Señor Sereno

Quiero contar un cuento, a veces resulta más bello que dilucidar sobre la existencia de modo conciente y analítico. Este cuento comienza con una persona sola, en un lugar, un bosque, una casa, un castillo, una playa, lo dejo a vuestra imaginación. No sé si era un día soleado o lluvioso, frío o caliente, también queda a vuestra elección aunque no necesariamente tiene que ser una elección, puede ser simplemente un paisaje conocido o cualquier producto de su creatividad, lo primero que se les ocurra. Pero es de día, entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde. Nuestro protagonista de pronto se despierta sin recordar bien si ya estaba despierto antes, o si estaba durmiendo, él no recuerda mucho, sin embargo se siente como recién puesto en la escena, no sabe cómo llegó allí, ni en qué momento, pero no importa, él se adapta o al menos trata. Tampoco le es una situación extraña, es la vida, a veces no nos damos cuenta de cómo llegamos a ciertos momentos, se nos olvida la cadena de sucesos que hay detrás, olvidamos constantemente el pasado, no? El afán de vivir el momento presente volátil en la historia. Volviendo al sujeto, este hombre o mujer, joven o viejo, rubio o negro, semejante a usted, se encuentra en un estado de relajación, por el momento está simplemente disfrutando el viaje, como flotando, logra mantener una actitud de control sobre la vida, logra sentirse más fuerte que el exterior y carga consigo una energía positiva. Hasta que se da cuenta de que el tiempo ha transcurrido y él aún se encuentra solo, entonces empieza a sentir una cierta incomodidad, al inicio es como un pequeño fastidio, pero ahora comienza la paranoia. En todo este tiempo, ha pensado en la belleza del mundo; se dedicó a observar los árboles, o aquél bello edificio, o la tenue luz que se mete por la ventana de su habitación en el centro de la ciudad. Respiraba el fresco aire a su alrededor, contemplaba en sus manos la maravilla de la creación. Sin embargo con el paso de los minutos, empezó a aburrirse, caminó un poco, se recostó a ver el techo o las nubes, descansó, pensó, sonrió, recordó, soñó pero igual se aburrió después de un rato. Debe quedar claro que no era del todo un mal momento, es que había algo que no lo dejaba estar completamente tranquilo. Él no sabía cuánto tiempo había pasado con exactitud, algunas horas que hasta el momento no habían sido tan pesadas de sobrellevar, era conciente de lo generosa que era la vida con él y este conocimiento le brindaba un sentimiento de “felicidad”.

El día se ha sentado a morir. No sé qué estará haciendo nuestro personaje ahora, de pronto volvió a casa, o puede estar en un hotel, o acampando. Imagínenlo ustedes. Pero él continúa solo, se da cuenta de que el sol está por ocultarse y siente cierta nostalgia, una parte de él no quiere que se acabe ese hermoso día. Pero es inevitable, la noche se acerca, con rapidez. El sereno ha comenzado a nublar su mente, con esfuerzo recurre a pensamientos agradables o a actividades que puedan distraer su mente, no quiere pensar en la noche, no quiere perderse esta vez en la oscuridad, hoy no, hoy no se siente lo suficientemente fuerte para enfrentarse a la indómita inquietud de la noche. Pero y quién lo logra? Quién logra escapar de las preguntas que genera la oscuridad? Quién no se asusta de vez en cuando? Dios es la luz y el demonio la oscuridad. Y es ahí cuando todos nuestros demonios despiertan y vuelven para atormentarnos, caminan vagos por los salones vacíos de nuestras casas. Hay quienes beben, quienes fuman, quienes evitan sus demonios con la inconciencia, y quienes los evitan con la indiferencia. Pero están ahí siempre, y aunque nuestro valiente protagonista ha decidido enfrentarlos muchas veces anteriores, por momentos sabe que no tiene la fuerza suficiente dentro de sí para verlos a los ojos de nuevo. Entonces se da la vuelta y trata de dormir, cierra los ojos, ralentiza la respiración, trata de pensar en cosas tranquilas que lo induzcan al sueño, y aunque por instantes lo consigue, sin darse cuenta sus pensamientos, completamente fuera de control, se dirigen hacia la lobreguez y al acercarse al punto más oscuro del paisaje, sea en el bosque, la playa, el desierto, la ciudad, el pueblo antiguo que hayan imaginado, es irremediable sentir un poco de temor.

Han pasado ya muchas noches así como esta, otras de fiesta, otras de sexo, otras de música. No importa. Ese lugar donde no se debe ir, permanece allí, y puede estar a la vuelta de la esquina, sentado en el carro, en el baño del bar, en el motel, en el parque detrás de un gran árbol, él lo sabe y aunque por momentos respira profundo y trata de descubrir lo que en ese lugar oscuro reside, otras veces prefiere sencillamente ignorar o tratar de ignorar la existencia de ese sórdido lugar. Esta noche él no siente la fuerza para luchar contra su propio miedo, así que va a dejar la luz encendida. Pero justo antes de tocar el frágil y primerizo sueño, la tenebrosa frase de Shakespiere se le presenta como una condena a muerte “El infierno está vacío, los demonios están aquí”

Buenas noches.

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