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Representaciones

Si no quieres morir este jueves, no vengas a hablarme. Enrolla tus palabras en una forchetta y cómelas, con salsa al perfume de mar o de hojas secas, como prefieras, que igual lo que se digiere se caga.

Si no quieres morir este jueves, mejor piérdete entre montañas de color azul, entre los bosques de tus múltiples retóricas, aunque que ya no puedas reconocer los árboles que has sembrado.

Si no quieres morir este jueves, deja de creer que el mapa es igual al territorio, pues si lo fuera nos perderíamos en el mapa tal como nos perdemos en el territorio.

Si no quieres morir este jueves, deja de creer que las palabras son significado, pues si lo fueran no seríamos más que fonemas pronunciados por …  Nessun Ente.

Si en cambio quieres morir, encuéntrame a mí que soy tu, que soy yo que eres tu. No ellos. Pero esto significa morir. Morir. A que aún no lo entiendes.

El jueves unos caracteres formarán una palabra en el espejo de tu pequeño baño, la entenderás pero fingirás que no. No tengo nada que decir, y sin embargo, lo estoy diciendo.

Amarillo

Amarillo amaba mi madre. Amarillo brilla el pelo de mi amor. Amarillo lucen los honores. Amarillo alumbran las flores. Amarillo los ojos enfermos. Amarillo viste el contento. Amarillo el gorro de invierno. Amarillo el pañuelo inspirado. Amarillo el libro robado. Amarillo para ti y para ella. Amarillo el color de la bandera. Amarillo el amor de Gustavo. Amarillo la joya brillante. Amarillo, amarillo, amarillo… Amarillo el sol de este Diciembre tan raro.

Perfume Rojo

Si al caer los años sobre los labios se abrieran todas las palabras, quizá ahora no estaría escribiendo esto. Pareciera que por el contrario al pasar el tiempo, es más lo que se calla. Prohibido está el pasado ante la crueldad de un presente ya sido. Prohibida está la sed ante un futuro desierto de sueños. Prohibido está el amor ante una historia re escrita. Prohibida está la esperanza ante tantos fracasos remendados en la memoria. Si al caer la vida por cada uno de los crueles abismos del cuerpo humano, nos volviéramos más fuertes y no un arrume de piel; si al caernos la experiencia toda de un golpe sobre las grietas de nuestro cerebro, nos volviéramos más santos y menos maliciosos, quizá la inquebrantable dualidad entre tiempo y contenido, se uniría en una danza holística de armónica felicidad ligera. En cambio, destilamos nuestra vida, nuestro contenido, nuestra fantástica construcción de nosotros mismos, en un pequeño frasco que guardará un concentrado veneno. Una pócima egoísta que se fermenta, se oscurece y se añeja para ser bebida toda en nuestra última cena. Como el mejor vino, entre más viejo, más amable será con el paladar de nuestro espíritu. Pobres de aquellos que no lograron madurar su elixir y debieron beber el amargo vino de la muerte prematura. Hemos de embriagarnos con el elixir de nuestro propio viñedo y morir con la cicuta de nuestro propio jardín. Este es el cáliz de mi sangre.

María

Esta María de la que hablamos nació cuando la hoy República de Colombia se llamaba Estados Unidos de Colombia, y cuando la industrialización, el ferrocarril, el romanticismo y las guerras civiles marcaban la historia colombiana. Época en la que el Valle de Cauca era escenario protagónico de muchos de los cambios por los que atravesaba nuestra querida patria boba. Allí nació la María de Jorge Isaacs, en medio de exuberantes paisajes verdes, perfumados y floridos, cruzados por riachuelos febriles, y musicalizados por el canto de las aves, en un lugar mejor conocido como “El Paraíso”.

María, máxima exponente del romanticismo colombiano, relata la historia de un idilio de amor truncado por la muerte. Por primera vez, la tragedia del amor era recreada entre los valles de la cordillera de los Andes colombianos y era la cotidianidad de la naciente República de Colombia la que dibujaba las vidas de la bella María y su amante Efraín. María por su delirio, pasión y sufrimiento es sin duda, una de las más preciosas joyas que ha dado la literatura colombiana.

