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30 horas sin dormir

Me dormí en una parte del mundo y desperté en otra. Parte de mí se quedó del otro lado, acá sólo traje un pedazo de carne y piel, la esencia está como ausente, necesita volver a desarrollarse. No reconozco mucho del exterior, sólo estas edificaciones de los años ochenta de colores muertos que arruinan el paisaje. Pequeños balcones llenos de plantas como un autoengaño de los seres humanos para creer que aún tienen algún tipo de contacto sincero con la naturaleza, con el verde. Múltiples antenas. Persianas cerradas. Sonido de aires acondicionados y carros, muchos. El tan aclamado desarrollo. Y yo que me siento tan ajena, y al mismo tiempo, tan hundida en esta basura. Cómo no volvernos locos si el horizonte está enladrillado? El paisaje cubierto por una enorme pared interminable, cruda, concisa, encarceladora. Y el cielo enmarañado con cables, antenas y naves.

Y cuando no se duerme el tiempo-espacio adquiere una nueva máscara. La geometría del tiempo y del espacio varía, es como si de pronto la fuerza de gravedad aumentara y la curvatura del universo recayera toda sobre mí. Todo se ralentiza, todo pesa, todo es oscuro, denso. Es claro que me muevo a una velocidad distinta de esa en la que se mueven todos. Viajo a una velocidad mucho mayor, constante e independiente de este sistema. Las parejas en la gran Piazza, los jóvenes de las motos sofisticadas, las muchachas a la moda, los que toman el café en el bar, pertenecen siempre al mismo sistema de referencia que todos conocemos. Son todos ellos relojes que se atrasan con el movimiento. Aunque para todos sin excepción el tiempo sea exactamente el mismo. El secreto está en la velocidad, según Einstein, en la intensidad, dirían los filósofos.

Y entre todo eso,  hay cosas que flotan, que son tan estremecedoras que hacen un quiebre brutal del universo. Sensaciones etéreas y divinas, lejanas de las matemáticas y la ciencia, del mundo. Momentos de pequeños big bangs internos, la creación de muchos universos nuevos y desconocidos, que distorsionan la veracidad de este único universo que creemos conocer, o más que distorsionarla, la ponen en duda. Un respiro, la chispa de la genialidad humana, el roce suave con el alma propia. Raptos abruptos hacia un lugar vacío y lleno a la vez. La perfección hecha una gota de sudor en un pequeño poro. Ver el universo a través de los ojos que fueron creados especialmente para ello.

Y aún así, dicho esto, ya nadie cree en nada. Los ancianos ya no esconden nada entre sus arrugas, ni las mujeres entre sus labios, ni los hombres entre las manos. La mística se ha quedado encerrada en los ladrillos de Sant’Angelo, la humanidad no guarda nada, es obscena y cruel, aunque bien vestida. Hiperreflexia, pérdida de la lucidez. Se cumplen exactamente 30 horas sin dormir, sin desconexión de la realidad, como un Tevere que lo ha visto y sufrido todo. Pero aquí ya estuve, como una viajera del tiempo-espacio, sintiendo que he existido siempre y que no me he perdido de nada. Lo juro, que ya el Tevere me había conocido.

Cat Food

Pasan mil cosas y tengo la cabeza a millón. Son días raros… es la luna, es el mundo, es el universo, es el 2012. La gente comienza a ponerse loca y rara, nosotros nos comenzamos a poner locos y raros. Días de vértigo. Veamos las noticias: Hoy un chico estudiante de neurociencia mató a 12 personas creyéndose un villano de comic; Los mercados no creen en España; Primera terapia génica en el mundo es aprobada; Rebelión indígena en Colombia; Fraude en México; Guerra en Siria; Sequía en EEUU; Kim Kardashian tiene el mejor cuerpo… podríamos seguir.  Estamos llegando al ahorcamiento del sistema, a ese futuro desventurado del que tanto hablaron los grandes intelectuales de nuestra era, el momento en el que la razón y la dialéctica iban a acabar con ese misterioso nexo que nos une al cosmos. El momento en el que el hombre iba a dejar de reconocerse como siempre lo hizo, para comenzar a banalizar los sentimientos, incluso los más nobles. Este tiempo en el que nos vemos obligados a aborrecer cualquier moralismo porque no se acopla a este mundo pragmático compuesto de engranajes, del cual ya no somos los inventores sino una simple pieza, y debemos actuar como tales, como piezas carentes de poder e ingenio, donde el hombre sensible ya no tiene cabida. Nos hemos vuelto roca ante el sufrimiento del otro, el problema de la humanidad, de este colectivo que somos, ya no es nuestro, de “nuestro” ya no hay nada.

La competencia por la sobrevivencia, que se reduce a la competencia por el dinero, no dejan espacio a la fraternidad y la solidaridad, palabras que de sólo escribirlas me generan cierto escozor, demasiado cursis para estar todavía pensando en ellas, añorándolas. Somos tantos que corremos hacia algún tipo de “puerta” metafísica que nos va a sacar de este pedazo de tiempo, como a la salida de un partido de fútbol multitudinario o de un vuelo de 8 horas, todos queremos salir afanosos, algunos se caen y mueren aplastados por la masa, los demás estamos ahí presionando al de adelante y siendo estripados por todos los que vienen detrás.  El mundo ya no nos necesita como individuos y menos en un planeta que ha sobrepasado los 7 billones de humanos, no valen ya nuestras palabras o sueños o sentimientos, son sólo gritos que se pierden en un espacio sin eco. Creer que podemos desviar el camino es una mera ilusión. La historia se va escribiendo sin nosotros. Sucumbimos, como diría Sabato, a la imposibilidad de toda meta y al fracaso de todo encuentro. Es la verdad. Es, por lo menos, mi cotidianidad. Ya no es tiempo de creer en lo sublime, en la conexión sincera con el otro, el frenetismo de estos tiempos nos tiene a todos perdidos, atrapados en un universo duro y enigmático. Es normal que cada día desfallezcamos física, psíquica y espiritualmente.

