termina en la esquina entre las calles “crímen” y “onirismo” del barrio oscuro de mi mente.

Hace mucho que no transitaba por estos lares. Un clima de peligro inunda el ambiente con olor a asfalto húmedo. Cada tres segundos observo sigilosamente mis espaldas para asegurarme que nadie me sigue, por más que me aseguro de que no hay nadie detrás, no puedo deshacerme de este sentimiento de ser perseguida. En mi cabeza “Verbo Carne” suena en un loop eterno, dándole vida a la escena. Este camino por el que ando y que nadie recomienda por su inseguridad, me genera una adrenalina tal que mis terminaciones sexuales se excitan, provocando en mi un derrame de hormonas, químicos y todas esas drogas que nuestro cuerpo produce naturalmente para hacer de nuestras vidas, un trip sicodélico perenne. Sexo y muerte son las dos fuerzas gemelas de la existencia.

Sentir las puntas de mis pezones erectarse y sensibilizarse al máximo, como ese llamado al placer que grita desde mi vagina,  que inunda mi torrente sanguíneo con una alta dosis de éxtasis y que nace del pavor, de la noche, de la maldad y del peligro, no me hace pensar en nada más que en una muerte sangrienta y placentera. Y al hablar de sangre recuerdo siempre mi primera menstruación, la muerte de la niña, el nacimiento de la mujer que se hace conciente del transcurrir del tiempo, del fin de las etapas, y del fin de la vida. Extraña relación aquella que existe entre mi vagina, central del placer sexual, y la sangre que emana de ella cada mes, sangre que significa la no-vida de un óvulo no fecundado. No-vida que a su vez significa el placer de copular si re-producirse.

En qué momento mi subjetividad se mezcla con la química y la biología natural del cuerpo humano? Qué relación hay entre mis perversiones y las sensaciones que recorren mi física?

Miles de protagonistas en una historia escrita por mi. La noche: la vuelta del mundo cada 24 horas. La lluvia: mero fenómeno atmosférico. La ciudad: artificio humano, compuesto de moléculas y personas interactuando constantemente. La circunstancia que me trajo hasta este preciso instante: consecuencia de eventos dependientes y no de mi voluntad. El espacio geográfico: un punto terrestre de este planeta que flota entre miles de otras estrellas compuestas de materia y de las cuales desconocemos su orígen. El momento: algún segundo perdido en la historia de millones y millones de segundos del universo.

Una extraña conyuntura entre la física del espacio-tiempo que ignora mi existencia, y mi existencia producto del azar de la física. Extraño y hermoso cruce de fatalidades que se hacen palabras bajo la luz de mi xeh-conciencia y que se traducen en el impulso sexual que conforma junto a la mortalidad, el lazo único y real de la raza humana.

Al salir de este vértigo de pensamientos absurdos, vuelvo a la realidad como una simple espectadora de lo externo, para advertir que estoy llegando a casa.

De viaje por la ciudad

Simbiosis 2

La ciudad es siempre inmensa, por más chica que sea. Mientras sea ciudad siempre será una selva de cemento, casi tan oscura, compleja y peligrosa como la selva real. Animales de todo tipo algunos de piel y hueso, otros de metal y motor, caminos difíciles, rincones oscuros, rincones claros, caras en cada esquina y caras en cada árbol. Largos caminos llenos de obstáculos para volver al refugio. Sin embargo es otro mundo. Pues mientras en la selva el aire es pureza extrema y la comida naturaleza pura, una manada de sensaciones que alimentan el cuerpo y el espíritu y que nos hacen aprender a vivir cada experiencia sensorial al máximo, la ciudad en cambio nos obliga a cubrir nuestros olfatos de grandes nubes de humo negro, tapamos nuestros oídos con Ipods o simple imaginación para no tener que distraernos con el insoportable sonido de las bocinas, evitamos el roce con superficies contaminadas y la comida que encontramos en ella es siempre alguna mezcla química. La ciudad nos obliga a alejarnos de ella lo más que podamos, pero dentro de ella, debemos concentrarnos tanto en nosotros mismos, en nuestras casillas, en nuestras mentes, en nuestros negocios, para no volvernos locos, nos obliga a la introspección y a la apatía a lo externo. La selva es todo lo contrario, nos obliga a sentirla sensorialmente, a abrir nuestros sentidos a la sensibilidad más alta que consigamos, es ella quien nos brinda las pistas para el camino. La ciudad es confusa, como es confuso el ser humano, zonas lindas y zonas feas, unas peligrosas y pobres, otras ricas y elegantes, unas políticas, otras recreativas; si un cerebro pudiera pavimentarse… sería una ciudad.