María permanece inmarcesible e intacta en el tiempo, prueba máxima de su grandeza artística. Pues cuando el arte es arte, engendra arte, evoluciona y lucha contra el olvido. Es así como de ella se han realizado diversas adaptaciones al cine y al teatro. En 1921 se realiza María, el primer largometraje mudo hecho en Colombia, basado en la María de Isaacs. De ese primer largometraje colombiano sobreviven hoy 4 planos, que encuadran, en voz del mismísimo Efraín “planicies de verdes gramales, regadas por riachuelos cuyo paso me obstruían hermosas vacadas, que abandonaban sus sesteaderos para internarse en las lagunas o en sendas abovedadas por florecidos písamos e higuerones frondosos”

En 1985 otro hijo de Cali, Luis Ospina, invitado de honor a la segunda versión del FICBAQ, realiza el documental “En busca de María” con la misión de encontrar pedazos, pistas, rastros de esa primera María retratada en la pantalla grande. Para su desilusión y la nuestra, la película sucumbió ante el paso del tiempo y la desidia. Algo similar sucedió con otra María, la María de Enrique Grau, que estuvo archivada y perdida hasta 2007, cuando la Fundación Enrique Grau y Patrimonio Fílmico la salvan del polvo y los hongos.

El maestro Grau, uno de los más grandes artistas plásticos de nuestro país, nació en Ciudad de Panamá, se crió en Cartagena, cultivó su arte en Nueva York e hizo parte del Grupo de Barranquilla. Grau es reconocido por su pintura, y pocos saben de su incursión en el cine. Pues bien, el cine de Grau es un cine experimental y vanguardista. Tanto así que en 1954, actuó y realizó junto a Álvaro Cepeda Samudio, Luis Vicens, Nereo López y Gabriel García Márquez, La Langosta Azul, el surrealista y tropical cortometraje barranquillero que hoy da nombre al galardón del Festival Internacional de Cine de Barranquilla, FICBAQ.

En 1965, Enrique Grau decide revivir María registrándola en 8 mm, a color y sin sonido. Pero esta nueva versión de María, revela una historia más profunda y oscura, que trasciende el idilio amoroso para acariciar la demencia y el parricidio. Es tanta su crudeza e irreverencia que críticos de la época, la señalaron como un “insulto” para la obra de Isaacs, e incluso quisieron vetarla. Otros por el contrario, señalan a María de Enrique Grau como “una de las mejores obras de la vanguardia del cine en Colombia”.

En 2014, el FICBAQ rescata a la María de Grau del silencio y la musicaliza en vivo, en su acto de inauguración, con una obra experimental que mezcla instrumentos análogos y digitales, acompañado de una ambientación sonora que vestirá a María con los tintes que 50 años atrás Grau designó para ella. Una paleta de colores que inicia conservadora y luminosa pero con un denso y sutil in crescendo fatalista. La otra mitad por el contrario se tiñe de rojo sangre, siendo audaz, incorrecta, gótica, todo lo que un músico de rock desearía interpretar.

Esa María que se transformó en cine, hoy vuelve a vivir.

Todo pasa por ti

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa.

Todo pasa por ti
por tu voz
por tu amargura
por tu esperanza
por tus labios teñidos de rojo sangre.

Todo pasa por ti
y por todo aquello que gira alrededor tuyo
la música
el humo
la vida en un beat que no conozco.

Todo pasa por ti
a través de tu lente y tu pantalla
una captura atípica de lo ideal
de lo humano que quiere ser divino
pero que no lo consigue.

Todo pasa por ti
a través de tus ojos y tus cabellos
y enredados en ellos
tu cúmulo de pasado
que a veces anda tan pesado
que me arrastra hacia la gravedad de tu oscuro.

Todo pasa por ti
por causa tuya
por ser génesis
de este absurdo
que esconde la tragedia de estar vivo
y se desenfoca bajo el velo de nuestros imperfectos.

Todo pasa por ti
a través,
y por tu causa
como aquello que hay
– que habita –
entre el inicio y el fin.