Munera

Nadie quiere estar aquí, todos fueron obligados a venir sin saber por quien, quizá por ellos mismos. Veo en sus rostros el impávido aburrimiento, ojos cargados de nada, de la  oscuridad de la ignorancia, de inconciencia sobre la historia del universo. Acaso yo la tengo? Me temo que no, pero al menos me pica la incertidumbre. Todos muy elegantes con sus harapos finos para distinguirse, etiquetándose a sí mismos como parte de algún grupo social que ellos mismos desconocen, pero aún así quieren sentirse parte de un algo, de una manada que les permitas sentirse seguros, refugiados. Pero me pregunto si habrán dejado atrás todos sus temores, si son felices. Qué hacen aquí? Qué buscan? Lo sabrán? Cada uno porta con orgullo la máscara que eligió para sí mismo, cada uno fingiendo que le interesa estar aquí, cuando no, cuando sencillamente creen que deben estar aquí. Aunque comparto este recinto con ellos, no me interesa nada de “estar aquí” físicamente, ni “estar aquí” realmente, en el planeta.

Qué gordos están todos, caminan por el lugar con sus panzas llenas y sus caras redondas, sibaritas, satisfechos según ellos de las exquisiteces más sublimes de la cocina, pero llenos de parásitos que se los engullen por dentro. No les creo nada. No les creo cuando tratan de convencerme de que esto vale la pena. Lo vale? Qué cosa? La sociedad? La vida? No sé si la vida, pero la sociedad no tiene ningún valor, ni ninguna razón, es el reflejo más claro y más obvio de nuestra imperfección, el contacto con el otro. En esto me considero sincera, yo personalmente no logro del todo, no logro jugar el juego, soy siempre yo y pocos me aceptan por ello, a pocos agrado por ello, no obstante envidio a quienes logran meterse en el juego con experticia, yo soy muy torpe. A veces me interesa observar lo que pasa en la cancha, veo por momentos, pero luego termino siempre por irme, me voy a estar conmigo misma y con mis allegados quienes no son sólo más que personas con las cuales ser yo misma, tal cual.

Estás viendo todo lo que pasa? Tienes los ojos abiertos? Gente que nunca llegó a un consenso  de verdad, uno universal, donde quepamos todos. Me pregunto si hago parte de esta gente, no sé hasta qué punto es posible huir de la masa, quizá de un grupo social pero nunca de la especie ni del planeta. El hombre que habla, está sentado en una mesa con otras dos personas, otro hombre y una mujer en el medio, en el anfiteatro somos espectadores solamente unas 30 personas, en un recinto para 1000, al lado de la mesa principal hay un televisor dónde se ven exactamente 9 personas en un salón muy pequeño, ellos se encuentran en otra ciudad y supuestamente observan lo que ocurre acá en la capital. El hombre que habla mueve sus manos con energía, con firmeza, mueve todos los músculos de su cara, abre la boca cuando habla enseñando los dientes a su contrincante, los dientes del poder, busca apabullar a su enemigo con su manera de hablar, quiere persuadirlo con sus palabras y confundirlo con su actuación. La inteligencia asusta a cualquiera.

Del otro lado de la mujer, ese otro hombre lo escucha en silencio, usando un arma distinta, la de la prudencia, quisiera creer yo, o sencillamente abusa de su aspecto de hombre viejo y por consiguiente de “sabio”, llegan todos los viejos a ser sabios? No sé si éste hombre en específico lo haya conseguido. Si lo hizo, demuestra muy bien hacer respetar su sabiduría, y digamos que sí, que su barba blanca espesa es un símbolo de ese conocimiento irrefutable y profundo que dan los años, y que su presencia sea tan imponente como para poner a su joven, no tan joven, oponente. Habla poco, deja expresar al otro, a veces asiente con la cabeza, otras se queda inmóvil. Me pregunto sólo cuáles serán los motivos que tiene ese viejo de estar aquí, está defendiendo alguna posición suya sobre algo, una convicción suya. Sin embargo creo que el esfuerzo debería estar encaminado a soltar esas convicciones, no quiero decir dar suelta rienda a los instintos, sino al liberar la mente incluso de aquello en lo que creemos, cosa que no influye sobre las preferencias que tengamos sobre el cómo vivir cotidianamente la existencia. La vida que se vive, no la que se piensa.

