No sabemos nada

No sabemos nada.
No sabemos nada.
No sabemos nada de nada.
Ni de las miradas que sin escrúpulos nos llaman,
cuando caminamos
en la oscuridad de los helechos
que protegen la calle que lleva a nuestra casa.
No sabemos porqué nos sujetamos del dolor,
a la polaroid descolorida de un pasado que hirió
dejando para el presente lo no aprendido.
No sabemos cuándo nos hicimos fango
y no arcilla,
cuándo nos adherimos a la suela de la bota vieja
de un migrante albanés.
No sabemos cómo andar
sin quejarnos
del calor y del frío,
de la lluvia y de la sequía,
de lo lejos que está todo,
del estar vivos.
No sabemos quién nos quitó la cerveza de la mano
y nos empujó al centro de ese escenario,
que era en realidad un desierto milenario.
No sabemos nada de nada.
Ni de las voces que se silencian
cuando pedaleamos en los barquitos del parque,
en las tardes del noviembre que vendrá.
No sabemos.

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