Entonces observo como una señal de desespero esa afanosa búsqueda de un “algo” espiritual que llene este vacío que ha dejado el materialismo en nosotros. Abundan las nuevas sectas, el recrudecido fanatismo en los milagros, los occidentales que se dejan obnubilar por los ritos de oriente. Vivimos un vacío de humanidad que nos duele a todos en el pecho, y contra el cual creemos que no podemos hacer nada. Veo con tristeza la fatiga de las luchas sociales, el cinismo de los poderosos, la dureza del establecimiento, el radicalismo de algunos pocos valientes. Y los que flotamos en el medio tratando de hacer lo mejor para lidiar con nuestra propia existencia. La maldita idea de la libertad que nos persigue (o que perseguimos?) como un fantasma arcaico. Finalmente siempre me encuentro en este limbo que subyace entre la reflexión lógica y los quehaceres diarios del mundo carnal al que todos pertenecemos. Los valores de la humanidad, esos de los que hablaban los griegos en sus mitos, hoy en día son justamente eso, imágenes de dioses remotos.

Lo curioso de toda esta historia, y donde quisiera creer que hay alguna esperanza, es que pareciera que todos somos concientes de esto. Todos. Parece que sabemos dentro de nosotros que algo terrible va a suceder. Como un instinto colectivo primario, como el de las hormigas o los elefantes. Y ante esta posibilidad estamos viviendo como en un frenesí. Veo cómo por ejemplo la gente que siempre vivió en países fríos busca desesperadamente vivir en el trópico, y viceversa, los del trópico creen que en los polos fríos es mejor la vida. Veo también que mucha gente trata de hacer todo lo que no hizo antes. Veo otros que se han sumergido en la ligereza, en el no pensar, en el poner la mente en blanco y dejar que el cuerpo se las arregle como pueda. Otros en el seguir la señalización del sistema. Otros en el hallar la felicidad en lo que ofrece el mundo material. Pero en cualquiera de los casos preferimos no hablar de ello, cualquier trivialidad sirve para evadir el problema, y dentro de “trivialidad” cabe todo lo que no es real. Como si hubiéramos hecho el pacto de avanzar sin preocuparnos mucho por el asunto. Es lo mejor que podemos hacer?

Y acá estamos, herederos de un destino bastante complicado, con una tierra que agoniza, con una plaga de seres humanos en la miseria, olvidados de quienes somos y de aquella meta que solía llamarse con el nombre de felicidad. El tiempo que se pasa imperceptible, la presión de los millones de niños que nacen cada día, la rabia de los viejos y la responsabilidad que tenemos en nuestras manos los jóvenes de hoy, que buscamos desesperadamente una alternativa, una respuesta, pero vagamos por ahí en un mundo que no nos brinda ninguna satisfacción. Aquí estamos viendo con nuestros propios ojos esta bomba de tiempo que va a estallar pronto. Son días locos para todos. Tenemos una historia.

El vacío es una substancia… y vibra

Esta noche Gregorio me invitó a cenar. Hace un tiempo que trata de persuadirme para invitarme a salir y esas tonteras. En realidad disfruto conversar con él de vez en cuando, más cuando las charlas nacen orgánicamente en un encuentro casual no premeditado. Lo conocí en una exposición de arte contemporáneo, sobre el cual decido omitir cualquier juicio, al cual me había invitado una compañera del trabajo. Una chica de padre ecuatoriano, madre guatemalteca, nacida en Rusia pero criada en México. Con ella hablamos siempre de hombres, nos reímos y nos hacemos compañerismo. La verdad es que prefiero alejarme del círculo pedante y engreído que rodea el arte, por lo general la élite económica de esta ciudad latinoamericana, no tengo nada de qué hablar con ellos. Con mi compañera –amiga?- fuimos a la expo después de la oficina vestidas terriblemente, despeinadas, cansadas y sin maquillaje. Tomamos champagne y compartimos impresiones de la exposición. Así conocimos a Gregorio y un amigo suyo argentino, Gregorio es de padres mexicanos pero nació en “el gabacho” como llaman los mexicanos a Estados Unidos. A primera vista, me agrada, está aquí por las mismas razones que mi amiga y yo, a diferencia de los demás excéntricos refinados que revolotean con sus ropas caras que quieren hacer parecer baratas. Fue un golpe perfecto, el argentino se encantó con mi amiga, y Gregorio, bueno, conmigo. A partir de ahí ,con una hermosa vista del centro antiguo de la ciudad, conversamos largo rato. Volví a encontrarlo en un par de eventos más, y otra vez caminando por la zona de los bares, en todas las ocasiones fue un grato encuentro y nos hicimos compañía. Sin embargo, me rehusaba a la idea de llamarlo, o que él me llamara, o acordar una invitación. Parte de lo agradable de estos encuentros es que ocurrían en ese momento de tremendo aburrimiento y desesperación cuando una jornada cae en picada. Allí salía él, de la nada, e imagino que así salía yo también de la nada, insospechada, bella, aburrida. Bah. Los temas siempre casuales, la noche, el concierto de la próxima semana, nada trascendental, y menos mal. Soy pesadísima y matapasión cuando me pongo trascendental.

