Carta al No

Viste, esos pudimos ser nosotros.
Una incómoda línea vertical para los ojos del mundo.
Un presente de lava volcánica, primaria, ardiente, real.
Mensajeros del tiempo, sabios del futuro, ermitaños de la verdad.
Testarudos del destino, convencidos del sueño.
Dos seres desnudos que luchan uno contra otro en el lodo de sus virtudes.
Cultivan el jardín del otro, sólo porque así crece el propio.
Ríen juntos del absurdo de la vida, y lloran juntos cuando el fuego arrasa.
Pero ya ves lo que en cambio somos.
Somos el No, somos el miedo, somos el ego puro.
Somos el destilado de lo peor de la dizque humanidad.
Somos el lado más oscuro de lo real.
El que vive esperando algo mejor.
El que bebe de la retórica.
El que no escucha al otro en su esencia, sino en su utilidad.
El que prefiere caer en el vacío que dar la mano para sujetarse.
El que deja caer al otro en la fatalidad del No,
para no dar la mano,
para quedarse con todo.

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