Noir

Esta mañana me desperté con el corazón apretado por una angustia insoportable. Mi cuerpo estaba completamente afectado por microorganismos diabólicos. Abrí los ojos y fue inmediato, sabía que había vuelto a entrar a un túnel oscuro. No sé cuántos días han pasado desde que estoy así, pero me parece una eternidad. La última imagen o recuerdo que tengo de mí en buen estado físico y mental me parece de hace siglos, o incluso como si nunca hubiese sucedido. Quisiera encontrar un culpable a mi malestar. No hay explicaciones, todo misticismo me es ajeno, si a alguien hay que señalar que sea a mí mismo… por qué razón? La que sea. Quizá la eterna estupidez del humano, la mía, que me ha llenado el pasado con cientos de errores. Mi hermano dice que no debemos sentirnos estúpidos por cometer errores, si es la primera vez que erramos obedece a la lógica del “ensayo y error”, una experimentación legítima. La estupidez es volver a caer en el mismo error una y otra vez. He errado muchas veces por necesidad de probar, otras, debo admitirlo, por estupidez. Mi hermano también dice que todos somos estúpidos y que no debería sentirme mal por haber actuado estúpidamente un par de veces, algunas veces, muchas veces. Todos somos ridículos, todos somos patéticos, todos somos estúpidos, es parte del ser humano. La gente que me rodeaba una a una se ha ido marchando, no han necesitado de mi compañía, o quizá simplemente no les agrada, y quién necesita tener un enfermo cerca? Quién necesita tener a alguien cerca? Lentamente cada persona es más consciente de su soledad en el mundo, curiosamente en un mundo que es cada vez más poblado de nuestros similares, y precisamente preferimos encerrarnos en nuestras pequeñas burbujas individuales repitiendo el mismo mantra de la soledad “a fin de cuentas estamos solos”, como una gran implosión individualista a la que todos llegamos en algún momento, sobre todo en los estados peores del existir. Hace poco iba en un bus con mi hermano, algo raro me pasaba, mientras él hablaba podía escucharlo perfectamente, pero cada vez que quería decir palabra, expresar alguna idea, movía mis labios y mi lengua y creía articular una idea, veía que mi hermano me escuchaba atento, pero yo no podía escuchar lo que yo mismo estaba diciendo, entraba en conflicto pues no tenía la confirmación de estar diciendo eso que estaba pensando, eso que creía compartir. De pronto no era importante eso que decía, de pronto sólo era momento de callar y escuchar, de pronto mi mente ya estaba cansada de escuchar mi propia voz. Sin embargo simultáneamente esta imposibilidad de escucharme, me hacía sentir atrapado bajo una capa espesa de barro, como ese sueño que tuve en una de mis tantas siestas de enfermo, en el que me encontraba en algún espacio lleno de fango, pero un fango sucio y maloliente, no importaba cuánto me esforzaba por salir de él, era inútil, dejaba solo cansancio e impotencia. Mi hermano dice que esos sentimientos son sólo catalizadores de los procesos naturales que experimentamos como individuos conscientes. Pero a veces se me hace que la tristeza llega al cuerpo y le causa malestar a la conciencia, odio hacia el hecho de estar vivo, al tener obligaciones fisiológicas que ni siquiera están determinadas por nosotros mismos. La tristeza llega al cuerpo como cualquier otra enfermedad, quita el hambre, el sueño, adelgaza, disminuye las defensas. Mi hermano dice que la enfermedad es un estado de aberración del bienestar que se da por un desequilibrio del organismo en cuestión. Y estamos siempre en desequilibrio, nosotros. Él dice que cuando se rompe el equilibrio entre lo que te ataca y lo que te defiende, entre lo que entre lo que entra y lo que sale, entre lo que muere y lo que vive, la enfermedad gana sobre el cuerpo. Le pregunto entonces por el desequilibrio emocional, a lo que responde que los sentimientos en cambio necesitan el desequilibrio, son estados que necesitan de la contraposición, del sopesarse una cosa con la otra, y cada mínimo movimiento en una de ellas sopesa a la otra, ergo un vaivén constante. Tengo ganas de vomitar, pudo haber sido lo que he comido o bebido en estos días, o algunos bichos aprovechados de mis bajas defensas en mis días de desamor. O pudo haber sido todo al mismo tiempo. Cuerpo, alma, conciencia, historia, trabajo, futuro, todo junto, todo revuelto, dado en una píldora de malestar holístico y cuando nada funciona, ni el espíritu, ni el colón, ni los oídos, ni la cabeza, la habitación desaparece, el calor, el frío, la noche, el día, el almuerzo o el desayuno, es siempre ahora y es siempre mal, todos los órganos, todo el sistema. Mi hermano me ayuda a tenderme en la cama, me dice que me relaje y sea consciente de mi enfermedad, pronto mejoraré y volveré a estar bien como siempre. Pero es cierto que no recuerdo qué significa estar bien y mucho menos como siempre. No recuerdo la última risa, la última tranquilidad, el último buen sueño. Cierro los ojos e intento olvidarme, dejar que mi cerebro descanse de tanto dolor. Quiero terminar este largo día con una muerte. “Hay que acoger esa muerte, mañana renacerás” dice mi hermano.

2 Respuestas a “Noir

  1. I loved this, I loved being drawn into the darkness of it, I read it several times. It kind of reminded me a little of Vallejo’s “voy a hablar de la esperanza”, with the disconnected feeling from all that is. These days I think many people relate to that, living in some kind of dystopian modernity… and you captured it here beautifully. I like the way that you reference your brother, it makes the words authentic, it makes it feel like a truth… I’m glad that each day can be a new birth 🙂

    All the best for the New Year!

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