Después de varios encuentros interesantes pues comprendo que él quiera verme más a menudo, la situación debo admitir, un poco me asusta, de pasar a ser una desconocida encantadora, a ser una conocida desencantadora (o encantadora también?). Estrechar lazos que comienzan por un par de palabras y terminan con un par de condones en la caneca. Mi conciencia en este momento no necesita sexo. No quiero volver a ponerme en el juego. Ya sé cómo terminan estas citas. Decido adrede no verme atractiva, ser lo más natural posible y no preocuparme mucho por verme como una potencial pareja sexual. Estoy abierta a una buena charla, aunque debo reconocer que ya voy un poco predispuesta, ustedes saben (quienes son ustedes?) el tema de las sonrisas, los acercamientos físicos, el cortejo animal. Respiro profundo. Aunque no quiero engañarme, hoy no me siento vibrante. Llego al encuentro, desde dentro del lugar él me observa llegar, me doy cuenta pero actúo como si no supiera que él está allí (es idiota lo sé, hace parte de mi personaje). Lo ubico, me siento, ordeno un vino, enciendo un cigarro, digo “hola”. Ya lo venía pensando en el bus, dejaré que sea él quien tome el control de la situación en absoluto, no quiero decidir nada, ni influir sobre lo que sucederá esta noche, que sea cómo él quiera, yo sólo me dejaré llevar por sus temas de conversación, me iré cuando él decida, y si estoy de humor, dónde él decida. Mantendré un estado de ánimo neutral y sobrio, nada demasiado extrovertido, pero tampoco introvertido. No inundaré la conversación con mis dilemas personales. Tampoco insinuaré algún interés hacia algo en particular. Hoy estoy abierta a todo, expresaré mis opiniones y seré lo más yo posible, pero también fluiré como el agua, me filtraré naturalmente por todas las rendijas que él deje entreabiertas. Debo confesar, sin embargo, que por el momento no estoy interesada en sexo. Últimamente cuando  he querido dar rienda suelta a los antojos de mi vagina, mi intelecto se molesta iracundamente. Me es inevitable sentirme un objeto, un cuerpo, todo lo demás que soy se olvida, y esta sensación de nimiedad no me permite tampoco disfrutar del momento. Es un círculo vicioso. De hecho, no recuerdo la última vez que disfruté un polvo. Al no sentirme plena en un sentido intelectual, y por ende, emocional, no puedo vivir a plenitud una relación sexual. Lo siento, me es imposible desprender mi mente de mi cuerpo, soy un todo, y durante el acto sexual todo de mí está en juego.

Volvamos a Gregorio. Él sin duda es un tipo amable y seguro de sí mismo, brinda un aire de confianza que torna el ambiente ameno, sonríe constantemente (mostrando los dientes como cortejo o como amabilidad? Puede ser la misma cosa, no?) pone cara de estar prestando atención a lo que digo, y por  momentos me parece que hay más de generosidad en su actitud, como una fingida postura de interés que un interés real en lo que digo. Mala señal. Quiere fornicar. Quién no. Bueno… yo quiero, y al mismo tiempo no, como ya expliqué. Tuve un triste flashback por un instante. Algunas veces, exactamente 9 –me tomé el trabajo de contarlas- más o menos un 70% de los hombres que me llevé a la cama en mi corta vida sexual, no pudieron satisfacerme. Su excusa: “me intimidas” “es que me gustas mucho” “es tu culpa por ser tan guapa”. Se puede culpar al otro por el miedo dentro de uno? Si te tomaste el trabajo de traerme hasta aquí, porqué no cumples tu cometido a cabalidad? Tienes que hacerme sentir miserable a mí para disminuir  tu sentimiento de auto conmiseración?  Suspiro, trato de no predisponerme. Trataré de disfrutar del resto de la noche sin ninguna expectativa. Creo que es inútil, creo que absolutamente todos en este tipo de encuentros “románticos” –la palabra ya me sabe a vómito- guardamos en el fondo de nosotros alguna expectativa, de enamorarnos, de follar, de encontrar un abrazo, de tener una buena conversación, de no sentirnos solos, de divertirnos. Etcétera.  “Y cuéntame qué haces en la radio?” Odio esta pregunta, es de esos temas de conversación tipo salvavidas, temas genéricos, como la aspirina. Arreglan cualquier dolor. Sé que sus intenciones no son malas, en realidad me gusta mi trabajo, sin embargo hablar de la radio es hablar de política, y justamente este trabajo, si antes me gustaba, me ha hecho detestar la política, y más aún hablar de política. Prefiero burlarme de las religiones. Al menos me divierto. Hablar de política en cambio me aburre, me procura este sentimiento de impotencia y frustración que me arruina no sólo el momento, sino que puede durar semanas dentro de mí. Me fastidia que otros decidan mi vida, y más aún que sean ineptos, corruptos, drogadictos, borrachos, cristianos fundamentalistas, mafiosos, lambones, como ya sabemos que son nuestros senadores, presidentes, diputados, etc. “No hablemos de trabajo, qué hartera”

