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Invisible

En el centro comercial del norte más norte, se dan cita elegantes damas de la burguesía de antaño, con los rostros estirados y los cuellos colmados de joyas para disimular las arrugas. Se encuentran también los jóvenes emprendedores con sus portátiles mac, sus zapatos de cuero y sus relojes pesados y llamativos. Están sentadas hablando por sus teléfonos inteligentes, coquetas señoras y señoritas, vestidas acordes a la última moda, siguiendo las tendencias más vanguardistas de la revista Cosmopolitan o Vogue. Sus peinados perfectos y su maquillaje bien definido, las distingue de cualquier otra mujer más “casual” o “común”, ellas independientemente de si son empresarias, ejecutivas exitosas, madres o felices mantenidas, deben mantener a todo dar el estilo impecable. Las pieles morenas mestizas son minoría, sin hablar de la piel más oscura que prácticamente no se asoma a estos lugares, a menos que, por supuesto, se trate de un noir a dépassé o como se dice vulgarmente “un negro superado”. No faltan los hipsters, no los describo de más para no darles más atención de la que reclaman.

Un joven, que llegará apenas a los 20 o 22 años, se mueve casi como flotando entre las mesas del café. Es pequeño, delgado, de piel trigueña, pudo haber sido ingeniero, o doctor, o investigador, cualquier cosa, su cara de nerd delata su esencia. Digo pudo, porque ya no lo fue. Su destino se concentra ahora entre traperos, escobas y baldes. Es un servidor de las clases altas. Observa de reojo a cada una de las personas sentadas en las mesas, escucha parte de sus conversaciones, se fija en sus modos, haciendo un análisis profundo de cada uno, quizá deseando ser uno de ellos, o quizá criticando sus vidas, o quizá simplemente les sirve, aceptando su destino sin reproches. A él nadie lo mira, nadie lo oye, nadie le sonríe, es un invisible.

Nuevo Paradigma de las Relaciones Interpersonales

Qué tal si nos vemos ahora?

Si nos vemos. Ahora.

Vernos. No otro día. Ahora.

Perdón por la insistencia,

pero con los nuevos medios y las redes sociales

muchas acciones se han tergiversado.

Encontrase. Verse. Abrazarse. Hablarse.

Entenderse. Olerse. Acompañarse. Besarse.

Todo en reflexivo.

– Ahora no puedo, pero hablamos otro día.

Hablamos?

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Luego me la encuentro por la calle.

Sin filtro.

Sabiendo lo que hizo el viernes pasado y con quién.

Sabiendo lo que piensa sobre Santos y sobre el nuevo Batman.

Y que le gusta Bomba Estereo. Y que defiende el medio ambiente.

La recuerdo por su nickname.

@NinaPacific

No es posible que se llame Inés Fontalvo.

Y que no sea tan bella como en las fotos.

También es menos cool.

Probablemente yo también.

– Hola! Nos vemos! Hablamos por FB!

Te estoy viendo y estamos… hablando(?)

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Hola! Qué haces?

Nada :/

Qué tal si nos vemos ahora?

Vernos? Ahora? 

αξιωμα

10:16 de la noche, me siento frente al computador, enciendo un tabaco. Soy Ernesto, tengo 36 años y me dedico a hacer guiones para películas y lo hago bien, el sistema me lo ha permitido y no me da vergüenza usar la fórmula, si ella me permite sobrevivir. Adaptación supongo. Suelo trabajar a esta hora como muchos de mis colegas. Quizá porque la noche despierta a las musas, quizá porque la oscuridad me eleva, o de pronto será el poder mágico de la luna, o simplemente porque me gusta el silencio.

Entonces, frente a la pantalla en blanco y con una vaga idea dando vueltas por la cabeza, me dispongo a escribir algo. Hoy me cuesta más que de costumbre, ya han pasado 20 minutos y no he logrado escribir ni la primera letra de la primera sílaba de la primera palabra de la primera frase. Una historia, me dijeron en la universidad, me sé la carreta de memoria. Puedo ver a todos mis profesores aquí en mi sala recordándome cómo se escribe un guión. Una historia que alguien vive, que alguien cuenta, que alguien conoce. Alguien. ¿Quién? Un personaje. No una persona… un personaje. Una representación de todas las realidades posibles del infinito espectro de realidades paralelas que la teoría de las cuerdas propone. Básicamente una representación de nosotros mismos, pero para ser honesto yo no conozco el “nosotros”, me conozco a mí, y de allí deduzco todo lo demás. Entonces estamos hablando de una representación de mi mismo. Pero no estamos hablando de mi persona, hablamos de un personaje, de una conciencia propia que habita en un mundo ficticio.

