El umbral prohibido

Algo se ha roto. El velo que oculta eso que es mejor no saber, que ha sido dejado allí en lo oscuro porque no es necesario conocerlo, basta con saber que allí está. Una vez dado ese paso hacia lo prohibido es imposible volver, la mirada se ha corrompido, un lejano recuerdo permanecerá en la mente para siempre, una sensación amarga, el malestar de haber revelado lo oculto por pura impertinencia, cuyo contenido había sido resguardado por el bien propio. Pero así no somos los humanos, Barba Azul pidió a todas sus esposas no espiar en aquella habitación donde él guardaba sus peores secretos y sin embargo les dio la llave como representación de su confianza, pero ninguna fue capaz de resistirse. Al notar Barba Azul la culpa y el horror en sus ojos, su corazón se quebrantaba y no le quedaba más remedio que matarlas. Así mismo somos todos, la insoportable curiosidad por el más allá nos abruma; los defectos del otro,  los miedos de su corazón, el bosque salvaje, el coño de la chica que va por la calle, la perversión del anciano, la inocencia del niño, la virginidad de nuestra madre, la manzana de Adán, la sala de los profesores, el baño de las niñas, los problemas del vecino, el origen del universo. Para cada uno de esos misterios se nos ha sido entregada la llave, aunque una vez traspasado el umbral ya nada volverá a ser igual, no veremos nunca al otro con los mismos ojos, no nos entenderemos nunca a nosotros mismos como antes de ese momento, la tensión de la seducción se rompe, dios se materializa. Volvemos a casa desahuciados y con el corazón apagado, la noche se vuelve tan frígida como los gritos de las actrices porno, el mundo en un instante se vuelve plano y  la realidad fría, inerte. Ante el descubrimiento de lo grotesco es inevitable el desencanto. Luego nace la indiferencia y por último el aburrimiento. Entonces es necesario un nuevo secreto que despierte la condición natural de nuestra propia humanidad, la sed de saber. Pero nuestra curiosidad es una curiosidad por lo prohibido, el mal nos excita y pareciera que de este modo a medida que envejecemos cargamos con un sin número de obscenidades a cuestas, desilusiones, tristes y pobres verdades sobre el mundo y sobre nosotros mismos. El desengaño va consumiendo las partes sanas de nuestro cuerpo, eso que se mantenía todavía puro y que con el tiempo se ennegrece. Pero aprendemos también a convivir con ello, pero pesados, cansados, necesitados quizá, de una nueva oportunidad.

Foto: Dimitri Pilalis

Una respuesta a “El umbral prohibido

  1. La culpa es un arquetipo muy constante en la literatura universal. Andamos cruzando umbrales prohibidos y no medimos las consecuencias, luego la muerte, la violencia y “La insoportable levedad del ser” abruma la conciencia del hombre. Lograr escapar es imposible, pues la culpa ya será parte de ti.

    Muy buen post, el inicio me evocó automáticamente a Nieve de Orhan Pamuk.

    Saludos,

    CANAL CULTURA
    http://carloscastrom.wordpress.com/

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