Creo que es el quinto tema de conversación que esquivo. Después del “Y tu familia?” “Es complicado, mi madre está enferma” “Qué tiene?”. Suspiro. O después del “Estás saliendo con alguien?” “ehhhh…. Si…. Bueno… no….Bueno, la verdad es que hace un año que no lo veo pero hablamos por skype” Otro suspiro, y un trago de vino. Y después del “Y qué sueños tienes, qué planes tienes para lo que queda del año” Silencio. Reflexiono. “Mira, traté de verdad de encontrar una respuesta a tu pregunta, así fuera algo simplemente para decir algo, pero no encontré nada. Qué más quieres saber de mí?” Suspiro. “Mejor hablemos de ti”  “Pues,  ahora mismo trabajo en el ministerio de Medio Ambiente, en la oficina de resguardos indígenas, pues sabes hay muchas empresas de todo tipo, intentando sacar recursos, pero son tierras protegidas y hay que hacer muchas maniobras legales para permitir la entrada de las empresas, y muchas otras maniobras diplomáticas para no permitirla. Entiendes?” Otra vez política. Me da asco. “Y tú de qué lado estás?” le pregunto sin anestesia. Se queda  mirando la copa. “Es complicado” responde y se queda en silencio. “Cambiemos de tema, qué estás oyendo por estos días?” No recuerdo quién preguntó primero, pero es claro que algo tenemos en común, la decepción del sistema. Yo por lo menos ya tomé una importante decisión. Apenas pueda renuncio. Y aquí sale a relucir mi frase de batalla y la que deberá ser absolutamente mi epitafio “Como diría el gran Edgar Allan Poe, Nevermore” Gracias Poe.

Esta frase ha comenzado a permear casi todos los espacios de mi vida. Creo que estoy en ese proceso del aprendizaje, donde se empieza a reconocer lo que no gusta, incluso antes de saber lo que sí gusta, donde a través de los errores aprendemos dónde no volver meter la pata. Y bueno, el Nevermore, ya no aplica solamente a la oficina, la política, los horarios, los protocolos, la burocracia, la contaminación, las 8 horas en una silla frente al computador, sino que también ya lo aplico en el one night sex (aunque dependiendo del sujeto podría aceptar algunas excepciones), a las drogas fuertes en lugares cerrados, al salir con uno que no te gusta sólo por aceptar compañía, a las relaciones amorosas a distancia, al curry y al aguardiente. Y puedo decirles (otra vez ustedes?) que mi nuevo mantra funciona muy bien, es como una liberación… una liberación de ciertas pequeñísimas cosas de las que puedo liberarme. Porque de otras, no podré hacerlo, y con ellas tendré que aprender a convivir. A veces recuerdo que Gregorio está aquí frente a mí, no logro evitar absortarme en mis reflexiones, trataría de compartirlas con él, pero lo conozco poco, y ya me propuse no fastidiar a nadie con estas sandeces. “Asustas un poco, lo sabes” Me interrumpe, y de qué manera. La pregunta obvia “Porqué?” “Pues porque poco hemos hablado, has estado toda la noche sirviéndote vino y prendiendo cigarrillos, mirando por la ventana, con la mirada perdida, esquivando ciertos temas de conversación. Por una parte debo admitir que me fascina, verte a ti es como observar las estrellas, a simple vista parecen bellas y uno cree que las entiende, pero si te quedas más de un minuto observando de verdad, te das cuenta de que en realidad no entiendes nada, de que son puntitos de luz en el medio de la auténtica nada, que son energía y son materia, que las podemos ver y contemplar, pero sólo así desde lejos, de pronto son sólo rocas secas y frías, de pronto albergan vida extraterrestre, de pronto son luces de laboratorio que iluminan este pequeño caldo de cultivo que es el planeta tierra. No lo podemos saber, y coño que las estudiamos, hasta el cansancio, y entre más sabemos, menos sabemos, y más nos maravillamos, y más nos frustramos. Y más nos asustamos. Bueno, así eres tú” Vaya! Eso logró conmoverme! Quiere definitivamente poner su pene dentro de mi vagina. Rayos Xeh! Siempre pensando mal, no puedes darle un poco de crédito, de confianza al menos? …. Me regaño a mi misma. Se me escapa una risa, por haberme regañado, él la interpreta como una aprobación a su comentario, aunque no haya sido la intención. Bueno, qué sabe él. “lo siento, es cierto que he estado un poco ausente. La verdad, no sé cómo justificarme. A veces me pasa, me meto demasiado dentro de mí misma, y no sólo de mí, sino dentro del universo, me gustó tu analogía de las estrellas, estudio las estrellas, y eso que mencionaste hace un rato. La nada. Me apasiona. Los científicos no saben qué es, ni de qué está compuesta, pero es imprescindible, simplemente la dan por hecho, y es parte fundamental de sus ecuaciones para comprender el universo. El concepto de la nada es un concepto antiguo, imagínate qué difícil en el 400 AC entender el concepto de nada, cuando ni siquiera se sabía que el mundo era esférico. Hoy en día, la nada sigue siendo un misterio, pero allí está, es parte de la vida cotidiana, del léxico de todos los idiomas, es en lo único en lo que los científicos creen que no han comprobado, la nada. Se parece mucho al concepto de dios. Es chistoso cómo todos, sobre todo los fanáticos relacionan la concepción de dios con el todo, el todopoderoso, el omnipresente, el omnisciente, el omnipotente, omni=todo, en cambio el todo lo conocemos, conocemos la materia, hemos investigado hasta el mínimo detalle todas las partículas que nos rodean, incluso el aire. Pero la nada, es el concepto más abstracto e irreal que conocemos, que permea nuestras vidas, filosofía, matemática, física, la nada debe ser real. Pero cómo creer en algo que debería existir pero que en teoría no existe, porque es, precisamente, nada…” “Cálmate, respira profundo, relájate” me interrumpe atrevidamente…

