Acá estoy

Pobre de este espíritu atrapado en este cuerpo.

Pobre de este espíritu que no se ríe de la comedia humana.

Pobre de este espíritu esclavo de las incertezas de la mente y de la ciencia.

Espíritu que vaga en círculos atrapado en esta cárcel de huesos, sangre y pasión, y que trata de escaparse con cada exhalación de humo de tabaco. Trata de escaparse con cada risa y con cada orgasmo. Trata de escaparse en cada una de estas letras.

Busca refugio en otros corazones, cuando se siente cansado de estar acá dentro. Pero muchos corazones no guardan espacio para él, y otros en cambio me lo quieren robar. Algunas veces se deleita con la música que viene del cielo, y otras veces se deshace con la dura avaricia de los hombres.

Por la noche se acurruca en la esquina izquierda de mis recuerdos, allí donde está guardada la infancia y la inocencia. Por el día se cubre de indiferencia para enfrentar el mundo con supuesta valentía. Trata de hallarse en el reflejo de los charcos, en las vitrinas de las tiendas, en la ventanilla de los automóviles, pero no logra ver más que el cuerpo, la jaula.

En momentos como este, con dos moscas revoloteando por la cocina y con unos cuantos rayos de luz que entran por la ventana del baño, con la soledad como único testigo, lucha contra el deber de la existencia, entregándose a los livianos susurros de un piano.

 

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