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María

Esta María de la que hablamos nació cuando la hoy República de Colombia se llamaba Estados Unidos de Colombia, y cuando la industrialización, el ferrocarril, el romanticismo y las guerras civiles marcaban la historia colombiana. Época en la que el Valle de Cauca era escenario protagónico de muchos de los cambios por los que atravesaba nuestra querida patria boba. Allí nació la María de Jorge Isaacs, en medio de exuberantes paisajes verdes, perfumados y floridos, cruzados por riachuelos febriles, y musicalizados por el canto de las aves, en un lugar mejor conocido como “El Paraíso”.

María, máxima exponente del romanticismo colombiano, relata la historia de un idilio de amor truncado por la muerte. Por primera vez, la tragedia del amor era recreada entre los valles de la cordillera de los Andes colombianos y era la cotidianidad de la naciente República de Colombia la que dibujaba las vidas de la bella María y su amante Efraín. María por su delirio, pasión y sufrimiento es sin duda, una de las más preciosas joyas que ha dado la literatura colombiana.

María permanece inmarcesible e intacta en el tiempo, prueba máxima de su grandeza artística. Pues cuando el arte es arte, engendra arte, evoluciona y lucha contra el olvido. Es así como de ella se han realizado diversas adaptaciones al cine y al teatro. En 1921 se realiza María, el primer largometraje mudo hecho en Colombia, basado en la María de Isaacs. De ese primer largometraje colombiano sobreviven hoy 4 planos, que encuadran, en voz del mismísimo Efraín “planicies de verdes gramales, regadas por riachuelos cuyo paso me obstruían hermosas vacadas, que abandonaban sus sesteaderos para internarse en las lagunas o en sendas abovedadas por florecidos písamos e higuerones frondosos”

En 1985 otro hijo de Cali, Luis Ospina, invitado de honor a la segunda versión del FICBAQ, realiza el documental “En busca de María” con la misión de encontrar pedazos, pistas, rastros de esa primera María retratada en la pantalla grande. Para su desilusión y la nuestra, la película sucumbió ante el paso del tiempo y la desidia. Algo similar sucedió con otra María, la María de Enrique Grau, que estuvo archivada y perdida hasta 2007, cuando la Fundación Enrique Grau y Patrimonio Fílmico la salvan del polvo y los hongos.

El maestro Grau, uno de los más grandes artistas plásticos de nuestro país, nació en Ciudad de Panamá, se crió en Cartagena, cultivó su arte en Nueva York e hizo parte del Grupo de Barranquilla. Grau es reconocido por su pintura, y pocos saben de su incursión en el cine. Pues bien, el cine de Grau es un cine experimental y vanguardista. Tanto así que en 1954, actuó y realizó junto a Álvaro Cepeda Samudio, Luis Vicens, Nereo López y Gabriel García Márquez, La Langosta Azul, el surrealista y tropical cortometraje barranquillero que hoy da nombre al galardón del Festival Internacional de Cine de Barranquilla, FICBAQ.

En 1965, Enrique Grau decide revivir María registrándola en 8 mm, a color y sin sonido. Pero esta nueva versión de María, revela una historia más profunda y oscura, que trasciende el idilio amoroso para acariciar la demencia y el parricidio. Es tanta su crudeza e irreverencia que críticos de la época, la señalaron como un “insulto” para la obra de Isaacs, e incluso quisieron vetarla. Otros por el contrario, señalan a María de Enrique Grau como “una de las mejores obras de la vanguardia del cine en Colombia”.

En 2014, el FICBAQ rescata a la María de Grau del silencio y la musicaliza en vivo, en su acto de inauguración, con una obra experimental que mezcla instrumentos análogos y digitales, acompañado de una ambientación sonora que vestirá a María con los tintes que 50 años atrás Grau designó para ella. Una paleta de colores que inicia conservadora y luminosa pero con un denso y sutil in crescendo fatalista. La otra mitad por el contrario se tiñe de rojo sangre, siendo audaz, incorrecta, gótica, todo lo que un músico de rock desearía interpretar.

Esa María que se transformó en cine, hoy vuelve a vivir.

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Todo pasa por ti

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa.

Todo pasa por ti
por tu voz
por tu amargura
por tu esperanza
por tus labios teñidos de rojo sangre.

Todo pasa por ti
y por todo aquello que gira alrededor tuyo
la música
el humo
la vida en un beat que no conozco.

Todo pasa por ti
a través de tu lente y tu pantalla
una captura atípica de lo ideal
de lo humano que quiere ser divino
pero que no lo consigue.

Todo pasa por ti
a través de tus ojos y tus cabellos
y enredados en ellos
tu cúmulo de pasado
que a veces anda tan pesado
que me arrastra hacia la gravedad de tu oscuro.

Todo pasa por ti
por causa tuya
por ser génesis
de este absurdo
que esconde la tragedia de estar vivo
y se desenfoca bajo el velo de nuestros imperfectos.

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa
como aquello que hay
– que habita –
entre el inicio y el fin.