…Me muerdo los labios………………….. Estoy a punto de estallar. Es posible que este idiota no comprenda que  si la vena de mi frente se pronuncia y mis mejillas se ruborizan es sólo y exclusivamente porque me apasiona este tema más que cualquier otra cosa en el mundo. Qué es lo único que para mí vale la pena saber, pero sobre todo perseguir. No puedes respetar mi entusiasmo por  el tema? A ver, estoy tratando de defender una teoría y ello me genera una sublime excitación,  un orgasmo intelectual. Igual o más placentero que el carnal. Me hace perder los estribos que me traten de calmar en medio de una discusión que simplemente me apasiona, sea del tema que sea, este tipo de frases cortan el flujo de mi pensamiento, el equivalente a la sensación de mojarse las pantaletas, y una vez que la pasión se extingue (en cualquiera de los dos casos) es muy difícil, a veces imposible recuperarla. En este momento de rabia, de decepción, no me queda más tomar aire, servirme otra copa, y mirar un momento el horizonte. Me queda claro que poco le interesaba mi argumento, que no compartimos tampoco el amor por la retórica y el conocimiento. No digo nada, guardo silencio, no quiero tampoco mirarlo, en este momento su presencia es sólo un estorbo. Creo que es imposible de ocultar. Si, me siento como un pozo seco, o una habitación abandonada, vacía, pero resulta que cuando alguien grita dentro del pozo o la habitación, descubre que el pozo no estaba vacío, sólo faltaba una energía que pusiera a vibrar todas las partículas que estaban allí dormidas. Así soy yo, parezco vacía, oscura y profunda, pero sólo hay que agitarme un poco. Él se ríe nervioso, trata de convencerme de continuar con el discurso “Si creo que la nada es un sentimiento de vacío…” dice creyendo que sabe lo que dice. “La nada es nada. El vacío es vacío. Son dos cosas muy distintas” Dije para callarlo de modo engreído, quizá demasiado para mi gusto, pero en realidad ya no tengo ganas de explicarle que por ejemplo, si el espacio fuera vacío, cómo viajaría la luz y el sonido a través de él? …. El vacío está lleno de ether (un término viejo, aún hoy se trata de comprender de qué se compone el vacío, se intuye la presencia de una partícula, llamada la partícula de Higgs, o la partícula divina) Y más aún, si tienes un sentimiento de vacío, o el que fuere, cómo puede ser nada? Parece que mi cabeza no me permitirá follar nunca más. “Pero si la nada es el mismo vacío” repica, quiere convencerme de algo que ni él mismo sabe. Te quedaste en 1700 en la época de Newton. Le digo en mis adentros. Respiro y me calmo, no puedo obligar a la humanidad a interesarse en aquello que a mí me interesa. Me relajo. Pongo una cara amable. “Ha sido un gusto Gregorio, ahora voy a casa, estoy cansada, gracias por intentarlo”

Otra noche arruinada por mi cerebro, mi útero nuevamente hace sus reclamos “Ya te vas a encerrar a pensar en la nada, el vacío, la energía oscura y todas esas huevadas, cuando pudiste haberte divertido y pasar un rato placentero aromatizado con hormonas masculinas, pero no, es justo esa falta de contacto lo que te tiene amargada, admítelo!” Mi mente inquieta le responde de inmediato cargada de orgullo “Sabes qué? Prefiero quedarme sola reflexionando, a fin de cuentas la verga después de un rato se muere y sólo queda un cuerpo flácido tirado encima de uno. Me voy a pensar en la nada, y tu… tu vete a la mierda”

La energía oscura

Tengo sed. Mi lengua pasa por su piel cual papel de lija. La piel de mis labios está cuarteada como tierra en sequía de años. No siento ningún calor, pero tampoco ninguna brisa fresca. No existe conexión alguna entre mi pensamiento y mi cuerpo, entre el cielo y el ahora. No, absolutamente no hay conexión entre lo que siento en mi cerebro, los recuerdos, los olores, el lugar en el que vibra mi mente y lo que está aconteciento en el momento real. Wait a minute! momento real, tiempo real, realidad, tiempo? En qué momento el sol repeló su luz y en qué momento la estamos recibiendo? Después de cuanto? Somos el pasado de Júpiter o el futuro del sol?

Mientras todas estas divagaciones llegan a mi mente, lo veo fijamente a los ojos bajo el ligerísimo esplendor de la luna que atraviesa mis cortinas y dibuja su rostro. Fatalidad. Sexo. Él logra ver en mi mirada esa entera desconexión. Se siente nadie ante mis pensamientos. Es nadie. Sin duda él no es mi realidad. Porque entre la física de mi cerebro y de mi cuerpo, y la magia de mis  pensamientos en contínua expansión, existe la energía oscura. Algo. Pura energía. Nada más que energía, nada de moléculas, sólo sustancia intangible invariable en el tiempo.

