Realimentación Negativa

Hoy no me detuve a pensar en el misterio del mundo, ni en el bosón de Higgs, ni en la nada, ni en las estrellas, ni en la miseria. No pensé ni un segundo en el amor, ni en el odio, ni en la amargura de los hombres. Hoy me olvidé de aquello que me normalmente me intriga. Me olvidé del cosmos. Me olvidé del ego humano. Me olvidé del arte y de la teoría de Darwin.

Hoy salí de casa sin más. Sin nubarrones negros lloviendo pensamientos sobre mi cabeza. Sin diablillos picándome el hipotálamo. Sin las palabras de mi vieja retumbando en las paredes de mi cerebro. Sin mis comunes pesares tercer mundistas. Sin mis ovarios jodiéndome porque otra vez quemé los huevos.

Salí y caminé. Me dediqué sin mayor esfuerzo a las trivialidades de la cotidianidad. Hacer mercado para el almuerzo. Pagar uno que otro recibo. Resolver un par de cuentas pendientes con mis intestinos. Lavar el baño, si señor! Dar de comer a la gata que nuevamente está en celo.

La vida me pasó por encima como suele hacer cada día, sólo que esta vez no puse ninguna resistencia. El tiempo me usó una vez más para sus propósitos mayores de los cuales no huelo ni siquiera la intención. Y yo dejé que me usara. Al fin de cuentas, creer que lo usamos es pura imaginación.

Ahora estoy otra vez en esta habitación pensando en aquello que no pensé en todo el día. Sólo para notar que otro día ha pasado, como el anterior, y como el anterior al anterior. Y yo ni siquiera me fijé creyendo que eso era libertad. Andar por allí como flotando, indiferente a los cambios, a los minúsculos cambios.

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Una respuesta a “Realimentación Negativa

  1. Berna. Aare, un fiume che attraversa la città. Mi ci buttai, spinto dalla curiosità di cavalcare la corrente. Iniziò una corsa folle e inaspettata. Mi invase la paura e iniziai a sbracciare come un ossesso per uscire dalla corrente. Movimenti nervosi, bevvi tanta acqua, mi scorticai le mani cercando appigli nelle rocce, mi affannai. Tutto inutile, la mia corsa verso valle continuava appena appena rallentata. D’improvviso una voce mi urlò di star tranquillo che alcuni chilometri più in basso la corrente si schiantava contro una spiaggetta sabbiosa. Così mi rilassai. La corsa verso il basso continuava impetuosa come prima ma ora mi godevo il paesaggio, giocavo con l’acqua, assaporavo la velocità.
    Così mi pare sia la corsa del tempo, ma è più difficile eliminare le resistenze. In Colombia, osservando i vecchi seduti a mirar a lo lejos, ho capito che si può; io ancora non ci riesco.
    È indispensabile provarci però!

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