¿Por qué digo todo esto? Debo escribir un guión, cierto. Un ejercicio complejo pensándolo bien, admitiendo una vez más que hay fórmulas comprobadas que simplifican el proceso y que además han resultado ser bastante lucrativas, dejando a un lado cualquier romanticismo. Sin embargo, hoy personalmente me siento frustrado. Porque en teoría, debo poner en letras imágenes mentales que más tarde se convertirán en imágenes en movimiento proyectadas sobre una pantalla, que algún alma solitaria verá un martes por la noche queriendo abstraerse un momento de su vida, sufriendo y disfrutando con el drama de alguien más. Claro para esto, una persona real deberá antes olvidarse de sí misma para dar vida a ese personaje que debo construir a partir de mi experiencia personal, y que además deberá ser creíble, por tanto debo depositar en él todo cuanto en mi saber exista sobre los seres humanos y las relaciones entre ellos y las situaciones que atraviesan, y las leyes de la física, y la economía mundial, y las miles de problemáticas que un humano pueda enfrentar, incluida una invasión extraterrestre, entre millones y millones de otras variantes posibles. Es decir soy el Cuentacuentos, el creador de la historia, del universo y de la historia del universo, ergo soy dios.

Y ya sé lo que están pensando, pero no, no es que me emocione ser dios, en realidad sentado aquí frente al computador, con estas ojeras ormai de años y luego de haberme fumado el quinto tabaco en media hora, créanme que lo último que siento es que soy dios. Si fuera dios me saltaría todos estos pasos, descargaría directamente de mi cerebro todas las imágenes, las editaría –cosa que no hago en el cerebro porque amo editar, pero bueno un dios normal, sacaría la película ya hecha de su cabeza- y proyectaría mi historia a aquella pobre alma solitaria que va al cine el martes por la noche. Pero resulta que no soy dios, y que en cambio debo escribir un guión. Lo que me hace caer en cuenta de un principio básico del humano, toda realidad es una construcción lingüística. A partir de un alfabeto establecemos estructuras que unen átomos de verdad, pensamientos que se convierten en proposiciones que terminan finalmente constituyendo el mundo. También el mundo de mi personaje. En el principio ya existía el verbo y el verbo estaba con dios, dice Juan. Y aquí estoy, con todo a disposición para crear a mi imagen y semejanza, una conciencia, una trama, un universo.

Sin embargo, por algo hago escribo películas y no literatura. Y es porque estoy harto del lenguaje y las palabras, y del trabajo que supone el poner mis pensamientos en palabras. ¿Por qué? Porque no son suficientes las palabras y creo que de esto ya se habrán dado cuenta. De un tiempo para acá, ciertas palabras me son esquivas e incluso llego a sentir cierto malestar de sólo referirme a ciertas sensaciones y conocimientos a través de ellas. ¿Qué soy? ¿Un alma? ¿Un cuerpo? ¿Un espíritu? ¿Ernesto? Puede acaso alguna de estas palabras describir-me o describir-te o describir-nos. No sé ni siquiera qué imagen me viene a la mente cuando pronuncio en voz alta la palabra mal o la palabra bien. Ninguna en absoluto. Pero cierto! Recuerdo la cara de mi profesor de sexto semestre diciendo fuerte y claro y con los ojos muy abiertos: Ac-cio-nes. Y ahora me imagino al loco del tratado lógico filosófico diciendo: El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas. Hechos. Recordé mágicamente porqué amo la música y recordé también porqué amo la psicodelia. Sensaciones que vienen de otras dimensiones, viajes espacio-temporales, desdoblamiento, luces, laberintos que llevan a lugares inimaginados, todo sin una letra de por medio ¿Demasiado hippie?

