Final

Quisiera morir estrangulada por las manos de un pianista
escuchar la dulce melodía del final
cuando mi cuerpo abandone la lucha y se entregue al infinito.
Sentir sobre la piel fina de mi cuello
la delicadeza con la que el pianista tocará la última nota,
la que lo obliga a contener el aliento,
sobre la que deja caer todo el peso de su cuerpo
con la ligereza de una pluma inmóvil en el vacío.
La que vuelve del crescendo satisfecha y cargada
pero con necesidad de clausura.
La que dejará en el aire su estela,
el recuerdo vivo de toda la partitura
en los oídos del público cósmico.
La que calmará el silencio de las almas,
la que hará de esta humilde vida
una sonata magistral.

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