Hermosura y Violencia de este desafío

Hoy me duelen los intestinos, me duelen realmente. Es difícil de digerir la verdad. Es siempre muy costoso tratar de sentirse alguien cuando se es siempre nadie, no es más que una mentira que tuvimos que crearnos para hacer más interesante el viaje. Además del reto por la supervivencia que todas las especies lograron superar, nosotros tuvimos que crearnos el reto de ser alguien, de ser únicos en la especie, de distinguirnos. Absurdo. Pero lo entiendo, resulta muy aburrido pensar que somos todos iguales, aunque lo seamos. Cierto? Debemos creer que nos destacamos sobre el resto, qué miedo pertenecer a “los demás”, a “la gente”.

Es completamente inconciente y natural, y es este el problema de la subjetividad, que al mismo tiempo que nos hace tan especiales dentro de la vida misma, pero se convierte en nuestra principal amenaza: en términos de especie pues nos matamos los unos a los otros porque somos distintos. Yo me pregunto ahora: Cómo hace cada uno para reconocerse en la multitud? Qué ves cuando te ves en el espejo? Cuando veo a mi alrededor, cuando observo las deformaciones artificiales que cada uno se hace en el cuerpo, cuando veo la ropa, cuando veo los cabellos, cuando veo las expresiones, cuando veo las sensibilidades, me doy cuenta de que todos, tarde o temprano, creamos para nosotros mismos las máscaras que queremos portar, algunos la portarán por el resto de sus vidas, algunos creen que deben portarla por el resto de su vida, otros en cambio no se complican en crearse una nueva cada vez que se aburren. Es natural.

Cuánto determina nuestras mentes nuestra apariencia física, cuánto determina nuestro destino, algún porcentaje que no me interesa descifrar ahora. Somos sólo nuestra mente? Yo cambio de persona muy a menudo, a veces voluntariamente a veces no, y no lo hago por diversión, lo hago por explorar todas mis posibilidades, qué soy capaz de hacer o de decir, qué soy capaz de pensar, qué soy capaz de sentir, qué soy capaz de ser. Pero y aunque casi siempre encuentro aspectos de mí ser que no conocía, me percato de que soy siempre yo, no cambio, soy inmóvil en el paso del tiempo, aunque noto constantemente los cambios de mi piel, de mis gestos, de mis ojos, de mi cabello, de mis intestinos, de mis ovarios. Recuerdo ese día que subí al volcán detrás de mi casa, antes de subir, cuando miré hacia el teleférico me di cuenta de que no sería la misma al bajar, y efectivamente así fue. Es casi como si toda la existencia, no sólo la mía sino la de la humanidad desde que existe, recayera entera sobre un milisegundo, y cada milisegundo es distinto del anterior y del siguiente. Es como imaginar el mundo entero sostenido por la punta de un alfiler, cómo puede recaer el peso material e inmaterial del planeta sobre un pobre milisegundo? Cómo puede existir este equilibrio? Bueno… Existe, no sé cómo, pero existe. Todo este caos que existe en mi mente, que es exactamente igual al caos que existe en el mundo, sobrevive en cada milisegundo. Es vasto el tiempo.

Y ahora me río de mí misma que me siento alguien escribiendo estos versos, sólo por el hecho de repetirselos a los sabios de siempre, sólo por el hecho de tomarlos de la gran nube de la verdad que vuela sobre nosotros, cómo si yo en realidad supiese algo, algo mínimo. No, en realidad no sé nada, y seguramente esto mismo de lo que soy conciente hoy, lo sabré mañana, no es que hay mucho más por descubrir, el gran misterio existirá por siempre así cómo ha existido por siempre, si no pudieron todos los sabios juntos, cómo voy a poder yo? Y aún así, sabiendo todo esto, creo que soy alguien, me creo alguien, no es sólo un atrevimiento de mi parte?

He aquí el engaño que nos suministramos en dosis diarias para poder dormir tranquilos y sentir algún mínimo deseo de volver a abrir los ojos. Sin embargo yo vivo con la amargura constante de no ser nadie, de jugar todavía al juego de las apariencias, de las máscaras, del tener que usarlas para participar del juego de la sociedad. Es que tanto detesto mi propio rostro, mi propio yo? El verdadero, el real?  Pero y quién lo puede ver, si no está en foco ni siquiera para mí misma… A veces cuando me escribo me encuentro, me quito cualquier máscara y me saboreo en cada gota de vino, doy completa libertad a mis pensamientos y a mis sentimientos, incluyendo los más terribles, y atravieso sin miedo tanto la felicidad como la infelicidad, y de ser infeliz soy la más miserable sobre el planeta, y de ser feliz soy la más extasiada. Pero cual será la vida más cierta? Esta que pienso, descifro y condeno cuando escribo o cuando miro por la ventana… O la vida realmente que vivo, la de todos los días, la compuesta de acciones, de pequeños momentos de experiencia?

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