La sensación es certera. Las imágenes de mi mente son las verdaderas. Estamos llenos de claves que lo explican todo. Me enojo al darme cuenta que aquello único y cierto en lo que creo, algún tipo de esencia, luz, camino, conocimiento primario sobre la vida y el universo, se descompone cada vez que intento hacerlo lógico, al hacerlo lenguaje pierde su fuerza. Como estar extremadamente feliz –creo que esta es la palabra más aburrida de todas- con alguien y arruinarlo todo con un te amo, sufriendo la angustia que significa reducir todo a tan maltratada oración que no basta para describir semejante cúmulo de mini bigbangs internos simultáneos. Y así hacemos con todo. Yo creo que Juan se equivocó, díganme hippi pero en el principio todo era música y colores brillantes que jugaban a hacer formas en el vasto espacio, luego llegaron los occidentales con sus lógicas y sus religiones y sus políticas, y nuestra conexión primaria con lo etéreo sencillamente se extravió entre tantos jeroglíficos, que al final sólo nos alejaron de la verdad.

De la verdad etérea, pasamos a la lógica de los signos, de los símbolos, que no es más que el enigma. Ahora se me viene a la mente un pensamiento muy retorcido: venimos al mundo a crear el misterio y a perseguirlo hasta la muerte. Y luego nos veo a nosotros occidentales desesperados tomando brebajes, fumando, inyectando e inhalando sustancias, haciendo cursos de meditación en la India en busca de ello. Creo que por esto hago películas; aunque no sea dios y me toque escribir páginas y páginas de imágenes mentales que debo representar con acciones, que luego serán interpretadas por actores, mientras un productor jode la vida por algo, el director sufre de crisis existencial, y un noctámbulo edita horas y horas de imágenes, hago todo esto sin otro objetivo que aliviar las penas de aquél pobre solitario que va al cine los martes por la noche para sumergirse en el placer de abstraerse de la propia realidad, sin tanta palabrería, sin tanto misterio. El cine es sólo un haz de luz capaz de contener un universo completo.

Pero quisiera despedirme de ustedes con dos mensajes rápidos:

  1. Destruir el lenguaje. Sí, eso quisiera. Y con él destruir el mundo, el universo, dios, mi ego, tu iglesia y tu partido político. Quisiera vivir el mundo y la existencia sin palabras.
  1. Recuerdan eso que dije antes que no me gusta ser dios? Pues mentí. Soy dios.

Proyecciones

Vuelvo, fracturado y cansado, el entusiasmo antes vivo ahora anda pesado y sollozante. En el único día de la vida, nada parece pasar en vano, y aún así todo se olvida como si nunca hubiera sucedido. Cada momento se sobrepone al anterior con brutalidad tal que condena cualquier recuerdo al fatuo olvido. Un olvido que se asemeja más a una gran mole de concreto que a la libertad. No debería el olvido aligerar el paso? Y en cambio no, todo lo que se echa al olvido en cambio pesa, y es que todo se olvida, y ese todo aunque olvidado existe en alguna parte del espacio-tiempo. No hay remedio. La experiencia se impone. El corazón reina, y todo lo demás se recompone en alguna parte de nuestra historia; para el corazón no hay ayeres ni mañanas, sólo hoyes de enigmática complexión. Y camina. Dale, camina! Muevo la pierna y siento el peso de eso que no me permite correr, ni volar, ni nadar, ni moverme. Camina! Anda! –No puedo, pesa demasiado- Conciente de estar volviendo, sin saber de dónde, sin recordar cuándo me he ido, veo el camino como una larga cueva oscura, un siempre y/o un jamás que parecen ser un mismo castigo. Y aún así todo esto no me parece el caos, sino la normalidad, una tediosa normalidad. Vuelvo por un camino que ya conozco, nada me es ajeno, todo es tan cotidiano, tan jodidamente lo mismo, ese hombre que se me cruza por el camino, los tejados de estas casas, el graffiti de la esquina, la avenida que tomo cada día para bajar a casa, incluso hasta los pensamientos que tengo son los mismos de siempre: el trabajo, las cuentas, los sueños aplazados miles de veces, esa compañía  falta de pasión, las auto recriminaciones, los anhelos, los deberes, y todo eso que se opone entre mí y ese imaginario desenfocado de felicidad que existe en el fondo de mi desear, como una voz que de cierta manera me lleva hacia un algo y en lo cual de cierta manera confío.