Y esta ciudad no me agrada, no se alinea con las calles de mi personalidad, ni con las avenidas de mi pensamiento. Acostumbrarse a un lugar distinto en todos sus aspectos nunca es fácil, es entretenido y vale la pena intentarlo, siempre y cuando se consiga un bienestar. Pero no siempre es así, a veces por más que lo intentemos no logramos acomodarnos a ciertos lugares, incluso, aunque los disfrutemos.

Por ejemplo, no hay día que no me impacte el aplomo y el respeto con los que los dos indígenas, hombre y mujer, que trabajan en labores de aseo de la oficina y que no miden más de 1,50 mts, me saludan cada mañana. Un cálido temor, acompañado de un gran respeto y de una desarmante sumisión. No llegaré a comprender jamás sus miradas, tan profundas y tan inocentes a la vez, así como nunca podré olvidarlas, y al recordarlas, cada vez, encantarme.

No me resulta fácil relacionarme con estas personas, y siendo que las personas son la personalidad de la ciudad,  pues con la ciudad misma. Soy exactamente como el pelícano de la foto. Un ave de mar, chocándose contra la antena del celular, los postes de luz, y los edificios. Por más que lo intente, nunca logrará su paz en medio del caos. Y yo por más que lo intente nunca me voy a acostumbrar a la maldita nube negra que toce cada automovil. Quiero aire de mar. Y punto.

Humanidad, Cómo has cambiado

Anoche estuve en una reunión de despedida, habrían llegado unas 25 personas a disfrutar de una cálida cena en grupo. Todos hablaban, intercambiaban pensamientos y risas. Una velada agradable. El plato fuerte de la noche era una deliciosa carne a la parrilla, algunos como yo, estuvimos deseosos de saborear la jugosa carne, sin embargo me llamó la atención que apróximadamente la mitad de los invitados no comen carne. Y está bien, debe quedar claro que este post no busca hacer una diatriba contra los vegetarianos, por el contrario, son una muestra de cómo en tan pocos años hemos evolucionado.

Pasa que desde el nacimiento del ser humano, nuestros hábitos alimenticios siempre han tenido un rol importante en el desarrollo de nuestras mentes y cuerpos. El fuego por ejemplo modificó nuestra caja dental; de muelas grandes y fuertes para destrozar la carne cruda, a dientes pequeños y finos que mastican alimentos tiernos y suaves. Podrá parecer banal, sin embargo este cambio en nuestro hábito alimenticio, ha aportado ciertamente a la evolución de nuestro cerebro y con ella, a la evolución de nuestros pensamientos. No es tampoco un secreto que la obesidad presentada por los estadounidenses responde a niveles de glucosa (azúcares y grasas) que la humanidad en toda su historia jamás había ingerido. Pues para alcanzar el nivel de glucosa de cualquier dulce moderno, había que comer no sé cuántas cantidades de frutas.

Pero volvamos a los vegetarianos de hoy. Me asombra la cantidad de jóvenes que hoy en día han optado por retirar las carnes de sus dietas. Ayer en el asado, observaba la carne, jugosa, sangrienta, roja, animal y el comerla me hace sentir precisamente, animal, es un sentimiento tan primitivo que recorre miles de años desde el primer simio carnívoro hasta mí. Y este sentimiento primitivo no solamente aflora al momento de comer la carne, sino que permea las distintas instancias de la vida. Quiero decir, estudiemos un poco a los vegetarianos. Suelen ser siempre personas tranquilas, neo hippies (en el buen sentido), personas incluso alejadas de ciertos impulsos animales, que pienso yo, pueden ser propiciados por las distintas propiedades de la carne y por el acto mismo de sentir la sangre animal que corre por nuestros rostros. Y es justamente esta lejanía de nuestros instintos primitivos, lo que me hace reflexionar sobre el efecto que podrá tener sobre nuestros cuerpos, nuestros cerebros, nuestras mentes y nuestras sociedades.