Regreso por momentos al presente, al tiempo que pasa, a la vida que corre, y así lo encuentro concentrado en la mecánica de esos sus movimientos que detienen su conciencia. Su mirada fija en mi cuerpo clava en mí destellos de excitación, que logran halarme bruscamente de vuelta al tiempo cotidiano, al tiempo humano, a ese tiempo que transcurre con el girar de la tierra, compuesto de días y noches, de minutos, segundos, horas, cigarros consumidos, senos caídos, hambre. Y entonces lo odio… a él y al misterio, a Cronos. Me atraviesa un fuerte deseo de poner fin a su respiración, a su corazón que bombea sangre, a su vida, al tiempo, en una especie de orgasmo fatal, destruir su cielo. Así que mirándole fijamente las pupilas y él las mías, ajugeros negros de dónde nisiquiera sus pensamientos logran escapar de mi campo gravitacional, lo tomo por el cuello y empleo todas mis fuerzas para cerrarle la garganta. Lo consigo, mientras me muevo sobre su pelvis lo ahorco, su respiración se hace cada vez más entrecortada hasta que llega el miedo y la eyaculación. Saca su fuerza de hombre para botarme de un sólo golpe lejos de él acabando con mi fantasía científica.

No conozco a este hombre. Ni puta idea de su nombre, de su existencia. Pero aquí está frente a mí compartiendo el espacio-tiempo, la realidad, la constante cosmológica, él y su pene flácido. Él no me comprende , no tiene palabras, su cabeza no podría nunca imaginarse dónde rayos estaba la mía. En cambio yo sí lo sabía perfectamente, y el lograr comprenderlo, sacaba de mí una sonrisa perturbadora para cualquiera… Era mi energía oscura, la misma que inunda el universo, la responsable de la expasión del cosmos y de la expansión de mi pensamiento a lugares inimaginables, lejanos de cualquier razonamiento humano hecho hasta hoy.

Dónde estaba mi mente entonces, sobre qué flota el universo? Sobre la ausencia de materia, el mismísimo vacío. Ese que inspira y es progenitor de la energía oscura… Ella -yo- que expande el universo y a todas las formas de materia y locura, de energía e impulso, a las leyes, al misterio y a la física que gobiernan.

Zizek es mi banquero

Sí, lo sé que el título de este post puede parecer algo absurdo, pero más absurdo les ha de sonar que es literalmente cierto. El cine es mi pasión, es mi escape, es el libro de mi vida, es mi estudio, mi guía espiritual. Hace un par de meses encontré en la tiendilla de películas,  “Freak Show”, algo que apenas lo vi supe que tenía que verlo. Un documental en el que el filosofo popstar Slavoj Zizek, hace un análisis psico-filosófico de algunos clásicos del cine. El documental se llama “Guía de cine para pervertidos”.

Tiempos después invité a mi amigo chileno a ver el documental a casa, esa fue la última vez que vi el DVD, era de esperarse que mi amigo se lo llevara, visto que es una joya. El punto es que desde ese momento, mi sueldo mensual lo guardo o lo escondo, en la caja de Zizek. Grande sorpresa la mía al encontrarme con que Zizek había viajado a Estados Unidos a dirigir algunas palabras al movimiento “Occupy Wall Street”, pero que hemos escuchado todos los que no hacemos parte de ningún movimiento en específico, sino de la gran masa de personas inconformes con la vida que llevamos gracias a esta esclavitud del siglo XXI, y que por supuesto estamos en contra del acaparamiento de la riqueza. Pero no hablemos de política, llamémosle “filosofía”.

En medio de toda esta energía humana que se levanta en el mundo y que muchos acreditan a las profecías mayas que hablan no del fin de la tierra, sino de cambios en los movimientos del universo, o bien quitándole el misticismo “indígena”, a las explosiones solares, o simplemente al cambio de era, hay ciertas inquietudes que me surgen alrededor de los popstars que emergen de este caos, sea el caso de la Vallejo o del mismo Zizek. Figuras humanas que si bien hayan nacido sinceramente bajo la luz de una intención genuina, se han comercializado a puntos, que en el caso de Camila Vallejo, son preocupantes o perturbadores. Un marketing de una joven bella, inteligente, de clase alta que abraza el marxismo. Y que de no ser por su belleza, otro habría sido el rumbo del movimiento estudiantil chileno. El caso de Zizek es distinto, por su panza.

Pero bueno, no me molestan este tipo de cosas sabiendo de antemano la fascinación del ser humano por buscar ídolos, caciques y princesas. Y menos me molestan si su finalidad es real y positiva. Sin duda y siempre lo supe, estamos viviendo un período de ruptura, hay muchos dormidos, pero la llegada del ser humano 7.000.000.000 no es un asunto menor, y mucho menos cuando yo aún recuerdo el momento en el que llegamos a 6 mil millones. El llegar a ser 7 mil millones de humanos (o plaga) en el planeta, no es poco, pues traerá como ya hemos visto, consecuencias importantes para el equilibrio de la tierra y de todas las especies que viven en ella. Yo sólo tengo una palabras para decir, y la digo exactamente como la diría mi abuela: “Avíspate!”

