Menguando

Aún recuerdo ese sueño que tuve cuando era muy niña. Habíamos ido a alguna fábrica en algún pueblo de la zona, hacía calor como siempre. La fábrica producía melaza, una especie de miel que se le da al ganado de comer. Recuerdo muy bien el olor de la melaza y los colores de esa tarde, en ese sueño. Siempre seguí a mis padres que iban acompañados por un hombre gordo, seguramente hablando de negocios o cosas de adultos, hasta que en algún momento me distraje y me perdí. Cuando me di cuenta de que estaba perdida, me quedé allí inmóvil, sin hacer ningún sonido o movimiento, sólo me quedé a esperar, tratando de no pensar en nada, o abstrayéndome del mundo pensando cosas de niña. Pero igual la angustia apareció cuando el color naranja radioactivo que caracteriza los atardeceres de este lugar anunció la noche. Recuerdo que me desperté del sueño cuando sólo llegó el hombre gordo sin mis padres y me causó mucho temor. Lo más agobiante es que tantos años después recuerdo ese sueño muy bien, recuerdo la textura del aire y mis manos, y lo que vi, olí, sentí… pero sobre todo siento aún sobre la piel esa misma sensación de abandono que sentí en mi sueño infantil, creo que nunca se fue y es posible que nunca se vaya. Entonces los discípulos de Freud empezarán a indagar en mi niñez, pero para su decepción puedo decirles que mis padres nunca me abandonaron,  que realmente nunca estuve sola, es esta imposibilidad de sentirse amada incluso por quienes más me aman. Y esa falta de amor dentro de mí es tan dolorosa. Tan angustiante. Tan triste. Que no sólo aniquila las ilusiones que me impongo, sino que no me permite ya creer en la posibilidad de tenerlas.

Sin embargo, y es mi esperanza, la falta de amor sólo indica que incluso aunque no lo pueda sentir, el amor existe. Lamento mucho poner aquí todas mis tristezas, exponerlas ante los ojos de los demás, que tendrán también las suyas. Lamento hacer públicos estos sufrimientos que sólo existen dentro de mí y que si algo son, es que son completamente intrasferibles. Lamento volver siempre a la tristeza y a la incretidumbre y al vacío y a todos estos sentimientos oscuros que sólo generan miedo y soledad.  Algo de mí se apaga, como la luna cuando mengua, su parte clara se oscurece, así también yo me voy consumiendo.

Lo siento Fabri, no te pude responder.

Una respuesta a “Menguando

  1. “lo que està enfermo
    està vivo”

    decìa alguien….

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