No obstante, el destino, el azar o la fatalidad, o dios, o el voodoo, hacen coincidir las situaciones y los rostros menos esperados, en una fuga de lo plana que puede ser la realidad a veces. Camino a casa, el sonido eléctrico de un televisor que suena a alto volumen me llama la atención. Una voz femenina habla, hace preguntas y espera respuestas que no son contestadas sino dejadas en el silencio. La mujer alza el tono de la voz, pero sin rabias, más bien con la seguridad de estar expresando un pensamiento legítimo y digno de ser contestado. Busco la fuente del sonido y alcanzo a ver que al final de la rampa de un parqueadero subterráneo, dos sujetos están sentados frente a un agujero de donde se emite la luz y el sonido. No logro ver la pantalla. Sólo la luz proyectada hacia fuera. Camino hasta allí fascinado por esta voz fuerte y poderosa que reclama un no sé qué con un ímpetu tal que siento que fuese mi propia voz exigiendo al azar otro no sé qué definitivo. Al llegar, me doy cuenta de que los dos hombres de frente a la pantalla están dormidos o muertos, no me interesa tampoco investigar, están inconscientes  Me giro y allí me encuentro de frente a esta pantalla de dimensiones enormes, extremadamente blanca y luminosa. Trato de reconocer la figura o el rostro de la mujer, pero me es difícil, veo sólo un juego de sombras y luces que emergen del recuadro. Entonces la voz vuelve y con ella logro entrever la silueta de la persona que habla y que pareciera acercarse a mí personalmente, de no ser que es sólo un holograma que se filtra dentro de mi cabeza a través de mis ojos. No existe ni fuera ni dentro. Fuera no es más que luz, dentro no es más que electricidad. “No tienes ningún poder sobre el universo simbólico, si acaso sobre el universo real, y ni siquiera” La figura es de tamaño humano y pareciera estar frente a mí y hablarme mirándome a los ojos. Es una figura indiscutiblemente femenina, de belleza sublime, vestidos holgados y claros, cabellos sueltos y desordenados, rostro sereno. La belleza no me permite pronunciar palabra, estoy conmovido, la conozco de siempre y de nunca, su presencia no me inquieta, por el contrario me provoca una claridad tal, que súbitamente logro comprenderlo todo… Este es el artificio en su más elevada potencia.

Un pensamiento que se comunica a través de una pantalla, un cuerpo que en realidad es sólo un haz de luz, la anatomía se ha esfumado, queda sólo una apariencia incluso más verdadera que la forma de la cual ha sido proyectada. Una apariencia que al no poseer una fuente material verificable al instante, posee un poder aún más radical, no pertenece a nada ni a nadie y allí reside su poder. La apariencia juega sólo con mi mente, destruye toda noción de tiempo o espacio, me desubica y debo alcanzar la abstracción máxima para captar de ella el mensaje. Busco a la mujer de nuevo, apretando los ojos para tratar de ver algo, entonces sobre la pantalla su feminidad resalta vibrante y caliente, como una musa, como una bruja. Sus ojos expresan la perversión y la ferocidad, la dualidad sexual a la que está atado el humano. Sus ojos expresan la dualidad entre superficie y profundidad, característica exclusiva de la feminidad. Entonces estallo de deseo. Su secreto resulta a mis ojos la verdad del mundo, el santo grial de la perfección, el remedio para mi tediosa normalidad plana. Ella representa el caos en sí misma. El caos que me va buscando y que voy buscando. El caos que da origen al todo. El caos incierto y oscuro, como sus ojos, como su boca, como su vagina. Un mar de locura dónde perderme. La pulsión del universo, de mi universo, cuya fuerza de gravedad comienza a concentrarse en mi pene. En un arranque de deseo carnal me aviento contra ella dirigiendo mi mano masculina hacia su entrepierna, quiero poseerla, dejar mi marca sobre ella, mancillarla, he ahí el desafío que me enloquece. Pero no encontré ningún cuerpo, sólo una tela inerte, rígida. Ella permanece inmóvil, pero observándome seria y analíticamente. Su encanto supera la materia, y ahora lo comprendo. Vine hasta aquí seducido por una luz, por una voz, por una situación atípica que atraía mi curiosidad y mi interés, pero el haber querido calmar una pulsión que poco  puede hacer frente a la magia del pensamiento y del abstracto, me deja sólo vacío y estúpido.