Me pregunto si a todas estas la revolución mental es real. Sin duda algo se está dando lentamente, pero como todo, y usando palabras del filosofo popstar este movimiento también se puede volver carnaval, y sólo nos quedará al día siguiente la vergüenza en los ojos. Somos una masa deforme y con una conciencia colectiva que aún es muy pobre, y la que hay, estúpida o demasiado drogada y borracha con Lady Gaga y miles de otros espejos hipnotizadores. Sin embargo hay individuos, y en ellos deposito mi esperanza. Los dejo con una parte del discurso de Zizek en Wall Street:

Entonces, ¿qué hacemos aquí? Déjenme contarles un maravilloso chiste de los tiempos del comunismo. Un tipo es enviado de Alemania Oriental a trabajar en Siberia. Él sabía que los censores iban a revisar sus cartas, asi que les dijo a sus amigos: “Hagamos un código. Si escribo una carta con tinta azul, todo es verdad. Si la tinta es roja, es todo falso”. Un mes después los amigos recibieron la primera carta, en tinta azul. Decía: “Todo es maravilloso aquí. Las tiendas están llenas de buena comida. Los cines exhiben buenas películas occidentales. Los apartamentos son grandes y lujosos. Lo único que no se puede conseguir es tinta roja”. Asi vivimos; tenemos todas las libertades que queremos, pero no tenemos tinta roja: el lenguaje para articular nuestra no-libertad. La forma en que nos enseñan a hablar acerca de la libertad -la guerra contra el terrorismo, por ejemplo- falsifica la libertad. Y esto es lo que ustedes están haciendo aquí: nos están dando tinta roja.

Pero hay un peligro. No se enamoren de ustedes mismos; lo estamos pasando bien, pero recuerden que los carnavales salen baratos. Lo que cuenta es el día después, cuando todos tenemos que volver a nuestras rutinas ¿Habrá cambios entonces? No quisiera que en el futuro ustedes recordaran estas jornadas asi como “éramos jóvenes y todo era hermoso”. Recuerden que nuestro mensaje básico es: “Estamos autorizados para pensar en alternativas”. Hay un largo camino por delante, lleno de difucultades. Sabemos lo que no queremos, pero ¿qué es lo que queremos? ¿Qué organización social puede reemplazar al capitalismo? ¿Qué tipo de líderes necesitamos?

Porca Miseria

Para algunos la profundidad del pensamiento resulta ser un dote divino. Para algunos otros no representa absolutamente nada. Y para algunos pocos, poseedores de tal regalo, a veces puede resultar fatal. Tratar de explicarse en el bus innumerables veces porqué la vida humana es como es, sobretodo cuando un niño de 8 años sube a vender caramelos, no resulta agradable. Tratar de comprender las minúsculas pero abismales relaciones entre la física y la imaginación puede ser una verdadera esclavitud. Preguntarse a sí mismo el porqué del camino, de las soledades y de la malparidez cósmica cada mañana al despertar, no es siempre bello.

Encuentra entonces uno miles de libros de autoayuda “How to be Happy” que se refieren una y otra vez a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, pero y acaso no es escalofriante el misterio profundo que encierra cada una de esas cosas, y el descubrir cuán lejos estamos de la verdad? No es siempre grato descubrirnos en nuestra nimiedad, observando a nuestros pares maravillarse por aquél perfume caro, o poniendo cara de seriedad cuando se habla de fútbol o de política, o viendo al papa con túnicas de costos exorbitantes, entre miles de absurdos más de nuestra patética raza humana. Acaso no es esto desesperante? Acaso no despierta en nuestras mentes algún tipo de claustrofobia?

Estoy apunto de cumplir 23 años, lo sé que son muy pocos, pero con toda honestidad la mayoría de los días de mi vida, sino todos, siento que en estos años la vida no ha logrado sorprenderme, por el contrario cada día es una decepción profunda sabiendo perfectamente lo que pudimos ser y que no somos. Pesimista? Puede ser. Realista? Sin duda. Pero por favor, soy la única persona a la que le pesa la existencia? Soy la única persona que cada día se convence más de lo absurda que es? Vivimos en un mundo en el que si una persona tiene un amigo imaginario es llamado demente, pero si miles de personas tienen un amigo imaginario, esta demencia se convierte en catolicismo, y vaya que es peligroso y demente. El mismo mundo donde el 1% de la población guarda las riquezas del mundo y pueden ser felices, mientras el 99% restante debe esclavizarse para comer y tratar de vivir dignamente, resaltando claro que el 50% de este 99% no lo logra.

Hasta ahora la mayor parte de mi vida no he sido conciente del lugar a donde he venido a parar. Por lo tanto, digamos, era feliz. Pero una vez convertida en una persona racional, amigos míos, perdonenme pero lo que he encontrado no ha podido ser peor. “Agradece a Dios que tienes un techo y algo de comer” me diría mi abuela y quizás las suyas. Y sí, no me muero de hambre, porque cada día en lugar de cultivar mi cerebro en actividades que llenen mi espíritu, debo levantarme a cumplir deberes que hago simplemente porque…. no hay de otra. Me cuesta tanto creer que vengamos al mundo para ser esclavos de un sistema que gira entorno al trabajo no gratificado, al trabajo, no aquél que compensa nuestras almas y nuestros cuerpos, sino que denigra nuestra capacidad intelectual y que muchas veces nos obliga a agraviar al prójimo. Nos jactamos de ser la especie superior del planeta, demasiado raros y especiales para ser simples animales. Pero señores, acaso esta organización jerárquica tipo “macho-alfa-dominante” no es completamente obsoleta y entre otras cosas animal?