En todo caso, a pesar de haber vegetarianos por diversos motivos; defensores de animales, retractores de las hormonas en las carnes, etc, todas razones válidas, el dejar de comer la carne obedece también a un momento clave de la humanidad. Un momento en el que el ser humano piensa en buscar vida en otros planetas, necesitar del cuerpo lo menos posible, para dar paso a un ser humano mentalmente super desarrollado. Un camino por el que sin duda está transitando la humanidad, como si supiera o presintiera que en algún momento tendrá que comer sólo aquello que brote del suelo, sean granos, hojas, frutos, etc.

Pareciera que en todo sentido, el hombre busca a como dé lugar alejarse de todo aquello que le recuerde su orígen animal, para extenderse como un ser superior al resto. Estoy segura de que muy pocos de ustedes se sienten animales, y que cualquier sentimiento o instinto animal en nosotros es rechazado ferozmente. Pero… por más que quieras, por más blanco y educado que seas, somos y seguiremos siendo parte de una misma naturaleza.

 

Enorme Turbulencia Sistémica

El congreso de la potencia que creó y que mueve la economía global acaba de aumentar el techo de su deuda, recortando prestaciones y programas sociales. Su modelo neoliberal sin duda está carcomiento las propias bases de su sistema económico, pero además las bases de ese sueño que fue en su momento el ideal de vida libre y feliz que el mundo debía y quiso adoptar. Todo empieza a desmoronarse ante nuestros ojos y la incertidumbre permea cada espacio de nuestras sociedades. Pero con quién está endeudado los Estados Unidos de América? Ya hablaremos de esto.

Debemos ser concientes de que “la unión” es hoy uno de los países con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza, que ha dejado a más de 130 millones de estadounidenses sin derecho a una salud y educación gratuita. Que esos 130 millones de personas en los últimos años han visto como sus sueldos se han ido devaluando, mientras que un pequeño porcentaje de la población alrededor de unas 30 mil personas han logrado incrementar hasta en un 300% sus ingresos. Cómo es posible?

Traigo palabras del latino emblema de la lucha por la igualdad: ” Vivimos en un mundo que está profunda y antagónicamente dividido en agrupaciones de naciones (Hoy en día, multinacionales) que representan tendencias económicas, sociales y políticas muy disímiles… Los distintos países capitalistas desarrollados luchan incesantemente entre sí por el reparto del mundo y la posesión estable de mercados, que les permita un desarrollo amplio, basado desgraciadamente, en el hambre y la explotación del mundo dependiente” Ché Guevara, Ginebra 25 de Marzo de 1964.

Hablemos del gran hermano, Europa, continente que por efectos de la energía jóven que traía EEUU a comienzos del siglo pasado y después de dos estúpidas guerras mundiales que lo dejaron en la quiebra se dejó guiar hacia ese rumbo desconocido pero prometedor que planteaba el hijo prodigio de Inglaterra. Y no funcionó. Un continente unificado bajo una moneda y vuelos baratos no logró consolidar un modelo económico transparente y libre de esas malas mañas de las que está plagado el capitalismo o el imperialismo, hoy llamado neoliberalismo. Fue así entonces como un continente que apostó en un sueño comunista se vio digerido por el brillo mágico que representaba la satisfacción de necesidades lujuriosas e inútiles, llámese consumismo.

Vayámonos a la temida China, el monstruo comunista hipócrita de nuestros días. China que tuvo 1200 años para conformar la conciencia de sus más de 1000 millones de ciudadanos, en unos pocos años llegó a convertirse en el imperio consumista, capitalista, imperialista más descomunal que el mundo haya visto. Es esa misma China que marchó bajo el maoísmo, la que nos llena de objetos innecesarios y de mala calidad que sólo alimentan la desmedida explotación de recursos naturales. En este momento de ruptura sin duda China juega y jugará un papel clave en la conformación del mundo post-capitalismo, no tanto por motivos culturales, aunque para nosotros occidentales es escalofriante pensar en oriente como cultura dominante, como por el hecho de que tiene comprados todos los bonos del tesoro de su imperio contrincante, el mal llamado, americano.

