28

Hoy comenzaron los dolores del ser hembra. Mi útero se retuerce queriendo sacar de él toda la sangre, está muy enojado por no haber sido fecundado tampoco este mes. Y créanme que descarga su ira sin remordimientos, para él no existe ningún perdón, su existencia hasta ahora no ha tenido ningún sentido, entonces decide que lo mejor que puede hacer es recordarme cada mes que allí está, que existe dentro de mí, y que está esperando ansioso su momento. Durante 4 días lo único que existe es dolor, dolor de las entrañas. No hay tiempo para el trabajo, la diversión o el amor. De todos modos, no nos queda de otra que continuar con nuestras pobres vidas femeninas, cruzando las piernas para que el olor a rata muerta no se nos escape, sonriendo cuando tenemos ganas de matar a cualquier desacertado. También debo reconocer que me asalta una melancolía extraña, la del nonato? Ahora entiendo bien el concepto de “karma”.

En estos días, el llanto se hace necesario, bueno, el llanto es siempre necesario, saca de las profundidades esos sentimientos que las palabras no logran expresar, es como una limpieza interior, bastante efectiva. Hablando de limpieza, no me soporto más este olor a podredumbre que me sale de la vagina. Estoy tan podrida por dentro? Es hora de lavarme. Antes, me siento un rato en el inodoro. No puedo evitar mirar por el agujero que queda entre las piernas y el agua. Y allí está, ese hilo rojo de fatalidad que cuelga de mi cuello uterino y reposa en el agua. Se queda así, inmóvil, mientras unas gotas de sangre descienden hasta caer en el agua. A veces toca cortarlo, otras veces se cae por su propio peso. Me levanto del asiento y se revienta, abajo la sangre y la orina forman una figura abstracta que inmediatamente aniquilo bajando la palanca. Desnuda observo mi cuerpo unos minutos en el espejo. Veo cómo ha cambiado, veo también las nuevas picaduras de insectos de cama en mis nalgas y en las costillas. Voy envejeciendo, es inevitable. Mi 114 menstruación me lo recuerda. Y aún no tengo hijos.

Entro a la ducha caliente, hirviendo. Para los dolores no hay nada mejor que un chorro de agua caliente directo sobre la zona adolorida, en mi caso la espalda baja y el abdomen. Me quedo allí varios minutos mientras el calor relaja mis músculos. El vapor llena los rincones de este pequeño baño antiguo, me ataca otra vez la soledad, lo lamento amigos, ya sabemos que soy una atormentada, ningún amor me alimenta por estos días de frío. Y bueno, ahora no puedo evitar reírme de mi misma. Un poco de jabón con olor a fresa, shampoo y acondicionador, y a desenredarme las greñas. Me acaricio un poco, cierro los ojos y juego a imaginarme que alguien me acompaña en la ducha. Vuelvo a reírme sola, incluso comienzo a cantar una vieja canción. Los dolores no han desaparecido del todo, pero ya son más soportables. No es fácil vivir con dolor, levantarse cada mañana con un terrible mal de espalda, o piernas, o brazos, me pone siempre de mal humor, los dolores físicos son molestos, me limitan la existencia, parezco más una anciana que una bella joven de 23 años, vuelvo a mofarme de mi misma….

…. Para no llorar.

Ya he aprendido a lidiar con el dolor y a olvidarme de él y trato de vivir mi vida de joven lo más que pueda, por estas épocas estoy tratando de aprender a no quejarme, esa es otra historia. Pero luego sufro de esos dolores más profundos, los del alma, que pocas veces se curan con un simple masaje o alguna medicina, esos que penetran hondo, más allá de los huesos, de los nervios, estos dolores duelen en la inconciencia. A veces me enojo con la crueldad del azar hacia mis pocos años de vida. Pero bueno, podría pensar, para no sentirme tan miserable, que siendo la vida dolor, yo vivo más que cualquier otro. Veo que mis dedos comienzan a arrugarse, es hora de salir de la ducha… aunque no haya planes tampoco para esta noche.

Una respuesta a “28

  1. Perfecto… simplemente un texto que habla todo que nunca logré hablar, aún más en esos malditos días de hembra.

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