Es normal que ahora jóvenes y filósofos se metan a discutir la “identidad” del ser humano, a destruir cualquier tipo de canon que nos ligue a algo. Buscamos a cómo de lugar ocultar y rechazar cualquier tipo de comportamiento que sea malo, sólo quitando los rótulos, cómo si quitando la etiqueta desapareciera el defecto. Pero está la solución en simple verborrea sin sentido? En negarnos a nosotros mismos como individuos culturales que somos, para situarnos en algún punto des-socializado del ser humano? Creo que el tema no va por ahí, estos son sólo asuntos menores. El problema del hombre y de la mujer, va mucho más allá de las palabras que usamos, que son finalmente herramientas para autoexplicarnos y compartir nuestra existencia con el otro. Nuestro problema es intrínseco e innato… el problema es nuestra esencia… o mejor, el no comprenderla aún.

Entonces cada día que me despierto es una nueva oportunidad que yo como individuo le doy al mundo, al universo, al tiempo, a las matemáticas de sorprenderme. Pero sólo basta con caminar por la calle para entender que el asunto sencillamente no funciona, como dijo un viejo campesino de montaña “famo schifo adesso”… damos asco. Y lo decía porque su forma de vida se estaba viendo afectada por los otros, por el poder. Por no poder vender sus productos, porque su trabajo en el campo ya no representaba el goce que alguna vez era, porque hoy los jóvenes de su tierra andan en autos lujosos y en raves, porque ya nadie se encuentra en la plaza sino en el internet. Porque incluso eso que nos hacía enloquecer y sentirnos vivos, el amor, resultó también ser un fraude.

Entre más pasa el tiempo la tecnología en lugar de ser una herramienta para el crecimiento, más se convierte en una máquina hipnotizadora; entre más nos convencen de que la vida se hizo para buscar la felicidad, más banales somos; entre más nos desligamos de la naturaleza, más inútiles somos. Entre más pasa el tiempo, menos nos reconocemos… y la existencia simplemente…

La existencia simplemente nada.

Futurismo

En Héxpoli ha comenzado la época fría; la neblina, el granizo, la lluvia y un frío húmedo invaden la ciudad. No puedo  considerar una mera casualidad el hecho de encontrarme con “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, el libro favorito de mi padre, en un pequeño charco formado en una grieta de la calle. Me encuentro en una zona de Héxpoli que hace mucho no visitaba por dedicarme a recorrer los barrios ocsuros, decadentes y sórdidos de la ciudad. En cambio, este lado de la ciudad, el lado oriental, es bastante interesante; hay graffittis coloridos por doquier, pequeñas bibliotecas, un acogedor museo de arte y lo que me ha traído hasta acá un espectáculo teatral. No fue muy extraño para mí, encontrarme con el libro de Houxley por estos lares. Sin dudarlo lo tomé, traté de sacudirlo un poco, pero el agua ya había logrado correr la tinta de las letras, lográndose entender algunas palabras en medio de hermosas figuras abstractas formadas por la voluntad del agua.

Recuerdo entonces las palabras de mi padre, diciéndome con certeza y asombro, que mucho de lo que él había leído cuando era niño en este libro, ya se había convertido en realidad o iba en camino. En efecto, y fijándome en la creatividad que fluye desde este lado de la ciudad, es muy fácil ver cómo aquello que imaginamos tiene todo el potencial para convertirse en realidad. Y es que todo lo que vivimos hoy en día, es la fusión de los sueños de miles de seres humanos, y de cierto modo nos estamos preparando como civilización para algo que sabemos que llegará en algún momento. No se me hace tan desquisiado entonces comparar las últimas tendencias de la moda, con los vestidos que lucen los Supersónicos, o imaginarme que la publicidad del año 3000 nos sea transmitida a través de los sueños, como se plantea en un capítulo de Futurama. Absurdo?

Cada día las máquinas son más inteligentes, capaces de hacer mucho mejor muchas tareas que antes realizaba el hombre. Sin embargo, lo  más escalofriante es pensar que tanto física como técnicamente se deben asemejar a nosotros con la necesidad de querer asumir un papel de Dios; crear a nuestra imagen y semejanza a quienes serán nuestros remplazos, máquinas que se dediquen a las labores cotidianas, terrenales y físicas de la existencia para permitir el nacimiento de un hombre dedicado meramente al intelecto, la espiritualidad y la divinidad en una especie de “cielo”. Pero como que el hombre tiende a la pereza, puede occurrir el contrario – como ya pasa –  que al tener máquinas que realizan por él y de manera más eficiente sus quehaceres cotidianos, el cerebro se concentra en actividades superfluas y carentes de desafío intelectual, terreno fértil para estupidez.

Finalmente qué separa la física del surrealismo?La ciencia ficción de la ciencia real? Lo bizarro del universo con lo bizarro del ser humano?Lo absurdo de las moléculas? El ahora del ayer?Esta dimensión de la dimensión desconocida?     Los expedientes X de las pirámides de Egipto? La imaginación humana del futuro?

No ha dejado de llover desde las 3 de la tarde, los techos de las casas parecen a punto de reventarse, las fuertes brisas hacen retumbar las ventanas. Toda la ciudad está en casa. Y me pregunto que estarán haciendo, pues la lluvia ha causado daños en las instalaciones eléctricas, no hay televisión, ni videojuegos, ni internet. Qué es hoy de la gente sin nada de esto? Siempre nos cuesta volver a los orígenes y encontrar entretenimiento en actividades que no requieran la luz eléctrica.

Yo en cambio me siento feliz y reconfortada, el hecho de que la lluvia arruine nuestros sistemas electrónicos, es un claro recordatorio de que el poder de la naturaleza y del destino siempre será más fuerte que nuestros artificios.

Do not forget.