No hablemos de Africa cuyos cerebros se mueren de hambre, y ante el hambre no hay quien piense en sistemas y capitalismos y toda esta basura. Africa se muere de hambre y al mundo le importa un bledo, comenzando por los gordos blancos de la FAO y su programa mundial de alimentos. Si fuera yo un miembro de la FAO propondría hacer un intercambio de niños: envíemos al cuerno de África a los miles de niños obesos  gringos y a los famélicos negritos a la tierra de Mc Donald’s. No?

Puedo imaginar a los corredores de bolsa de Wall Street (personajes detestables) halandose los cabellos tratando de tomar lo que más puedan antes de que este gran castillo de naipes llamado neoliberalismo se venga abajo. Imagino también a los economistas generando cálculos inimaginables y fórmulas ingeniosas para tratar de salvar el dólar y el euro, sabiendo perfectamente que el sistema tiene grandes fallas estructurales. Nombrar algunas produce un poco de escosor, e incluso asco: deuda, especulación, consumismo, extractivismo, esclavitud, desigualdad, hambre, bancos, interés, inflación, devaluación, crédito… ya dije DEUDA??

Pareciera que el sistema actuara como un ser vivo muerto de hambre, que una vez que siente que muere empieza a devorar todo lo que encuentra, incluyendo los pastos verdes de la economía sana, para comenzar a comer las malezas de una economía injusta y manipuladora. Y como un buen cáncer esta economía maligna se ha ido expandiendo a todas las instancias del ser humano: el arte cuyo máximo exponente actual es Lady Gaga; la pobre educación que hace que la gente oiga a Lady Gaga; la salud que sólo puede pagar Lady Gaga; las relaciones interpersonales capitalizadas, deshumanizadas y absorbidas por las empresas más ricas del planeta, llámese Facebook; la comida transgénica, química y residual que nos enferman; los recursos naturales que se agotan; pero sobretodo un gran estrés socio-económico que ataca principalmente a la juventud, sólo basta con mencionar al jóven ultraderechista nórdico que sacudió a uno de los países más “desarrollados y pacíficos” del mundo, Noruega.

Mientras todo esto pasa en el mundo, aquí en Latinoamérica hay unos locos que hablan en lengua extraña de algo llamado Sumak Kawsay, que en cristiano se traduciría: Buen Vivir. Por lo que he oído lo único que les preocupa es cuidar la naturaleza y asegurar la soberanía alimentaria de su gente.

Qué nos impide conformarnos con lo básico? Qué clase de gente insensible y estúpida puede todavía pensar en alimentar a ese gran cáncer que amenaza con destruirnos?

Fotografías de una dignidad ausente

Silencio

Una cercana trompeta invisible sale de alguna de estas direcciones, en alguno de los números de estas casas antiguas en medio de la noche. Es Domingo, 10 de la noche en la fría capital andina, uno que otro automóvil cada tanto, la soledad que abunda, la noche que es sólo frío, eucaliptos, montañas, luces tenues, casas viejas y esa increíble trompeta solista. Algún artista esa noche sentía lo mismo que yo, sólo que en lugar de salir a caminar y observar la ciudad, se encerró en su paraíso con su instrumento. La sola idea de estar convencida de la existencia de esa persona que esa noche tocaba la trompeta y que esa existencia por alguna razón estaba conectada a la mía por ese instante de electricidad cósmica, me pone la piel de gallina.

Hambre

Bebé Peruano

Serían exactamente las 12 del día en la mitad del mundo. El sol reventaba el cielo y nuestras pieles. Sentir el ecuador y su sol es realmente una experiencia indescriptible, siendo la única línea imaginaria que existe y que se siente. No como el prepotente meridiano de Greenwich, obra máxima del ego europeo, que rige la hora, el tiempo y los ciclos de nuestra vida, de una manera tan cuadrada y represiva, bajo el calendario gregoriano, otra invención europea. Me percato entonces de la presencia de aquella mujer indígena bastante jóven aún, sentada en la esquina. Camino y paso cerca de ella tratando de observarla sin que se sienta agredida. La mujer tiene el torso semidesnudo dejando ver esas estrias aún rojas en su vientre mientras que con un movimiento sutil extrae de su pezón izquierdo su leche de hermbra madre, lo está envasando en un tetero y ya ha cargado más o menos la mitad del recipiente. Busco inmediatamente al recien nacido en los alrededores, pero no lo veo. Ella está sola.