Se preguntarán que hago aquí, pues miren yo no lo entiendo, llegué por curiosidad simplemente, por ocio, a ver qué podían hacer estas personas juntas. Lo que sí puedo decirles con seguridad de conocimiento es que soy la única persona verdaderamente libre en este recinto; libertad que me da la objetividad y la imparcialidad. Alguien me saca de mi mente mientras escribo. Un flash incandescente se dispara justo frente a mi cara, no me dí cuenta en qué momento se acercó este personaje pues tenía los ojos clavados en el papel. Siento este acto como un gesto de invasión a mi persona y una vulneración a mi derecho de no revelar mi identidad. No sé si existe ese derecho. No quiero que nadie conozca mi cara o mi nombre, quiero ser completamente anónima, nadie. Días como hoy lo podría conseguir a no ser de estos sujetos nefastos que se atreven a fotografiarme. Pero tienen miedo de los sujetos anónimos, más en días como hoy en el que un “país” ,y lo pongo entre comillas porque somos, sumando los 9 gatos que están en la otra ciudad y al personal técnico para el cual esto es sólo un día casual de trabajo, 40 personas asistiendo al debate de una ley. Yo una de ellas, una extranjera, una tipa de ciudadanía distinta, a quien poco o nada le importa de las leyes de este país.

Creo que son necesarias las leyes o las reglas del juego, no creo que seamos tan inteligentes como para jugar sin reglas. Aún falta mucho, falta aniquilar todo instinto de guerra, de las convicciones de las que hablábamos antes, de mal. Esto que asisto es un acto de guerra, una arena romana, hombres que se enfrentan a otros animales, incluidos los de su especie, midiendo sus fuerzas. Este salón es una arena moderna, hoy luchan las mentes que defienden ideas e intereses… de todo tipo. No se puede estar en contra de la confrontación de las ideas para el bien común, que quede claro, hay una sustancial diferencia entre eso y esto que veo, aquí hay hostilidad. Pero yo soy libre. Esta ley no me afecta directamente, habría que hilar muy fino para entender que al final lo que hacen los demás termina por afectarnos de uno u otro modo. Pero siendo específicos en el encuentro que presencio esta ley no me toca, y sobre todo no me interesa. Me interesa quizá el debate, pero no la política, o la deformidad de la misma.

“Esto no está escrito en piedra”  dice el hombre que habla, esta frase me saca de mi reflexión, me sorprende. Nuestras palabras pueden cambiar, nuestros deseos pueden cambiar, nuestras certezas también. Será cierto que eso que otras civilizaciones escribieron sobre la piedra, lo hicieron porque habían llegado a una verdad inalterable, o simplemente porque no conocían el perecedero y débil papel? Ahora recuerdo que lo único que quedará escrito de nosotros, será si alguien lo hace, nuestro nombre sobre un epitafio y una que otra palabra que esa persona escribirá para resumir toda nuestra vida. Me pregunto quien escribirá mi epitafio y si esa persona habrá conocido tan bien mi vida como para hacerlo. Podrá saber todo lo que sufrí, cuánto amé, qué soñé, cuales fueron mis frustraciones? Espero tener esa suerte.

La única mujer del panel no ha abierto la boca y sinceramente tiene un poco cara de boba, dudo que pronuncie palabra inteligente. Leerá seguro en algún momento ese discurso que escribió toda la semana, o que alguien escribió para ella. Me provoca odio hacia mi género. El hombre se calla, habla una de las asistentes, una mujer adulta, pone en jaque a los panelistas con un par de palabras. Me devuelve la esperanza en el género. Me hace feliz el tener la libertad de estar escribiendo este análisis caprichoso sobre este grupo de bípedos. No estoy en ningún bando, no me interesa le dichosa ley. No me interesa este país. Y lo mejor es que soy una anónima. Nadie sabe qué escribo, aunque me tomen fotos por ser la única jovencita bonita que parece que está tan atenta al debate que lo escribe todo.

Ninguna de estas personas vio antes mi cara. Ninguno sabe mi nombre. “Falta la solidaridad de los hombres de bien” dice alguno. Le hacen una pregunta a la mujer que tiene cara de boba, creo que por fin va a decir algo, tengo curiosidad. Ella sale de su letargo, se pone en actitud seria y de inmediato empieza a mirar sus apuntes. Está moviendo sus labios, un sonido sale de su boca, si mi mente no me engaña ella parece querer articular algunas palabras. Paro de escribir. Escucho un attimo. Nop, no escucho nada. Levanto los ojos y miro a los demás asistentes para ver qué caras tienen, una pequeña luz roja a 10 metros de mí, me apunta. Me están filmando. Esto no lo puedo permitir, tengo que irme.

Anuncios

Una respuesta a “Munera

  1. Una sala gremita di ciccioni (e ogni volta che sento questa parola mi tornano in mente le scellerate parole di S sulla categoria) che si credono con diritto di decidere le regole del gioco. Bella immagine che dai della democrazia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s