Cerrar la puerta (?)

De verdad me gustaría poder amarte como me lo pides, de verdad me gustaría ser todo eso que deseas y mucho más. No es mentira que en el sueño llego a sentir tus manos grandes y fuertes amordazadas a mi cintura, tu calor de hombre cobijando mi espalda, tu suave respiración detrás de mi oreja derecha. No es mentira tampoco que veo convicción en tus ojos y que en tus palabras siempre leo ilusión. Pero debo confesar que a veces no es posible escapar de uno mismo por más que se desee; que a veces no me siento capaz de dejar a un lado mi inconformismo para vivir a pleno el todo, que tu me ofreces. Siempre hay un dejo de soberbia en todo esto. No crees?

Quisiera decirte que todo estará bien y que no hay nada de qué temer, quisiera que encontraras en mí la palabra justa y el abrazo oportuno, quisiera poder abandonarme, pero creo que soy yo la primera que teme. Porque el pasado nos va acobardando con el paso del tiempo, está allí presente en nuestras heridas en forma de rencor pues ha sido el arma punzante. Temo porque somos humanos y estamos destinados a errar. No me siento digna del divino sentimiento.

De verdad quisiera guisarte unos besos con arroz. De verdad quisiera prepararte un chocolatico caliente cada tarde para endulzar tus deberes. Juro que es verdad. Pero nunca he sido dada a la esperanza, al menos después de que la inocencia infantil me fue violentada. En realidad no me molestaba mi inocencia infantil, me gustaba sentirme niña frente al mundo, y tomar las ofensas como accidentes. Pero entre más pasa el tiempo, la sorpresa y la alegría se van opacando por la razón, cosa que es natural al menos en mí. Porque tu no eres así, sin importar tu edad siempre serás en el fondo un optimista, y un niño… porque aún reconozco tu cara de niño. Cosa que no me pasa cuando veo las fotos de mi escuela. No soy la misma. Ahora soy una mierda. No me siento para nada a la altura de la maravillosa persona que era hace 12 años, cuando aún no me crecían las tetas y cuando aún no temía del mundo. No soy digna de haber sido la niña que fui, ni de haber sido dotada con todas esas virtudes que estaba en obligación de cultivar y que en cambio abandoné indiferentemente cuando crecí… Cuándo el pene empezó a ser el centro del mundo.

Pero pasó que el pene ya no me sacia, el sexo ha dejado de ser la voracidad animal que sentía hace 6 u 7 años. He roto todos los tabúes, no me he cohibido ante el placer, pero el placer carnal siempre llega a un momento en el que se extingue, e inicia entonces la búsqueda de un placer más visceral, más hondo. Y en este momento esa profundidad me llama. Parece ser una profundidad abismal de oscuras entrañas cálidas, de un tiempo suspendido y sin gravedad. Qué placer más amoroso que ese? No creo que sea un camino fácil, a mí también me asusta debo reconocer. Me asusta sobretodo el emprender una búsqueda de algo que desconozco, de algo que podría ser un fraude. Pero pudieron todos los poetas equivocarse?

A veces no duermo por las noches pensando en este asunto, otras veces en cambio me levanto aturdida en medio de la noche sin poder leer en el reloj si son las 3:4o las 9:17, después de haber soñado que te perdías en medio de la niebla del Pululawa y me veía sola y desorientada sin poder ver nada. Y están aquellas noches en las que me  adormento con un cigarro encendido entre los dedos en la sala fría con el PC encendido. Toda mi energía mental concentrada tratando de descubrir de qué se trata todo esto, pues si de algo estoy segura es de que sea lo que sea que sea, quiero estar bien despierta para sentirlo al máximo. Y sentirlo al máximo necesita de mi conciencia.

Así que no me juzgues si lo pienso y lo repienso, si tengo miedo, si a veces dudo. Sólo deseo muchas mañanas de tibio sol y jugo de naranja con un toque de esperanza.  Muchas noches cargadas de vinos y orgasmos, de sueños y de reinas de corazones. No pueden nuestras bocas cansarse de dar besos, como nuestros oídos cansarse de escuchar exquisitas melodías o nuestros corazones de enamorarse el uno al otro cada pobre día. No se puede dejar que la voluntad se aburra de luchar.

Si no es así… estamos jodidos.

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