Auto condolencia

Llegó al bar aquel compatriota pintor que desde hace un tiempo juega con mi cara diseñando locuras en su faz. La última locura fue mía, quería una franja roja recta sobre mis ojos, como una especie de antifaz. Con el paso del tiempo y de la noche lo que al comienzo se veía como un maquillaje futurista, el sudor de mi cara lo había convertido en un maquillaje tribal e indígena. Cerramos el bar temprano con la idea de ir a uno de esos bares que cierran tarde, y así fue. Había olvidado completamente que llevaba esta pintura en mi cara, con la cual era imposible pasar desapercibida, hasta que por la calle las miradas no disimulaban su sorpresa. Una vez en el bar un pobre borracho cuarentón se me acerca y me dice: “Te galantearía sino estuviera de pelea con el maldito mundo”. Y se alejó para quedarse en un rincón con la mirada fija en su propia lástima.

Incomprensión

El fantasma de la Libertad, Bruno Volpez

Las 4 de la tarde en pleno centro histórico, un lugar que ha oído las historias más valientes como las más sórdidas. Un lugar que no es de nadie y que cuya esencia ha trascendido de quienes lo habitan. De alguna esquina se sentía el barullo de la gente cuando se congrega. Esta vez eran todos jóvenes, con uno que otro adulto tratando de comprender, porqué estos chicos y estas chicas de rasgos indígenas se visten como raperos neoyorkinos y se dejan hipnotizar por un ritmo monótono y corriente, escuchando palabras que pasaban por sus cerebros como ráfagas. Algunos se íban, otros se quejaban, unos pocos realmente se quedaron a escuchar:

Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frio en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.

Mascá chicle y Subí la escalera

Era ya un poco tarde cuado decidí salir de casa, sábado segundo día de Julio. Ese día había vuelto del trabajo un poco tarde, tipo 9 pm, estuve en mi habitación leyendo un poco sin muchos ánimos de salir pero esperando al chileno y al italiano que venían por mí. En realidad venían de otra ciudad a 8 horas de la mía, a pasar el fin de semana y el cumpleaños de uno de ellos. Ese mismo sábado. Pero no soporté, tuve que salir antes de que llegaran. Aquí la razón, desde hace algún tiempo los compañeros que viven dos pisos debajo del mío, un alemán y una francesa negra de padres haitianos, culean todas las noches. Y todas las noches les oigo.

Ella es hermosa, pero él más. Son dos prototipos de seres humanos bellos, de belleza admirable, era lógico que en una misma casa terminaran oliéndose los rabos como perros el uno al otro. Ella lleva el sexo en los ojos y de lejos es obvio que ella se lo come a él. Él es un hombre hermoso, digno representante de la raza aria, mide casi dos metros, se ejercita todos los días y carga un rostro de porcelana. Cada vez que lo veo no logro disimular mi encanto como tampoco logro disimular mi morbosidad, es imposible verlo y no pensar que debe tener un buen falo. Entonces por las noches los escucho. Su pelvis varonil y muro, se revienta sobre esas nalgas pesadas y redondas con golpes secos que tocan la carne oscura de sus entrañas de hembra, para extraerle gritos profundos y lujuriosos que alegran todo el barrio.

Esta noche por primera vez me acerqué a la ventana para escuchar y hurgar mejor entre sus cobijas. Pero la sorpresa fue mayor, a quién vi fue al señor de unos 50 años que vive entre el piso de los amantes y el mío. El se percató también de mi impertinencia, así que se alejó de las corinas, de donde él además si tiene vista, a diferencia de mí  que debo conformarme con los sonidos. Apagué las luces y me quedé al pié de la ventana, con la mirada perdida y un cigarro en la mano. Aunque dentro de mí se sentía el placer de dos amantes fornicando, otra parte sentía una terrible envidia, que con el paso del polvo y de los gritos, se fue intensificando así como el placer de esa negra. Así que me voy.

