La Langosta Azul

En algún lugar onírico del caribe colombiano, aparece un extranjero con  cara de perdido y un tesoro en la maleta. Un lugar que no existe pero que para cualquier barranquillero sería fácil imaginar, basta cerrar los ojos y pensar en el mar, sentir estas mismas ventoleras que acá en Barranquilla levanta polleras y mueve palmeras. La misma brisa que alza hasta el infinito las cometas con las que los niños costeños juegan por las tardes.

En este lugar que insisto, no existe, los hombres andan descomplicados en abarcas y con mochila al hombro caminan por calles polvorosas bajo el sol del caribe. Se recuestan a mirar lejos en las hamacas de sus casas hechas de tablón y techo ‘e paja. Las mujeres se abanican sensualmente para refrescarse y los niños que corren descalzos se maravillan con cualquier cosa.

La magia y el misticismo habitan en cada uno de los rincones de este pueblo costeño, dónde los hombres se disfrazan de torito y danzan al ritmo de tambores y gaitas, dónde la gente es extravagante y se divierte con cualquier ocurrencia.  Parece ficción, parece realidad, parece un sueño psicodélico enmarcado en algún extraviado lugar de este nuestro paraíso tropical.

Olvídense de toda lógica y toda razón, es inútil buscar mensajes cuando el realismo es mágico y las langostas son azules.

2 Respuestas a “La Langosta Azul

  1. ta bueno loquita, hasta se me llenaron los pies de polvo mientras leía

  2. con el cambio de color casi no te reconozco.

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