La pantalla se apaga. Todo queda en silencio y en la oscuridad. Me siento frustrado. Suspiro profundo tratando de comprender lo que sucedió y el sentimiento que la reciente experiencia dejó en mí. Su imagen sigue grabada en mi mente clara y contundente, entonces recuerdo las únicas palabras que logré entender antes de arruinar el encuentro con mis afanes fálicos “No tienes ningún poder sobre el universo simbólico, si acaso sobre el universo real, y ni siquiera” La maldita ya  lo sabía desde antes, y agrega ese ni siquiera a lo último para dejarme clara mi impotencia. Hubiera podido demostrarle mi inteligencia y mi profundidad de no haber sido por el instinto que inequívocamente se me despierta ante la intriga. Demostrar mi inteligencia hubiera sido continuar con el juego de la seducción. Caí frío sobre el pavimento, sobre mí las estrellas, allí cerca los hombres dormidos que no se percatan de mi presencia. Cierro los ojos. Pienso en ella, en cuánto falsa era, y en cuánto cierta. Una imagen, un pensamiento que no cede ante el poder corporal, un poder  que vuela por una ruta mucho más alta de todas las que conocí hasta hoy, de todas las mujeres que conocí, viví y toqué hasta ahora. Y ella era sólo una proyección, una imagen astral, un alguien que hasta el momento de mi equivocación guardó complicidad conmigo, una invitación cordial y erótica a un laberinto de signos… Unos pasos se acercan, puedo sentir las suaves vibraciones en el suelo donde ahora yazco, poco a poco el sonido de los pasos se hace más fuerte y más concreto. Mi mente se alegra de tener un descanso y dejar a los sentidos encargados de la situación. Sé que es ella, no hace falta ni siquiera confirmarlo. Viene a burlarse de mí en mi cara, de mi debilidad. Y aún así no puedo evitar sentirme excitado y atraído sólo de saber su presencia cerca de mí. Los pasos se detienen junto a mis oídos, sin abrir los ojos sé que me está mirando. Lentamente los abro. Ya está amaneciendo. Veo un par de zapatos de tacón, unos pantalones largos negros y una chaqueta negra, no logro ver su rostro a contraluz, pero por su atuendo me doy cuenta de que es una mujer que va a trabajar, probablemente en una oficina, vista la hora y la vestimenta. La imagen se volvió carne y ya no me importa nada. Ella me mira durante unos instantes y luego se aleja apurada, mientras yo todavía trato de comprender qué pasa, dónde estoy, quién soy. Pero no importan los esfuerzos que haga para encontrar un significado, una explicación, una revelación, no hay ningún secreto, no hay nada que entender. Son sólo signos. Indicios. Señales. Tensión.