Que coincidencia que en el momento en el que abro la puerta, están los chicos, nos subimos al carro y nos fuimos a la zona de la rumba, a eso de las 11. Fuimos al bar en el que trabajo desde hace un mes – de esto hablaré algún día – donde puedo adquirir tragos más baratos. Comenzamos a tomar los tres, los chicos se quedaron hablando mientras yo estaba en la barra hablando con mi jefe en tono de amistad. Hasta que este argentino, cuarentón, flaco, porteño, drogadicto, deprimido, hincha del river, abandonado, profesor de artes marciales, mendigo, flaneur se me acerca:

“Mi mujer me dejó morocha, llevo dos meses en esta depresión” y luego cambiaba de tema: “Sabés que sos espectacular morocha?”, y luego otra vez: “Soy de Buenos Aires, y soy hincha del River, cómo crees que voy a estar con su descenso a la B”, interrumpí en este momento para decirle: “pero porqué los argentinos sufren tanto por el fútbol?”, “mira morocha tu no entendés que es una pasión”. Y la charla se extendió una hora más, hablando de lo mismo de siempre, de la vida, y como ésta no da tregua. Salimos del bar, los amigos invisibles adelante y yo con el nuevo amigo detrás. El punto es que el porteño había comenzado a ponerse un poco pesado, aunque decidí dejarlo venir sólo para no ser descortés. Seguimos caminando, cuando él me pide que me detenga “mirá esta escena morocha… él no ha hecho nada, sólo está ahí mendigando en la acera, tu entiendes porqué pasa esto?” Efectivamente dos policías lo estaban acosando, no sé porqué, pero sabemos que finalmente era por el simple hecho de ser un mendigo, por estar ni siquiera en la pirámide, sino debajo de ella, resistiendo toda la presión de la vida y la sociedad.

Seguimos caminando, y seguimos hablando, o él seguía hablando. Llegamos al carro, ese mismo monza 90 que había llegado hasta Quito desde la Patagonia chilena, subiendo por la ruta 40 del norte argentino, cruzando por Bolivia y su salar, subiendo por Perú y su Cuzco, Machu Picchu y Máncora, para finalmente terminar en este triangulillo en la mitad del mundo. Al llegar… la sorpresa, nos habían robado, roto el vidrio se habían llevado el computador central del carro donde se conjugan todas sus terminaciones eléctricas, pequeño aparatejo que vale mucho dinero. Una noche arruinada sin duda. Mientras el chileno y el italiano trataban inútilmente de solucionar la situación, el argentino no paraba de hablarme a través de los vidrios rotos de la ventanilla trasera del auto, pues yo aguardaba en la silla posterior con algo de frustración y pena por lo acontecido. Me contaba que estaba perdido en el bazuco y que estaba perdido en la vida, a sus más de 40 años de existencia. Hasta que llegó a una conclusión: “Morocha no te olvidés, mascá chicle y subí la escalera, mascá chile y subí la escalera”. Con esas palabras y después de ayudar perdidamente a arreglar el auto, se fue con sus frustraciones y el frío de la noche a cuestas.

Nosotros dejamos el auto en un parqueadero y nos fuimos a casa a dormir. No había de otra. Yo aún pienso en vano qué habrá querido decir con mascá chicle y subí la escalera. Dos cosas sencillas que al parecer no significan mucho, dos acciones no muy difíciles de ejecutar al tiempo, de pronto no sé, divagando un poco puedo interpretar que nos complicamos por tonterías algunas veces, pero imagínense que la escalera es muy alta y a medida que subimos nos agitamos y el mascar chicle no nos permite tomar aire, se hace cada vez más difícil respirar y mascar chicle. Posiblemente te tragues el chicle en el intento, o lo escupas y luego se te pegue en el zapato. O de pronto simplemente no significa más que mascar chicle y subir la escalera, y este argentino era un pelotudo. Qué les puedo decir?