Chao Ma

Te veo dormir,
invocando con cada respiro la palabra nunca dicha
el traje nunca puesto
el porvenir nunca existido.

Te veo dormir,
desnuda en tu intento de futuro
caminando descalza en medio de la selva
sujetándote de tus pocas creencias.

Te veo dormir,
con los dedos entrecruzados sobre el pecho
elevando al cielo tu  última oración
esa donde añoras la oportunidad definitiva.

Te veo dormir,
mientras los dados aún se agitan y las barajas se definen en las manos de dios
mientras las estrellas solas te esperan fuera del tiempo
mientras el mundo finito se va descomponiendo frente a ti.

Te veo dormir,
en tu necesidad de ser
en la esencia de tu nombre
en la dulzura infinita de tu voz

Te veo partir,
después de ser humana
que digo,
una gran humana
ahora, por fin,
ama de tu propio destino.

Salvación

No necesito ser salvada
porque ya estoy herida
porque he nacido rota
con una falla en mi sistema
con un gran agujero abierto para el dolor.

No necesito ser salvada
porque en este mundo no han nacido salvadores
sólo egoístas
como tú, como yo
corriendo cada quien por su pellejo.

No necesito ser salvada
porque no hay corazón que detenga esta hemorragia
porque no hay calor que acaricie mi alma fría
porque no hay amor
porque no hay otra vida
porque ya morí.

En el viejo salón

Veo tus ojos y entiendo que

no eres tú quien se sentará en el salón de mi soledad

en esta habitación vieja y oscura

que huele a humedad

y a cucaracha

donde me siento por las tardes a pensar

en lo que no fue

en lo que no es

en lo que debería ser

 

Entonces,

entre mi último sollozo

y la próxima autoconmiseración

te veo entrar

decidido y casi enojado

golpeando la madera con cada paso

levantando polvo de años

Abriendo todas las ventanas. 

Blanco Vacío

Para los amores lejanos no tengo una palabra de aliento,

nos descubrimos sólo como unos románticos fuera de tiempo

luchando a solas,

cada uno en su rincón,

contra la indolencia del descontento.

 

Para los amores lejanos tengo sólo palabras que evocan recuerdos,

letras que no alcanzan a habitar el vacío ardiente

de la ausencia viva,

de esos ojos,

de esos labios,

de esas manos,

que en medio de la noche me despiertan con su ingrávida presencia.

 

Para los amores lejanos soy sólo una casa de paso,

una cascada escondida,

una canción en la playa,

una hamaca en la jungla,

un viento suave en la cima de una montaña,

una chimenea en una noche de invierno.

 

Y a mis amores lejanos entrego todo lo que tengo,

para todos soy hermana, puta y madre,

oráculo, yerbatera y musa

porque aunque del monte vengo,

sé ofrecer una poesía, una música, un conocimiento.

 

Pero los amores lejanos sucumben ante el peso de la distancia,

ante la soledad del cuerpo,

ante la resignación de toda espera,

y me rencuentro abandonada y sola,

como un episodio aislado en el camino

de mis amores lejanos.

 

Porque a mis amores lejanos no pido nada a cambio,

soy, entrego y sueño,

crezco, escucho y beso,

conciente siempre de esa esencia que no se junta, no se mezcla

que busca siempre

y que nunca encuentra.

 

Y quizá sea cierto que nos hemos amado,

y quizá ninguno me olvide,

y quizá alguno volverá a saludarme,

y  quizá algún otro me añore,

y quizá aquél otro recuerde todavía mis ojos encendidos.

 

Y quizá seré siempre brújula,

estrella del norte,

diosa amazónica,

sueño etéreo de amor perfecto,

sol del caribe,

más nunca destino

porque todos reemprenden el paso.

La Langosta Azul

En algún lugar onírico del caribe colombiano, aparece un extranjero con  cara de perdido y un tesoro en la maleta. Un lugar que no existe pero que para cualquier barranquillero sería fácil imaginar, basta cerrar los ojos y pensar en el mar, sentir estas mismas ventoleras que acá en Barranquilla levanta polleras y mueve palmeras. La misma brisa que alza hasta el infinito las cometas con las que los niños costeños juegan por las tardes.

En este lugar que insisto, no existe, los hombres andan descomplicados en abarcas y con mochila al hombro caminan por calles polvorosas bajo el sol del caribe. Se recuestan a mirar lejos en las hamacas de sus casas hechas de tablón y techo ‘e paja. Las mujeres se abanican sensualmente para refrescarse y los niños que corren descalzos se maravillan con cualquier cosa.

La magia y el misticismo habitan en cada uno de los rincones de este pueblo costeño, dónde los hombres se disfrazan de torito y danzan al ritmo de tambores y gaitas, dónde la gente es extravagante y se divierte con cualquier ocurrencia.  Parece ficción, parece realidad, parece un sueño psicodélico enmarcado en algún extraviado lugar de este nuestro paraíso tropical.

Olvídense de toda lógica y toda razón, es inútil buscar mensajes cuando el realismo es mágico y las langostas son azules.