A Missed Message

Comienza el descenso, ya puedo sentirlo dentro de mi cuerpo, el ritmo cardíaco comienza a ralentizarse, los pensamientos poco a poco comienzan a desaparecer. La habitación se congela, no importa la temperatura real, las paredes se cubren con una fina capa de hielo, la cama, la cobija, el techo, las puntas de mis pies. Miro a mi alrededor, inmovilizado, busco una pista, algo dónde poner a descansar mi mente mientras mi cuerpo comienza el viaje. Un largo hibernar. Un golpe de frío directo en el corazón. Lucidez extrema, de pronto recuerdo todo contemporáneamente. Oscura la ciudad. Corría mirando siempre a mis espaldas. Las luces de los bares abiertos se refleja en el asfalto húmedo. La gente habla, ríe, se seduce, todos juntos en masa, perfumados, labios rojos, zapatos relucientes, chaquetas finas, medias de malla, belleza, alcohol, humo. Nadie me sigue, pero la sensación de ser vigilado constantemente me perturba. El rugido de la fiesta, del sexo y la banalidad es un estruendo lejano, dentro de mí sólo existe atención para lo que voy buscando, la clave para comprender todo este infortunio. Se me acerca una joven mujer con un trago en la mano, lleva los labios pintados de violeta, ríe, sus ojos están desorbitados por el alcohol, trata de organizar sus pensamientos e hilar alguna frase “todos te quieren a ti y tú a quién quieres?” me dice mientras su sonrisa comienza a desdibujarse de su rostro, súbitamente su expresión pasa del éxtasis a la tragedia, comienza el llanto “todo es tan oscuro dentro de mí que los demás se dan cuenta, buscan en mí sólo una cosa, mi cuerpo, mi oscuridad nadie la quiere, pero es esto lo que soy, entonces es a mí a quién no quieren, sino esto… esta cara, esta piel, esta boca que lame y gime, este coño, y yo? mis entrañas?” dice entre lágrimas, un grito adolorido sale desde el fondo de su garganta, me recrimina, me odia, deposita en mí todos sus pesares, todas sus penas, yo sigo inmóvil pensando en sus palabras y mirándola fijamente a los ojos. En un instante fugaz su mirada se recompone, se vuelve brillante y consciente, pero no expresa positivismo alguno, por el contrario veo un profundo odio, una llama iracunda. En este arranque de rabia y frustración la joven revienta el vaso contra el suelo, se quita los aretes, con las manos se borra el labial, la pintura de los ojos, el llanto no cesa, destruye el peinado que tanto le había costado hacerse, se deshace de todas las alhajas, anillos, cadenas, brazaletes. “Mírame, esta soy, sin adornos, sin plumas o flores o colores, ya no quiero cargar con el peso de mis ovarios, qué condena ha sido esta, ser mujer sin belleza, tu eres un hombre joven y bello, yo en cambio qué tengo? un  cuerpo que cada día es menos deseable, que no se me engañe, que poco es lo que les interesa lo que pueda expresar, pensar o sentir. Es como si la inteligencia pasara siempre a un segundo plano. La belleza es siempre lo primero. Es inútil el latido sexual predomina. Mi padre incluso de 70 años aún gira la cabeza detrás de un par de piernas” Se mira de las manos, se toca las caderas, busca algo en su cuerpo, observa detenida y profundamente sus senos. Algo la atemoriza.  La mujer que ante el paso del tiempo y la pérdida de su belleza física se siente como quien está frente a la guillotina, fatalidad, su útero sale de la oferta, no es más un codiciado tesoro, está condenada a su propio cuerpo y a cada trozo de carne en que la sociedad lo ha convertido. No dejo de mirarla, fría, seria, la conozco, entiendo sus palabras y su ira, la abrazo mientras ella llora, qué le ha hecho la sociedad a nuestras mujeres, qué les ha hecho el hombre, qué se han hecho ellas mismas… me pregunto con un poco de ansiedad. “Vete a casa, habla con tu madre” le digo, ella me devuelve la mirada y se aleja cabizbaja. Estoy solo nuevamente, entonces vuelvo a lo mío, cada vez me adentro más en el bosque, árboles con formas humanas, troncos podridos llenos de parásitos, todo aquí me huele a muerto, a putrefacción, allí está ese hombre de cabellos largos y tatuajes, o esa chica de culo apretado y escote pronunciado, o ese otro que parece marcar territorio como los perros, y yo existo para ellos? Qué aspecto tengo? Soy igual de mediocre, nada nos separa, no somos vidas que florecen, sino vidas que se consumen, y ninguno de ellos parece hacer nada al respecto. Entonces descubro el fin de mi búsqueda, un alma que brille entre toda esta multitud, una flor en medio del bosque muerto. Sigo caminando sin razonar sólo olfateando, cuando vuelvo a ser conciente me encuentro en un parque iluminado por una tenue luz pública, no hay nadie a la vista, pero sé que no estoy solo, de pronto simplemente en el centro de la tensión. Me detengo y respiro. Busco mis cigarrillos, no los encuentro. En el piso, perdido y brillante, un brazalete femenino, una delicada cadenilla de oro. Súbitamente el parque ya no es un lugar atemorizante.  Es este el momento justo en el que me doy cuenta de que estoy soñando, las superficies se vuelven transparentes, la gente, los árboles, la noche. Entreabro los ojos, busco la sábana para cubrirme y darme calor, tiemblo y sudo. En el delirio vuelvo a cerrar los ojos. Veo a la mujer fugitiva ya anciana pero aún bella. Algo quiso decirme, pero sus palabras se esfumaron en mi confusión.